El sueño de Cuba

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Este texto es un capítulo del libro Crónicas de la Mafia, editado por Libros del K.O.

crónicas de la mafiaIgual que cada uno alimenta leyendas de su biografía, como los países construyen mitos en su historia, también la Cosa Nostra tuvo su gran fantasía erótica. Cuba fue el sueño prohibido de la Mafia. Si en Sicilia, primero, y en Estados Unidos, después, logró implantar un modelo de vida ilegal paralelo al Estado, en Cuba tuvieron la visión de ir más allá y tener prácticamente su propio Estado. Con un Gobierno a sus órdenes mientras los capos se dedicaban a la buena vida y se forraban con hoteles, casinos, juego, clubes y putas sin que la policía los molestara. En resumen, ser los reyes del mambo, en sentido literal, en un país a su medida. Y por poco no lo consiguen. Es una historia entretenidísima que está muy bien contada por T. J. English en Nocturno de La Habana.

La idea fue de Meyer Lansky, el amigo listo de Lucky Luciano, un granuja judío que emigró con doce años desde Rusia y enseguida hizo carrera en el Lower East Side con partidas de dados y contrabando de licores. Estamos hablando de uno de los grandes cerebros de la Mafia, discreto y laborioso, alejado del trabajo sucio pero con una formidable visión criminal y de los negocios. Por ejemplo, fue el inventor de Las Vegas. Aunque aquello fuera un desierto, él se fijó más en el pequeño detalle administrativo de que en Nevada el juego fuera legal. En 1946 mandó allí a su amigo ‘Bugsy’ Siegel, que era el cabra loca de la pandilla, para que abriera el primer hotel con casino en medio de la nada, el Flamingo. Lansky tenía mucho ojo. Y para lo de Cuba tenía además un buen contacto: un tal Fulgencio Batista, alto mando militar a quien veía posibilidades de llegar lejos. Se hicieron amigos y el futuro dictador fue incluso uno de los pocos invitados a su boda, celebrada en La Habana. En esa ceremonia está ya el núcleo del poder mafioso en Cuba en los años cuarenta y cincuenta.

Cuando se terminó el chollo de la ley seca en 1933 había que buscar nuevas oportunidades de negocio y a Lucky Luciano le gustó la idea de colonizar el territorio virgen de Cuba. La Mafia ya conocía la isla desde los años veinte, pues era una escala de contrabando de ron. Convocó a la Comisión y les dijo a todos los capos que pusieran medio millón cada uno para invertir en Cuba. A Batista lo compraron con un maletón de billetes a cambio de que les consiguiera la gestión de los casinos del célebre Hotel Nacional y otros lugares turísticos. Lansky se convirtió en accionista del hotel y a partir de 1937, cuando Batista ya era jefe de las fuerzas armadas, empezó a llevar en persona algunos casinos.

Aunque Batista llegó a presidente en 1940, la Segunda Guerra Mundial frenó un poco el proyecto. Al término de la contienda las perspectivas volvieron a ser bastante buenas. Había un problema: Luciano estaba desterrado en Italia, pero eso se podía arreglar. No tenía ninguna intención de quedarse allí y como no podía pisar Estados Unidos le gustaba la idea de montar su nuevo imperio en Cuba. En 1946, siete meses después de su llegada a Italia, el gran capo se embarcó en secreto y llegó a la isla en octubre. De inmediato fue convocada una nueva reunión de la Comisión para retomar los negocios a lo grande y se celebró en el Hotel Nacional, del 22 al 26 de diciembre de 1946. Para la cumbre mafiosa les cerraron los dos últimos pisos y todo fueron cenas, fiestas y putas. Acudieron veintidós capos, la plana mayor de la Mafia. A todos les pareció maravilloso lo de Cuba y dieron el visto bueno.

