Jot Down Cultural Magazine – La incómoda vigencia del «nuevo ateísmo»

La incómoda vigencia del «nuevo ateísmo»

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Fotografía: Let Ideas Compete (CC)

«Probablemente Dios no existe», anuncio del Partido Humanista de Suecia. Fotografía: Let Ideas Compete (CC)

El fenómeno religioso nunca ha estado tan abierto a debate y crítica como en los últimos quince años. Durante buena parte de la historia, en casi todas las épocas y lugares, la sola negación de las creencias imperantes acerca del mundo sobrenatural o de los dogmas revelados por alguna divinidad despertaba incomprensión y rechazo social, cuando no suponía la persecución e incluso la muerte. Cabe imaginar que la apertura resultaba todavía más difícil para quienes además de desmentir en público que poseyeran creencias religiosas, se atrevían a señalar sus inconsistencias, sus errores lógicos, o peor aún, las facetas oscuras de sus textos fundacionales o de las personas e instituciones que representaban dichos cuerpos de creencias. El ateo confeso era, pues, una figura poco común. Aunque es todavía minoritario en algunos países occidentales y desde luego apenas existe en determinados países musulmanes, en las sociedades más avanzadas su situación ha cambiado gracias a un proceso de secularización generalizada que ha permitido que los más militantes defensores de una sociedad laica, e incluso los que son abiertamente detractores de la religión, puedan difundir su mensaje de manera más o menos libre. Y así surgieron algunos célebres detractores de la religión, a quienes se suele englobar bajo la etiqueta «nuevos ateos».

El término «nuevo ateísmo» es un mal menor que cabe usar a despecho de que produzca la impresión de que existe algún manual del nuevo ateo, repleto de directrices y principios, porque tal cosa no existe. Se suele decir, aunque no es cierto, que el término apareció por primera vez en un artículo que la revista Wired publicó en 2006, titulado «La Iglesia de los No-Creyentes». Allí era empleado con carácter despectivo por un periodista que se confesaba no religioso, pero que bajo el aspecto formal de un reportaje, aprovechaba fragmentos de entrevistas a tres de los más célebres ateos militantes del momento para atacarlos, algo que demostraba tanto la antipatía del autor hacia los entrevistados como el intento de crear polémica a su costa. En cualquier caso, «La Iglesia de los No-Creyentes» era un texto no demasiado brillante pero puso de moda la expresión. En realidad el término ya había sido utilizado con ese sentido desde por lo menos dos décadas antes, empleado casi siempre por apologistas del cristianismo evangélico para referirse al auge de un nuevo ateísmo más militante que el conocido hasta entonces. Por ejemplo, en los años ochenta se publicó un libro llamado El nuevo ateísmo y la erosión de la libertad. Escrito por un pastor evangélico y de contenido más bien panfletario, pone de manifiesto que la expresión fue acuñada por sus detractores. Continúa siendo la etiqueta preferida de quienes están en contra, aunque hoy, por fuerza de la costumbre, es también usada por muchos de sus defensores o por los comentaristas neutrales.

Una vez creado el término, la siguiente pregunta es: ¿en verdad engloba el término «nuevo ateísmo» algún tipo de movimiento grupal, una escuela de pensamiento? La respuesta breve es que no. Aunque es un asunto complejo. Por un lado, el ateísmo es la mera ausencia de una creencia concreta (la de que existe un ente sobrenatural y todopoderoso, creador del Universo), pero más allá de ese detalle, no implica sostener principios o dogmas concretos de ninguna clase. Existen ateos de todas las razas, culturas y tendencias políticas. Muchos ateos defienden principios opuestos en cuanto a la propia religión, desde quienes sostienen posturas antirreligiosas furibundas hasta quienes se declaran pertenecientes a una cultura religiosa cuyos valores morales, pese a no ser creyentes, comparten. Hay ateos anticlericales y hay ateos que defienden los valores religiosos con un fervor parecido al de muchos creyentes. Y huelga decir que las diferencias entre ateos son tanto o más marcadas en cuanto a otros asuntos. Así pues, el que dos individuos sean ateos no implica ningún parecido entre ellos, ni siquiera a nivel ético o intelectual, por lo que pretender definir el ateísmo como una doctrina grupal es un absurdo intelectual de primer orden. Con todo, es por igual evidente que algunos ateos se parecen más entre sí que otros. Algunos comparten actitudes y mensajes similares. El término «nuevo ateísmo», en realidad, es el intento de englobar a ciertas figuras mediáticas basándose en ciertas características comunes (que sí tienen) para poder presentarlos como pertenecientes a una misma escuela doctrinal (que no comparten). Esto explica que fuesen ciertos apologistas religiosos los primeros en usar el término, con la intención de presentar el ateísmo, o parte de él, como un movimiento ideológico organizado, una especie de lobby antirreligioso. Pero ¿por qué «nuevos» ateos? Se deduce que debían existir algunos estereotipos sobre lo que se suponía era el perfil de un ateo «viejo». Y en efecto, así era.

Los estereotipos sobre los antiguos ateos mediáticos

Carl Sagan

Carl Sagan en Cosmos (1980). Imagen: KCET / Carl Sagan Productions / BBC / Polytel International.

Falsos o no, y dejando claro que por cuestiones de espacio vamos a pintar con trazo muy grueso, durante el siglo XX existían estereotipos que distinguían a los ateos mediáticos en dos grandes grupos. Por un lado estaba lo que podríamos llamar ateos políticos, cuyo retrato robot describía a progresistas de izquierdas cuyo ateísmo formaba parte de un conglomerado ideológico más amplio, marxista por lo general, que se caracterizaba por el anticlericalismo más que por la intención de presentar una elaborada justificación intelectual de su personal falta de fe. Esta figura podía resultar polémica en ocasiones pero en el fondo preocupaba poco a los sectores religiosos más conservadores, especialmente cuando quedó comprobado que la extensión del comunismo por el mundo se había detenido, y no digamos cuando cayó la URSS. Después de esto, el «progre» anticlerical podía ser considerado, en esencia, una minoría ruidosa pero inofensiva.

Existía un segundo estereotipo, el del filósofo o intelectual ateo, que lejos de limitarse a una crítica política de la religión, podía ofrecer muy elaboradas justificaciones racionales para sus respectivas posturas. Este tipo de ateísmo no difiere demasiado en su espíritu del ateísmo de algunos filósofos de la Antigua Grecia, por citar un referente clásico, aunque se comprende que ahora maneja argumentos y conocimientos científicos impensables hace veinte o veinticinco siglos. Este ateísmo filosófico, pues, ha existido siempre, aunque durante buena parte de la historia fue poco menos que clandestino. A partir del siglo XVII, el racionalismo, el liberalismo y la revolución científico-industrial ayudaron a que ganase visibilidad. En el siglo XX ya era una idea asumida que en la intelligentsia de los países occidentales, incluso en aquellos más conservadores, abundaban los ateos y los agnósticos. Hace algunos años, uno de los pocos estudios extensos y en profundidad que se han realizado al respecto terminó ilustrando lo que muchos observadores ya suponían por mera intuición, que dentro de la población (en este caso la estadounidense, pero por analogía, podría suponerse que lo mismo sirve para el conjunto de la población occidental) la religiosidad era menor conforme aumentaba el nivel académico y cultural de los entrevistados. De hecho, el sector de la población con un menor porcentaje de creyentes era el de los científicos de élite. Y de entre los científicos, por si sienten ustedes curiosidad, eran los biólogos quien resultaban ser los menos religiosos.

