La enredadera de los muertos: en brazos de la madre ayahuasca

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Foto: Corbis.
Foto: Corbis.

Cuando se me presentó hace poco la oportunidad de participar en una ceremonia de toma de ayahuasca, tardé unos cinco milisegundos en contestar que sí. Los motivos eran muchos: fascinación por el chamanismo desde la adolescencia tras muchas lecturas de Alan Moore y Castaneda, curiosidad científica por el funcionamiento de los enteógenos, búsqueda espiritual privada… y el presentimiento de que la planta iba a jugar un papel importante en mi vida.

Mientras esperaba a que cierto chamán me llamara por teléfono para una entrevista previa a la ceremonia, empecé por lo primero que hago siempre cuando me encuentro con una novedad en mi vida: acumular libros que hablen de ella. Teoría previa a la práctica. Así que me atrincheré en casa con Ayahuasca, la enredadera del río celestial de Claudio Naranjo y las Cartas del yagé de Allen Ginsberg y William Burroughs. Y esto es lo que aprendí…

1. Sueño hecho planta

La ayahuasca es una bebida obtenida de la cocción de dos plantas, generalmente la enredadera llamada ayahuasca o Banisteropsis caapi y la chacruna o Psychotria viridis; aunque hay recetas que mezclan plantas diferentes, como la Diplopterys carerana. Se emplea desde hace siglos como brebaje visionario y sacramental a lo largo del alto Amazonas: Perú, Brasil, Colombia, Ecuador. Los indígenas toman tradicionalmente ayahuasca como rito de iniciación, en fiestas concretas o antes de tomar decisiones individuales o de grupo.

Los nombres más empleados para la bebida son yagé o ayahuasca, palabra derivada del quechua y que significa algo así como «liana de las almas», haciendo referencia a los ancestros fallecidos. Los asháninka peruanos llaman a la planta hananeroca o «enredadera del río celestial». Mis nombres favoritos, sin embargo, son los más cercanos: medicina o abuelita… Se la considera una planta maestra, no solo porque de su consumo se extraen enseñanzas, sino porque los chamanes la usan como referencia para estudiar las propiedades de otras plantas.

Químicamente la ayahuasca es fascinante. En la enredadera se encuentra una curiosa betacarbolina, la harmina (originalmente llamada telepatina por sus extrañas propiedades), que actúa como inhibidor de la monoaminoxidasa o IMAO. En la chacruna, por otro lado, hay una pequeña cantidad de dimetiltriptamina, alcaloide presente en muchas plantas y de forma endógena en el cerebro mamífero, producido en la glándula pineal. Aún se está estudiando cuál es su función en humanos, pero aparentemente está relacionado con la generación de efectos visuales en el sueño. No produce ningún efecto al ser ingerido por vía oral… a no ser que vaya acompañada de un inhibidor, que impide su degradación en el tracto digestivo. Una de las plantas es la llave y otra es la cerradura, pero ¿cuál es cuál? No es evidente, ya que el efecto de la bebida parece atribuible más a la harmina que al DMT.

Y es que la ayahuasca no es un alucinógeno. Los alucinógenos (LSD, mescalina, etc) provocan cambios a veces delirantes en la percepción de la realidad, pero los alcaloides de la harmala de la banisteropsis potencian la percepción de visiones, imágenes y sueños conscientes sin pérdida de contacto con la realidad. De ahí la denominación de onirofrénicos o «potenciadores de fantasías»… La ayahuasca es sueño hecho planta.

Cocinando ayahuasca y chacruna. Foto: Terpsichore (CC)
Foto: Terpsichore (CC)

Las visiones percibidas durante una toma suelen actuar como metáforas o alegorías, de modo similar a como los sueños plasman en imágenes rincones del inconsciente. Hay patrones habituales en las visiones de ayahuasca: animales (especialmente serpientes y felinos), imágenes de muerte y renacimiento, seres voladores… Estas visiones pueden aludir a constantes universales (citando a Naranjo, «el felino condensa lo animal, la gracia y maestría en el movimiento, el misterio, la rapidez, la peligrosidad, los dientes, las garras») o resultar profundamente individuales y tener sentido solo para quien las experimenta. Haya o no visiones (no ocurren siempre) la bebida produce efectos psicológicos notables: comprensión de elementos de la propia vida o personalidad, purgación de aspectos patológicos del carácter, fortalecimiento del espíritu de lucha, empuje y determinación… A menudo se recibe una inspiración, un diálogo con una voz interior que actúa como guía más sabio y experimentado.

