El Holocausto nazi fue un éxito

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Cuando pensamos en Europa no pensamos en la Abadía de Westminster, ni en la Catedral de Estrasburgo, ni en los tesoros de Florencia. Europa para nosotros son las cruzadas, los pogromos de Rusia. Auschwitz”. El portavoz de una asociación de supervivientes judíos del Holocausto contaba esto a finales de los años 40. Lo contaba porque dos terceras partes de su pueblo no vivían para hacerlo. Acababan de ser aniquilados. En realidad fue bastante sencillo: un estado europeo decidió eliminarlos; los agrupó y aisló del resto de población, los trasladó a campos de prisioneros y después los mató. En cámaras de gas, para ser más precisos. Uno tras otro, sin motivo, hasta formar una montaña de seis millones de cuerpos. Por suerte esta montaña nunca tomó forma, de modo que nos queda la cifra. Y la cifra, como casi siempre, no nos dice nada.

Es muy sorprendente que todavía haya vida judía en Europa”, afirmaba no hace mucho en una entrevista Michael Brenner, profesor de Historia Judía de la Universidad de Munich. Tan sorprendente como que, aunque sea de vez en cuando, los europeos no nos echemos las manos a la cabeza por lo sucedido. Y no solo por la masacre, que también, si no por haber dilapidado tal riqueza humana: siendo el 0,4% de la población mundial, los judíos poseen el 24% de todos los premios Nobel, por poner un ejemplo. Este texto tiene la pretensión final de ser eso: un echarse las manos a la cabeza por lo que hicimos.

Judíos occidentales vs. judíos auténticos

Unos 9,5 millones de judíos vivían en Europa en 1933, lo que suponía el 60% de la población mundial judía. Étnicamente se dividían en dos grupos: ashkenazim y sefardim. Los ashkenaz eran, en principio, los judíos que vivían en Alemania, sin embargo en los años 30 el término se extendió también a los judíos del noreste de Europa. Muchos de ellos hablaban yidish, un dialecto del alemán que se mezclaba con gramática hebrea y también eslava. Eran ashkenaz los judíos de Alemania, Polonia, Ucrania y Rusia. El otro grupo, los sefardim, era los judíos que descendían de los españoles expulsados a millares en el año 1492 (sefardí en hebreo significa español). Se instalaron, en su mayoría, en Gran Bretaña, Holanda y los Balcanes. Entre ellos hablaban ladino con frecuencia, dialecto del castellano que todavía hoy utilizan algunos sefarditas en los Balcanes o Israel y que, escrito, parece un castellano repleto de faltas ortográficas: “El djudeo-espanyol, djudio, djudezmo o ladino es la lingua favlada por los sefardim, djudios ekspulsados de la Espanya enel 1492. Es una lingua derivada del espanyol i favlada por 150.000 personas en komunitas en Israel, la Turkia, antika Yugoslavia, la Gresia, el Maruekos, Mayorka, las Amerikas, entre munchos otros. Sin embargo, la división ashkenaz-sefardim no es la más clara para dibujar el mapa judío de Europa antes de la guerra. Mucho más real y pragmática es la división entre los judíos del este y del oeste.

Los judíos del este de Europa eran los “auténticos judíos”. Vivían en comunidades con una identidad étnica clara que prevalecía sobre la identidad territorial: los estados en los que habitaban definían su estatus judío en los documentos. Los judíos rusos, por ejemplo, tenían especificado en su pasaporte “Grupo étnico: judío” y “Nacionalidad: judío”. Esto les otorgaba un rol meridiano de pueblo diferenciado que estaba por encima —o al menos a la misma altura— del estado al que pertenecían, algo que les permitía mantener sus tradiciones, costumbres y formas de vida enteramente arraigadas. Especialmente en las zonas rurales, como la región de Galitzia, comprendida entre Ucrania y Polonia, donde habitaban muchos de estos “auténticos judíos”. Lo hacían en pueblos y aldeas llamados shtetls donde se hablaba yidish y prevalecían las leyes judías, las costumbres, las vestimentas y las tradiciones. Un pueblo de este tipo está perfectamente recreado en la película El tren de la vida. Su “autenticidad” viene de vivencias de intelectuales judíos de la época. El escritor alemán Alfred Döblin estaba a punto de convertirse al cristianismo —religión cercana a la educación reformista que había recibido— cuando decidió viajar al este de Europa para conocer más a fondo el judaísmo. Se trasladó a Polonia y en su libro Berlín Alexanderplatz escribió: “Aquí vi por primera vez judíos”. Él era judío. El también escritor Martin Buber, en sus Cuentos Jasídicos, dijo: “¡Ajá! ¡Estos sí son judíos auténticos!”. No es que los judíos occidentales fueran “menos judíos”, pero sí había una razón que explicaba reacciones como las de estos literatos: los estados occidentales no permitían una diferenciación étnica. Gran Bretaña, Holanda, Francia o Alemania definían oficialmente el judaísmo como una condición religiosa, por lo que sus ciudadanos judíos eran —por poner un ejemplo— “alemanes de fe judía”. Eso a pesar de que muchos de ellos eran judíos seculares, es decir, judíos no practicantes o incluso ni siquiera creyentes. Entre los judíos occidentales no había prácticamente relación o, al menos, había la misma que podía haber entre un alemán y un francés no judíos. Las comunidades judías de estos países vivían integradas en los estados, también en sus costumbres y condiciones. De hecho, y como recogen no pocos historiadores, los judíos alemanes de principios de siglo XX eran “auténticos patriotas alemanes”. De ahí que no existiesen comunidades como las del este. Un judío francés era, antes que nada, francés, y su relación con un judío alemán era, antes que nada, una relación con un alemán. El hecho de que tampoco tuvieran un idioma común, como el yidish en el este, les distanciaba todavía más.

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Esta diferenciación entre judíos occidentales y orientales lleva, inevitablemente, a referirnos a la identidad judía. Se han escrito kilómetros de literatura acerca de la identidad judía y no tendría sentido volver a reescribirlos aquí. Ni siquiera los propios judíos se han puesto de acuerdo para responder a la gran pregunta: ¿qué es ser judío? Volviendo al profesor Michael Bremmer, este opina que, como pasaba antes de la Segunda Guerra Mundial, la identidad judía queda definida por el Estado: si este —como es el caso en la actualidad de la mayoría de países europeos—, considera el judaísmo solo una condición religiosa, entonces los judíos son eso, una religión. En este caso la halajá (ley judía) reconoce como judío a todo aquel de madre judía o al que se convierte al judaísmo. Pero si el Estado, como sucedía con la URSS, promueve las nacionalidades según las etnias, podría decirse que los judíos son una nación e incluso, por qué no, una etnia. Esta última opción abarca, además, a aquellos judíos no religiosos, pero que forman parte de una comunidad con historia, cultura, costumbres, religión y lengua propia. Esta definición se aproxima a la de las corrientes reformistas y liberales que contemplan el judaísmo como una condición más allá de la religión, es decir, como un pueblo. Incluso el humanismo judío sostiene que es judío todo aquel que se sienta judío, sin necesidad de que tenga ascendencia judía.

Aunque el debate sigue vivo, el Holocausto, por paradójico que parezca, unificó gran parte de los criterios. Antes de la guerra, occidentales y orientales ignoraban en gran medida un movimiento que había nacido años atrás, a finales del siglo XIX: el sionismo. El sionismo, entendido como el derecho del pueblo judío a poseer un Estado propio, no tenía peso ante una población plenamente integrada en Europa: en el oeste era patriotas de sus Estados y en el este los Estados les permitían desarrollar sus necesidades nacionales. No precisaban nada más y por eso los congresos sionistas celebrados en la década de los años 10 y 20 apenas tenían repercusión. Pero cuando los judíos europeos supervivientes se encontraron sin nada tras la guerra, la percepción cambió. Con perspectiva se puede ver que fue Alemania quien les dejó claro que, efectivamente, eran un pueblo. Y que por eso iban a ser eliminados. Así que la reflexión sionista es clara: “Si somos un pueblo tenemos derecho a una tierra”. El sionismo triunfó en posguerra y fue gracias —en gran parte— al nazismo, lo mismo que la identidad judía, reforzada hasta el extremo tras verse al borde del abismo.