El intelectual ateo del sigo XX no por necesidad causaba particular animosidad entre los sectores religiosos. Esto se debía a su reticencia a la hora de criticar la religión, o quizá también al mero hecho de que sus críticas y afirmaciones más elaboradas se restringían a un público limitado. Pero el tabú existía y era un obstáculo difícil de superar. El filósofo Bertrand Russell, a quien podríamos considerar el patrón de los intelectuales ateos contemporáneos, ya decía que las creencias religiosas gozaban de un estatus particular de inmunidad social hacia ciertos tipos de crítica. El británico Jonathan Miller, el mismo que en 2004 creó la serie televisiva Atheism: A Rough History of Disbelief, lo ilustraba con una anécdota: durante conversaciones casuales en grupo, su mujer le reprendía por su «mala educación» si criticaba los aspectos negativos de la religión, temiendo que pudiese ofender a sus amigos creyentes. Sin embargo, no le reprendía cuando las críticas, por feroces que fuesen, eran dirigidas hacia el comunismo u otras ideologías políticas. Esta consideración del ataque a la religión como algo inapropiado marcó el tono del siglo XX incluso en países donde, de manera oficial, estaba estipulada la libertad de expresión. Volviendo a Bertrand Russell, sus propias críticas a la religión eran bastante directas, pero estaban argumentadas con tal finura y sentido de la lógica que no se le podía confundir con un ciego militante antirreligioso. Más discretos tendían a ser los más importantes científicos ateos. Veamos el más célebre ejemplo: al contrario que Russell, Albert Einstein casi nunca entraba en materia y sucede que, incluso hoy, existe quien piensa que Einstein era creyente porque con frecuencia usaba a Dios como metáfora o licencia literaria (algo que también ha hecho Stephen Hawking, por cierto), mientras que su explícita negación de un Dios personal, que sí la hizo, no produjo citas tan célebres como «Dios no juega a los dados». Entre los divulgadores científicos, cuyo papel mediático fue muy importante para la formación filosófica del público, el ateísmo era predominante pero también poco militante. Por ejemplo, Carl Sagan valoraba su labor como divulgador por encima de cualquier posibilidad de entrar en polémicas, sobre todo en televisión, y por ejemplo su celebérrima serie Cosmos hacía guiños al ateísmo. Pero aunque poca gente dejó de percibirlos, estaban hechos con tal sutileza y elegancia que no se lo podía acusar de intentar influir a nadie que no compartiese de antemano sus ideas. En general, Sagan optaba por confiar en la fuerza de sus argumentos positivos sobre la ciencia y el conocimiento racional, antes que emplear argumentos negativos en contra de la religión que pudiesen ofender a sus espectadores creyentes. Isaac Asimov, cuya labor divulgativa fue tan importante como su papel como novelista de ciencia ficción, estaba más en la línea de Bertrand Russell, empleando una lógica parecida para explicar su preferencia por el racionalismo por sobre la religión. De hecho, algunos de sus argumentos eran tan brillantes como los del propio Russell. Y sus críticas eran incluso más abiertas, aunque quizá en ambos casos llegaban todo lo lejos que su momento histórico les permitía y eran críticas englobadas dentro de la discusión filosófica.

En resumen: durante el siglo XX teníamos en los medios un ateísmo político más agresivo pero que pocos pensadores más allá de su círculo ideológico tomaban en serio, y un ateísmo filosófico mucho más convincente pero cuyos proponentes solían optar por una aproximación discreta. Esto cambió con el nuevo siglo, cuando comenzaron a aparecer figuras mediáticas cuyas críticas a la religión eran tan frontales y despiadadas que pulverizaban todas las antiguas líneas rojas de lo que se había considerado «apropiado», «de buena educación» o «de buen tono». El cómo adquirieron su resonancia quizá merezca una pequeña explicación aparte.

El porqué de la resonancia del nuevo ateísmo

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Fotografía: Amy Watts (CC)

En el mundo anglosajón existe una tradición muy poco implantada en España: la tradición del debate. En Estados Unidos, las islas británicas o en Australia existen programas de televisión y debates en vivo cuyo formato no tiene equivalente directo en nuestro país, o si lo tiene se trata de algo esporádico. Es verdad que esos debates no compiten con los deportes, el cotilleo y demás productos de consumo masivo, y es verdad que están dirigidos a las capas más interesadas de la población, pero aun así, su popularidad excede lo que podemos llegar a imaginar en nuestro país. Por supuesto tienen un componente de espectáculo, sobre todo en su versión televisiva, y casi podía hablarse de una «industria del debate», pero eso no significa que no se suelan caracterizar por el alto nivel dialéctico de las figuras que participan en ellos. Esto responde a la importancia que en aquellos países le conceden al debate como institución también en ámbitos no mediáticos. Estos eventos suelen tener un carácter muy abierto, con frecuente participación del público, y en los de «primera división» el contenido rara vez decepciona. Esto hace que determinados temas, como la religión, se mantengan de manera sostenida en primera línea de discusión mientras exista un público al que le interese. Y al público no ha dejado de interesarle. De hecho, es uno de los asuntos estrella.

Existen varios motivos que explican ese interés, aunque dos por encima del resto. Uno es la creciente influencia de la derecha religiosa en Estados Unidos, país en el que emergen debates constantes sobre el papel de la religión en la sociedad y sobre la separación entre la Iglesia y el Estado. Los estadounidenses se enfrentan a fenómenos que en Europa se consideran obsoletos, como los intentos de introducir en el temario escolar justificaciones pseudocientíficas del creacionismo bíblico. O el que las creencias sobrenaturales jueguen un papel relevante en la imagen pública de los principales candidatos políticos. Para los ateos estadounidenses, la mezcla entre religión y política puede ser muy incómoda. Recordemos que en 1942 se adoptó un juramento a la bandera que los niños recitan en el colegio y que era tradicional desde mucho tiempo atrás, pero cuyo contenido era exclusivamente civil. Pues bien, en 1954, por iniciativa de diversas organizaciones religiosas, se introdujo por ley una mención a Dios en el susodicho juramento, medida que contradecía el espíritu de la República pero que fue aprobada en el Congreso con el entusiasta apoyo del presidente Eisenhower, recién convertido al cristianismo presbiteriano. Dos años después, también por deseo de Eisenhower, la frase «en Dios confiamos» se convertía en un lema nacional y empezaba a imprimirse en los billetes de curso legal. Este tipo de detalles no son bien digeridos por los defensores de una república laica donde la religión sea un asunto exclusivamente privado, como tampoco los problemas que causa el dogma religioso a la hora de adoptar avances sociales, muy en particular cualquier asunto relacionado con la sexualidad y la reproducción.

El otro gran catalizador de la explosión mediática del nuevo ateísmo, esta vez a ambos lados del Atlántico, es la preocupación por los efectos del islamismo, primero despertada por fenómenos como el del Ayatolá Jomeini, después acentuada por los hechos del 11 de septiembre de 2001, y que finalmente ha llegado al paroxismo con la subsiguiente oleada de atentados en diversas partes del mundo, el surgimiento del Estado Islámico (EI) y de células terroristas islámicas formadas por europeos y estadounidenses, o lo que se percibe como una tendencia a la radicalización en diversas áreas del mundo musulmán. Bajo estas circunstancias, las voces más brillantes del Nuevo Ateísmo han alcanzado una relevancia enorme. Primero, por la polémica que despiertan en un mundo donde pese a todo todavía existen muy arraigados tabúes sobre lo que se puede decir y no acerca de la religión. Y segundo, porque suele suceder que sus argumentos son más poderosos y lógicos que los del bando contrario, en el que no han emergido equivalentes con un similar peso dialéctico (aunque sí los hay con muchos seguidores). A los cuatro «nuevos ateos» más relevantes se los bautizó como «los Cuatro Jinetes». Algunos de sus nombres les resultarán muy familiares.

Los cuatro jinetes del nuevo ateísmo

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De izquierda a derecha: Christopher Hitchens, Daniel Dennett, Richard Dawkins y Sam Harris. The Four Horsemen (2008). Imagen: Upper Branch Productions.

El periodista, escritor, conferenciante y polemista Christopher Hitchens fue la avanzadilla de esta corriente, antes incluso de que el 11-S sacudiese las conciencias de la prensa y el público sobre lo que estaba produciéndose dentro del ámbito del extremismo musulmán. Hitchens es británico, aunque vivió durante mucho tiempo en Estados Unidos —se nacionalizó antes de morir—, así que podía vérsele opinando con mucha soltura, y acento inglés, sobre política estadounidense. De los cuatro jinetes, Hitchens era el más vehemente en sus opiniones. También, con mucho, el más carismático. Y, por lo menos en el formato de debate, el más brillante. Su intensidad era abrasiva; rara vez sonreía, y no recuerdo haberlo visto reír una sola vez, pese a que su cortante ingenio brotaba con una pasmosa naturalidad en los momentos más insospechados. Su tesis central era la de que la religión resulta nociva per se. No escatimaba en acusaciones sobre la naturaleza alienante de las creencias sobrenaturales; baste decir que publicó un libro llamado Dios no es bueno: Cómo la religión lo envenena todo. Era ferozmente crítico con el cristianismo, en el que había sido educado, pero todavía más con el islam. En muchos aspectos, el actual concepto de «nuevo ateísmo» se ha modelado en torno a la figura de Hitchens. Era el macho alfa de la manada; debatir con él era difícil, dada su rapidez mental y su capacidad para responder a casi cualquier objeción. E igualmente rápido a la hora de volverse bronco cuando perdía la paciencia. Era el enfant terrible de las discusiones religiosas, sin duda, pero como podía justificar y argumentar cualquiera de sus aparentemente gratuitos exabruptos, y partía de una sólida base ética de carácter humanista que le permitía rechazar con poderosas afirmaciones las elaboraciones teológicas de las religiones, era muy respetado en el ámbito mediático incluso por quienes se sentían escandalizados pero se veían en la circunstancia de tener que intentar rebatirle.