Ningún estudio sobre la ayahuasca le ha detectado capacidad adictiva… Al contrario, ha sido empleada con éxito en tratamientos de desintoxicación y para mitigar el estrés postraumático. Sin embargo, como casi todo lo que merece la pena en esta vida, la ayahuasca está en un limbo legal. Ni la enredadera en sí ni la cocción de dos plantas están fiscalizadas, pero el DMT sí aparece a partir de ciertas cantidades en la lista 1 de la JIFE, entidad de la ONU que regula (rematadamente mal, aunque ese es otro tema) el uso de drogas en el mundo. Esto provoca que aunque se reconozca el uso terapéutico y religioso de la ayahuasca, existan dificultades burocráticas para importar la bebida desde Sudamérica… Así que se celebran pocas ceremonias en España, menos aún a cargo de chamanes serios y experimentados, muy difíciles de encontrar. He tenido suerte.

2. Ni alcohol ni leche

El chamán me llama por teléfono. Me gusta su voz: parece tranquilo y seguro de sí mismo. Durante un buen rato me explica en detalle los efectos de la bebida y el desarrollo de la ceremonia. Me hace varias preguntas relativas a mi estado de salud… Y es que el hecho de que la ayahuasca sea segura y no cause adicción no significa que su consumo esté exento de contraindicaciones farmacológicas y psicológicas, en particular si hay enfermedades mentales diagnosticadas (no es mi caso, aunque parezca increíble).

El chamán me explica también que unos días antes de la ceremonia deberé evitar ciertos alimentos: lácteos, cítricos, carnes rojas, alcohol… Es importante, ya que podrían interactuar negativamente con los ingredientes de la bebida (por ejemplo, los IMAO interaccionan de forma particularmente chunga con los alimentos que contienen tiramina). También me recomienda unos días de abstinencia sexual, para acumular energía… En fin, es por una buena causa, pienso en voz baja.

Los efectos físicos de la bebida que puedo esperar: mareo, frío, percepción de olores, colores y a veces imágenes complejas. Casi siempre, vómito. A nivel psíquico son esperables catarsis emocionales, recuerdos vívidos, paz, quietud meditativa, receptividad, comprensión respecto a uno mismo y los demás. De los efectos espirituales no hablaré aquí (no es el lugar adecuado) más que para mencionar que suele sentirse una sensación de comunión y respeto a lo sagrado y a la vida.

Foto: Paul Hessell (CC)
Foto: Paul Hessell (CC)

Le pregunto al chamán por la posibilidad de malos viajes. No le gusta esta expresión: en su experiencia, todas las experiencias con ayahuasca son en su conjunto constructivas aunque tengan momentos psicológicamente duros. De todas formas ahí entra la importancia de la ceremonia: la guía del chamán y los cantos anclan al tomador y le ofrecen un ambiente seguro, calidez humana, acompañamiento. El resto de detalles se arreglan rápidamente, así que me permito un fast forward hasta el día de la ceremonia, que tendrá lugar en plena naturaleza.

3. Bajando las escaleras

Al llegar charlo con el resto de participantes de la ceremonia. Descubro que es un grupo mucho más variado de lo que esperaba: un psicólogo, un veterinario, una pareja de aire hippy, un profesor de teatro, una ingeniera… Para varios de nosotros esta será la primera vez con la planta maestra (y, en mi caso, cualquier sustancia psicoactiva).

La bebida está almacenada en tres botellas situadas sobre un pequeño altar ante el que se coloca el chamán. El grupo se sienta en círculo, y el chamán nos divide alternando novatos con experimentados. Cada cual tiene a su lado una bolsa de basura para recoger el vómito en caso de que aparezca. Las dos parejas presentes son separadas: el viaje es un proceso introspectivo e individual, aunque se cree una energía de grupo. Está a punto de anochecer. Y antes que nada, hablamos. Mejor dicho, el chamán habla y los demás nos limitamos a hacer preguntas o comentar aspectos de la ceremonia. Se nos habla de lo que podemos experimentar y sentir, de cómo hay que dejarse llevar por el viaje sin oponer resistencia a lo que la planta muestre. El chamán hace hincapié en que el viaje es siempre amoroso aunque en él se muestre algo desagradable o alguna verdad incómoda. La ceremonia es de no intervención, es decir, más allá de cantar y dirigir los ícaros el chamán no intervendrá en la experiencia individual de cada tomador si no es necesario.

