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Mongolia: “En estos momentos, ganar mil euros en prensa haciendo lo que quieres es haber triunfado”

Mongolia para Jot Down 1

Españoles, el papel ha muerto. O al menos eso se rumorea desde hace tiempo sin que se hayan aportado pruebas ni certificado forense. Sin embargo, mientras unos se apresuran a celebrar su funeral, otros apuestan por el renacimiento de ideas y de proyectos que den vida a los quioscos. Es el caso, entre otros, de Mongolia, que en pocos meses se ha hecho un hueco entre las cabeceras con un modelo editorial modesto y eficaz. Para hablar de esta revista satírica con formato de periódico ideada por Gonzalo Boye, Jaume Ochirbat, Fernando Rapa, Darío Adanti, Quelo VI (AKA Eduardo Galán) y Eduardo Bravo nos reunimos con los tres últimos en algún lugar del centro de Madrid donde la resistencia mongola elucubra cómo dar vida a su criatura de papel.

Vamos a empezar con una pregunta original: ¿Cómo nace un proyecto como Mongolia?

Darío Adanti: Nace de un grupo de amigos del que ya había surgido un fanzine, Viernes peronista, y que nos planteamos hacer algo más de actualidad y para España con el formato de tabloide satírico que hay en varios países, —en Francia hay tres, Le Canard enchaîné es el más famoso, en Argentina está Barcelona, The Clinic en Chile…— y decidimos hacer algo así pero llevándolo a nuestro terreno.

Eduardo Bravo: La idea era “enriquecer” estos modelos incorporando una parte de noticias de verdad que los medios de comunicación no dan. Tenemos contactos con gente que ha estado en periódicos y les han echado o que están trabajando pero no pueden publicar determinadas cosas y nos pasan toda la información, incluso a veces escriben artículos, y nosotros la publicamos. Por ejemplo: el informe de PRISA, cómo se cerró Público o los chantajes que El Mundo había hecho a testigos protegidos de 11M —informaciones que evidentemente ni El Mundo, ni PRISA ni Público van a sacar nunca— o, en este último número, las vinculaciones que hay entre partidos políticos, sindicatos y medios de comunicación con la banca, e incluso el gobierno y la monarquía.

D.A.: Cuando ya tuvimos varios números cero en supersecreto, que no lo sabían ni nuestros amigos más cercanos, empezamos a ver planes de negocio y a hablar con gente de Barcelona y de The Clinic para ver cómo lo habían hecho ellos; nos pareció que básicamente lo que había que hacer era cambiar la estructura de empresa de revista a la que estábamos acostumbrados y de la cual proveníamos todos, porque todos somos colaboradores de prensa, y es que ya no puedes pensar en una megaempresa con ochenta mil empleados, oficinas, máquinas, camiones… tienes que pensar en un negocio para cinco o seis y con eso moverte.

Edu Galán: Lo que hemos aprendido también de los medios en los que hemos trabajado es que hay mucho jefe, y aquí hacemos todos de todo: cuando hay que llevar ejemplares se llevan, cuando hay que ir a imprenta o ensobrar para los suscriptores, se hace.

Es curioso, porque, a pesar de vuestro gusto por el papel, se podría decir que vuestra forma de trabajar es 2.0, no tenéis una redacción física…

E.B.: Más que 2.0 es del siglo XIX.

D.A.: Tenemos algo de 2.0 que es el rollo de que, como tenemos otros trabajos y lo tenemos que hacer en casa, trabajamos mucho vía la nube: uno lo cuelga, luego otro lo corrige, etc. Pero realmente luego nos juntamos en bares.

E.G.: Y tenemos una oficina caliente que compartimos con un estudio de diseño. Cuando ellos levantan el culo, nos sentamos nosotros. Solemos hacerlo más para los cierres.

Entonces, empezasteis con el proyecto de Mongolia porque visteis un hueco de mercado para una revista satírica.