Algo que también lo define era la complejidad de su figura, porque resultaba imposible situarlo en un punto determinado del espectro ideológico. Esto descolocaba a muchos de sus seguidores. Hitchens tuvo un papel importante en el inicio de la ruptura del nuevo ateísmo con el tradicional ateísmo político. Provenía de la izquierda, pero desdeñaba lo «políticamente correcto» y a menudo chocaba con la tolerancia del progresismo más prototípico. El mejor ejemplo era su constante belicosidad hacia el islam, tomado en su conjunto. También podría citarse su inesperado apoyo a George W. Bush durante la invasión de Irak, quizá el giro político que más perplejos dejó a muchos de sus simpatizantes en la causa atea, entre los que había muchos izquierdistas opuestos a la guerra que sabían del desprecio que Hitchens parecía sentir hacia Bush, o de sus opiniones inequívocamente progresistas en muchos otros asuntos. Bien es verdad que con el tiempo matizó su postura en cuanto fue sospechando que las causas de la guerra habían sido impostadas, pero es que hasta los periodistas conservadores más cerriles terminaron renegando de aquella guerra (cómo olvidar el día en que Bill O’Reilly la calificó por primera vez como «un error»). No es menos cierto que incluso en asuntos como ese cabía admitir que sus argumentaciones eran como poco consistentes, desde luego muy superiores a las de la propaganda simplista de los políticos que alentaban aquellas decisiones. Pero bueno, con sus contradicciones, amado y odiado por igual, hay algo que ni siquiera sus mayores detractores pueden negar: Christopher Hitchens era un personaje único, con quien se podía coincidir o disentir, pero cuya sola presencia en cualquier debate elevaba el interés de manera instantánea. Quizá pase mucho tiempo hasta que volvamos a ver a alguien como él. Hitchens murió en 2011; con él se apagó una de las mentes más polémicas, pero también más afiladas de nuestro tiempo.

Más conocido en España es la actual estrella del nuevo ateísmo, el también británico Richard Dawkins, biólogo evolucionista y autor de best sellers como The God Delusion. Sin duda alguna, el punto fuerte de Dawkins son sus libros, cuya brillantez es unánimemente reconocida incluso por quienes le detestan. Sostiene sobre la religión unas tesis parecidas a las de Hitchens, aunque con menos ferocidad. Su discurso es más mecánico, en el sentido de que está tan estructurado que resulta previsible; lo cual no es de por sí negativo, pero lo hace mucho menos espectacular que Hitchens, de quien uno no sabía nunca qué esperar. Dawkins entra en política con menor profusión y vehemencia; el terreno que prefiere es el contraste entre pensamiento científico y religioso. Quizá su mayor defecto, o el motivo por el que despierta mucho recelo, es que no parece modular su discurso en función de a quién tenga delante, lo cual produce una impresión de falta de sensibilidad y escasa empatía por sus interlocutores. Es verdad que Hitchens era feroz en su dialéctica, pero su fogosa entrega, de manera paradójica, lo hacía parecer sincero hasta la candidez. Dawkins, en cambio, suele adoptar un tono frío y distante, en ocasiones incluso petulante, que levanta ampollas. En su favor, sin embargo, hay que decir que se le somete a un escrutinio desmedido (y no solamente por parte de sectores religiosos), porque en realidad no es tan ogro como se lo pinta. Aunque muchos no lo crean, Dawkins tiene bastante sentido del humor y una deportiva capacidad de encaje, como demostró leyendo ante una cámara algunos de los mensajes insultantes de creyentes que recibe a través de internet, a los que llama con sorna «correspondencia caritativa» (para conocer esa otra faceta del personaje, merece la pena echarle un vistazo a las dos entregas de hate mail que ha aireado hasta ahora: una y dos). No se puede negar que a Dawkins muchas veces le falta mano izquierda, pero tampoco que su discurso, sin ser perfecto, muestra pocas grietas y eso pone muy nerviosos a sus detractores.

El estadounidense Sam Harris es licenciado en Neurociencia y también en Filosofía. De origen judío, sobre el papel es el más espiritual de los cuatro, ya que estudió meditación en la India, familiarizándose de cerca con el hinduísmo y el budismo. Su mensaje antirreligioso, no obstante, es bastante similar al de Hitchens en el fondo, pero no en la forma, porque Harris, como Dawkins, es mucho más frío. En 2004 publicó un libro, El final de la Fe, que vendió muchísimo, y desde entonces es un habitual en los medios anglosajones. Su lógica suele ser impecable cuando desmenuza el asunto religioso, aunque en política ha generado muchos encontronazos con sectores progresistas, sobre todo cuanto toca el asunto de Israel y Palestina. Sin entrar a valorar sus opiniones al respecto, sí cabe señalar que su casi siempre precisa lógica quirúrgica se resiente cuando habla de Israel, siendo algunas de sus argumentaciones menos sólidas de lo que cabe esperar de alguien como él. Esto se produce por causa, creo yo, de un sesgo proisraelí que se niega a admitir y una visión del islam que puede ser tanto más despectiva que la de Hitchens, lo que lo ha convertido en un sujeto todavía más incómodo para la izquierda tradicional. Un buen ejemplo es el célebre intercambio público de e-mails con Noam Chomsky, una discusión polarizante como pocas, que ha terminado de situar a Harris como persona non grata de una parte del progresismo estadounidense y le ha ganado inesperados aplausos desde sectores de la derecha. Aun así, cuando no habla de Israel o de geopolítica, sus argumentos están magníficamente estructurados desde el punto de vista de la consistencia interna.

También estadounidense es el filósofo Daniel Dennett, el más veterano de los cuatro (es algo mayor que el fallecido Hitchens). Su mensaje es el más moderado y tranquilo, pero también el más distintivo por su interesante énfasis en las causas antropológicas, sociológicas y psicológicas del fenómeno religioso. Dennett ha demostrado que su formación filosófica le proporciona un campo de visión más amplio que el de otros muchos polemistas, y su aproximación al hecho religioso no se distrae tanto con cuestiones geopolíticas como les pasa a Hitchens o Harris. Ciertos mecanismos de su pensamiento recuerdan a los de Bertrand Russell, y se mueve en un registro, si me permiten la expresión, más «elevado». Mientras los análisis de Hitchens, Dawkins y Harris son fuertemente circunstanciales y por lo tanto cargados de implicaciones políticas, Dennett desarrolla una tesis holística que lo conduce a formular conclusiones distintas. Por ejemplo, resta importancia al papel de la religión en Occidente y por tanto a la magnitud de sus posibles efectos nocivos, diciendo que «los creyentes occidentales no creen en Dios, sino que creen en creer en Dios; piensan que creer en Dios es algo bueno» aunque después, en sus vidas cotidianas, casi nunca sigan los principios que dictan sus respectivos dogmas. Esto, según Dennett, podría explicar que el ámbito cristiano haya experimentado una evolución que no se produce en el ámbito islámico. No es que el dogma religioso cristiano haya provocado el cambio sobre la base de sus valores, porque también conoció una época de barbarie, sino que el dogma ha ido a remolque de una sociedad occidental que se ha ido secularizando. Dennett ha llegado a decir que no está seguro de desear una desaparición completa de la religión, por si acaso esta fuese un ancla moral para muchas personas. Esto no es algo que jamás hubiésemos podido oír en boca de alguno de los otros tres «jinetes». También propone, por ejemplo, que la historia de todas las grandes religiones se enseñe en la escuela de manera no doctrinal. Según él, conocerlas y encontrar sus contradicciones equivale a dejar de creer en ellas. Este tipo de argumentos psicológicos y sociales abundan en su discurso y producen menos resquemor porque parecen menos agresivos, pero en realidad Daniel Denett es quien presenta un análisis de lo religioso más demoledor y que podría tener un mayor efecto a largo plazo.

Las consecuencias, buenas y malas, del nuevo ateísmo

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Neil Degrasse Tyson en Cosmos: A Spacetime Odyssey (2014). Imagen: Cosmos Studios / Fuzzy Door Productions / National Geographic Channel / Six Point Harness.