Mapa judío de Europa antes de la Segunda Guerra Mundial

Según datos oficiales en 1933 vivían en la URSS 2,5 millones de judíos; el 36% fue asesinado. En Rumanía había casi un millón; fue exterminado el 47%. Entre Letonia, Estonia y Lituania albergaban a unos 250.000 judíos y el 70% fue eliminado. Alemania: 525.000 judíos, una cuarta parte asesinados. Hungría: 450.000 judíos, el 70% exterminado. Francia: 220.000 judíos, el 22% asesinado. Holanda, 160.000 judíos, el 71% eliminado. También fueron diezmadas las poblaciones judías de Austria, Bélgica, Eslovaquia, Yugoslavia, Grecia, Noruega y Luxemburgo. Pero si algo da forma a lo que fue este exterminio, si algo permite comprender las dimensiones de lo sucedido y deja ver cómo un próspero y fructífero pueblo fue barrido porque sí de Europa, ese algo es Polonia.

A excepción del siglo XIX, en el que vivió sometida al Imperio Ruso, podría decirse que Polonia ha sido, a lo largo de la historia europea, el paraíso de los judíos. Desde su fundación destacó por ser uno de los países más tolerantes del mundo, algo que la convirtió en destino prioritario para los judíos, expulsados entre el año 1100 y el 1600 de: Francia (cuatro veces), Alemania (tres veces), Hungría (dos veces), Silesia (dos veces), Lituania (dos veces), Gales, Inglaterra, Crimea, Austria, Portugal, Nápoles, Provenza, los Estados Pontificios y España, esta última la expulsión más numerosa de cuantas ha habido. Muchos de ellos se refugiaron en Polonia, hasta completar una población de tres millones. Sus raíces penetraron en la historia y cultura del país en el siglo XV, gracias al Rey Casimiro III (Kazimierz III, apodado El Grande, y que da nombre al barrio judío de Cracovia), quien confirmó y amplió los fueros judíos. Uno de sus sucesores, Alexander I, promovió la inmigración judía convirtiendo Polonia en un refugio para la población y, de paso, en un centro cultural y espiritual del judaísmo. Hasta tal punto que Polonia —pronunciado Polania en hebreo— es una palabra judía de buen augurio.

La presencia semita impulsó el país. Se construyeron escuelas, universidades e imprentas. Por primera vez en la historia se imprimió la Torah en hebreo, en la ciudad de Cracovia. Si bien la comunidad judía vivía con sus propias normas (basadas en el Talmud) y con sus propias autoridades (rabinos), poco a poco y hasta alcanzar el siglo XIX se fueron integrando en la vida polaca no judía, sobre en todo en las zonas urbanas, donde aumentaba el número de judíos laicos que formaban partidos políticos, sindicatos, empresas y todo tipo de asociaciones y círculos de poder. A comienzos del siglo XX la población judía en Polonia era numerosa, plena y establecida. Había judíos religiosos, laicos, rurales, urbanos, intelectuales, obreros, músicos, políticos, profesores, burgueses… Eran parte integral del país. Lo mismo sucedía en casi todos los demás estados. Los judíos estaban plenamente integrados en Europa. Nada invitaba a pensar en lo que se aproximaba.

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No, no ocurrió de repente

Representemos el proceso que culminó con el holocausto con un suponer que se desarrolla en Polonia: La familia Dresner vive en la calle xxxx del barrio de Kazimierz, en Cracovia. Clase media, matrimonio con tres hijos, dos chicos y una chica. Casi la totalidad de vecinos del barrio son judíos, la zona emana vida, fluye la actividad: las mujeres van al mercado, los niños a las escuelas y los hombres al trabajo. Para cristalizar definitivamente esta imagen conviene ver la película Yidl con su violín, filmada en 1936 en el propio barrio. Mientras tanto, en Alemania, gana las elecciones el Partido Nazi, de extrema derecha. Nadie parece alertarse por ello. Y es que las cosas, aunque ahora las estudiemos como capítulos de la historia, como compartimentos estancos con personajes en blanco y negro sacados de la biblioteca, no ocurren de repente ni porque sí. No, no llegaron los nazis al poder y se pusieron a aniquilar judíos. No, no llegó Adolf Hitler a la presidencia y los judíos huyeron despavoridos (entre otras cosas porque no sabían quién era). No, lo que ocurría en Alemania no llegaba a oídos del resto de judíos europeos como llegaría hoy por cualquier canal de comunicación. Todo lo que sucedió fue lento, progresivo y tan inesperado como podría ser hoy en día. Y es que, al fin y al cabo, no fue hace tanto.

En el salón de la familia Dresner el calendario señala que es el siete de Nisán el de año 5693, esto es, el tres de abril de 1933. El padre, Itzak Dresner, lee en voz alta una noticia en el periódico: el gobierno alemán está impulsando un boicot contra negocios y empresas judías del país. Primeros comentarios, primeros rumores entre los vecinos. “Esto se veía venir”, suponemos que dirían. Se veía venir por cosas como el asesinato, pocos años antes, del político judío alemán Walter Rathenau a manos de la extrema derecha en Alemania. Durante los siguientes años, y a lo largo de toda su campaña electoral, el Partido Nazi propagó la idea de que los judíos habían sido los culpables de la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial. Lo cierto es que todo el mundo tenía claro la que a la extrema derecha no le gustaba los judíos: los consideraban intrusos en una sociedad aria. Pero no hay tiempo para mucho más, los chicos tienen que ir a la yeshiva y el padre al trabajo. Anna, la madre, se queda recogiendo la mesa. Pocos días después el mismo periódico recoge que el gobierno de Alemania ha hecho pública y oficial una definición para judío: “Todo aquel que tenga padre o abuelo judío”. Itzak Dresner suelta una carcajada mientras golpea el periódico con el anverso de la mano. Los niños se pelean en la mesa ante la pasividad de su padre. A partir de la definición, el gobierno instaura una ley para la Restauración de la Administración Pública y el siete de abril de ese año expulsa a todos los trabajadores públicos no arios. “Dicen que algunas familias se están yendo de Alemania, que están viniendo a Polonia”, diría Anna. El mercado de trabajo para los judíos alemanes cada vez se estrechaba más. El ocho de abril la ley que regulaba el permiso para el ejercicio de la abogacía en Alemania prohibió la admisión de abogados de ascendencia no aria a la profesión. También expulsó a los que ya ejercían. La siguiente mala noticia la escuchó un vecino de los Dresner por la radio: el decreto sobre los servicios médicos otorgados por el plan de salud nacional negaba el reintegro de los gastos a los pacientes que consultaran a médicos no arios. “¡Qué barbaridad!”, exclamaría Itzak. “Alemania es un país serio y moderno, ¿qué está pasando?”. A estas alturas miles de judíos alemanes hacían las maletas, con más enfado que miedo. El gobierno les ahogaba y ellos salían a respirar. Entre los emigrados había familias burguesas de Berlín, patriotas alemanes descendientes de varias generaciones, que no comprendían nada de lo que estaba pasando. Los alemanes judíos veteranos de la Primera Guerra Mundial ni siquiera se lo podían creer.

En el colegio el profesor de los Dresner lee otro paso más en la inaceptable política alemana. La ley contra la superpoblación en las escuelas alemanas establece que el número de judíos inscritos en escuelas secundarias no podía superar el 1,5% del cuerpo estudiantil. Es 25 de abril de 1933. “¿A dónde van a llegar con esto?”, piensa el rabino. El 14 de noviembre de 1935 el gobierno nazi publica una nueva y definitiva definición de judío: “Toda persona con tres abuelos judíos, toda persona con dos abuelos judíos que perteneciera a la comunidad judía el 15 de septiembre de 1935, o se le hubiera unido con posterioridad a esa fecha; todo aquel que estuviera casado con un judío o con una judía el 15 de septiembre de 1935, o con posterioridad a esa fecha; todo aquel que hubiera nacido de un matrimonio o relación extramatrimonial con un judío el 15 de septiembre de 1935 o con posterioridad a esa fecha”. Sin quererlo —o queriéndolo, quién sabe— los nazis daban alas a la identidad judía para lo que restaba de siglo XX y parte del XXI.

Es el colmo”, diría Iztak Dresner. Pero no lo era. 