D.A.: Nosotros vimos dos cosas claras. Una, que a nosotros nos molaba mucho un tipo de humor, que es el que hacemos en los fanzines, que no estaba en la prensa y la segunda, que había bajado mucho el nivel de humor en España. En los 70 y primeros 80 te encontrabas tres o cuatro revistas con chistes que hoy por hoy podrían ser enjuiciables, como Hermano Lobo, Por Favor

E.B.: Digamos que había —más que una ola de corrección política, que es a lo que se achaca siempre— una ola de miedo. La gente a veces no publica cosas no vaya a ser que te denuncien. Tú publícalas y luego que te denuncien. Normalmente la denuncia nunca llega. Nosotros hemos tenido una portada, que es la de “El rey podría violarte”, que todo el mundo decía “vais a ir a la cárcel” y nadie se ha querellado ni puesto una queja, ni siquiera mandado una carta.

D.A.: Y con los artículos contra los medios de comunicación tampoco.

¿Tenéis establecido algún proceso de consulta legal antes de sacar algo?

E.B.: Sí. Uno de los primeros pasos que dimos cuando esto se puso en marcha fue buscar un abogado. Gonzalo Boye, nuestro editor, es abogado y se lee todos los artículos antes de llevarlos a imprenta.

D.A.: Fuimos a ofrecérselo a Gonzalo porque es una especie de Quijote de la justicia —por ejemplo, le hizo el juicio a Bush por Guantánamo— y le entusiasmó tanto que se metió como socio.

E.B.: Él nos dice si algo puede ser enjuiciable y si tenemos que retirarlo. Esto en realidad solo ha pasado un par de veces.

¿Se pueden decir?

Los tres: No. (Risas)

E.B.: Eran buenos chistes y además pensamos que los implicados no se iban a molestar, lo que ocurre es que podía actuar de oficio la Fiscalía y era un caso en el que el delito tenía prisión preventiva, entonces dijo el abogado que no merecía la pena arriesgarse.

E.G.: En cierto modo es un orgullo que se te ocurran chistes que te puedan llevar a prisión preventiva. No se lo puedes contar a tu madre, pero para mí es motivo de orgullo.

D.A.: De hecho los chistes los sacamos, pero reformulados. Les dimos vueltas hasta que dimos con la clave.

Es de suponer que cuando empezasteis imaginaseis que había un público esperando este tipo de publicación. ¿Cómo es vuestro lector tipo?

E.B.: Ha sido una sorpresa. Pensábamos que íbamos a tener un público de veinte a cuarenta años y nos hemos dado cuenta de que tenemos lectores de sesenta, setenta y hasta ochenta años. En España no había una revista de humor satírico político que, desde un punto de vista más adulto, entrara contra el sistema político, los jueces, la monarquía… o no existía de esta forma, se podían hacer chistes sobre si se ponían los cuernos o no la monarquía; eso a nosotros no nos importa, mientras no se gasten nuestro dinero.

D.A.: En los noventa y los dos mil nos habíamos despolitizado, y al fin y al cabo la política es la forma de opinar de la cosa pública, no es otra cosa que lo que tú opinas de cómo se debe llevar aquello que es de todos. Nos parecía que faltaba ideología detrás de los chistes, una toma de posición que tenía que ser hiriente para aquel que está en la acera contraria de cómo crees que se debe llevar la cosa pública, y decidimos ser muy políticos.

E.B.: Hay una tendencia en el humor español de no toma de posición. Salvo excepciones puntuales, el humor que se ha hecho en España en los últimos años ha sido muy anodino desde el punto de vista político. No toman partido, igual que los artistas o los escritores sí, los cómicos han hecho un humor muy blanco, aunque puede ser buenísimo.

Darío Adanti para Jot Down 2

Esos mismos cómicos en ocasiones son más críticos en otros medios, como Twitter.

E.G.: Sí, pero ahí tendrías que tener en cuenta el mensaje y el medio. En Twitter es mucho más personal, más efímero… Las consecuencias que tiene esto impreso [Extiende un ejemplar de Mongolia], que lo ven en la calle Serrano y flipan, distan bastante de un chiste o una opinión en Twitter de 140 caracteres. El impacto es muchísimo menor.

D.A.: Lo que sí teníamos claro es que la única manera que teníamos de poder desarrollar el periodismo y el humor que nos interesaba era ser independientes. Y para ser independientes no podíamos tener ningún grupo económico detrás, más que a ti mismo. El dinero que juntamos, que era nuestro y de amigos a los que dimos participaciones, era solo para cubrir gastos de imprenta y recapitalizarnos con la venta de la revista. Eso nos permite esa libertad, porque si te has metido detrás, por ejemplo, un banco, tienes las manos atadas.