Hitchens, Dawkins, Harris, Dennett y otros han abierto una brecha al manejarse en unos términos que hace unas pocas décadas resultaban impensables en el debate público, por la consideración especial del hecho religioso como el único sistema ideológico que recibe sobreprotección social e incluso legal ante determinados ataques verbales en casi todos los países del mundo. Lo que antes era tema tabú hasta en discusiones privadas, ellos lo han llevado a las pantallas de televisión. No deja de ser admirable su valentía; recordemos que han arado terreno inhóspito y que en algunos casos han tenido que recurrir a seguridad personal o a omitir la mayor cantidad posible de datos personales en sus apariciones mediáticas, por si acaso. Pero su actitud ha favorecido muchas «salidas del armario» y ha dado forma a una nueva manera de encarar el tema religioso. Un ejemplo, la posibilidad de que internet ofrezca nuevos canales de referencia y discusión (véase, por ejemplo, The Atheist Experience, un muy interesante programa amateur realizado en Texas donde se discute sobre religión con todo tipo de intervenciones telefónicas de espectadores). En una sociedad democrática que valore la libertad de expresión, los pioneros, incluso con sus ocasionales excesos, deben ser valorados. Ya antes de las protestas por las caricaturas de Mahoma publicadas en Dinamarca y antes de los tristes sucesos de Charlie Hebdo, las figuras del nuevo ateísmo estaban clamando por la igualdad de condiciones a la hora de someter la religión a los mismos rigores de la libertad de expresión que sufre cualquier otra institución humana. Por otra parte, es positiva, aunque quizá algo traumática, la ruptura entre ateísmo militante y progresismo de izquierdas, o mejor dicho, la desaparición del estereotipo mediático de que ambos deben ir unidos. Esto continúa causando roces en pleno 2015 y los seguirá causando durante varios años más, pero porque pone de manifiesto que el discurso secularista no debe tener propietario ni color ideológico alguno; la asunción de este principio permitirá que sea valorado como un principio independiente que tiene vida propia más allá de los ejes izquierda-derecha o conservadurismo-progresismo.

En el apartado negativo está el propio uso de una etiqueta, «nuevo ateísmo», para un movimiento que como tal nunca ha existido, siendo más bien una mera constelación de nombres cuyo mensaje excede los moldes tradicionales. Es verdad que a menudo los vemos participar en los mismos eventos, pero no porque constituyan algo así como un partido político o una asociación, sino porque en estos eventos se invita a las estrellas del debate mediático, y en cuanto a religión ellos son las estrellas. De hecho sucede lo mismo en el bando apologista, donde también vemos reunidos a varios defensores de la religión que no necesariamente comparten una ideología común entre ellos (los hay católicos, protestantes, musulmanes, etc.). El ateísmo, cabe insistir, es la carencia de la fe en Dios, pero no implica contenido ideológico alguno. Aun así, aunque es verdad que los viejos estereotipos sobre el ateo van quedando desfasados, la etiqueta Nuevo Ateísmo ha propiciado que sean sustituidos por otros. Esto explica que alguien como Neil Degrasse Tyson, cuya falta de fe es más que notoria, rechace ser considerado «ateo» e insista en presentarse como «agnóstico». Y el propio Tyson explica que ese es el motivo: no quiere ser identificado con un conjunto de valores que los medios y el público asocian a un supuesto «movimiento ateo» organizado. Como Sagan en su día, Tyson cree que su labor divulgadora es más importante y que la misma requiere de un cuidado de su imagen pública, por lo que, pese a compartir con frecuencia estrados y platós con figuras del nuevo ateísmo, se desmarca de manera abierta.

En cualquier caso, uno de los mecanismos fundamentales de la democracia es el poder discutir cualquier asunto con libertad, porque toda institución humana tiene sombras que cabe denunciar. Determinados pensadores han partido de la base de que la religión no debía continuar siendo una excepción. En estos tiempos, en los que el extremismo religioso es un complicado problema que nuestras sociedades están teniendo que manejar sin saber muy bien cómo, es cuando puede entenderse mejor la necesidad de que algunas voces rompan barreras, sea para acertar o para equivocarse, pero sobre todo para dejar establecido que el debate y el intercambio de ideas no será una herramienta útil si no nos permitimos aplicarla en todos los ámbitos, incluso cuando resulta incómodo. Cualquier asunto prohibido en una discusión es un asunto cuyos problemas no podrán solucionarse jamás. Por esto, los nuevos ateos, o como se les quiera llamar, están de más actualidad que nunca.

84 comentarios

  1. Hola E.J.

    Muy buen resumen, me ha encantado, si bien, hay un punto que entiendo debería de haberse tocado, muy importante.

    Una de las principales causas del miedo estadounidense al ateísmo, viene de la mano de la filósofa Any Rand con la unión del liberalismo radical y el ateísmo en los 60. Los ataques a la caridad y al altruismo, vistos como instrumentos para acabar con el entusiasmo emprendedor liberal, propició una mezcla de ideas que hoy parecen propias de la izquierda, como ateismo, derechos de los homosexuales, apoyo al aborto..etc, junto con ideología liberal muy exaltada, como por ejemplo eliminar ayudas gubernamentales a discapacitados, enfermos mentales o familias en peligro de exclusión, eliminar escuela pública…etc.

    El hecho de que los estadounidenses acusen de darwinistas sociales a los ateos, no viene del rechazo de la evolución, si no a la vieja identificación del ateísmo con el movimiento neo liberal.

    Un saludo

    • No puedo disentir más. El sector derechista de los estadounidenses idolatra a Rand y sus ideas “objetivistas” y “anarcocapitalistas”, ignorando olímpicamente su ateísmo.

  2. La pérdida de influencia de la religión cristiana no ha sido en verdad sustituida por el ateísmo sino por una nueva religión, que se distingue de la anterior porque su origen no es sobrenatural: el progresismo. El nuevo reino de los cielos es el fin de la historia, esto es, la ausencia de conflicto que se articula a través de la idea de igualdad, la fe con la que se abraza esta última es, a veces estremecedora. Si bien es cierto que el ateísmo no tiene color o bandos, en la mayoría de casos es simplemente un vehículo del progresisimo exactamente igual que el feminismo, el antirracismo, lgtb y otros movimientos igualitarios y universalistas. La mística de la igualdad.

    En cualquier caso, el ateísmo, entendido como el que describe el artículo, tiene poco recorrido: la ausencia de poder no existe. El ateísmo se extiende especialmente entre los jóvenes de ascendencia cristiana; los musulmanes lo ven como un cuento extraño y como expresión y consecuencia de la degeneración occidental. No puede ser de otra manera: su religión castiga la apostasía con la muerte, ya sea física o social, y su blindaje ante el cambio es mucho más resistente que el del vetusto cristianismo. La lucha se dirimirá, en unas pocas décadas, entre ellos y los progresistas que esponsorizan este ateísmo como instrumento para eliminar cualquier resistencia de identidad ante el citado igualitarismo universalista que permite su realización.

    • Vaya sarta de disparates.
      Por lo visto te parece mal que las mujeres pretendan cobrar el mismo sueldo, o los negros tengan los mismos derechos que los blancos, o que no se discrimine a nadie por su orientación sexual.
      Supongo que también que haya justicia social, ayudas para los pobres, o menor desigualdad económica y salarial. Hay que ver, que cosas pretenden los rojos.

      • Ya no es una cuestión de pareceres, es que resulta surrealista que en la época del triunfo de las teorías de la Escuela de Chicago frente al esquelético Estado de Bienestar, alguien pueda decir que la nueva religión es el “progresismo”. En una Europa neoliberal donde hasta los llamados partidos socialistas defienden la economía de mercado, donde la capacidad de maniobra de los Estados-nación es irrisoria frente al poder financiero global, resulta que la nueva religión es el progresismo. La “nueva religión”, que ya pasó la madurez, la definió a la perfección Billy Joel en aquellos Grammy Awards. Ni dios, ni patria ni rey: “dollars, dollars, dollars”.

        • No es progresismo, es el viejo marxismo de siempre. Y esto es obvio que pasase, porque tanto el marxismo como el ateísmo niegan la realidad, porque la realidad es tozuda y les da la espalda, por eso la odian y por eso odian el concepto de verdad objetiva e inmutable, que existe y que estas odiadas religiones pregonan. La verdad para estos enajenados siempre es lo que diga el líder, y punto; y si no, se redefinen y diluyen los conceptos hasta que no signifiquen nada.

          No en vano, los progres tradicionalmente se han refugiado en profesiones en las que ellos pueden permanecer en sus mundos de fantasía, inventándose la realidad para que se asemeje a la basura que tienen en sus cabezas: periodismo, novelista, cineasta, actor teatral, historiador, filósofo, político, y (lamentablemente) maestro de escuela pública, a la que sólo acceden por enchufe y dedazo, y en las que sólo sobreviven por subvención a fondo perdido.

          Lo malo de creerse tanta tontería es que luego se toman decisiones espantosas, y es por esto que Occidente está de capa caída, y por qué se dió la casualidad de que los mayores cracks de la economía se producen cuando hay mayoría de gobiernos de izquierdas.