En 1938 Alemania invade Austria. La comunidad judía europea, por primera vez realmente alarmada, levanta la cabeza, abre los ojos y toma aire. Algo está pasando. Algo muy serio. 300.000 judíos alemanes y austríacos se largan. Un año después los rumores toman forma en el salón de los Dresner: los nazis se dirigen a Polonia. “Supongo que aquí no se atreverán a imponer semejantes leyes, el país se les quedaría vacío”. La guerra es rápida y desigual. Muchos judíos polacos participaron en ella. El 28 de septiembre de 1939 las botas nazis retumban en fascista desfile por la plaza de Rynek Glowny. La familia Dresner se pega a su vieja radio para escuchar entre interferencias. Alemania convierte la mitad del país (incluida Cracovia) en el Gobierno Central.

Esos días 80.000 judíos huyen precipitadamente del país, pero la mayoría se queda porque Francia e Inglaterra anuncian en paralelo que le han declarado la guerra a Alemania. Será cuestión de días, Polonia ya no está sola. Sin embargo, historia conocida, no fue cuestión de días y los judíos polacos sí se encontraron solos ante la maquinaria nazi. Los que se quedaron, como los Dresner, no tuvieron tiempo ni de reaccionar. El 12 de noviembre de 1939 el Dziennik Polski lleva en portada un anuncio del Gobierno General: todos los judíos de más de 12 años deberán llevar un brazalete identificativo, con la estrella de David bordada. El anuncio especifica medidas y forma. Los jóvenes se revuelven, se niegan a llevarlo, pero los violentos e imprevisibles soldados nazis que patrullan por las calles del barrio les convencen de que no es buena idea. El día 25 de ese mismo mes se decreta el cierre de todas las sinagogas y yeshivas del país. En un solo mes los judíos polacos, hasta hacía pocos días sumidos en su apacible vida, se ven señalados y diferenciados. El clima se torna espeso. Nadie tiene claro qué está ocurriendo. “¿Por qué no nos vamos?”, propone Anna. Pero ya es tarde.

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No pueden matarnos, nos necesitan”

El siguiente paso que dio el gobierno nazi fue el más brusco en la progresión que tuvo lugar desde las primeras leyes hasta las cámaras de gas. Tras marcarlos y aislarlos legal y laboralmente, Alemania decidió desahuciar a las familias judías de sus casas y envió a la mayoría a pueblos y zonas apartadas. A otros, sobre todo trabajadores, los estableció en barrios aislados dentro de la ciudad. Les explicaron que desde ahora esas serían sus casas, tal y como marcaba la ley, y que ahí desarrollarían su vida. Les enviaron planos de sus nuevos pisos y les escoltaron hasta el que iba a ser su hogar. La familia Dresner, como tantas otras, y con la incredulidad en el rostro, cogió sus pertenencias y se dirigió al barrio de Podgorze, al sur de la ciudad. 15.000 personas llegaron en solo unos días. Los vecinos seguían a la expectativa. “Es intolerable que nos hagan vivir amontonados a todos en el mismo barrio”, diría Itzak. “¡Me quitan mi casa!”. Al tercer día, desde la ventana, los Dresner contemplaban cómo los soldados levantaban un muro de hormigón. El barrio se convirtió en pocas semanas en un gueto, sin comida, sin medicinas, sin dinero. Sin armas.

El proceso se repetía en todos los países tomados por Alemania y con presencia judía. Sorprendentemente los nazis se encontraban, en no pocas ocasiones, con la entusiasta colaboración de la población local. En algunos incluso se formaron movimientos fascistas que perseguían por su cuenta a los judíos. Es el caso de la Guardia de Hierro en Rumanía, la Guardia de Flecha en Eslovaquia o la inestimable colaboración del ejército croata. La excepción, valga escribirlo y que se recuerde, estuvo en Bulgaria y Dinamarca, donde se protegió decididamente a los judíos. También hubo grupos clandestinos que lucharon a favor de los judíos, como el grupo Joop Westerweel en Holanda, el Zegota en Polonia y el movimiento Assisi en Italia. Pero, para escarnio de la posteridad europea, esto fue la excepción.

En 1941 miles de judíos comienzan a ser enviados a campos de trabajo. Es en este período donde muchos judíos toman definitiva conciencia de cuál será su final. Otros tantos, ante el secretismo y los engaños de los nazis, se resisten a creerlo. Esta dualidad fue la que impidió un levantamiento y resistencia a gran escala y se refleja perfectamente en películas fundamentales como El pianista o La lista de Schilnder, en las que discuten entre ellos: “Nos van a matar”. “No, no pueden prescindir de todos nosotros”. Sencillamente ni los judíos ni el resto del mundo desarrollado podían concebir lo que se acercaba. A pesar de haber dado ya intolerables pasos contra ciudadanos europeos, nadie podía imaginar que Alemania pusiese sobre la mesa la Solución Final. ¿Acaso lo imaginaríamos hoy?

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La oscuridad

Cuando se establecieron los campos —y a diferencia de todas las medidas antijudías anteriores, que habían ido saliendo en la prensa— el secretismo acerca del destino de los judíos aumentó. La información recogida por los corresponsales era cada vez más escasa hasta alcanzar el oscurantismo. El primer informe que habla sobre un plan para llevar a cabo el asesinato masivo de los judíos salió de Polonia por contrabando a cargo del Bund (organización política socialista judía) y llegó a Inglaterra en la primavera de 1942. Los detalles de dicho informe fueron suministrados a los Aliados por fuentes del Vaticano y por informantes de Suiza y del movimiento clandestino polaco. Posteriormente, a finales de noviembre de 1942, el gobierno de Estados Unidos envió a los líderes judíos la confirmación de los informes. Fueron publicados en forma inmediata. Días después los Aliados hicieron una declaración oficial repudiando todo ataque a la población judía. No hicieron mucho más. No hubo bombardeos a campos de concentración ni a líneas de ferrocarril que conectaran con ellos, tal y como solicitaron varias asociaciones judías de Estados Unidos y Reino Unido. No hubo, ni siquiera, peticiones de no colaboración a las autoridades locales. Y mientras tanto los nazis hacían creer a los prisioneros judíos que serían reasentados en el Este, donde vivirían en mejores condiciones. 

Aunque hubo focos de resistencia —como el levantamiento en el gueto de Varsovia, que duró cinco semanas, o unidades partisanas judías, que actuaron en diversas zonas del centro y este de Europa, como Baranovichi, Minsk o Vilna (una de estas unidades es recreada, a su estilo, por Quentin Tarantino en Malditos Bastardos)—, aunque hubo focos de resistencia, decíamos, los nazis actuaron a placer. La Solución Final se llevó a cabo. Puede que no al cien por cien, pero se llevó a cabo. Tras las deportaciones, los guetos y los campos de trabajo, finalmente llegaron las cámaras de gas. Al principio fueron asesinatos aislados, después en masa, sistemáticos. Los últimos días antes del fin de la guerra, las familias judías llegaban a los campos, bajaban del tren, se desvestían ante unas chimeneas que expulsaban humo y cenizas y entraban en las cámaras de gas. Miles y miles cada día. Los nazis lograron asesinar a seis millones de judíos.

La nueva Europa, sin judíos

El paisaje resultante fue desolador. La existencia judía fue barrida de Europa. Pueblos enteros desaparecieron, a regiones como Galitzia no les quedó ni el rastro de lo que un día fueron. El barrio judío de Cracovia, donde vivían los Dresner, ya no existía. No quedaba una sola familia judía donde hacía solo unos pocos años Iztak leía el periódico, Anna iba al mercado y los niños acudían a la escuela. Lo mismo sucedió en Ámsterdam, Varsovia, Minsk, Vilna, Budapest, Atenas, Bucarest… Europa borró a un pueblo milenario en solo cuatro años. Basta con viajar hoy en día a cualquier ciudad del Este de Europa para comprobar que nada queda donde hace poco prosperaba la vida judía.

Por si fuera poco, la masacre se llevó por delante una cultura e intelectualidad sin parangón. Bruno Apitz, Imre Kertesz, Anna Frank, Primo Levi, Violeta Friedman, Roman Polanski, Jean Amery, Hermann Leopoldi, Petr Ginz… son solo algunos de los que murieron o padecieron los campos, lo que invita a preguntarse: ¿Cuántos genios anónimos y sus descendientes habrá perdido la humanidad esos años?