E.B.: Hay un grupo de quince o veinte inversores que tampoco hemos aportado grandes cantidades, porque lo curioso es que sacar un medio en papel no es tan costoso como nos han intentado vender. De hecho, si comparamos con otros proyectos en web, al final el costo es muy parecido e incluso superior a hacerlo en papel. Con quince amigos sacas un diario a la calle y encima con la ventaja de no depender de nadie. En el último número, por ejemplo, si hubiéramos tenido una línea de crédito con Caja Madrid, a lo mejor no habríamos podido contar las conexiones de Bankia con políticos y medios de comunicación.

¿Con la publicidad os pasa lo mismo o las marcas ejercen menos presión?

D.A.: No tenemos nada en contra de la publicidad, sería absurdo.

E.B.: Sí que hacemos la salvedad de estar en contra de los anuncios de prostitución y de bancos.

D.A.: Pero el día que esté legalizada la prostitución no tendremos nada en contra. Eso sí, no queríamos que la salida de imprenta dependiera de publicidad, porque entonces vas a hacer una portada sobre algún tema y te pueden amenazar con retirar la publicidad. Queremos funcionar con la venta de ejemplares, suscripciones, merchandising…

E.B.: La publicidad es como si llega un invitado a tu casa, no tiene derecho a decirte que cambies los muebles. En este número ya hay publicidad —y creo que será nuestro modelo porque se ha decantado así— de editoriales independientes, librerías… Tenemos contactos con festivales y productoras de cine porque consideran que sus productos encajan en el target de la revista. No todo tiene que ser Inditex o Repsol. Y si es, no tenemos ningún problema. Los medios no se dan cuentan que las propias marcas también tienen un perfil de usuario más disidente. En esta revista [hojea un ejemplar de Jot Down] podría anunciarse Inditex, porque seguro que parte del grueso de sus lectores compran en sus tiendas, lo mismo que los que compran Mongolia. Es un poco absurdo pensar que no tenemos lectores que reposten en Repsol, entonces, ¿por qué vas a perder ese núcleo de lectores?, ¿por una posición política?

¿Estaríais dispuestos a ceder un ápice de esta libertad que tenéis a cambio de, no ya dinero, sino mayor proyección, mejor distribución?

E.B.: No, yo creo que eso es cuestión de tiempo. A lo mejor no tenemos una distribución óptima, pero solo llevamos cinco meses. Estamos en constante contacto con la distribuidora para hacerlo cada vez mejor.

E.G.: Desde el número uno ha mejorado muchísimo la distribución. Partimos con 25.000 ejemplares y había grandes dificultades para encontrarlo, pasamos al número dos con “El rey podría violarte” del que hubo que hacer dos ediciones, y ahora ya estamos estabilizados en 40.000. Lo de tener que sacrificar… yo creo que es justamente lo contrario, es esa voz del arranque independiente la que te hace grande. Hay un público que tiene una necesidad; obviamente tiene un tope, eso ya lo asumes. Hay una frase muy buena de Darío: “Nosotros aspiramos a ser ricos, es decir, a ser mileuristas”.

D.A.: Estamos tan mal pagados los autónomos en prensa en estos momentos que ganar mil euros haciendo lo que quieres es haber triunfado.

Empezasteis a pensar en este proyecto coincidiendo con la crisis, en esos momentos ya habría medios pensando en hacer un ERE en la plantilla. ¿Ese fue uno de los motivos que os impulsó?

D.A.: En realidad sí tuvo que ver. Aunque nosotros ya teníamos pensado hacerlo y estábamos asociados, de repente se aceleró la cosa porque yo me quedé sin curro de la noche a la mañana, a Rapa que era de Público le pasó lo mismo, otros empezaron a cobrar no ya a 90 días sino a año y medio, y de repente nos dimos cuenta en solo cuatro meses de que lo necesitábamos para comer.

E.G.: La razón que explica Darío está clarísima, pero luego había otras motivaciones ideológicas que provocan que estés hasta los huevos de que te tomen el pelo la izquierda, entre comillas, la derecha, entre comillas… En esta situación, tener un sitio en el que puedas decir libremente lo que quieras es una necesidad.