          Dios existe y lo probó tanto Gödel como Descartes, usando lógica de la más elemental e irrefutable. Toda la lógica matemática se sustenta en la fé. Toda la Ciencia busca entender a Dios. Ciencia y Religión son indisolubles, y de ahí que las primeras universidades, las que hacían ciencia de verdad y no las de ahora inundadas de pseudociencias como sociología, psicología o reiki, fueron creadas por religiosos. Los católicos hasta tenemos a un Papa que murió trabajando en su laboratorio científico, por culpa de un terremoto.

          • Madre mía, pero ¿ en qué mundo vives, hombre de dios ?
            Solo algunas cuestiones: los maestros no entran por enchufe, sino por oposición.
            ¿ Los progres vivimos en un mundo de fantasía ? seguramente para tí la realidad es ese dios omnipresente, omnipotente y vengativo que nadie ha visto ni probado su existencia; las 3 personas de la santísima trinidad, una virgen que sin dejar de serlo concibió un hijo; en fin, creencias todas ellas muy pegadas a la realidad cotidiana.
            ¿ La ciencia busca entender a dios ? claro, por eso en todas las revistas científicas se tratan cuestiones como la esencia de dios, o sus características y atributos. Nada de obtrusas discusiones sobre las partículas de la materia o cuestiones genéticas.

          • ¿Profesiones para vivir en mundos de fantasía: historiador, filósofo, maestro? ¿Marxistas infiltrados por doquier? ¿Dios existe y Descartes es su profeta? Joder, Manuel, es usted un cachondo mental. Que Dios le conserve el sentido del humor. Un Papa científico que murió por culpa de un terremoto. Un terremoto marxista sin duda, en venganza por los científicos perseguidos y ajusticiados por la Santa Madre Iglesia.

          • Manolo que se te esta saliendo lo manolo, joder, y dicen que el mundo esta bien como esta, pues como no si la mayoría de las personas piensan como tu Manuel Cruz, como no va a ser, mijo la ciencia le importa un pito el comprobar que existe algún dios, es mas ni se inmuta ante la posibilidad o la imposibilidad de ello, en cambio los creyentes son los que pasan jodiendo exigiéndole a los investigadores que les comprueben que su dios no existe, dando poco o nada de prueba de que exista mas que con ambigüedades, acaso te estas revolcando en tu propia mier** y no la hueles?, tu sentido común y lógica donde quedo?, te comió el cerebro la iglesia?

            Discúlpame si te he ofendido, pero no debes estar orgulloso de la ignorancia a esa se le hace a un lado investigando y pensando, no escupiendo cosas que te han contado y has leído de un librito de mas de 2,000 años de antigüedad que ni validez tiene a la fecha mas que ser validado por las masas ignorantes no pensantes.

          • A ver Manuel, ¿qué es eso de que los mayores cracks de la economía se dan con gobiernos de izquierda?.
            Esta crisis comenzó en 2007, veamos quién gobernaba el mundo en esos años: Bush en los EEUU, Sarkozy en Francia, Berlusconi en Italia, Merkel en Alemania. Menuda panda de rojos.

            • Carlos S joder , pues dame pruebas de que Dios no existe, tu filosofia barata, no podra probar nada, ignorante.

          • A mí los argumentos teológicos de Descartes y Goedel siempre me parecieron muy frágiles. Vaya, ni mucho menos “elementales e irrefutables”.

        • ¿Quién dice que los neoliberales no son progresistas? Ellos dirán que sí, y tu puede que digas que no. Pero la idea de que la sociedad debe evolucionar a algo mejor es común en las ideologias occidentales. Es una consecuencia de las ideas del renacimiento donde se creía que la ciencia iba a solucionar los problemas de la gente. Incluso hoy en día mira como el desarrollo material -aunque sea una app nada más- se ve como algo bueno para la humanidad, un paso en el camino a la utopía.

          Claro que la realidad es muy diferente: en doscientos años desde la iluminación hemos matado a más gente que en toda la historia humana previa, y hemos destruido más naturaleza que en millones de años.

          Además, si te fijas, el progresismo neoliberal es más o menos darwinismo social: si eres pobre es porque eres vago, tonto o (en el caso de los nuevos ateos) religioso. Pero si eres trabajador, listo y ateo, entonces no hay límites para tí, ya seas blanco, negro, chino, gai, alto, bajo o feo. Claro, si eres blanco, macho y vienes de una familia burguesa que te puede mandar a Harvard no tiene nada que ver, no seas difícil.

        • Tienes toda la razón.
          El discurso económico neoliberalista se ha apoderado del mundo, hasta el punto que no se concibe otra forma de actuar. Como si las únicas políticas posibles fueran los recortes, la contención del déficit y el adelgazamiento del Estado de Bienestar, como si éstos fueran los culpables de algo. Y todo esto sí es un acto de fe, ya que dichas políticas no han dado nunca ningún resultado ( si por resultado se entiende favorecer a la mayoría de la población ).
          Toda esta teoría económica tiene un resultado muy claro, el enorme sufrimiento de las clases populares, no hay mas que ver la España de Rajoy.

  3. Interesantísimo artículo.
    He leido alguno de los libros que se mencionan, en especial de R. Dawkins, animo a todo el mundo a que lo haga: es como si abrieras una ventana y descubrieras un mundo nuevo, que ni sospechabas que existía.
    En efecto, los ateos pueden ofrecer muy elaboradas justificaciones racionales para sus posturas, algo que los creyentes no hacen, sencillamente porque no pueden: al final como máximo te dicen que ellos creen eso.
    Tiene gracia eso de que a Dawkins “le falta mano izquierda”, puede ser. Pero mucha menos tiene cualquier clérigo católico, y no hablemos ya de uno musulmán.
    Para mí, lo peor del Islam es que no ha separado la religión del Estado, algo que sí hemos hecho en Europa ( aquí dudo entre incluir a España o no ).

    • Sí que se pueden hacer argumentos elaborados en defensa de la religión, el problema es que es difícil (cuando no imposible) hacerlo desde la lógica interna de la religión, es decir, cuando el apologista en cuestión esté sometido a los dictados de la misma. A mí mismo se me ocurren unos cuantos.

      Por ejemplo, que el ateísmo pueda ser técnicamente correcto, en el hipotético caso de que lo fuera, que no lo sabemos, eso no significa necesariamente que sea bueno, beneficioso, útil o que contribuya al buen funcionamiento de una sociedad. Es más, cabe la posibilidad, de que no solo no sea lo antedicho, sino que sea perjudicial cuando desborda a una minoría educada y culta.

      No afirmo ni niego nada, solo introduzco una perspectiva sobre la que es posible debatir.

      • Primero agradecer tu educada respuesta, tal vez la mía no lo era tanto.
        Si lo entiendo bien, desde la lógica interna de la religión no se pueden elaborar argumentos sólidos. Entonces, ¿ para qué sirve esa lógica ? mi respuesta sería que la religión no tiene ninguna lógica.
        Para mí es muy evidente que la religión es uno de los peores inventos de la humanidad, causante de mucho sufrimiento, guerras e intolerancia a raudales, que obviamente no contribuyen para nada al bienestar general.
        Citando a M. Onfray, en su “Tratado de ateología”: en la época de la informática, los viajes espaciales, los trasplantes, la tecnología, millares de personas siguen las normas de un pastor de camellos analfabeto que vivió hace siglos
        ( Cito de memoria ).

        • a ese pastor de camellos que llamas, dijo una frase que te conmoverá: “la tinta del sabio es más sagrada que la sangre del mártir” y otra más: “enseñad a vuestros hijos aunque sea en China”.
          puedes hablar mal de alguien, pero no te hace mejor que él

          • No pretendo ser mejor que Mahoma, pero tampoco que nadie viva conforme a mis normas.
            Tampoco he hablado mal de él.

  4. Brillante artículo, muchas gracias.

  5. Bien el artículo, sólo que me agresivo definir a la sociedad europea como avanzada y el resto, bueno, atrasada.
    Esa clasificación verdaderamente es un repaso a teorías evolucionistas bastante cuestionables.

  6. Muy bueno el artículo: enhorabuena. Son clásicos los debates Hitchens- Wolpe, Harris-Wolpe y, como se ha dicho, el discurso de estos dos ateos clásicos no deja indiferente; sus libros son obligatorios en cualquier biblioteca sobre el tema.

  7. Clasifiquen como quieran todo tipo de agnosticismos y ateísmos; ninguno me molestará tanto como cualquier otra opción extrema -creyente o no- extrema e irrespetuosa con el resto de opciones.
    Si medimos la creencia con parámetros estrictamente lógicos, estamos llamando a voces al problema de la incoherencia o falta de consistencia. Pero ¿por qué no dejar las creencias o la creencia trascendente en el ámbito existencial? Solo así es posible, y diría que exigible, una sociedad laica, una educación civil laica, compatible con las creencias particulares de los ciudadanos. Siempre he entendido lo laico como lo otro, como lo sin, no como lo anti.