Se nos dice que no contengamos las emociones que nos vengan (si hay que reír se ríe, si hay que llorar se llora), pero sin exagerarlas ni romper el equilibrio del grupo. Podemos ponernos de pie y hasta bailar si nos hace falta, pero con cuidado y sin romper el círculo. Si hay que salir a tomar el aire o a mear, nunca más de dos o tres personas a la vez.

Tras las explicaciones nos acercamos por turno ante el altar para recibir un vasito del brebaje. Le doy las gracias al chamán y a la planta. Voy preparado para un sabor horrendo y amargo, pero no resulta para tanto… Vuelvo a mi sitio. Cuando todos hemos tomado empiezan los tambores y los cantos, con breves intervalos de un silencio de agradable textura. Es difícil decir cuánto tiempo transcurre: ¿media hora? ¿Tres cuartos? Permanezco sentado en una postura cómoda, con la espalda apoyada en la pared. Acompaso mi respiración al ritmo de los tambores. Al cabo de un rato me tumbo y observo fijamente el techo. Las vetas de madera se ven exageradamente nítidas a la media luz de las velas: me pregunto si pequeños cambios de percepción como ese se deberán al efecto de la planta. Aparte de eso, no siento ningún cambio y empiezo a ponerme nervioso: ¿tendré algún tipo de inmunidad a la harmina? O, dicho de otra forma, ¿me habrán rechazado los espíritus de la planta? El hombre de mi derecha se ha hundido en un trance profundo, y permanece tan inmóvil que lo percibo como un objeto de gran densidad, un agujero negro. Oigo a alguien vomitar. Cierro los ojos y me visualizo descendiendo unas escaleras, abriendo una puerta: quiero que la planta tenga claro que la acojo, que estoy dispuesto a bucear en mi inconsciente. No parece funcionar.

Al cabo de un rato, es el chamán quien pasa uno a uno frente a nosotros para darnos la segunda toma, otro vasito. Y entonces sí me agarra la serpiente.

4. En brazos de la abuelita

No voy a contar en detalle lo que vi, ya que pertenece al ámbito de lo privado: lo que me dijo la abuelita, lo dijo para mí. Sí puedo decir que tuve dos visiones nítidas, entendidas como alteraciones visuales de la realidad dotadas de un significado simbólico profundo. Ambas imágenes, similares en textura a sueños lúcidos, fueron significativas para mí e hicieron referencia a partes de mi personalidad íntima.

Establecí un diálogo con la planta, algo muy socrático, de preguntas y respuestas. Para un psicoanalista ese diálogo lo establecí con mi inconsciente, para un poeta con mi musa, para un indígena amazónico con mis antepasados, para un chamán con la planta, para un creyente, con Dios. ¿Qué más da? Lancé mis preguntas y obtuve respuestas. Relacioné de forma lógica diferentes acciones que había realizado en los últimos meses sin saber muy bien por qué. Comprendí por qué hacía unas semanas había elegido un colgante en concreto en una tienda de minerales y no otro, relacionándolo con un par de sucesos de mi pasado. Recordé una historia que me contó mi madre y comprendí su auténtico significado. Bajo los efectos de la planta varios problemas que consideraba irresolubles se me presentaron como sencillos, obvios… Sucesos que no había relacionado entre sí pasaban a ser significativos.

Universum, de Heikenwaelder Hugo (DP)
Universum, de Heikenwaelder Hugo (DP)

No todo el viaje fue una sucesión de sensaciones y flashes de claridad mental. Hubo ratos desagradables, en los que me vi enfrentado a mis propios demonios, culpas y errores pasados. No es bonito ver según qué cosas de uno mismo, y en algún momento me hundí en mi propia oscuridad. Comprendí entonces la importancia de los cantos, esos ícaros que según el chamán son la columna vertebral de la experiencia… Cuando me hallé perdido, la música fue la cuerda de salvamento que me mantuvo unido a la calidez del grupo. El viaje es a priori personal e intransferible, y sin embargo la sensación de comunión grupal fue intensa… Y en cierto momento de la ceremonia, mi pareja y yo nos encontramos y abrazamos, y la sensación de comunión espiritual entre ambos fue profunda y tangible.