D.A.: Por otra parte los medios de comunicación se han convertido en monstruos, en algo tan abstracto como la banca. El empresario que tiene cinco o seis medios de comunicación no es porque le guste la comunicación, es porque le dan dinero; en el momento que dejen de dárselo, olvídate.

Entonces se dieron las circunstancias ideales: por una parte por vuestra propia necesidad y por otra la de cubrir ese vacío en la prensa.

D.A.: Tal cual, esa era nuestra baza.

E.B.: El hecho de que nosotros ya estuviéramos un poco cabreados, nos apeteciera decir cosas que no nos dejaban decir en los medios de comunicación y hacerlo a través del humor que nos parece la manera más permeable, nos hizo pensar que con la crisis también la gente estaría cabreada. Además coincide —y parece que esto nos lo han hecho a medida— que cierra el diario Público, de donde vienen una parte de nuestros lectores de una posición más de izquierda. Se produce un nicho de mercado que está huérfano. Por lo que decía Adanti: porque de repente hay un señor que monta un periódico diciendo que era de izquierdas, cuando en realidad lo que quería era conseguir dinero de una parte de la población que estaba huérfana, y cuando le fue mal, lo cerró, además aprovechándose de una reforma laboral. Nosotros confiamos en que habría gente que estaría con nosotros, de hecho, estamos notando que —en parte gracias a cómo se está generando la comunicación por Twitter— se está creando una “comunidad mongola”, por decirlo de alguna manera. La gente lo está tomando como una cosa más allá del mero producto, hay una vinculación rozando lo emocional.

D.A.: La mayoría de nuestros lectores son de izquierda pero también muy críticos con la izquierda institucional.

E.B.: En el decálogo de intenciones uno de los puntos era: “No somos de izquierdas ni de derechas; repetimos: no somos de derechas”.

Ahí vamos, teniendo en cuenta esa declaración de intenciones y aunque ahora sea lógico atizar más a la derecha por estar en el gobieno, ¿tendrías algún problema en hacer lo mismo con la izquierda? Pero no solo a la institucional o de partidos, también a los intelectuales de izquierda, al entorno…

E.G.: Sí, a este humanismo de la izquierda, un tanto bobalicona, irracionalista; la izquierda del karma…

E.B.: Tenemos a José Luis Sampedro dándonos consejos para ligar en la playa, por ejemplo. Felipe González no hay número que se pierda. También han aparecido Cayo Lara y Rubalcaba, que ahora se dedica a hacer chistes de Eugenio, como oposición no hace…

E.B.: La gente que está en Mongolia puede proceder de un marxismo, pero también hay gente que procede de un movimiento más libertario o de una posición más crítica. Lo que sí es cierto es que no hay gente de derechas.

D.A.: Lo que es absurdo es el lobbismo este de que porque alguien sea de izquierdas hay que respetarlo. Si ganara la próxima vez el PSOE le daríamos igual al que al PP, porque son igual de culpables, entre otras cosas, de toda esta negociación que ha hecho España desde la Transición a esta parte montando una especie de país ficticio.

E.B.: El problema es que cuando un tío se define de izquierdas damos por hecho que lo es. No, demuéstralo. Por sus actos los conoceréis, y sus actos nos dicen que no son de izquierda.

D.A.: A veces ves los debates en la tele y te preguntas cuál es la izquierda y cuál es la derecha. De repente ves al de Manos Limpias atacando a la monarquía, en el fondo porque se siente traicionado, y después a María Antonia Iglesias defendiéndola a muerte. Qué enrarecido todo.

Edu Galán para Jot Down 3

El nombre de la revista está muy bien elegido, ¿de dónde surgió?

E.B.: Hay varias versiones, como los Evangelios.

D.A.: Primero porque Teo, el hijo de Rapa, se fijó en un mapamundi en el nombre y cuando su padre le contó que estábamos haciendo una revista dijo: “Se tiene que llamar Mongolia”. Nos gustó y empezamos a buscar cómo justificarlo. Vimos que Mongolia era un ejemplo de resistencia y luego descubrimos, por una portada de ABC, que gracias a Mongolia entramos en la ONU, y nos gustaron ambos conceptos.