De los 9,5 millones de judíos que había en 1933 en Europa, quedaron 3,5 millones al final de la guerra. Sin duda, el holocausto nazi fue un éxito.

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72 comentarios

  • Un buen resumen de unos hechos que cambiaron no solo Europa sino el mundo y que deben ser periódicamente recordados. Antes del Holocausto el racismo se consideraba algo normal, desde entonces es universalmente una monstruosidad. Aunque tardó en reconocerse, por ejemplo en EEUU. Echo de menos un recordatorio que se oculta con demasiado interés. La actitud de los franceses con sus judíos: la casi entusiasta colaboración en la deportación de 50.000 niños judíos. Eso es un pecado sobre el que no han pasado de puntillas. La película de Alain Resnais “Au revoir les enfants” simplemente lo sugiere, pero al no ser suficientemente explícito, en realidad lo oculta.

    • “And the Show Went On” de Alan Riding recoge a la perfección la magnitud del colaboracionismo francés.

    • Una pequeña corrección a tu comentario: “Au revoir les enfants” (o “Adiós, muchachos) no es de Resnais, sino de Louis Malle.

      • Tienes razón es un “lapsus”. Mi problema con esa película es que la vi ANTES de conocer la historia de Francia y el trato que dió a sus sus judíos. Y entonces me pareció que, contando una historia, al mismo tiempo la estaba escondiendo. Creo que es una historia no muy bien conocida, oculta bajo los mitos de la “resistencia” y de la Francia eterna de De Gaulle. Es bueno que se sepa. También es poco conocida la actitud de muchos polacos respectoa a sus compatriotas judíos. Me sorprendió. Eso se ve claramente en la película de Claude Lanzmann “Shoa”. Un documento imprescindible.

    • Sí es de Alain Resnais Nuit et brouillard (1955) y allí sí que se hace referencia a la colaboración francesa en las medidas represivas nazis. Una imagen de archivo muestra un vigilante con quepis francés en una garita del campo de Pithiviers. Esa imagen fue el origen de una larga polémica con la censura francesa

  • Gracias por este magnífico y necesario texto. Qué compleja es esa gran pregunta de “¿qué es ser judío?”. Tu artículo refleja perfectamente la arbitrariedad de la respuesta. Cuando empecé a leer sobre el Tercer Reich hubo una cifra que me dejó absolutamente perpleja: medio millón de judíos, el 0,76% de la población alemana, perfectamente integrados. Las hechos no suceden “porque sí”, de la noche a la mañana y, sin embargo, seguimos siendo incapaces de ver el bosque. Sigue predominando esa sensación de que las cosas les pasan a los demás, en otros períodos históricos. La República de Weimar se encontró con un país humillado y seis millones de desempleados. El Consejo de Europa le pide ahora a Grecia acciones legales contra Amanecer Dorado. Según dos encuestas para “El País” y “El Periódico”, el PP perdería 50 escaños. Seguiría siendo el partido más votado, pero sin mayoría absoluta. Guau. No es la corrupción lo que puede provocar un descalabro y hacer cambiar el voto, es cruzar la línea. No importa lo que te rodee, al igual que a la mayoría de alemanes no les quitó el sueño que a su vecino judío le expropiaran la tienda o la casa. Había que esperar a que los desposeídos fueran ellos. Quien hoy tiene un contrato indefinido, con un salario decente, sigue sin enterarse de qué va la historia. Se enterará el día que llegue el ERE, se vaya a la calle con 20 días por año trabajado y cruce la línea. Es entonces cuando será consciente de lo imposible que se ha vuelto encontrar trabajo y de lo mermado que se verá su salario si consigue hacerlo. Es entonces cuando sentirá todo el peso de la injusticia que muchos ya han sentido, pero será demasiado tarde porque ya habrá cruzado la línea. Me encantaría que este artículo diera pie a otros, que hablara del resto de las víctimas: de gitanos, comunistas, homosexuales, socialdemócratas, demócratas… para que seamos conscientes de que, al final, llegó un momento en que o eras “judío” o eras nazi.

    • Joer, te ha quedado un batiburrillo de lo más apañado: de la República de Weimar a los ERE, pasando por el PP y Amanecer Dorado. Grande.

      • Ja, ja, ja, ya te digo. En realidad creo que el nazismo llevó al absoluto extremo conductas que vemos todos los días. Me cuesta mucho entender cómo una sociedad puede permanecer impasible ante la “Noche de los cristales rotos” o ante el hecho de que expropien y hostiguen a tu vecino por el simple hecho de ser judío. Pero llevo años viviendo una situación de precariedad y despidos en mi trabajo y no veo ni la más mínima empatía (más allá de lo políticamente correcto) en los compañeros cuya situación laboral es “estable”. Es más, la mayoría de ellos colaboran en dejar muy clara esa arbitraria distinción estable/precario y solo reaccionan cuando es su puesto el que peligra.

        • Galahat, cuánta razón tienes! Salvando las distancias el proceso “silencioso” que narra Nacho Carretero está estrechamente ligado a lo que estamos viviendo en el sur de Europa, donde creemos que los griegos son esos chicos morenos que hacen yogurt con nata. Lo que les pasa a ellos hoy, nos pasará mañana a nosotros. Hay que ponerle freno ya o será demasiado tarde.

    • Comparar el exterminio de un pueblo con una crisis económica (grave, pero peores las hemos pasado) me parece no solo de mal gusto, sino un insulto a la inteligencia del lector.

      • Ni pretendo ni he pretendido comparar el genocidio judío con la actual “crisis” económica, pero dicho genocidio se produjo dentro de un contexto histórico que hizo posible el ascenso y triunfo del Partido Nazi con Hitler a la cabeza. Citando al historiador británico, Laurence Rees: “regardless of who Hitler was, only with the collaboration, witness, miscalculation and tolerance of others could the Nazis come to power. Indeed, WITHOUT A CRISIS THAT SHOOK THE WORLD, the Nazi Party would not even have been born in the first place”.

        Hace poco el psicólogo alemán especializado en situaciones traumáticas, Georg Pieper, visitó Grecia y lo que vio superó sus peores expectativas. Se encontró con una sociedad al borde de la explosión, con un aumento de los grupos violentos que atacan minorías y donde el egoísmo, y no la solidaridad, está ganando terreno. EE.UU ha advertido a sus ciudadanos “de color” que si viajan a Grecia pueden verse amenazados (http://www.presseurop.eu/es/content/article/3181971-una-sociedad-en-estado-de-shock).

        La persecución y exterminio de los judíos fue un proceso progresivo, no empezó por la Solución Final, que fue adoptada ya durante la guerra. A posteriori, todo se ve muy claro. A día de hoy a todos nos han hablando de la barbarie del nazismo, pero que a nadie se le olvide que el Partido Nazi ganó unas elecciones en su país y recibió unos cuantos elogios de algunas grandes figuras, que no tuvieron demasiado problema con lo que hacía y decía Hitler hasta que se le fue demasiado la mano con Polonia. Hubo alemanes y europeos, una minoría desgraciadamente, que vieron lo que estaba pasando desde el principio. El resto miró a otro lado mientras difamaban, expropiaban, segregaban, expulsaban y asesinaban a sus compatriotas (ya fueran judíos, gitanos, homosexuales, comunistas, socialdemócratas…) y fue, tras el descubrimiento de los campos de concentración y exterminio nazis cuando Europa fue consciente de las atrocidades que se habían cometido contra el pueblo judío.

        Me interesan especialmente los alemanes que se rebelaron a tiempo contra lo que veían y aquellos franceses, una minoría también, que formaron parte de la Resistencia. El resto, mientras no le tocó, parafraseando a Riding, dejó que el “show” continuara. Lo dicho, a posteriori, todos o casi todos somos anti-nazis.

        • ¿Todavía seguimos con el mito de que el Partido Nazi ganó las elecciones? Resumiendo mucho, Hindenburg le regaló a Hitler la cancillería y éste dio un golpe de estado

          • En las elecciones de 1930 el Partido Nazi consiguió el 18,3% de los votos. Para las de julio de 1932, se hicieron nada menos que con el 37,4% (230 escaños en el Parlamento alemán). En noviembre del mismo año, se convocaron nuevas elecciones y su porcentaje bajó al 33%, pero siguieron siendo la fuerza más votada del Parlamento.