  8. …qué aburridos son los ateos, siempre están hablando de Dios…

    • Hola, Samaritano:

      Me ha hecho gracia tu comentario (¡lo digo en el buen sentido, sin ironía alguna!). Pero no veo contradicción en ser ateo y hablar mucho de religión. Al contrario. Puedes considerarme ateo, puesto que no creo en lo sobrenatural; además soy ferviente partidario de la separación total entre religión y estado, etc. Pero me interesan mucho la teología, la mitología y todo lo que tenga que ver con el fenómeno religioso (por no hablar de su influencia en el arte, literatura, música, etc.). No sé si eres creyente, pero algo que me sorprendería mucho, lo confieso, es que a una persona religiosa le parezca aburrido que los ateos hablen de religión.

      Un cordial saludo.

    • … pues son los que más saben del tema

  9. Pingback: La incómoda vigencia del «nuevo ateísmo»

  10. Me ha gustado el artículo. Y ańadiría como creyente una matización: aunque parezca ilógico el creyente tambien es racional. Una vez identificamos todo el lavado de cerebro al que hemos sido sometidos desde pequeńos, avanzamos y sostenemos nuestra “irracional fe” en poderosas razones.
    Ahora ¿que razones tienen más validez las mias o las de Russel? A mi la respuesta me da igual porque no me interesa convencer a nadie. Estoy convencido de que para que esto funcione Dios necesita a los ateos.
    Feliz Navidad

    • Hola, Coexistencia:

      Yo nunca diría que una persona creyente es irracional, he conocido algunas personas muy inteligentes que lo eran y defendían su fe con argumentos bien hilvanados. Sí creo, en cambio, que el origen de sus creencias religiosas había sido irracional. No me parece incompatible la racionalidad del individuo con el origen irracional de algunas de sus creencias, aun cuando estas han sido racionalizadas bajo una buena y sólida estructura. Por trazar un paralelismo: la música nos afecta por motivos irracionales, pero no hay nada de irracional en la manera en que la construimos y le damos forma.

      Un cordial saludo y feliz Navidad.

  11. Todas las creencias se basan en un proceso psicológico más que comprendido y común a todos los seres humanos, que tiene mucho que ver con el miedo, y su reverso la esperanza. Y también es sabido que este proceso deriva siempre en cierto conocimiento dogmático, con teologías y ritos propios de cada parte del globo terráqueo, enquistados en forma de tradición; sectas más o menos grandes que dividen a la humanidad, por mucho que pretendan representar la unidad. Por eso, seguir una religión, al igual que a un partido político, pertenecer a una nación o a una ideología , es ser el enemigo de la humanidad entera, crear el centro y la periferia, los otros, inevitablemente. Esta tendría que ser la educación básica, comprender la libertad radical de no pertenecer y no toda esta basura dogmática que perdurará en el tiempo como limitación cerebral. Al hilo de esto recomiendo encarecidamente este libro http://goo.gl/ktqYFq para comprender mejor la naturaleza del conflicto que provoca el poder y que impide cualquier trascendencia humana.

    • Aniquilar la singularidad del individuo, robarle la capacidad para que piense de forma libre, para que pueda equivocarse o rectificar, o acertar y reafirmarse.

  12. Interesantísimo artículo.

    Uno de los ateos más vocales en EEUU a día de hoy es el comediante Bill Maher, presentador del programa de debate de actualidad política Real Time en HBO y que ha escrito y protagonizado el documental Religulous (juego de palabras entre Religious y Ridiculous).

    Bill Maher no es una persona políticamente muy correcta, pero creo que su discurso/parodia de las religiones es sobresaliente.

    • Hola, Álvaro:

      Coincido contigo en lo de Bill Maher. Merece la pena seguirle y en su programa se producen momentos de interés, sobre todo en cuanto a política. Creo que tiene mucho de showman, eso no me parece mal, aunque a veces se deja llevar, pero desde luego es un tipo interesante.

      También te diría, por si acaso no lo conocías, que prestes atención a Lawrence Krauss, que es algo así como el “quinto jinete” del nuevo ateísmo. Es un tipo brillante y muy buen divulgador científico, aunque cuando argumenta sobre religión suele pecar de dar un paso más de lo que necesita (o dos), y a veces me produce la impresión de que fuerza la nota sin necesidad. Por ello, su manera de argumentar en este asunto no siempre me parece la más efectiva, pero cuando está inspirado es capaz de descolgarse con verdaderas perlas. Y cualquiera de sus videos o conferencias sobre ciencia y física es altamente recomendable.

      Un cordial saludo.

  13. Una falta de comprensión pasmante de la realidad política, donde estos polemicistas son tratados como miembros de la nobleza intelectual en el mundo anglosajón. ¿Quién les teme? Solo los curas. En el resto del mundo son el estatus quo.

    Argumentaría que el nuevo ateismo representa a la derecha anglosajona que se da cuenta que no necesita ir de religioso por la vida para presentarse como moralmente superior. Más bien basta con su privilegio masculino blanco. Por eso apoyan a la derecha más rancia en atribuir todos los problemas de oriente medio al Islam -porque claro, hacer un análisis sofisticado de la situación requiere mucho más estudio de lo que estos charlatanes son capaces.

    Un buen ejemplo del sinsustancia del nuevo ateísmo es la declaración de Dawkins de que todo el mundo musulmán ha ganado menos premios nobel de la cienca que una escuela de Cambridge. El que no entienda el papel de la economía, la política, las instituciones, en ese hecho demuestra una ignorancia imperdonable. Con análisis así, Dawkins no sacaría carrera en la universidad, menos aún un doctorado.

    Lo que esto demuestra es que el nuevo ateísmo no es popular por méritos propios, sino porque confirma lo que es conveniente para el estatus quo. Enfrentados a la imigración, a un mundo musulmán harto de que apoyemos sus dictadores y les bombardeemos, a unos africanos que se niegan a vivir en la miseria por nuestras políticas económicas (y no hablemos del legado colonial), a una élite que cada vez quiere llevarse más y dar menos, a una inestabilidad social creada por las élites (que llevan siendo ateas ya varias generaciones), lo mejor es distraernos: la causa de todos los males es la religión, nada más. Los musulmanes viven bajo dictadores que nosotros apoyamos gracias al Islam. Los africanos son pobres y mueren en guerras porque son cristianos, muslulmanes y animistas. Los occidentales de clase obrera que lo pasan mal son católicos o izquierdosos. Solo los burgueses y sus fieles servidores que son grandes intelectuales, ateos y ricos.

    Lo que el autor ve como sorprendente en estos nuevos ateos -el que se hayan ido a la derecha- no me sorprende en nada. Es una consecuencia natural de un ateísmo que apoya al poder (no como el ateísmo comunista) y que acepta la lógica del darwinismo social. Lo que pasa es que ahora en vez de enfocar el factor racial como justificante de la discriminación, enfocan el factor religioso. No es de extrañar, pues, que estén todos tan obsesionados con el Islam, pues así pueden combinar el factor religioso (Islam) con el factor racial (no blancos) y así llegan a su conclusión predeterminada: el burgués occidental contemporaneo es el ser superior, el dios del olimpo.

    ¿Ateísmo? Más bien me parece que es la adoración del hombre blanco y burgués lo que más distingue al nuevo ateismo.

  14. Aquél que tenga fe deberá estar de acuerdo entonces que no tiene sentido cuidar nada en la vida en tanto haya un Dios que pueda volver a crearlo todo tal como ya cree que lo ha hecho. A no ser que para él sea importante que lo crearan a él por sobre cualquier otra cosa, porque entonces ya no tendría fe en tanto la existencia de un creador, sino sólo porque lo crearon a él y eso es ser menos que ateo y mucho un egoísta. Es como yo he mencionado con anterioridad: “Si tienes fe destruye el mundo, total Dios lo puede crear todo de nuevo. ¿O no crees que así sea?”
    Después de esta reflexión te pido por favor me digas qué crees que hacen 70 mil millones de almas que ya han muerto y lo hagas suponiendo que todas están en el lado correcto ya sea por acción propia durante sus vidas como por perdón divino. ¿Para qué sirve estar al lado de Dios? ¿Cuál es el objeto? ¿Qué tareas nos tiene asignadas? y en su caso ¿para qué cumplir tarea alguna?
    Ahora concéntrate y ponte en el lugar de Dios. ¿Sería un acto coherente serlo y ponerse a crear lo que sea? ¿No sería eso sospechoso en cuanto a su capacidad de comprensión sobre sí mismo? ¿No les llama la atención la baja autoestima que ha debido tener como para ponerse a crear aquello que le confirmara que es lo que pretende ser?
    Si algo se ha creado es muy evidente que quien lo hizo necesitó hacerlo y eso sólo determina que no está seguro de sí mismo, lo cual demuestra que no es Dios, sino no le haría falta demostrarlo.