Además el concepto de humor mongol, que no mónguer, encaja bien.

D.A.: Lo queríamos separar de eso. No por nada, porque se puede hacer humor de todo. El humor no mata, no hace daño. Otro tabú de la izquierda es que siempre le achaca todos los males a EEUU, cuando a veces son más progresistas allí. Hay mucho moralista, como Palin, pero los humoristas que hay son brutales.

E.G.: Cuando hacemos chistes nos acordamos muchas veces del Bill Maher, Larry David, Jon Stewart o Bill Hicks, que son una izquierda cómica que está a años luz de lo que hay aquí.

Me habéis recordado el vídeo de Sarah Silverman sobre Sheldon Adelson. Es muy difícil que en España alguien haga algo así.

E.B.: Nosotros pusimos en el último número que ETA será legal en Eurovegas, porque ha dicho Esperanza Aguirre que si a este señor le parece interesante tener un grupo terrorista en Eurovegas, no va a ser ella quien le diga que no; si paga…

E.G.: Determinadas líneas hay que saltárselas. Por ejemplo, el tabú de Adolfo Suárez como sujeto de un chiste; pero no el Adolfo Suárez de los setenta, el de ahora.

E.B.: También hay una hipocresía muy grande, tenemos un respeto reverencial a los próceres de la patria cuando en algunos casos son culpables de muchas cosas. Son figuras contradictorias a las que hay que tener un respeto, pero hasta cierto punto. El miedo reverencial que se tiene al rey, que cada vez que habla sube el pan… Aunque el rey haya sido en un momento dado una figura básica para la estabilidad de España, hay que plantearse la situación y si realmente lo es a día de hoy, si está a la altura, si debe abdicar a favor de su hijo o si se debe establecer una república mediante referéndum. Son cosas que no están en la calle y los poderes no quieren que estén en la calle.

Criticar al rey ahora está muy fácil.

E.G.: Facilísimo. Pero hay unas circunstancias que te llevan a hacerlo fácil. Nosotros teníamos decidida en octubre de 2011 la portada de “El rey podría violarte”, por azares de la vida salió al día siguiente del “no volverá a ocurrir”.

E.B.: Es muy fácil atacar a la familia real, es cierto, pero normalmente desde el punto de vista de la prensa española siempre se ataca por cuestiones personales o sentimentales. Nosotros también entramos en ese juego, quizás con más sutileza y bastante más mala leche, pero en la parte de noticias reales publicamos dónde va el dinero destinado al rey. Claro que se puede atacar a la monarquía mejor que antes, por supuesto, pero hay que dar donde nos duele a todos: donde se están gastando el dinero, donde están abusando de su poder… Con el tema de Carlos Dívar ocurre lo mismo, es un alto cargo del Estado que tiene una doble moral y un doble discurso y cuyas actuaciones en privado son totalmente diferentes a sus actuaciones en público, que nos afectan a todos. Por ejemplo, si el ministro de Justicia nos prohíbe abortar, a nosotros nos parecería muy mal que él hiciera abortar a sus amantes. En caso de que las tuviera. Que seguro que no.

E.G.: La posición pública de Dívar es ultracatólica, tiene poder para conducir la vida de los españoles desde presupuestos católicos porque se los dicta el hombre del espacio, pero a la vez se va de vacaciones con Jerónimo. Que nosotros jamás diríamos que tienen ninguna actitud gay. Nada. Jamás.

Eduardo Bravo para Jot Down 4

Hablando de esta parte de noticias reales, ¿hay mucha gente dispuesta a ofreceros esta información?

E.G.: Hay mucha gente descontenta, otra cosa es que lo que te ofrezcan tenga sustancia. Sobre todo hay gente descontenta con su propio medio, tenemos la sección “Perro come perro” en la que recogemos estos casos. Llegan muchas propuestas —de todos los palos, desde ABC, El Mundo, La Gaceta…— pero los reportajes de investigación requieren tiempo y dinero.