            Esas cifras no son una fabricación de Hindenburg. En las elecciones de julio, Hitler reclamó su derecho a ser canciller dado que su partido era el más votado, pero fue el propio Hindenburg el que se negó a que así fuera previendo el peligro que suponía. Cinco meses después, él mismo entregó la cancillería a Hitler.

            Entre las razones de este cambio, Rees hace referencia a dos: una petición, firmada por Hjalmar Schacht y otras personas del sector financiero e industrial alemán, que reclamaba la cancillería para Hitler. Temían el aumento del porcentaje de voto de los comunistas. Consideraban que el gabinete de von Papen no contaba con el apoyo de la mayoría de la sociedad y la situación se estaba convirtiendo en una bomba de relojería. Por otro lado, el Comandante Ott transmitió a Hindenburg la incapacidad de las Fuerzas Armadas para controlar la situación en el caso de que saltara la chispa entre nazis y comunistas y se llegara a una guerra civil. El propio von Papen jugó un papel fundamental para convencer a Hindenburg de la necesidad de convertir a Hitler en el nuevo canciller.

            No en vano, el Partido Nazi había sido de nuevo la fuerza más votada en el Parlamento alemán con cuatro millones y medio de votos de diferencia con respecto al segundo (el SPD). Esos votos no los fabricó Hinderburg, los dio el pueblo alemán (http://en.wikipedia.org/wiki/German_federal_election,_November_1932) convirtiendo así al Partido Nazi en la primera fuerza política del país.

          • Hitler ganó las elecciones. Otra cosa es que la gente esperara otra cosa de Hitler cuando lo votó. No todos sabían que estaba loco.

  • Muy interesante.

    Echo de menos una explicación de la ayuda española a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Quizá para otro artículo.

    España se mantuvo neutral, e independiente, por lo que aquí no se colaboró en la persecución a los judíos, como pasó en Italia. Pero además, hubo ayudas a los perseguidos, acogiéndoles en suelo español pero también protegiéndolos fuera (el caso de Sanz Britz es famoso, actuando con conocimiento del gobierno de Franco). A pesar de la retórica del régimen en la época, y de las chifladuras que se han divulgado en algún periódico, en la práctica, el papel (positivo) de España fue decisivo para muchos, marcando un fuerte contraste con la actitud de otros países neutrales y aliados, que no hicieron absolutamente nada.

    • La actuación salvadora de España con los judíos es un mito, un engaño. El régimen de Franco fue tan antisemita como Italia. Los casos de ayuda y salvación de judíos fueron a título personal, auténticos héroes que no habían perdido la dignidad.

      • Desde el puerto de Vigo miles de judíos salieron hacia América, con la permisividad del régimen. Una cosa es que los españoles, Franco especialmente, fueran antisemitas, que lo eran, y otra que no les dejasen utilizar los puertos del país para marcharse. No hablo de salvación, pero compararlo con la situación en Italia tiene poco sentido.

        • El criminal de guerra croata Ante Pavelić, fundador de la Ustaša y caudillo del Estado Independiente de Croacia (en aquel momento. estado títere y colaboracionista con el Eje formado por los países afines al regimen nazi), vivió entre 1957 y 1959 en Madrid, año en el que murió, y por si alguien quiere llevarle flores, está enterrado en el cementerio madrileño de San Isidro.
          Además, la guerra civil española dejó al país tan maltrecho que España no podía permitirse entrar de nuevo en otra guerra. Creo que Alemania hizo lo mismo tras la IIGM, y Japón tras Hiroshima y Nagasaki…en fin, que España si se mantuvo neutral no fue por el espíritu libre de Franco, vaya. Me inclino a pensar más en la teoría de los valientes a título personal, que en la de “toda nuestra solidaridad con el pueblo judío”
          Pero Pavelić fue uno de los muchos exiliados fascistas y nazis (de los cuales hay mucha más constancia que de los refugiados judíos), que al acabar la guerra encontraron en este país y su dictadura un oasis para vivir con tranquilidad su vejez. Si es que puede vivir con tranquilidad una persona siendo un monstruo…me consuela pensar que no tienen paz, y si es así…¡larga vida!

          • El gran Ante Pavelic, que se encargó con diligencia balcánica (de diferente tenor que la diligencia alemana) que una comunidad de 500 años de antigüedad, la sefardita en tierras de la antigua Yugoslavia otomana, desapareciese del mapa de un día para otro, en torno al 42. No sabía que luego se le abrieron las puertas de nuestro gran país.

      • Joan, no siguis tan ximple, moltissima gent a Espanya desitjava la victotia del aliats i molts personatges del Règim van mirar cap a un altre lloc per permetre la sortida de una bona cantitat de Jueus.
        Catalunya no es el centre del mon ni les opinions dels catalans noson totes de bona fé ni de font real.
        Visca Catalunya i visca Espanya.

    • En total desacuerdo con tu comentario. La actitud de Sanz Britz fue la excepción, actuó por su cuenta. De hecho, las delegaciones de gobierno llegaron a efectuar listas de judíos de cada provincia.

  • No estoy seguro de si darle a “me gusta” para el Facebook… El texto es genial, pero el contenido es escalofriante.
    Lo que más repugna del tema es el papel de la “gente corriente”. Más que el propio nazismo. En esto hay tema para varios artículos, no sólo en el Holocausto, sino en muchos otros acontecimientos históricos similares…
    ¡Ay, el ser humano!

  • sobre el término “Sefarad” me imagino que incluiría también a Portugal, siendo una referencia más a la península ibérica como espacio que a España como nación que entonces no era más que una entelequia

  • No hay que decir tantas tonterías juntas. Los judíos no “poseen” premios nobel. Cuando un cristiano gana un premio nobel lo gana él. Los demás no tenemos mérito alguno en ello. O quizá sí: es un logro de la humanidad. No tiene sentido atribuir a judios los premios que ganen. Entre esos judios habrá algunos que no se consideran tal o simplemente no sienten sus logros como mérito suyo, como colectivo (que no lo son) Einstein sentía un profundo rechazo por esa consideración de raza superior (esto lo dice más gente que los judíos)
    Lo que robó madoff lo robó él, no la comunidad judía de la que forma parte (y a la que también robó por cierto)

    • Sabia distinción.

    • entonces no te parece relevante que un grupo especifico tenga peso en descubrimientos cientificos?
      a mi si de repente me dicen que el 25% de los ganadores del nobel de medicina eran aficionados al ping pong pues me parecera un dato interesante… por pura estadistica vamos.
      Los premios pertenecen al que los gana, pero si se pueden establecer vinculos y semejanzas entre ganadores me parece justo hacerlo.

    • Cuanta razón lleva tu comentario, Nemigo

  • Lo realmente preocupante, es que Israel (no todos los judios, pero si el pais), esté masacrando Palestina, ante la impasividad del resto de paises europeos, y con el apoyo norteamericano, convirtiendo oriente medio en un polvorín siempre a punto de estallar. Algo así como si el holocausto fuese una patente de corso para justificar sus ansias (¿justificadas?) de tener cada vez mas territorio propio. Les masacraron, si. Triste y lamentable. Una verguenza. Pero no una justificación para hacer lo que están haciendo en palestina.

  • Mi nombre es Omar Jerez,
    Yo soy JudÍo y he recibido insultos de ciertos colectivos llamandome PERRO JUDÍO.
    Dejarnos en paz,
    Simplemente.
    Tengo autoridad moral para decirlo.
    Siempre con el rollo Palestino
    ¿Que culpa tengo yo?
    ¿Acaso he empuñado una arma y he matado gente?
    ¿Soy responsable de lo que hagan las altas esferas políticas?
    ¿Yo decido algo como simple ciudadano?
    Hay mucha gente que si pudiera no dudarían en asesinarnos.

    • Cuándo nos daremos cuenta de que las nacionalidades, países, naciones, etc son un invento de los poderosos para que los pobres les hagan la guerra!!