El efecto de la ayahuasca no es lineal: funciona por oleadas, crestas y valles, cada uno teñido por una sensación diferente. De vez en cuando sentí un escalofrío de energía recorriendo la columna, atravesando la cabeza y lanzándose más allá de mi coronilla. En esos momentos pensé con más claridad y me inundó una sensación de comprensión sobre el funcionamiento del universo. Miré hacia mis raíces, sentí el peso de la memoria ancestral… Pensé en la muerte y en lo que ocurre después, en el sueño y el soñador.

5. La planta de los narradores

Hacia el final de la ceremonia vomito un magma denso y oscuro que parece hundirse en la bolsa de basura como en un agujero negro. Inmediatamente me siento más ligero, tengo la sensación de verme libre al fin de un lastre pesado y pegajoso.

Cuando varias horas más tarde (parece que hayan pasado días) salgo al exterior de la cabaña, aún siento residualmente los efectos de la planta. Me cuesta caminar, me siento como un recién nacido. Algunos participantes duermen en el interior de la cabaña, el resto se reúne en una mesa al aire libre donde la organización del encuentro ha dejado sopa caliente, frutas, agua fresca. Charlan en voz baja sobre la experiencia con un tranquilo buen humor. La sensación generalizada es de bienestar y alegre cansancio. No tengo la sensación de que esto haya sido un viaje puntual, sino un cambio de perspectiva cuyos efectos sentiré durante mucho tiempo.

Me tumbo sobre una lona y observo las hojas de los árboles recortándose contra el cielo oscuro. Caen gotas de lluvia sobre mi frente, y me doy cuenta de que empieza a chispear. En ese instante me asalta una nueva comprensión sobre mi experiencia: la planta es integradora, proporciona la chispa que le da al guionista de nuestras propias vidas el empuje y la inteligencia necesarias para relacionar entre sí sucesos aparentemente dispares. Recorre la vida del tomador ordenándola en una narración cohesiva y disparando las escopetas de Chejov que encuentre en su camino. Si Damon Lindelof hubiera conocido la ayahuasca, no habría dejado tantos cabos sueltos en su lamentable final de Perdidos.

Y es que la abuelita es sin duda la planta de los narradores.

Imagen: Newtonian Nocturn (CC)
Imagen: Newtonian Nocturn (CC)

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30 comentarios

  1. Pingback: La enredadera de los muertos: en brazos de la madre ayahuasca

  2. Tu experiencia es consistente con las voces de los indios del Amazonas peruano que escuché. Me hablaron de la medicina, de la abuela, de su papacho, me quisieron llevar a él pero por ciertos motivos no pude, buscaba respuestas, me dijeron que estaba preparado, pero no pude. Eso sí, me senté a escuchar y escuchar sus narraciones y, como te comento, son consistentes con lo que cuentas, casi fieles a sus palabras, por lo que tengo la intuición de que viviste una auténtica ceremonia ayahuastica. Eso sí, si el viaje de la ayahuasca es una interrelación con las ánimas, el Amazonas debe ser el lugar, tengo la sensación de que la ceremonia allí debe ser algo completamente diferente.

    Con respecto a su etimología, lo que yo entendí es que esa “liana de las almas” significa que es en el trance de ayahuasca cuando el alma tiene la oportunidad de salir del cuerpo continente mientras sigue asegurada por esa liana, y es trabajo del chamán traerla de vuelta después del viaje siendo por ello tan importante realizar una ceremonia chamanística.

    También escuché que la visión ayahuástica se forman patrones como el de esta imagen (http://farm2.static.flickr.com/1011/1297294140_ce6b2b1eff.jpg) y que son los textiles que llevan en la selva con estos estampados un homenaje a la planta, la medicina.

    En el sentido espiritual del que estamos hablando funciona también la marihuana si se comienza un viaje de instrospección. No parece tan poderoso como el de la ayahuasca, pero profundizando en ella, la querida Maria comienza a atar cabos, a iluminar problemáticas vitales, también a solucionar a retos intelectuales, potencia la sensibilidad, la empatía, el sentimiento de energía y el ego de maestro que tenemos dentro, la comunión con la naturaleza, el bienestar con unx mismx, la comprensión de los demás, de sus formas de ser, la hermandad con el otro que, en el viaje, puede llegar a ser unx mismx, la adquisición de conocimiento, la sensibilidad a lo curioso, a lo profundo, a lo ancestral…

    Ya ves que soy una conocedora de la ayahuasca que no vivió, al menos en esa etapa de mi vida, la oportunidad de experimentar el ritual. Volveré a Perú y quizás me encuentre con indios que me la quieran ofrecer. Mientras tanto, si te está permitido, me sentiría feliz si me escribieses contándome la manera de interactuar con esos grupos en España y quizás animarme a hacer el ritual.