E.B.: Tú ves cómo va PRISA y que la solución que dan es hacer un ERE en El País cuando hay un señor cuyo sueldo es equivalente a lo mejor a ciento y pico redactores, que además ha hundido la empresa y le han hecho presidente de la compañía. Esto es como la crisis, los ciudadanos no han hundido el país precisamente, sin embargo los que lo han hundido son los que están saliendo más beneficiados. Eso pasa en los periódicos, han hecho una mala gestión y quieren hacer a los trabajadores responsables de la misma. Entonces, claro, la gente cuando puede se revuelve, y si tiene un medio que es receptivo a estas informaciones, te las pone en bandeja. Otra cosa es que luego estén bien documentadas y podamos o no sacarlas, pero la gente está encantada de que se cuenten estas cosas que ellos no pueden contar.

D.A.: A mí me gustaría ver las cuentas de los grandes medios porque estoy seguro que los gastos de sacar la edición es mínima en comparación a los gastos de grandes oficinas, seguridad, etc.

Viendo las portadas de otros medios serios como La Razón, ¿os cuesta a veces superarlas?

E.G.: Cuesta muchísimo. A Marhuenda le hicimos una oferta como portadista. Nos parece brutal. Nos encantaría saber cómo alcanza esa cadencia para publicar portadas humorísticas con tanta soltura. Todas las noches veo su Twitter esperando el momento de la portada. La portada del otro día, en la que salía un niño que no había sido abortado en el seno de una familia perfecta y feliz, me parece de una maldad genial que a me fascina.

¿Os gustaría que os secuestraran un número?

E.G.: En el número dos ya lo íbamos buscando, pone: “segunda edición para secuestrar”. A mí no me molaría que nos secuestraran, porque eso demostraría cómo está este país, pero oye… si nos secuestran, que nos secuestren.

D.A.: Tienes dos lecturas, por un parte si te secuestran es que ha dolido y mola; pero por otra, que te secuestren una cosa por humor me parecería fuera de lugar.

E.B.: Luego hay otro tema que es pasar dos días en comisaría, perder el dinero de la imprenta… En caso de que nos tuvieran que recluir, el remedio sería peor que la enfermedad, porque nosotros en la cárcel, con todo el tiempo libre, un ordenador y una impresora podemos hacer mucho más daño que si nos dejan sueltos.

E.G.: El plan B, que ya está pensado por nuestro editor, es publicar desde otros puntos del extranjero. Un secuestro de Mongolia no supondría que cerrase.

D.A.: Por eso apostamos mucho por la suscripción. Lo bueno que tienen las redes sociales es que te permiten comunicarte en caso de que surja un problema de estos. La mayoría de los medios usan Twitter solo para hacer autopromoción, cuando lo interesante es realmente comunicarte con la gente. En caso de que no pudiéramos estar en un quiosco, mientras podamos seguir teniendo contacto con nuestros lectores, podríamos llegar igual.

Eso en cuanto a la censura externa, ¿pero habéis tenido miedo alguna vez de caer en la autocensura?

E.B.: Se trabaja mucho en conjunto. Nosotros ponemos nuestros propios límites. A veces se nos va mucho la pinza, entonces siempre hay uno que pone la medida.

D.A.: Las veces que nos hemos parado no ha sido por autocensura, casi más por plantearnos qué sentido tenía ese chiste o qué lectura podría tener.

E.G.: Es posible que nos cortáramos más hace seis o siete meses que ahora. Estamos perdiendo el miedo, somos más frescos y la cosa sale más rodada. Ahora, de forma retrospectiva, el número uno me parece muy blando; el dos es mejor pero me sigue pareciendo blando, y el cinco está mejor que cualquiera de los demás.

Tenemos entendido que tenéis establecido un tope de doce números.

AD: No, ahora ya no, porque como las cosas están saliendo más o menos bien nos estamos asegurando casi un año más.

E.B.: Siempre se pensó que se podía aguantar más de doce números, lo que pasa es que esa era la cifra ideal para establecer un plan de negocio.

D.A.: Sin ganar un duro, porque hasta ahora todo va destinado al ahorro para garantizar la impresión.

Y dentro de lo malo de las circunstancias actuales, ¿creéis son las condiciones ideales para un proyecto así?

E.G.: Sí. Lo que hablábamos del humor en los últimos años también se explica por cómo era España. Es decir, cuando las cosas van bien, esto afecta a cualquier expresión, y el humor con crítica política a lo mejor es lógico que no llegara.