    • Lamento Omar, que por tu condición religiosa, alguien te discrimine. Mi solidaridad y apoyo están contigo. Pero tus frases “siempre el rollo palestino”, y la última “hay mucha gente que no dudaría en asesinarnos”, me desconciertan.
      Porque seguimos con el rol de victima. Hay mucha gente que si pudiera no dudaría en asesinarnos… eso pensarán los que actual y realmente están siendo asesinados por gente de tu pueblo.
      Repito. Lo que ocurrio con los judios fue intolerable, injustificable. Repugnante. Y mil calificativos mas. Pero ¿Cómo calificas lo que le está sucediendo a los palestinos?
      Repasa lo que has escrito. ¿Qué culpa tengo yo? ¿He empuñado un arma y he matado gente? ¿Soy responsable de lo que hagan las altas esferas políticas? ¿Decido yo algo como simple ciudadano?….
      En vez de haberlo escrito tú, podría haberlo escrito cualquier palestino.
      Rollo palestino le llamas. Rollo victimista el tuyo. Ahora mismo el único victimista real es un palestino (ojo, no todos, que la subnormalidad no entiende de nacionalidades ni religiones), e Israel, el causante de dicha desgracia.
      De modo que tal vez, antes de soltar un alegato (no digo que no tengas razón en lo que digas) victimista, deberías de ver que aparte de victimas, también estais siendo verdugos de otro pueblo. No solo no lo ves, sino que lo denominas “rollo palestino”.
      Dejarnos en paz, simplemente, pides. Eso querrán muchos palestinos, y tu país no les hace ni puto caso.

      • Por supuesto, @Ignatius, Hamas no es un grupo violento que ha matado a varios judíos con sus misiles a larga distancia, no qué va, eso no existe. Las reuniones del gran mufti de Jerusalén con Hitler tampoco pasaron, qué va. La gran cantidad de árabes que votaron por un grupo terrorista como Hamas en 2006 tampoco existen, me imagino. Ni tampoco los anti-semitas que en el fondo de su corazón aún guardan deseos de destrucción contra Israel

        No, acá el pueblo judío es tan víctima como el árabe (soy de los que piensa que eso del “pueblo palestino” es un invento árabe, pero no traigamos por favor ese tema a colación acá). Tal vez podamos discutir las magnitudes de victimismo, pero de que ambos pueblos son víctimas es algo innegable.

        Y te guste o no, el judaísmo es algo que va más de una religión. Son un pueblo, por más que no te guste.

        Mi más sincero apoyo a Omar Jerez, desde Venezuela y como cristiano que soy.

  • Solamente una corrección. Lo que que instauro Alemania en la Polonia que no se anexiono recibió el nombre de Gobierno General, no Gobierno Central. Y ya puestos, la plaza de Rynek Glowny se podria traducir en español como plaza del Mercado Mayor y quedaría mas apanado, no? Aunque bueno, si lo que quería el autor era dar un poco de color local, pues de acuerdo.

  • Muchas gracias por la corrección Miguel, sin duda un error imperdonable por mi parte.

    Gracias por los comentarios y apuntes a todos, algunos muy interesantes, por cierto. Desde luego el cómo se vivió en España daría para un extenso artículo.

    • Nacho, creo que al final queda una respuesta en el aire: en total cuántos millones de judíos murieron el Polonia y a qué tanto por ciento corresponde sobre el total? Parece anecdótico, pero ya que pones datos sobre otros países, creo que no estaría mal conocer el dato de Polonia.

      • Udoniano, las cifras en Polonia son tremendas. En 1933 había 3 millones de judíos. Tras las guerra, entre asesinados y huídos, quedaron 45.000. Es decir, la población polaca judía quedó reducida al 1,5%. Un saludo!

  • NEMO, es que vosotros ya habiáis hecho el trabajo siglos atras!!!! tiene delito tu declaración. Por lo demas no le quito una coma a GALAHAT, una mañana te levántaste y ya no eras aleman….. eras nazi.

  • OMAR, a mi solo que queda una duda en todo esto. Resulta evidente que los nazis eran unos fanáticos que se creían en posesión de la verdad ( algunos, la mayoría eran simples psicopatas o fracasados) acaso alguien que se auto denomina elegido único de dios no roza esa frontera??????

  • Hay una escena en La lista de Schlinder que me pone los pelos de punta, y que ilustra perfectamente lo expuesto en el artículo. Los judíos son embarcados en transportes de ganado hacia los campos, una vez vaciado el gueto de Cracovia. Se les ordena abandonar sus equipajes con al excusa de que se cargarán en otros vagones. Una vez partido el convoy, esos equipajes se llevan a unas naves donde vemos como se vacían y se clasifican los enseres de esa gente condenada a la desaparición. Vemos montones de fotografías, de efectos perosnales. La memoria de miles de personas, de una cultura, que se convierte en humo.
    No tenemos perdón, como europeos, de haber consentido tamaño crimen. Más allá de los gestos de un puñado de justos que se jugaron la vida por ellos, el resto fue colaboración entusiasta, aprovechamiento de la circunstacia o simple indiferencia ante la muerte a escala industrial de parte de la cultura del continente.
    Y no conviene olvidar, como ya se apunta en el texto, que buena parte de los lodos actuales, vienen de aquellos polvos, aquellas cenizas.

  • Totalmente de acuerdo en que el holocausto nazi contra los judíos fue uno de los peores horrores de la historia, pero siempre se me revuelve algo dentro cuando leo lo de que “es una pena que por culpa del holocausto cayeran tantos intelectuales como: …”. Hoy en día estamos viendo cómo un racismo cada vez más generalizado a los gitanos de Europa del Este se extiende, llegando hasta el punto de expulsarlos de Francia. ¿Qué significa eso, que no tenemos que preocuparnos de lo que les pueda pasar porque no hay ningún intelectual gitano que haya sido reconocido por un premio Nobel?

    El racismo es horrible porque implica un prejuicio, y quizá ahora mismo el antisemitismo está mal visto, debo aclarar primero que no considero que estar a favor de Palestina en Israel pueda ser considerado antisemitismo, aunque sí lo sería generalizar que todo judío está a favor de Israel en a Intifada. El problema del racismo no es otro que el prejuicio, el decir “no es que sea racista, es que los [...] son así”.

  • KILGORE, existe un plano bastante más definitivo en esa pelicula. Cuando el tren atraviesa POLONIA camino del exterminio una niña polaca, de edad hiperjoven, les señala el cuello con el dedo. Las mayores barbaridades, tanto en el proceso dentro de los campos, como fuera, no las cometieron precisamente los nazis….. te recomiendo que leas TREBLINKA. Y reflexiona sobre el fanatismo religioso para que una niña de 8 años te odie a muerte.

  • DEMOSTENES, existe por definicion alguien más racista que el fanático religioso???????

    • Michelle, la película entera está trufada de imágenes que ilustran la dimensión industrial del crimen. A lo que yo me refiero es que, en las secuencia que yo cito, vemos como un grupo humano entero, una cultura, va a desaparecer. Se intenta no solo matarles, si no borrar las huella de su paso por la Tierra.
      En cuanto a lo que comentas, siento no poder estar de acuerdo. Objetivamente, los responsables de TODAS las atrocidades cometidas contra los judíos en los territorios bajo su control, son los nazis. Y si es cierto que, como yo decía hubo quien se sumó entusiásticamente a la persecución, lo hizo amparado y alentado por el régimen de terror impuesto por aquellos. En esas circunstancias se ve el valor de las personas. El de quien está dispuesto a jugársela por sus semejantes en las condiciones más difíciles, y el de quien aprovecha la ola para descargar sus frustraciones (el pueblo polaco se llevó lo suyo durante la ocupación) sobre alguien todavía más débil.

  • Un buen artículo.

    Aunque me gustaría que se aclarara bien el tema de las cifras. Se habla de 6 millones de judíos asesinados, pero si sumas las muertes de judíos por países que se dice en el artículo, no se llega a esa cifra. Rogaría un comentario de aclaración.