  15. No estoy en absoluto de acuerdo con la atribución de partidismo a las izquierdas, en el sentido exacto que se da aquí, tratando de diferenciarlo del ateísmo, como si se tratase de un tema aparte totalmente.

  16. los incrédulos hablan de alma y espíritu contradiciéndose con sus “creencias”, como pueden hablar de algo que no han demostrado que exista, pero al hablar de Dios, reniegan de su existencia.
    y otra cosa muy importante, como pueden los “racionalistas” negar la existencia de Dios, si el principio de la ciencia es intentar buscar las evidencias de todo sin cortapisas, puede que nuestro avance y medios no alcancen ahora a detectar fenómenos sobrenaturales, pero intuitivamente nos asombramos del orden existente en la naturaleza y de la interconexion entre las ciencias que la estudian….

  17. Felicidades por el artículo. Muy interesante.

  18. No sé si sois conscientes de que todas las referencias personales del artículo y de los comentarios pertenecen al mundo anglosajón, desde Daniel Dennett a Bill Maher. Y luego nos quejamos de la colonización cultural a que nos tienen sometidos las grandes multinacionales estadounidenses. ¡Pero si nos encanta!

    • No del todo. R. Dawkins, por ejemplo, es inglés, no estadounidense.
      Y yo he citado a M. Onfray, francés.

    • Un aporte no anglo-sajón al ateísmo militante lo dio el español Gonzalo Puente Ojea con “El mito del alma”; en ese volumen desmonta la falsa creencia de albergar en nosotros un espíritu inmaterial. En la misma línea, aunque con menor militancia, con los hechos al estilo B. Russell, las publicaciones de Antonio Damasio (académico en el mundo anglo-sajón, pero de origen portugués) sobre el funcionamiento de nuestra mente.

      • Tu comentario me ha hecho recordar “La religión, vaya timo”, de G. Puente Ojea, ed. Laetoli, en su colección Vaya timo.

    • ¿Y nadie va a mencionar a GUSTAVO BUENO? Bueno, pues ya está.

  19. Aporto un granito de arena al ateísmo.
    EL PROSELITISMO DEL ATEO.
    Los ateos vivimos confortablemente instalados en la comodidad de nuestro descreimiento, rara vez hacemos manifestaciones públicas de nuestras convicciones éticas respecto a como debería ser una sociedad sin religión y, en más raras ocasiones aún, discutimos sobre la postura de las distintas iglesias y sus religiones con respecto a las opiniones vertidas por sus representantes temporales, como a ellos les gusta llamarse.
    Pienso que es posible una sociedad sin religión, una sociedad donde los dioses sean un mero asunto de tipo antropológico ó literario y que se estudien igual que se estudian los Mitos Griegos. Considero (al igual que Bertrand Russell) que la religión es una enfermedad surgida del miedo y una fuente de indecible miseria para la raza humana. Claro que hay algunas cosas que se achacan a Jesucristo a Mahoma o a Buda, que parecen muy buenas ideas, pero su aportación al pensamiento humano no es equiparable a la de pensadores que van desde Aristóteles al propio Russell.
    Las opiniones, los dictados, los dogmas de las distintas religiones, son un constante obstáculo al desarrollo humano, en el plano filosófico, ético, científico y en el de las interrelaciones. Su aportación al debate político siempre es sesgada, y espuriamente interesada, coarta la libertad de las personas e intenta cegar la lucidez de los argumentos que no comparte. Se toma tan en serio a si misma, que considera delito, insulto o algo peor todo lo que la critique.
    Pues bien, la religión cristiana no tiene la panacea de ninguna verdad (no la tiene nadie), y sus dogmas de fe son risibles y algo abstrusos, véase si no el enigma de la santísima trinidad, la virginidad de María o la resurrección de los muertos. Es risible también la pompa con la que se invisten sus sacerdotes en los actos públicos, así como sus posturas en temas tales como la reproducción asistida, el sexo o sus incursiones políticas. Cuando hablan de estos temas, no lo hacen por boca de Jesús: “no juzguéis a los demás si no queréis ser juzgados”, “No hagáis resistencia al agravio; y si alguno te hiriese en la mejilla derecha, vuelve también la otra”, “si quieres ser perfecto, anda y vende cuanto tienes y dáselo a los pobres”, al contrario, se colocan el alzacuellos, la púrpura y corren a ponerse del lado del poder que les apoya. El miedo que ellos fomentan les lleva en busca de refugio.
    Los no creyentes tenemos derecho a criticar estas posturas, pero también tenemos el derecho a reírnos, de hacer bromas y chascarrillos sobre sus ideas cuando estas nos parecen dignas de ello, también en el caso de que no sean dignas, pues la verdad revelada en la que basan su teología es pura ficción y, como obra de ficción sometida a las críticas y a la libertad de expresión.

    Saludos

    • Nada que añadir, excepto aplaudir tu comentario.
      Todo esto, para mí, es tan obvio que casi dá apuro tener que explicarlo. Esto sí es sentido común y no lo que dice Rajoy.

    • La nueva religión es la ciencia. La pena es que muchos que dicen ser ateos son tan ignorantes (no lo digo en plan peyorativo) como muchos que dicen ser religiosos. Pero es lo que toca. Si a la ignorancia le añadimos la increíble fuerza de ser aceptados por el rebaño o comunidad, obtenemos como resultado, el tan deseado control de masas.
      En cuanto a los “grandes pensadores” también tengo que decir que eran unos manipuladores del pensamiento.
      PD: Lo ultimo si es plan peyorativo.

      • Sin empirismo no hay ciencia, tan solo hipótesis. La religión no necesita demostración científica, basta con la fe y el adoctrinamiento temprano en creencias, hasta la fecha, indemostrables. No hay más que ver lo fácil que es entrar en un rebaño o secta religioso, y lo difícil que es salir.Contra la manipulación, conocimiento.
        Saludos.

    • Hombre, la influencia en el pensamiento occidental del Tomismo y la Escolástica no es precisamente despreciable. A Dios lo que es de Dios y al César…

      • El Tomismo y la Escolástica están completamente superados, pero aun sin ello no son obra de ningún dios, sino de hombres que creían en uno; así que todo para el César.

        • Hombre, ya, hasta ahí ya llego. Dios no suele escribir libros en persona… Bueno, sí: las Tablas de la Ley en “Los diez mandamientos” de De Mille.
          Y suponiendo que la Escolástica esté superada eso no le resta un ápice de importancia histórica. ¿La suprimimos entonces de los programas de estudios de Filosofía? ¿Y también a Aristóteles, a Platón, a Marx, que vivieron en épocas en las que no había tablets, ni smartphones ni whatsapp?

  20. Muy buen artículo. Por añadir algo, yo propondría re-definir al ateo como aquel que asigna escasa probabilidad (desde luego menor del 50%) a la existencia de Dios (al menos de cualquiera de los dioses de las grandes religiones monoteístas). Creo que esta posibilidad permite justificar mejor el ateísmo: No se trata de que hayamos ‘probado’ que Dios no existe, sino que tenemos más evidencia en contra que a favor. Dawkins lo explica bien en su libro.

    • Aristóteles, Platón, Tomás de Aquino, Marx, y subo a Freud… Todos superados. Se pueden estudiar, sí, pero como desarrollos malogrados del pensamiento humano.

      • Esto, claro está, es en respuesta a David.

      • Y, según usted, ¿cuándo deja el ser humano de producir abortos filosóficos y empieza a crear algo de pensamiento aprovechable?

        • En los pensadores de este artículo, por ejemplo.

          • Obviamente está usted de broma. 2500 años de filosofía tirados a la basura esperando a que llegara Richard Dawkins: un científico que tiene la ocurrencia de aplicar el cálculo de probabilidades a la existencia de Dios y que afirma que no puede haber un ateo absoluto y que en una escala del 1 al 7 él se situaría en el 6,9. ¡Al final resulta que es agnóstico! ¡Vaya con el nuevo ateísmo! Dawkins en estos temas no hace más que filosofía barata y nada de ciencia.

            • La broma es usted; cuando salga de la capilla deje de inventar, o dedique su ingenio a resolver el misterio del motor de agua. Y aquí acabo, me niego a seguir discutiendo con alguien que sigue a pies juntillas el sermón dominical y, lo que es peor, trata de imponérnoslo a los demás.