E.B.: Yo creo que es el momento para que haya espacio no solamente para más revistas de humor, aparte de El Jueves y nosotros, sino para otro tipo de revistas. En los años setenta teníamos muchas cabeceras de temática variada que tenían su público y funcionaban. Poco a poco esas revistas fueron compradas por grandes empresas y ahora hay dos o tres grupos que acaparan todas las cabeceras. Esto que hemos hecho nosotros se está dando en otros profesionales; está Panenka, Jot Down, Materia, Yorokobu… revistas nuevas que están aportando otra visión, con estructuras muy pequeñas e independientes. Los grandes medios lo que están ofreciendo ahora mismo en papel es el mismo contenido que han ofrecido el día antes por Internet, es totalmente absurdo. Además de que la red es un medio totalmente voraz, no tiene fondo, y como es a nivel global, a cualquier hora. Tienes que tener más plantilla, tienes que actualizar continuamente —por lo cual, al final tienes que meter anécdotas, no noticias— y resulta que no lo rentabilizas porque no da tanto dinero.

E.G.: También es momento para que las publicaciones independientes reivindiquemos que no vale todo. No es lo mismo la firma de un becario que el oficio de quien sabe hacer. Lo que hacen en grandes medio es plantearse: ¿Para qué voy a encargar esto a Maruja Torres? Que lo haga el becario. ¿Para qué va a escribir una columna Jabois teniendo a… Sostres? (Risas)

Mongolia para Jot Down 5

Fotografía: Guadalupe de la Vallina

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40 Comentarios

  1. Pingback: Blog de Maruja Torres, marujatorres.com » Jot Down entrevista a Mongolia: ¡¡¡¡¡aire, aire!!!!!

  2. Enhorabuena a los Mongoles. Una revista así hacía mucha falta. Y seguid dando caña, muchos os lo agradecemos.

  3. La verdad es que no trago ese rollo de snobismo cultureta de izquierda, me desagrada bastante esa condescendencia «Pílades». Esa superioridad moral autoasignada que rezuma.
    Ahora bien. La calidad periodística y de estilo me parecen incuestionables.
    Además en la propia entrevista hay atisbos de autocrítica en los términos a los que me he referido, gesto muy maduro y de agradecer.
    No seré un lector leal ni me gustará mucho lo que dicen, (más que nada por esa cojera confesa) pero al menos me queda una imagen más que aceptable del proyecto y los involucrados. Buena entrevista.

  4. Buenísima entrevista. Y me quedo corta.

  5. Genial entrevista! Eduardo Galán es un crack. El proyecto tiene muy buena base y me gusta.

  6. La Razón (de l'autre côté)

    Ya veo cómo tiemblan todos: los grandes medios, la monarquía, el poder político… Miedaco.

    Sí, señores, hay una parte de la derecha que no es monárquica. En absoluta. Menudo descubrimiento. Ya veo que estamos delante de gente, como poco, leída.

    ¡Viva la izquierda… manque pierda!

  7. @dgpastor

    Muy buena entrevista, con grandes frases para los anales de la gestión empresarial:

    -‘La publicidad es como si llega un invitado a tu casa, no tiene derecho a decirte que cambies los muebles.’

    -‘En este número ya hay publicidad. No todo tiene que ser Inditex o Repsol. Y si es, no tenemos ningún problema.’ 

    -‘Es un poco absurdo pensar que no tenemos lectores que reposten en Repsol, entonces, ¿por qué vas a perder ese núcleo de lectores?, ¿por una posición política?’

    Si aquí hay algún lector (o entrevistador) que haya lidiado con quien paga la publi sabe de la borrosa frontera que existe entre el win win y el lose-lose en la relación pagador-cliente.

    Y no vamos a hablar de formatos, diseños y plataformas abusivas que te rompen un cuidado diseño. 

    No negocias con lectores. Negocias con responsables de marketing entre cuyas funciones está posicionar una imagen de marca. Como la de Mongolia. O no.

    -‘[Tener una buena distribución] es cuestión de tiempo’

    -‘Solo llevamos cinco meses. Estamos en constante contacto con la distribuidora para hacerlo cada vez mejor.’ 