En cambio, lo de Las Vegas iba fatal. Mujeriego, de gatillo fácil y con aún más facilidad para meterse en líos, ‘Bugsy’ Siegel volvía a dar problemas. No hacía más que fundirse la pasta de la gran inversión mafiosa en la construcción del Flamingo, cuyas obras no acababan nunca. Ya había ocurrido cuando lo mandaron a Los Ángeles para sondear el terreno delictivo en Hollywood y no se perdió una sola fiesta. Era amigo de Cary Grant, Clark Gable y muchas otras estrellas. Decidieron cargárselo, aunque era un amigo de infancia de Lansky, Luciano y Costello. Lo asesinaron en 1947 y uno de los disparos fue en el ojo. Este detallito cruento les recordará un crimen similar de El Padrino. Efectivamente: el personaje de Mo Green es un trasunto de Siegel. Por otro lado, todo buen aficionado a la saga sabe que en la segunda película hay una buena parte dedicada a Cuba inspirada en esto que estamos contando.

En La Habana todo iba de maravilla hasta que el mundo se enteró en febrero de 1947 de que Luciano no estaba en Italia, donde se le suponía. Se debió al eco de las orgías y las juergas que se corrió allí con un amigo suyo: Frank Sinatra. La familia del cantante era del mismo pueblo siciliano que Luciano, Lercara Friddi. En Estados Unidos, donde veían a Lucky como todo el eje del mal en una sola persona, se armó un gran revuelo y la presión política, incluido un embargo comercial de medicinas, llegó al punto de que las autoridades cubanas tuvieron que echarlo del país. Nunca volvería a Cuba y recordaría siempre con nostalgia aquellos cinco meses de lujo tropical. Allí se acabó el último intento de Luciano de seguir dirigiendo en primera persona el cotarro.

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Lansky quedó definitivamente convertido en el hombre de la Mafia en La Habana y le tocó la lotería el 10 de marzo de 1952. Su vieja apuesta, Fulgencio Batista, dio un golpe de Estado y se convirtió en dictador de Cuba. Poco después lo fichó como asesor del Gobierno para la reforma del juego, para dar un toque de calidad y clase a los casinos pensando en el turismo. Acabó abriendo uno y cerrando los demás. Empezaba el juego. Lansky se sentó luego en la propia Comisión Nacional de Turismo. Era perfecto: estaba al frente de la institución que debía promover su propio negocio. La Mafia casi era Estado. Batista creó luego un banco de desarrollo para financiar grandes obras públicas y proyectos que se dedicó a costear, con su porcentaje para el presidente, el despegue del imperio mafioso con hoteles mastodónticos, lujosas salas de juego y fastuosos clubes nocturnos. Así nació la mítica Habana de los cincuenta y muchas de las moles de hoteles que aún se ven hoy en la ciudad. Después fueron llegando mafiosos de todos los rincones. Entre ellos, Santo Trafficante, con base en Tampa, Florida, que se convirtió en el otro gran capo de la isla y rival de Lansky.

A los estadounidenses ya les encantaba antes la noche loca y el turismo sexual de La Habana, pero la Mafia lo montó todo tan bien que Cuba se puso de moda y vivió una explosión turística sin precedentes. Una compañía de ferrys incluso empezó a permitir viajar con el coche, y gracias a ella la ciudad se llenó de esos fantásticos Cadillacs, Oldsmobile o Buicks que aún siguen circulando. Además la época tuvo el raro privilegio de tener su banda sonora: el mambo, el chachachá y el jazz latino, que se inventaron en la explosión de clubes y cabarés. Los shows del Copacabana eran conocidos en todo el mundo y en el club Shanghai eran famosos los numeritos de un tipo con un pene de treinta y cinco centímetros —nombre artístico, Superman— que aparecía volando en bolas sobre los espectadores con un trapecio. También sale en El Padrino II. Había mucho vicio, de todos los palos, y por ejemplo el senador de Massachusetts se pegó una buena orgía con tres putas en 1957. Quizá dicho así no sea demasiado significativo, y es mejor que les aclare que se llamaba John Fitzgerald Kennedy. En los clubes actuaban las mejores estrellas internacionales, de Nat King Cole a Ella Fitzgerald, y por supuesto los ídolos cubanos, como el gran Beny Moré, y se dejaban caer de vacaciones Marlon Brando o Errol Flynn.