  • Me gustaría apuntar que quien dio identidad (judía) a (por ser moderado) algunas de las víctimas, no fue otro que el verdugo. Hubo deportados y asesinados que ni sabían que “eran” judíos. Hubo otros conversos al protestantismo y tal (lo cual no les salvó ni de casualidad), pero eso ya es, de alguna manera, otra cuestión. Lo que quiero decir es que se establece una sintonía entre los verdugos de entonces y cierto discurso nacionalista israelí de hoy y ayer. No se exlpicarme mejor, pero creo que es problemático el aceptar sin más y por completo que les torturaron y mataron por lo que eran. Como si hubiese una realidad previa al progromo, que el verdugo se limitó a identificar y a “solucionar”.
    Me gustaría recomendarles la lectura de los diarios de Victor Klemperer para una inusual y escalofriante visión del proceso, desde fuera del lager, desde 1933 y hasta mayo del 45 (el hombre siguió escribiendo toda su vida, ya en la RDA, pero tengo entendido que esa parte no está traducida al castellano).

  • Muy buenas Ignatius.
    Hay un detalle que no te he contado.
    Mi madre es judía sefardí,y mi padre es Palestino.
    Simplemente con teclear mi nombre en google comprobrarás que es cierto.
    Te puedo asegurar que si eres comunista,homosexual,Palestino,católico o ateo en Israel no vas a tener dificultades en tu vida cotidiana.
    Preguntale a los Católicos como viven en Palestina con sus vecinos pacíficos Islamistas,o si dos mujeres se pueden amar libremente como sucede en Tel Aviv.
    Te invito a leerte el Corán.
    Ese libro tan maravilloso invita a matar a los judíos de manera obsesiva.

    • Anda, que si quedase algún cananeo (no lo descartemos) nos podría recomendar a todos la lectura de ese otro maravilloso libro.

    • Omar, cuando hablas del “rollo palestino” con los antecedentes que tienes, solo se me ocurre pensar que no tengo suficiente experiencia ni conocimiento como para discutir contigo. Es algo parecido a cuando la gente habla de los gitanos y se visten de tolerantes pero jamás han convivido con ellos.

      De todas formas, se hace muy difícil entender la existencia del moderno estado de Israel, a mí por lo menos. Te voy a ser sincero, no simpatizo con el judaísmo pero no por ello me considero antisemita. No tengo tampoco nada en contra de alguien por el hecho de ser (o considerarse) judío. Simplemente el concepto de pertenencia me desagrada, no me gusta. Si alguien se considera judío, resulta que entonces yo ya tengo que ser cristiano y odiaría ser considerado cristiano o, en el mejor de los casos, resulta que soy gentil. Qué bien, ya soy algo. Es como el caso de los gitanos, que gracias a su sentimiento de pertenencia, pues me han regalado un nombre. Eso de payo siempre me ha sonado fatalmente. Y date cuenta que no estoy hablando de razas, porque yo eso de los judíos (y los gitanos) como raza no me lo creo.

      En fin, que me enrollo. Un saludo y cuando te cruces con Pablo del Real le das un saludo de mi parte. Ese sí que es un payo de cuidao.

  • OMAR, no tendría dificultades siempre y cuando no imponga un laicismo racional en la sociedad…… con esto no niego los avances del estado de israel, sin ir más lejos los lideres en movimientos de desobediencia de todo tipo.
    KILGORE, te continuo recomendando que te documentes sobre el holocausto. Jamás se hubiese ni siquiera poner en funcionamiento sin la ecisiva colaboración de las victimas y los “kapos”, que nunca eran nazis. Los nazis no hubiesen soportado, de hecho no lo hacían, esas labores….. por no incidir en hechos como JEDWABNE….
    Reitero encarecidamente que leas TREBLINKA, de jean françois STEINER, brutal.

  • Os recomiendo una pelicula basada en hechos reales que demuestra y no como un ejemplo aislado que el estado de Israel es un autentica democracia que ya quisieran muchos estados miembros de la comunidad Europea.

    Copio y pego de Filmaffinity:

    DIRECTOR Eran Riklis

    TÍTULO ORIGINAL Etz Limon (Les citronniers) (Lemon Tree) Los limoneros

    SINOPSIS

    Drama con el cisma palestino-israelí como telón de fondo. Salma, una viuda palestina, decide librar una batalla contra el ministro de Defensa de Israel, cuya casa linda con su campo de limoneros, en la frontera entre Israel y los Territorios Ocupados. La policía no tarda en decretar que los árboles de Salma representan una auténtica amenaza para el ministro de Defensa y su familia, y ordena que se talen. Pero Salma decide luchar para salvar sus árboles y su vida. (FILMAFFINITY)

  • Coño, esa peli la vi el otro día.

  • “Los nazis lograron asesinar a seis millones de judíos”

    Y sin embargo esta sigue siendo la gran metira… Por que habia poco mas de seis millones de judios en Europa. Consiguieron su proposito los nazis?

    Pues no.

    Y es este el gran exito judio: No hubo ningun gitano, sacerdote catolico, republicano español, disidentes politicos, homosexuales, eslavos o discapacitados… No hubo nadie de estos colectivos en los campos de concentracion… Anda y vete Espinete!!!

    Convertir una masacre de esta magnitud en un acto, un recuerdo, un totem de la masacre judia y que solo ellos puedan hablar de lo que es el sufrimiento del holocausto es vergonzoso para todos aquellos que lo sufrieron.

    Asi llegamos al punto de que cuando se recuerda a los sacerdotes catolicos polacos, por que Polonia es un pais fundamentalmente catolico (Polonia no fue siempre tan tolerante como se cree con los judios, pues hubo al menos dos grandes persecuciones, una de ellas justo antes de Casimiro el Grande) aparecen asociaciones del Holocausto que reclaman que el acto no es lo suficientemente judio. Perdon? Para recordar a un sacerdote catolico?

    Parece que si mueren catolicos, gitanos u homosexuales no pasa nada… Asi seguira siempre en el olvido la memoria de aquellos españoles que se sublevaron en Mathaussen conquistando ellos solos el campo…

    • el tuyo es un ejemplo perfecto de la judeofobia heredada históricamente, y ya no entro en la aberrante argumentación a que ese sesgo ideológico te ha llevado, amigo

  • La judeofobia, mejor que antisemitismo, tiene lejanas y profundas raíces en la historia europea. En particular en el ámbito germánico y anglosajón, comenzando por Martín Lutero… de hecho, en la noche de los cristales rotos el obispo de Turingia (protestante) soltó “por fin arden las sinagogas como quería Lutero”
    enhorabuena por el artículo

  • Yo tengo una duda…si los judios fueron unos 6 millones (cifra estandar) ahí no se incluirían gitanos, homosexuales, disidentes politicos etc…

    ¿La suma general de la matanza a cuanto ascendería?

  • Roman Polanski¿?

    • Sí, Román Polanski niño. La escena de “El pianista” en la que el protagonista es separado de su familia a punto de subir al tren hacia los campos gracias a un guardia amigo está sacada de su vida personal.

  • Manudo, te dejo un link en el que se pormenoriza sobre las cifras de víctimas, judías y no judías: http://www.elholocausto.net/parte04/0405.htm

    Casimiro Boreal, en tu comentario entiendo que pones en duda que Polanski haya padecido el Holocausto. Su madre (por cierto, católica clasificada por los nazis como judía), murió en Auschwitz y su padre sobrevivió a Mathausen. Él estuvo en el gueto de Cracovia y después vagó como niño mendigo hasta que fue acogido por una familia católica. Es decir, sí padeció el Holocausto.

    Saludos!

  • Interesante artículo.
    Una duda: ¿por qué la 5º foto (la de la fosa común) tiene una marca de agua en chino? (esquina inferior derecha) Quizás pertenezca a otros desastres…

  • El artículo está muy bien.

    Sin embargo, creo que no habría que mezclar el exterminio de los judíos en el este (principalmente en Polonia) con los judíos del resto de Europa (Solución Final). El asesinato de los judíos polacos comienza el mismo 1 de septiembre de 1939 y se enmarca más bien dentro del concepto de “lebensraum”, no formando parte de la “Solución Final” como tal. De hecho, detrás de los judíos polacos venía el exterminio del resto de la población polaca.

  • Michelle te puedo asegurar que estoy documentado. De hecho un libro como El tercer Reich y los judios de Freidlander es bastante revelador. Frío y sistemático.
    Y, posiciones como la tuya, descargando en las víctimas y colaboradores necesarios (muchos kapos acabaron en lo hornos crematorios) la responsabilidad del holocausto, en vez de en los nazis, o llegando a escribir que Matthaussen era un hotel de lujo (supongo que ya te habrás arrepentido, porque en realidad era una fábrica de muerte especializada en presos políticos) revelan que Nacho Carretero tiene razón: el Holocausto fue un éxito.