    Cualquier lector que haya negociado alguna vez con distribuidoras abriendo mercado, debe andar entre la perplejidad y el ROLF. Estoy hablando de quien haya negociado en serio con un plan de escalabilidad, y supuesto además maneje alternativas.

    Si dependes de un solo formato y tampoco ambicionas escalabilidad no sé si lo que darán estas afirmaciones es más bien penilla.

    -‘Los reportajes de investigación requieren tiempo y dinero’
    -‘ Hay un público que tiene una necesidad; obviamente tiene un tope, eso ya lo asumes.’
    -‘Hay una frase muy buena de Darío: “Nosotros aspiramos a ser ricos, es decir, a ser mileuristas”.’

    Podríamos seguir con las innumerables perlas de oximoron ilustradas. 

    Pero pa’qué.

    El marxismo se cura:

    a)  llevándolo a la práctica (por uno mismo).

    El día que los ‘mongoles’ sean tratados como empresarios antes que como humoristas satíricos será cuando sus contenidos hayan triunfado. Solo entonces tendrán poder real de negociación, con la distribución y para elegir la publicidad que les mantiene. Será el momento de reconvertirse y no traicionar sus principios. Puede que ese momento -si el ‘mientras tanto’ no funciona- nunca llegue. 

    b) con el simple paso del tiempo (si todos los demás posibilitan que aguanten la práctica suficiente).

    Desgastes personales o estropicios comunitarios supongo darán vidilla al ‘mientras tanto’. 

    c) Nada más. Las opciones a) y/o b) en sí mismas agotan el modelo por el principio o por el fin, como habrá notado el lector avispado.

    Con todo esto no quiero decir que estos chicos tengan una actitud naif. Nunca. Jamás. Esto solo lo dirá tiempo.

    Con esta conclusión tampoco quiero vaticinar su extinción. Nunca. Jamás. Eso dependerá de la cuota de lectores que tengan por encima de 70 años. De momento les resulta ‘sorprendente’.

    • Miquel Àngel

      Está claro que tú ves el proyecto desde una perspectiva muy diferente a como lo ven ellos, lo cual no está mal, Tal vez existan otras formas de gestionar medios como este, tal vez.
      De hecho, puede que incluso haya formas diferentes como tú lo harías para sacar adelante un proyecto así, quien sabe.

      Y con esto no quiero decir que tu comentario sea condescendiente y un poco rancio. Nunca, jamas.

  8. Pues serán naïfs, pero han hecho realidad lo que nadie se ha atravido en décadas. A veces la ingenuidad es un poder.

  9. josep m. fernández

    A ver si llegáis a provincias y os puedo dar una leída.

  10. Wil E. Coyote

    Una pregunta, ya que no he podido leer el número en cuestión: el artículo «El rey podría violarte», ¿no está basado en un razonamiento jurídico explicado aquí mismo hace meses por Tsevan Rabtan?

    http://www.jotdown.es/2012/02/tsevan-rabtan-la-constitucion-vista-por-un-amigo-del-rey/

  11. Chapeau Mongolia!!! Encontré y compré el Extra Julio/Agosto en Barruera, un pueblecito de la Vall de Boí con un solo estanco/kiosko, aunque ya lo pillo en Barcelona cuando no estáis agotados, me llevé el último ejemplar así que dada la gran asistencia de peña de ciudad que para por allí en busca de patear montañas y disfrutar de una merecida desconexión del mundanal ruido sería interesante que se distribuyeran más números por pequeñas localidades como comenta algún usuario por ahí arriba…
    Bienvenido el aire fresco, la caña crítica al que la merezca, y por supuesto LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN.-

  12. ramón luis

    es una pena que el humor de la revista sea facilón y ramplón y no esté a la altura de sus comentarios en las entrevistas. aplaudo la iniciativa, pero sinceramente me parece flojo, flojo…

  13. Sí, hacer un chiste sobre el Adolfo Suarez de hoy es valiente. Hacerlo para contar que eres valiente por hacerlo, hace que pierda la gracia.

  14. Fernán González

    Nadie en Por Favor o Hermano Lobo hubiera dicho «el rey ha sido en un momento dado una figura básica para la estabilidad de España» (sic). ¿Es un chiste?
    Compré ayer la revista, me parece floja.

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