    • Gracias por tus palabras! Un comentario muy interesante… Las similitudes y diferencias del viaje introspectivo con el de la Tía María darían para un artículo propio. :) En cuanto a los ayahuasqueros de Perú, hay algún grupo serio (lejos de los atrapaturistas) en Iquitos… Pero desgraciadamente no tengo contacto directo con ellos. Envíame si quieres un correo privado y te comento alguna otra cosa con más calma.

  3. Yo desde el año 2000 no he vuelto a probarla pero recuerdo mi experiencia, en la selva ecuatoriana pasando unos días solo en casa de un chamán, muy parecida a lo que tu cuentas aunque sin vómitos y, en mi caso, con menos carácter introspectivo y menos comprensión de problemas a través de la ingesta (me parece peligroso que hayas puesto eso, pero bueno, si esa fue tu experiencia). Fue todo más lúdico, con jaguar y serpiente (en mi caso dragón chino gigante de papel lleno de personas agradables que me invitaban a formar parte de la charanga) incluidos, y además mantuve un encuentro con “la vaca que ríe”, la de los quesitos. Por supuesto ella se reía mucho y me daba muy buen rollito. Para mí también fue una vivencia muy positiva, aunque ni la recomiendo ni la dejo de recomendar pero si matizo que ante toda sustancia que altera de forma importante tus capacidades se debe actuar con madurez y responsabilidad.

    • Una matización importante, claro está… Aunque quien actúe “sin madurez y responsabilidad” se la va a pegar en muchos ámbitos de la vida, no sólo con los enteógenos.

      En cuanto al peligro que mencionas… Imagino que piensas en la posibilidad de presentar la planta como una panacea resolutora de problemas: no es desde luego esa mi intención, aunque ya que esa ha sido mi experiencia (vi en efecto las cosas más claras en varios asuntos que me preocupaban) me limito a compartirla. La experiencia varía enormemente de persona a persona, dependiendo de la susceptibilidad a los compuestos químicos, el estado mental o el de ánimo.

      Y yo tampoco recomiendo ni dejo de recomendar nada. El texto puede parecer apologético porque mi experiencia fue positiva, pero quien quiera historias que referencien malos viajes también podrá encontrar alguna en la red.

      Un saludo para la vaca que ríe. :)

  4. @dgpastor

    Sin duda parece una experiencia interesante, pero no se hasta qué punto una persona aparentemente sana se puede poner en riesgo. Tengo un conocido que pasó por esta misma experiencia y a resultas tiempo después sufrió un brote psicótico, estuvo ingresado en tratamiento psiquiátrico y supongo que arrastra alguna secuela desde entonces. Con esto no quiero decir que pueda pasarle a cualquiera, pero sí que los riesgos son difíciles de valorar, porque este chico nunca había tenido síntomas de nada. Parece que la psiquiatra que le atendió cuando llegaron las crisis le dijo algo que a mi me pareció muy sensato: “las drogas son ladrillazos que uno le pega a su cabeza”. Evidentemente depende de lo dura que la tengas, pero no olvidemos que estas cosas entrañan riesgos y además atraen a personas predispuestas a explorar y con una sensibilidad que a veces es incompatible con tener la cabeza suficientemente dura.

    • Ninguna actividad humana está exenta al 100% de riesgos, y artículos similares al que escrito pero que trataran sobre el alcohol, el alpinismo o la fórmula 1 pondrían sobre la mesa un número de peligros y contraindicaciones mucho mayores a los de la planta. Dicho esto: menciono en el texto que las ceremonias de ayahuasca tienen contraindicaciones físicas Y psicológicas, que no siempre resultan sencillas de evaluar… Y aún teniéndolas en cuenta, siempre existe la posibilidad de ser extremadamente sensible a alguno de los componentes de la bebida, o encontrarse en un estado mental o emocional poco adecuado para una ceremonia. Ahí entra de nuevo el papel del chamán (o “tomador experimentado” si prefieres otra terminología), que evalúa quién es adecuado que tome o no. Además, como menciono en el texto, la cocción tradicional con chacruna tiene cantidades minúsculas de DMT… Sí ha habido algún caso, sobre todo en ceremonias cazaturistas en el Amazonas, en el que la bebida se preparó con otras plantas más potentes y ahí los riesgos aumentan.

