Pim Pam Burguer y Bacoa

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Pim Pam Burguer

c/Sabateret 4, Barcelona

 

Hamburguesa “Pim Pam” grande (hamburguesa de 200 gr de ternera y cerdo, lechuga, tomate, pepinillos, cebolla y salsa especial): 4,50€

Pim Pam Burger es un clásico del barrio del Born en cuanto a hamburguesas. De hecho la carta se limita a hamburguesas, salchichas (frankfurt, bratwurst, cervelas, etc) y patatas fritas. A pesar de que se trata de un local pequeño y con un aire más de restaurante de fast-food que las otras hamburgueserías fashion que han aparecido en los últimos años por Barcelona, la calidad de sus hamburguesas no tiene nada que ver con las de un McDonald’s cualquiera. Y es que la similitud está, sobre todo, en el ambiente del establecimiento y en que, aunque no pidas tu hamburguesa para llevar, entre el cestito donde te la sirven y tu bocadillo habrá un papel de los de envolverla para llevar. Pero ahí se acaban los parecidos. Para empezar, puedes elegir si tu hamburguesa será de 150 o 200 gramos y si la quieres sólo de ternera o mixta de ternera y cerdo. Pedí —para no enfadar a los clásicos— la Pim Pam, lo que sería una hamburguesa con los complementos clásicos pero ¡oh, pecado!, sin queso. Lo malo es que no caí en este detalle hasta que le pegué el primer mordisco, así que sólo pedí el bacon como extra. Y muy bien. La verdad es que tu organismo se va preparando y, cual perro de Pavlov, tu boca se inunda mientras esperas, porque no las tienen preparadas. Tras realizar tu pedido, cogen la carne picada, le dan forma y la ponen en la parrilla; este proceso lo hacen a la vista de todo aquel que quiera mirar, tras unas paredes transparentes. Así que cuando te la entregan aún puedes estar agradecido si tu cerebro te permite apartar los dedos para no mordértelos al empezar a comer.

Para desquitarme porque mi organismo decía que le faltaba queso, pedí la Pim Pam tres quesos, también grande (evidentemente), con 200 gramos 100% de ternera y lechuga, tomate, cebolla, pepinillo, salsa especial, parmesano, feta y gouda (5,25€). Sé que suena bien, pero aún sabe mejor. Los tres quesos se complementan a la perfección, a diferencia de lo que pasa cuando con miras a mezclar varias variedades incluyen roquefort o gorgonzola, que no hacen más que eclipsar al resto. El gouda aporta al conjunto la posibilidad de fundirse con el calor de la carne, el parmesano le da ese característico sabor intenso y el feta culmina con su toque ligeramente salado tan de agradecer.

Después de haber vivido la interminable (para mí, aunque para el reloj fueron apenas unos minutos) espera para la primera hamburguesa, para entretenerme mientras llegaba la segunda me pedí unas patatas fritas. Supongo que fue mi subconsciente quien contestó por mí cuando me preguntaron si las quería grandes o pequeñas sin dejar que la información fuera procesada por mi cerebro y raciocinio más básico, así que me encontré ante un cesto de patatas fritas grande. Y cuando dicen grande quieren decir inmenso. Pero buenas, al punto justo de crujiente.

Tras el correspondiente chuperreteo de dedos con el que debe finalizar cualquier degustación de hamburguesa salí del local, satisfecho por haber cumplido, una vez más, el duro deber que me había encomendado la Dirección de Jot Down.

Bacoa

c/Colomines 2, Barcelona

 

Hamburguesa “Manchego” (hamburguesa de 250 gr, queso manchego semicurado, cebolla caramelizada, tomate y lechuga): 5,10€

El Bacoa es un local escondido detrás del mercado de Santa Caterina, en pleno barrio gótico barcelonés. Lo que ahora se ha dado en llamar Born, que le da un toque más chic, así como de modernidad, limpieza y diseño pese a que la denominación tenga, probablemente, más años que el propio barrio. Hace unos meses el australiano (alguien originario de un país donde se comen hasta el canguro ha de entender de carne) propietario de la hamburguesería abrió un local hermano, El kiosco burger, un poco más cerca del mar. El dueño de Bacoa tenía en ese emplazamiento un restaurante oriental, el Wushu, pero al ver que las hamburguesas estaban triunfando decidió reconvertirlo en hamburguesería. En esta ocasión visitamos el veterano, Bacoa.