Imaginen lo divertido que era todo que Batista hasta hizo una amnistía y soltó a Fidel Castro en 1954, un chaval detenido tras un asalto al cuartel de Moncada en julio de 1953, la primera chispa de la Revolución. Ni Batista ni la Mafia supieron ver lo que venía. Estaban muy ocupados con lo suyo. Todos los lunes un mensajero de Lansky iba al palacio presidencial y entregaba un maletín con dinero. La Comisión de la Mafia a Batista era de 1,28 millones de dólares al mes. El cuñado del dictador controlaba a medias con la Mafia el negocio de todas las tragaperras y los parquímetros de la isla. La Cosa Nostra, por su parte, cada vez pensaba más a lo grande, con lo que después el batacazo fue estratosférico. En 1957 Lansky inauguró el Hotel Riviera, el gran proyecto de su vida, el más lujoso de La Habana. Y, al año siguiente, abrió el Hilton. Hasta organizaron un Gran Premio de Fórmula Uno, como el de Montecarlo. Para la Mafia, La Habana tenía que convertirse en el Montecarlo del Caribe. En 1958, de hecho, empezaron las obras de un hotel monumental llamado precisamente Montecarlo, el más grande de la isla, con Frank Sinatra como primer accionista. Cuando el sueño de la Mafia estaba llegando a la cúspide, todo se vino abajo. Mientras Lansky montaba escuelas de crupieres, Castro desembarcaba en el Granma. La Nochevieja de 1957 los rebeldes pusieron una bomba en el Tropicana. No era el primer ataque a un club, pero sí el más preocupante para la Mafia, que hasta entonces no prestaba mucha atención a los barbudos que zascandileaban en el lejano oriente de la isla. Para Castro la vida nocturna de La Habana era la imagen de la degeneración moral del enemigo. Lansky y los demás pensaban que aunque ganaran los guerrilleros ellos se adaptarían a la situación, siguiendo la costumbre mafiosa, porque cualquier Gobierno necesitaba el dineral de los casinos. Evidentemente no sospechaban que el de Castro no iba a ser cualquier Gobierno. Por si acaso, para cubrirse las espaldas, la Mafia, como la CIA, tuvo contactos con los rebeldes para financiarles y enviarles armas.

La Nochevieja de 1958 cerró brutalmente la persiana a los negocios de la Mafia. Tras correrse la voz de la huida de Batista, la gente se echó a la calle y la tomó directamente con todo lo que significaba la alianza de tiranos y gánsteres. Lo primero, destrozaron los parquímetros del cuñado de Batista por todas las calles. Luego, las tragaperras. Y, para terminar, la muchedumbre asaltó los casinos. Lo peor fue para el Riviera, el orgullo de Lansky y la Mafia: soltaron dentro un camión de cerdos. La Mafia casi era Estado, y por extensión, también fue una revolución contra la Mafia, un caso único en el mundo.

Muchos mafiosos acabaron en campos de prisioneros, viendo cómo iban ejecutando a los hombres del régimen y Castro amenazó en algún momento de sus horas de discursos con fusilar a los gánsteres americanos. Lansky fue uno de los pocos a los que no detuvieron, porque se largó del país. No podía olvidar que tuvo que huir con doce años de Rusia: «Conozco una revolución comunista cuando la veo, y esto es una revolución comunista», le dijo a su chófer al despedirse, según relata T. J. English, que buscó y encontró a este hombre en La Habana. Trafficante lo pasó fatal y tardó meses en lograr que le dejaran en libertad. En 1960 se nacionalizaron todos los casinos y propiedades estadounidenses.