      • @dgpastor

        A ver, no estoy demonizando la ayahuasca (y contesto ya a Alejo aquí también de paso) como no lo haría con ningún producto natural (ni la amanita muscaria). Estoy de acuerdo con que todo depende del cómo y no del qué, así que volviendo a los casos de riesgo (por cierto lo de mi amigo fue con un chamán experimentado en sesiones a las afueras de Madrid) la pregunta es: ¿Quien y cómo garantiza o se responsabiliza de los riesgos? Y llegados a este punto, me parece pertinente la opinión de esa psiquiatra, como también me parece muy pertinente legalizar ciertas terapias naturales con información y conocimiento, algo que desgraciadamente no va a tener ninguno de los interesados en tener la misma experiencia que Josep en su artículo. Y esto hay que decirlo y cuestionarlo también: las terapias ‘oficiales’ pueden estar mal prescritas pero existe la responsabilidad civil y oportunidad de segunda opinión. ¿Qué pasa con las que no?¿Os fiáis antes del criterio de un chamán sobre vuestra idoneidad que el de los médicos? Y no quiero decir con esto que no haya chamanes sabios, digo lo que digo: ¿Cómo saber si el que te recomienda otro lo es?

      • @dgpastor

        A ver, no estoy demonizando la ayahuasca (y contesto ya a Alejo aquí también de paso) como no lo haría con ningún producto natural (ni la amanita muscaria). Estoy de acuerdo con que todo depende del cómo y no del qué, así que volviendo a los casos de riesgo (por cierto lo de mi amigo fue con un chamán experimentado en sesiones a las afueras de Madrid) la pregunta es: ¿Quien y cómo garantiza o se responsabiliza de los riesgos? Y llegados a este punto, me parece pertinente la opinión de esa psiquiatra, como también me parece muy pertinente legalizar ciertas terapias naturales con información y conocimiento, algo que desgraciadamente no va a tener ninguno de los interesados en tener la misma experiencia que Josep en su artículo. Y esto hay que decirlo y cuestionarlo también: las terapias ‘oficiales’ pueden estar mal prescritas pero existe la responsabilidad civil y oportunidad de segunda opinión. ¿Qué pasa con las que no?¿Os fiáis antes del criterio de un chamán sobre vuestra idoneidad que el de los médicos? Y no quiero decir con esto que no haya chamanes sabios, digo lo que digo: ¿Cómo saber si el que te recomienda otro lo es..?

  5. Vaya cuanto, me los invento mucho mejores, probé la ayahuasca; un efecto alucinógeno e introspectivo sin más, nada que no puedas conseguir si eres un poco honesto contigo mismo.Lo demás con Lsd mucho mejor, el chamanismo y la estupidez viajan de la mano.

  6. Pingback: La enredadera de los muertos: en brazos de la madre ayahuasca

  7. Los psiquiatras y sus gilipolleces. Busca el prospecto del risperdal, que estos señores recetan a sus pacientes, y no encontrarás una droga ilegal/estigmatizada tan potencialmente chunga como esta por mucho que busques

    • @dgpastor

      La verdad es que afortunadamente no he necesitado sus recetas nunca, así que no puedo decirle. Pero dígame Ud., de tener un chungo grave, ¿en manos de quien preferiría ponerse, de un chamán o de un psiquiatra?

      • Creo que lo que Alejo desea subrayar es que muchos psiquiatras critican las drogas con la mano izquierda mientras recetan otras drogas mucho más peligrosas y llenas de contraindicaciones con la mano derecha. Dicho esto, hay psiquiatras (como el chileno Claudio Naranjo) que utilizan compuestos extraídos de la ayahuasca (como la harmina) en sus terapias.

        • @dgpastor

          Respecto a Claudio Naranjo, me ha sorprendido verle mencionado por este tema. Ha escrito mucho sobre eneagrama aplicado, que es una buena herramienta de autoconocimiento y sociología. Todo tiene efectos secundarios, claro, pero al menos no te metes ninguna sustancia en el body más que las que crea uno mismo… Desde aquí recomiendo fervorosamente se escriba en JD un artículo docto sobre Eneagrama y filosofía sufí, además de lo del yoga, pues soy muy fan.