  • Eso de afirmar con tal rotundidad que fueron seis millones de judíos muertos en este tipo de artículos siempre me hace gracia.

    Haciendo los cálculos con los datos que has puesto salen poco más de dos millones de judíos muertos.
    (Y me queda la duda si la cantidad de judíos en la URSS se cuentan a los de Lituania, Estonia, Letonia o Bielorrusia, que me imagino que quizás en un dato esté metido y en el otro no.)

    A este número de judíos muertos, habría que sumarle los que murieron a causa de la guerra, como es en el caso de la URSS, que de los 2,5 millones que había escribes que murieron 36%.

    Pues bien, según tengo entendido, de esos 2,5 millones, alrededor de 700.000 judíos soviéticos lucharon en la guerra, entonces me imagino que esos no entran dentro de los muertos del Holocausto, por lo que la cifra bajaría aún más.

    Habría que contabilizar ahí, los judíos que emigraron a Asia Central, Birobidjan, Rodhesia o EEUU, que casi todos ellos eran rusos

    También comentar que muchos de los mayores campos de concentración estaban en los actuales países bálticos, que en tiempos de la II Guerra Mundial, no deberían ser calificados como de la URSS.

    Es lo único que quería decir, me chirría bastante esa manipulación de las cifras, no sé con que fin se ha hecho a lo largo de la historia, si bien para favorecer al sionismo o por qué, pero siempre me he preguntado por qué ni si quiera se puede plantear el hecho de las cifras, y siempre se saque el “seis millones” de turno en todos las noticias y artículos.

    Ojo, únicamente cuestiono las cifras, no soy ni antisemita, ni de creencias nacional-socialistas ni nada por el estilo, que parece que por el simple hecho de cuestionar la historia te tildan de ello.

    De hecho, no cuestiono el Holocausto, si no que cuestiono las cifras, al igual que cuestiono las cifras de otro genocidio como Holodomor.

    Mi conclusión es que, si bien es cierto, que con documentación en la mano, el mito de los “seis millones” se desmonta fácilmente.

    He echado en falta algo sobre los judíos de Vilna (dónde fueron los más castigados en relación al porcentaje de ellos) o el éxodo hacia Asia Central o el sur de África.

    Por lo demás, muy buen árticulo, mis felicitaciones ;)

  • Alejandro, como decía en otros comentarios, en mi texto no cito todos los países ni todas las víctimas. No te ciñas a él para hacer cálculos.

    Por otra parte, me parece bien que hagas tus elucubraciones, te chirríe y saques tus conclusiones, pero creo que es una desconfianza poco trabajada, basada en muy poquito y soltada demasiado a la ligera si tenemos en cuenta que estamos hablando de personas asesinadas. Vamos, que no sé si les escribirías con la misma alegría a los tipos que trabajan desde hace años en la identificación y memoria de las víctimas. Quedaría, en mi opinión, un poco irrespetuoso, si me permites.

    El trabajo al que me refiero es, entre otros, el de la Data Base del Yad Vashem. Te dejo el link, estoy seguro que te aportará mucho: http://www.yadvashem.org/yv/en/about/hall_of_names/about_central_database.asp Viene un mail, puedes escribirles para contarles que no te encajan las cifras. En esta base de datos -como verás si tienes mucha paciencia- ya hay registrados 4 millones de judíos, con nombres y apellidos, identificados a través de distintas evidencias como víctimas del Holocausto. Este brutal trabajo de años de investigación (que sigue actualmente en curso) está permitiendo reconstruir la historia de cada una de las víctimas, para dignificar su memoria, poner cara al horror y que no se quede solamente en una cifra. Porque, ya ves tú lo que pasa con las cifras: que se ponen en duda y se borra a las personas para siempre con un par de golpes de teclado.

    Los otros dos millones de judíos asesinados todavía no han sido identificados, pero se sabe que están ahí, a la espera, gracias a los números de identificación que los nazis les tatuaban (y que incluso a veces repetían, con lo que puede que haya más víctimas todavía), a los familiares que nunca más vieron a los suyos y a los testimonios. Te dejo, también, éste exhaustivo trabajo que pormenoriza en el número total de víctimas. http://www.elholocausto.net/parte04/0405.htm

    La mayoría de expertos en el holocausto suelen coincidir en que es muy probable que haya más de 6 millones de víctimas, pero se ha acordado una cifra tipo dado que nunca será posible saber cuántos muertos hubo con exactitud (como sabes, de muchos, no quedaron ni las cenizas). De momento se trabaja en dignificar la memoria del mayor número posible. Seamos respetuosos hasta entonces, no hagamos cálculos como si estuviéramos contando los cubatas que nos tomamos ayer. Y no digamos gilipolleces acerca del sionismo, que yo creo que con 4 millones de muertos documentados ya les llegaban, no son tan avariciosos de querer dos milloncejos más.

    Un saludo!

    • Le echaré un ojo y ya te digo. Llevo tiempo leyendo sobre el tema e informándome por ambas posturas. Y es que, por más fuentes demográficas que consulto (nada de metapedia, ni de teorías negacionistas) las cuentas siguen sin cuadrarme.

      En ninguna observo el escalón de los famosos seis millones. Bien es cierto, que hay un vacío judío tremendo en Europa, pero con el aumento en Israel, en América y en menor, medida en Oceanía, no se observa el vacío judío que debería apreciarse. Que ojo, que lo hay, pero no de seís millones.

      También comentarte que los datos que cogí de tu noticia no conté los países que nombres sin datos, porque la presencia judía en países como Dinamarca, Grecia, Eslovaquía, Noruega, era prácticamente testimonial, en comparación a las cifras que hablamos.

      Lo mismo me ocurre con Holodomor, no encuentro ninguna fuente demográfica que me haga ver el vacío que debería haber en el caso de haber muerto 10 millones de personas, según algunas estimaciones.

      Ea, lo dicho, muchas gracias por la respuesta. Aclarar nuevamente que no soy negacionista ni nada por el estilo, simplemente que me chirrían siempre las cifras de este tipo de acontecimientos.

      Un saludo!

  • Señor administrador:

    Soy familiar de un superviviente de Mauthausen. Soy firme partidario de la libertad de expresión, pero afirmar que Mauthausen fue un hotel de lujo creo que va más allá de lo tolerable. Ese comentario es una autentica barbaridad, y me siento indignado. Creo que no estaría de más eliminar ese comentario (ojo, pido que se elimine unicamente ese comentario).

    Por último quisiera mencionar que los deportados españoles jamás han olvidado que fue Serrano Suñer (cuñado de Francisco Franco) quien pidió a Himmler que mandara a los presos españoles a los campos de extermino nazis.

  • Como asociación que agrupa antiguos deportados y familiares de deportados a los campos nazis, entre ellos Mauthausen, solicitamos que se retire el comentario que afirma que Mauthausen era un hotel de lujo. Es un insulto a la memoria de todos los que padeceriron el horror nazi y una muestra de ignorancia o mala intención.

  • Todos han hablado, lo que nos han programado desde hace años. Al fin Y al cabo el que habla es el que quedó vivo y puede hablar lo que se le dé la gana, porque hablar de lo barbaro de una bomba atómica, poco importante es para ésta sociedad alienada.

  • por esta razon es imperdonable que hoy el estado de israel se comporte de igual forma con los palestinos

  • Sólo hay una cosa que me chirría del texto.

    Por qué se da por supuesto que el Holocausto sólo acabó con judíos buenos y posibles genios? No me cabe duda de que entre los judíos hay gente de muchísimo talento y capacidad, pero no creo que su condición religiosa sea el justificante de ello. De hecho pienso que si en la Guerra Mundial y en los campos de concentración no se hubiera embarrado el suelo de Europa con sangre, habría más premios nobel, literatos, cineastas, filósofos y gente capacitada para hacer el bien que con la guerra.

    Por tanto, también murieron franceses, americanos, rusos, egipcios, italianos y un sinfín de nacionalidades más, sin que importase su religión, que seguramente habrían resultado más útiles para el mundo y la humanidad que desangrándose por cuatro tarados que consiguieron convencer a muchos millones.

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