 El local es muy pequeño, por lo que si no se llega muy pronto es imposible encontrar sitio. Pero vaya hamburguesas. Por un importe bastante menor al de otras hamburgueserías te plantan una hamburguesa de cuarto de kilo que no sé cómo la hacen, pero no sabe igual que las que me preparo en casa. Y el pan —a pesar de ser el típico panecillo para hamburguesa de toda la vida— no tiene nada que ver con los panes de corcho que encontramos en otros sitios. Presumen de servir pan artesanal hecho del día y se nota. Una ventaja de El kiosko burger respecto a Bacoa es que en aquél puedes elegir entre varios tipo de pan, pero donde me encontraba sólo había una variedad. Pedí, para empezar, una “Manchego” (ver todos los ingredientes más arriba), donde destacaban especialmente una deliciosa y jugosa carne poco hecha (como la pedí y como debería pedirla siempre todo amante de la carne que se precie) y un queso manchego de sabor intenso pero que conseguía no tapar el de los otros ingredientes.

Además de la “Manchego”, opté por salir rodando de allí y probé también la “Suiza” (con rösti de patata, Gruyère, tomate, lechuga y cebolla). Y, pese a que corría el grave peligro de sacarle el ojo a algún otro comensal con el botón de mis pantalones, pude terminarla. Destacaba, además de la carne, el rösti de patata, que aportaba un toque de originalidad sin caer en la extravagancia (ni en la perversión de los belgas y sus bocadillos de patatas fritas). Afortunadamente no me ofrecieron postre, pues se podía haber vivido la escena del restaurante de El sentido de la vida de los Monty Python.

Y es que, para acompañar la primera hamburguesa, solicité también unas patatas fritas “Bacoa”. Me llamaron la atención porque, aparte de las típicas patatas paja, en el cartel anunciaban estas otras acompañadas de dos salsas. Y muy bien, oiga. No son más que patatas fritas, pero con el tubérculo cortado a gajos gruesos (lo que los anglosajones llaman “wedges”); y las dos salsas son salsa picante y una mayonesa extraña (lo que no quiere decir mala).

 Me quedé con ganas de probar la “Bacoa” —muy similar a la “manchego”, pero con dos hamburguesas de 150 gramos en lugar de una de 250: más carne, cosa que siempre es buena—. Así que otro día volveré a por más.

 

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8 comentarios

  1. Donovan

    Yo he probado la Bacoa. Mamma mia que hambuguesa!

  2. No hay comparación, Bacoa all the way!!!!

  3. Una pinta fantástica.
    En Madrid este tipo de locales están muy de moda desde hace unos años. Los hay realmente buenos y muy variados. El problema suele ser la masiva afluencia de gente y la estrechez de los locales.

  4. Y dónde os habéis dejado al Filete Ruso?

    • Creo que El filete ruso juega en otra liga.

      No por la calidad, porque creo que la calidad que ofrecen las dos hamburgueserías reseñadas (sobre todo Bacoa) no es inferior, sino en precio.

      Las hamburguesas de El filete ruso cuestan el doble, lo que se me antoja excesivo para una hamburguesería. Y lo cierto es que el hecho de que tenga esos precios y que alguna de sus hamburguesas la sirvan sin pan (es decir, para comer con tenedor y cuchillo) hace que me cuestione si se trata de una hamburguesería o un restaurante que sirve hamburguesas.

  5. Las hamburgueserías, los nuevos italianos. En tiempos de crisis cambiamos los chuletones por la carne picada. Esa es la clave de su éxito. Y encima lo revestimos de moda chic. La mía con gin-tonic, claro.

  6. si te has comido dos hamburguesas seguidas en el bacoa, ademas de unas patatas fritas, estas muy mal macho. Y lo mismo en el pim pam, que por cierto, es el que primero abrieron y al q copiaron para hacer el bacoa dandole un toque moderno. M gust mas la hamburguesa del pimpam por llevar cerdo, pero me revienta la lechuga picada q le da un toque a durum malo.eso y que en el bcoa tienen brasa m hace decantarm por este (cuando hay sitio)

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