          • Buena idea lo del eneagrama, es un tema con suficiente enjundia como para sacar un buen artículo… Gracias por la sugerencia. :) Claudio Naranjo ha escrito un libro magnífico sobre la ayahuasca y participa habitualmente en conferencias y talleres sobre el tema… De hecho es uno de los invitados a la Aya2014, una conferencia mundial sobre la planta que se está celebrando estos días en Ibiza.

  8. Lo has definido de puta madre, la verdad es que me ha hecho viajar en el tiempo y se me han humedecido los ojos. Aunque por desgracia aún solté el lastre del que hablas (el magma denso que parece un agujero negro). No vomité ni una solo vez. Pero me sentí literalmente tomado por una fuerza superior que me tomó con tanta virulencia que creí que me desmontaría en piezas. Es ahí dondé pensé en la serpiente, viendo luces de color verde y pensando: Estoy en el LÍMITE. (Así, en general, y en mayúsculas)

  9. Para quienes quieran conocer más sobre esta maravillosa experiencia les recomiendo a mi maestro, Senen Pani, de quien doy fe de su incansable esfuerzo por preservar la verdadera tradición indígena de la planta sagrada. Pueden visitar su web o contactarlo si están en Perú: http://www.maestrosenenpani.com

  10. Juanjo Ruiz

    He leído con atención el artículo y me llama poderosamente la atención que, si lo he entendido bien, resulta que las sensaciones descritas con muy similares a las que tengo practicando yoga,

    • No me hagas hablar de las muchas virtudes del yoga, que me lanzo y salen un par de artículos. :)

    • Galahat

      ¿Cuánto tiempo llevas y dónde lo practicas? Podría hablar de las virtudes del yoga, pero mi experiencia no me acerca a lo aquí descrito, por eso me ha llamado la atención tu comentario.

  11. Gracias por compartir tu experiencia. En cuanto hablas de que una de las plantas es la llave y otra es la cerradura, yo creo que la planta que te embarca en el viaje es la que contiene la DMT y no la que contiene la harmina. La harmina actúa como inhibidora de la monoamina oxidasa y evita que la DMT se degrade en el estómago. La DMT se puede consumir por otras vías (por ejemplo inhalada mediante vaporizador) produciendo visiones y experiencias similares sin necesidad de tomar harmina. Cuando se ingiere oralmente, sí que necesita de un inhibidor de monoaminaoxidasa para que ésta produzca algún efecto.

    • Siendo cierto lo que comentas, en el libro que menciono al principio del artículo (“Ayahuasca, la enredadera del río celestial”), Claudio Naranjo da una explicación alternativa, al menos sobre los efectos psicológicos positivos a medio y largo plazo… y atribuye la mayor parte de ese efecto a la harmalina, la sustancia propia de la banisteropsis. No tengo una respuesta definitiva ni el suficiente conocimiento para ir más allá.

  12. Gerardus

    Ojalá la mitad de tonterías que corren por YouTube sobre experiencias con la Ayahuasca tuvieran la mitad de profundidad que tu artículo. Gracias por compartirlo!

  13. Pingback: Enlaces Recomendados de la Semana (Nº267) | netgueko

  14. Pablo Vidal

    Gracias por compartir tu experiencia! Estoy en un proceso de sanación con la planta desde hace 4 meses, donde realicé dos dietas retiros con ceremonias con la planta lejos de la selva y sigo preparándome para mi dieta en la selva en 1 semana. Es un camino de mucha sanación, donde muy dificilmente nuestro entorno nos comprenda realmente.

  15. Pingback: La carne de dios - Jot Down Cultural Magazine

  16. EDISON GUSTAVO SANTORUM PIEDRA

    Hola Josep; te escribo desde la Amazonía Ecuatoriana; el Yaje se lo conoce en la parte selavatica de Colombia, Perú, Brasil, ayaguaska en la parte Andina en Ecuador son los Kechuas ósea es palabra originaria de los Saraguros; en nuestra Amazonía la conocemos como Natem; nuestros mayores Shaman como se escribe nos dicen que el yaje es la hembra y el Natem es el macho hay algunos compuestos para poder lograr la sanación, te cuento que ahora mismo estamos En Colombia Bucaramga con una Obra de teatro que se llama Enredadera de Almas; proceso de sanación desde la cosmovisión Shuar te dejó los datos por si tevintereza saber de nosotros y presentarla en tu País.

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