              • Tal y como suponía, no se entera usted de nada. Ni siquiera soy creyente, como ya he dicho más abajo. Exhibe usted un alto grado de intolerancia, propia de inquisidores y fundamentalistas. ¿Los extremos se tocan? Dawkins es un mentecato hablando de estos temas. No invento nada. Alguien mencionó más arriba a Gustavo Bueno. No digo más.

  21. Lo único que se pide a estas sectas es que se subvencionen con sus seguidores , y que no hagan cosas ilegales como la pederastia ni se intenten inmiscuir en leyes democraticamente elegidas ( divorcio , aborto , matrimonio gay , eutanasia etc . )

  22. Imagino que os habéis parado a pensar que este artículo solo tiene interés porque todavía quedamos algunos creyentes irracionales. Parece una cuestión liviana, pero construimos grandes argumentos buscando el origen de las cosas, como por ejemplo el miedo como causa inicial de las religiones, pues bien el origen de todos los planteamientos del nuevo ateismo somos nosotros y nuestras irracionales ideas. De hecho el ateo solo puede existir si yo como creyente existo.

    • Interesante planteamiento, pero pareces dar por supuesto que ser creyente es lo “natural” , y ser ateo antinatural.
      No lo veo tan claro, pero en todo caso, lo natural sería ir desnudos, morirse por una gripe, no controlar el colesterol o ir andando a todas partes.

    • Se me olvidaba, al margen de esto, no sois “algunos” creyentes irracionales, sino muchos – en mi opinión demasiados – , probablemente la mayoría de la población mundial.
      En España, por ej., seguro que más del 50 % de la población se declara católico ( otra cosa es el nivel de practica en sus actividades, ir a misa ), y no hablemos de los millones de musulmanes.
      De ahí la necesidad del ateísmo militante, dar a conocer todos nuestros planteamientos; estoy seguro que muchos creyentes, de cualquier religión, jamás se han planteado la veracidad de sus creencias, creen porque les han enseñado eso desde pequeños, nada más.

      • Yo como creyente considero necesario ese ateísmo militante del que hablas. Doy por hecho que esa militancia está basada en el respeto mutuo. Hay dos cuestiones que se dan siempre es estos planteamientos, la primera es unificar a los creyentes en una imagen única y estereotipada sobre la que se acaba sacando conclusiones y la segunda considerar que se nos ha lavado el cerebro convirtiéndonos en abducidos débiles que jamás nos replanteamos nuestras ideas programadas desde pequeńos…como no se trata de convencer a nadie solo una puntualización sobre esta ultima cuestión y es lo siguiente: Creyentes que dejan de creer los hay todos los días pero ¿como consideras que un ateo pueda llegar a ser creyente, como sucede de vez en cuando?.
        Por último y para despedirme la religión no debería ser mas que el lenguaje que usamos para intentar explicar cosas que tenemos la suerte de sentir y no todo el circo que se ha montado en torno a la misma. Como dije anteriormente Dios necesita a los ateos para que esto avance.

        Feliz Navidad / Feliz Saturnalia

        • El respeto se dá por supuesto.
          Pero por favor, no olvide, cuando pida respeto, que la religión era obligatoria en España hasta no hace tanto ( matrimonio, escuela, etc ) y aún hoy, sigue manteniendo privilegios desconocidos en el resto de Europa, al margen de que la mantenemos entre todos, seamos católicos o no.
          Y no olvide también el papel de apoyo al franquismo que jugó durante la dictadura.
          Me parece mas habitual dejar de ser creyente – yo mismo, sin ir mas lejos – y pasar a ateo o agnóstico, que no lo contrario. Al menos en España, por las razones apuntadas en el primer parrafo.
          Pues a mí me parece que la religión es también, y sobre todo, todo ese circo, como Vd. lo llama, montado en torno a ella. El católico que reza en la intimidad y lleva sus creencias dentro de él sin molestar a nadie, a mí me parece una rara avis.

  23. La religión es un virus del cerebro un cáncer para la sociedad y una indignidad de la condición humana.

  24. Muy buen artículo… De lo mejor que he leído últimamente.

  25. Quizás no sea una muestra representativa, pero en los círculos en los que me muevo cada vez hay más gente areligiosa. Es decir ni la religión ni sus detractores, les importan. Y lo cierto es que ni se les ve tristes ni más agobiados que los restos. Como toda construcción humana (véase futbol) se puede (aunque cueste) vivir (con mucha tranquilidad) casi completamente al margen

  26. Por si sirve, el tema del “nuevo ateísmo” como bandera de los enemigos del ateísmo militante fue la base de una charla que di a Ateus de Catalunya el pasado noviembre.

    https://www.youtube.com/watch?v=SnxgrKQQWn8

  27. La doble conciencia de los creyentes hace que en realidad cada cual adapte su religión a su manera de vivir, lo contrario sería asfixiante.
    Me gustó el libro “No por Dios” del Sr. Schwarz.
    Salut

  28. “eran los biólogos quien resultaban ser los menos religiosos.”

    ¿Está esta frase bien formada? ¿No sería lo correcto utilizar ‘quienes’ en lugar de ‘quien’? En el caso de que me equivoque, me gustaría que alguien arrojase luz al asunto.

  29. ¡Qué gran victoria para los creyentes del mundo (yo no lo soy) el que Richard Dawkins, el mayor ateo de los tiempos presentes (por lo menos el más famoso), en una escala del 1 al 7, siendo el 1 una fe inquebrantable y el 7 un ateísmo sin fisuras, se sitúe en el 6,9! El muy bribón se reserva un 0,1 por si las moscas, no vaya a ser que… Oiga, que la proposición de si Dios existe es A TODO O NADA, no caben porcentajes. Es normal tener dudas, como creyente y como no creyente, pero lo que no se puede hacer es plantearlo científicamente para luego salir por peteneras.

    • Yo no creo que se salga por peteneras, simplemente, mantine un resquicio – pequeñísimo, ínfimo – de duda.
      Algo que, por cierto, raramente hacen los creyentes. Éstos sostienen unas creencias absurdas, sin ningún fundamento, ilógicas, contrarias a toda nuestra experiencia y a las leyes de la física, y, lo que es mas grave, sin ninguna prueba.
      Y aún resulta que ellos son los “naturales” y los que negamos la fe somos los “radicales”.
      El mundo al revés.

  30. ¿Ateos que defienden los valores religiosos con un fervor parecido al de muchos creyentes? Si, alguno habrá supongo.

  31. Un resumen útil pero incompleto. Se ignora al filósofo francés Onfray y al intelectual colombiano Fernando Vallejo, cada uno con aportes indudables a la reflexión filosófica e histórica, en el caso de Vallejo sobre la p d Babilonia como llamaban en el medioevo a la iglesia católica. Los paises anglosajones y centroeuropeos ya se ejercitaron al debate durante la REFORMA y luego debido a la influencia de la Revolución francesa y de la Ilustración. En los países mediterráneso, sobre tod en Italia y aun más en España, la iglesia vive en parte del presupuesto del estado. En España si se lee la historia de la iglesia católica, basta para comprender su evolución política e institucional

  32. Pingback: En el punto medio está la virtud, incluso en la libertad de expresión | Fran Navarro

  33. He de decir que leí, o comencé a leer el artículo con cierta reticencia, y finalmente me han resultado más interesantes muchos de los comentarios yo , para no enrollarme solo diré que “soy” más de M. Onfray. No es políticamente correcto ni falta que hace. Y ahora sólo citar a alguien que leí en La Vanguardia hace tiempo . Supeditar esta vida a otra superior es …inmoral .

  34. Puedo entender e incluso compartir el sentimiento religioso como expresión de un ansia de transcender a esta vida por cuanto humano es preguntarse el inicio y el fin (“de dónde venimos, a dónde vamos, estamos solos en la galaxia o acompañados” que cantaba Siniestro Total) pero al organizarse este sentimiento en institución o al emitirse en pos del mismo un conjunto de reglas que influyen de algún modo en la sociedad, la razón crea la necesidad de someter a crítica esa norma, esa institución e incluso ese sentimiento. Ante la crítica inexorablemente se acaban enfrentando los que están dentro con los que quedan fuera principalmente en el cristianismo y el islamismo puesto que ambos exigen convertir al resto de la humanidad. A este enfrentamiento añadimos que los que quedan fuera han de jugar con las cartas marcadas puesto que en su razonamiento no deben herir los sentimientos religiosos de los otros, coartándose así su libertad de argumentación. No me sorprende, en definitiva, la vigencia de este “nuevo ateísmo” es más me parece obligado por cuanto exigido con la carga de la prueba de un delito que no cometió.

  35. Los ateos son mu feos y los cristianos mu marranos

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