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La historia podría acabarse aquí, pero tiene un epílogo muy interesante. Lo de Castro podía ser un golpe latinoamericano más que se acabara desinflando y la Mafia no perdió la esperanza de recuperar su negocio. Lansky ofreció un millón de dólares para matar a Castro y así empezó una conspiración en la que muy pronto encontró nuevos socios. Bajo la presidencia de Kennedy, y con el apoyo del fiscal general, su hermano Bob Kennedy, la CIA y la Mafia se aliaron para eliminar al líder cubano, como confirmó en 1997 la desclasificación de documentos secretos de la CIA. El enlace de la CIA con la Mafia fue Santo Trafficante, al que llegaron a través de dos capos de origen italiano con quienes tenían más confianza: John Rosselli, de Los Ángeles, y sobre todo Sam Giancana, porque además de ser un gran capo de Chicago era muy cercano al presidente Kennedy, que le debía su ayuda en la llegada a la Casa Blanca. Kennedy y Giancana eran amigos de Sinatra y entre los tres compartieron una amante, la actriz Judith Campbell, que años después aireó la historia de esta ensalada amorosa. La CIA ofreció ciento cincuenta mil dólares por matar a Castro, pero la Mafia lo consideró una ofensa: estaban dispuestos a hacerlo gratis. Tras barajar varias ideas, al final se optó por el envenenamiento. Dos pastillas fabricadas en los laboratorios de la CIA fueron entregadas al camarero de un famoso restaurante de La Habana frecuentado por Fidel. Debía servirlas con el helado. Pero la chapuza es un factor nada desdeñable en la historia humana. Fidel fue al restaurante, pero las pastillas se quedaron pegadas a la superficie del congelador y el camarero no consiguió sacarlas. Fue pocos días antes del ataque de Bahía de Cochinos, en abril de 1961, y según el plan, para entonces Castro ya tenía que estar muerto. Quizá en ese caso el intento de invasión hubiera tenido éxito. Fue lo más cerca que estuvieron nunca de cargarse al líder cubano, aunque después intentaron de todo: rifles telescópicos, estilográficas con veneno, puros tóxicos y conchas explosivas.

Tras la crisis de los misiles en 1962 la colaboración con la Mafia terminó, pero los tres capos involucrados se harían famosos poco después como grandes sospechosos del asesinato de Kennedy, en 1963. Según esta tesis, Giancana y el resto de la Mafia estaban muy cabreados por la ofensiva del Gobierno contra sus intereses, igual que los anticastristas, por dejarles sin apoyo aéreo en Bahía de Cochinos. No se asusten, en el asesinato de Kennedy no vamos a entrar. Pero bueno, casi todos acabaron mal. Bob Kennedy, tiroteado en 1968. Sam Giancana, en 1975, antes de declarar ante el comité del Senado que investigaba la implicación de la CIA en los intentos de asesinato de Castro. Rosselli desapareció en 1976 cuando debía testificar en la Comisión de Investigación del caso Kennedy y apareció flotando en un bidón con las piernas cortadas en una bahía de Miami. Lansky murió en 1983 como muy pocos mafiosos, de viejo y en su casa de Miami, con ochenta y dos años. Era ya una leyenda, pero nunca pudieron pillarle por nada. Batista también vivió tranquilamente y falleció en 1973 en Marbella. Al cierre de este libro, parece que Castro sigue vivo.

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8 comentarios

  1. PRESIDENT MAO

    ‘Al cierre de este libro, parece que Castro sigue vivo.’

    ¡Inocentes! Si el que sale en la tele es su doble…

  2. Pingback: El sueño de Cuba

  3. Blackadder

    Despues de montar una revolución contra la mafia y su «Estado/fiesta» Castro convierte su Estado en una mafia muchísimo más aburrida.
    Una ironía historica que no podia dejar de divertir (por mucho que jodiera) a Cabrera Infante.

  4. Juan J. Abril

    recomiendo este texto

    «Los tiempos dorados de la mafia en La Habana»

    http://www.viajesalpasado.com/los-tiempos-dorados-de-la-mafia-en-la-habana/

  5. Alejandro

    Acabo de comprar tu libro junto con la revista JD, justo al leer este extracto. Ganas que llegue ya! Un saludo.

  6. Pingback: “Parece que castro sigue vivo” | inCUBAdora

  7. Javier

    la mafia que campea en los actuales ministerios de cuba es mucho peor q la de antes. Y eso es xq simplemente fidel sigue con vida, de otra forma las cosas serian muchisimo mejor para cuba, aunque hay q decir q con la inminente caida del regimen chavista cuba la tiene negra, pero negra.

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