Joseph McBride nació periodista en Wisconsin, paisano de Orson Welles, como le gusta recordar. Pensó en dedicarse a la política pero el asesinato de Kennedy en 1963 le torció el rumbo. Él, que con doce años había «trabajado» de forma voluntaria y entusiasta en la campaña que llevó al demócrata a la Casa Blanca, lo vivió como un drama; después como un desencanto. Una puerta se cerró. Pero Welles y Ciudadano Kane le abrieron otro camino: el de la pasión por el cine. En los setenta se instaló en Hollywood. Trabajando para Variety accedió a rodajes y entrevistó a cineastas y estrellas con una facilidad impensable hoy en día en el reino de las corporaciones y agentes que todo lo controlan. Una llamada de teléfono bastaba para pedir cita a Howard Hawks, Katharine Hepburn o a Orson Welles. Con este último trabó amistad e incluso llegó a trabajar como actor en la inacabada The Other Side of the Wind, otro oficio a sumar a la polifacética trayectoria de McBride, guionista, académico e historiador infatigable.
Para ser alguien que vio la llegada de Star Wars como el «principio del fin» del cine americano ha demostrado talento para investigar el lado oscuro de los grandes de Hollywood. No es un arqueólogo de acción a imagen del Jones creado por Spielberg —otro cineasta que ha estudiado a fondo—, pero su tenacidad es legendaria entre los estudiosos de cine. Welles ha sido objeto de dos libros suyos: Orson Welles (1972; 1996) y What Ever Happened to Orson Welles? A Portrait of an Independent Career (2006), y anuncia otro. A su trabajo debemos también ver a Frank Capra con ojos bastante distintos a la imagen proyectada por su obra, como si de repente el autor de la navideña ¡Qué bello es vivir! se hubiera quitado la máscara y nos revelara que Santa Claus no existe. O el fascinante libro de entrevistas con Hawks y, sobre todo, la biografía más completa realizada sobre John Ford, cineasta inmenso, contradictorio, escurridizo. Su pasión. McBride anduvo tras la pista de Ford buena parte de su vida a imagen de los incansables protagonistas de Centauros del desierto. La biografia de McBride sobre el cineasta, acertadamente titulada Searching for John Ford (Tras la pista de John Ford) es exhaustiva e imprescindible para entender cómo trabajaba el genio tras Las uvas de la ira, El hombre tranquilo, Fort Apache, Wagon Master o La legión invencible. Un libro que plantea tantos interrogantes como respuestas y a su pesar preserva el misterio del personaje, no lejos de las contradicciones que encierra el propio cine de Ford. Alguien que, como McBride, con sangre irlandesa en las venas, es capaz de comparar «la belleza de la luz en Monument Valley con la del condado de Galway», seguramente era la mejor persona para tal cometido.
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Si John Ford es Shakespeare entonces.¿¿ que decir de Renoir??
Pues que es un pelmazo aún mayor que Ford. Desafío a cualquiera a que se ponga esta noche a ver La gran ilusión, ¡a ver si hay cojones!
No sé por qué te lees esta entrevista, y menos aún entiendo el sentido de lo que escribes. Que seas un analfabeto es disculpable, pero que además presumas de ello es símplemnete un signo de la estupidez de estos tiempos. Disimula y cállate
¿Qué diantres tiene que ver el conocimiento con el gusto? Si no le gustan ni Renoir ni Ford es porque los conoce. O sea, no veo el analfabetismo por ningún lado. Qué conste que mí sí me gustan Ford y Renoir, y mucho. Pero confundir el gusto propio con la ignorancia ajena más que un signo de estupidez es de infelicidad.
Jacob, 100% de acuerdo con tu puntualización. Dicho eso, a la hora de valorar una película tengo un criterio personalísimo: si me duele el culo antes de terminar la película, entonces es que es mala. Con Renoir me duele el culo, y con John Ford no.
Nota aclaratoria: sensibilidad en el culo no es lo mismo que sensibilidad en el ano.
Yo solo presumo de estatura y musculatura -impresionantes- para los temas intelectuales prefiero decir lo que pienso aunque eso me pueda acarrear un supuesto desprecio por parte de sabihondos como tú.
Si distingues el ano del culo es un gran paso, sigue progresando y alguna vez puedas llega a apreciar también a Renoir. Te dejo un dato que quizá te sirva dejo un dato: Hay cine más allá de Boyero.
Beggonnia, debo entender que esto se lo decías a rayvictory, ¿no?
Renoir es un poeta del cine. Hay muy pocos: Tarkovsky, Kieslowski. Murnau, Jean Vigo, Ray, Angelopoulos, son algunos que recuerdo ahora. Es normal que su cine guste a poca gente. Y nadie es mejor o peor persona porque le gusten las películas que hicieron estos genios. Es cuestión de sintonizar con algo que no se puede explicar, como ocurre con la poesía escrita o con la música.
Tarkovsky es uno de estos directores del que hablan bien quienes no han visto sus películas, como de Goddard. La esencia del cine es contar una historia con imágenes en movimiento, y ellos no saben hacerlo. Kieslowski está bien. Murnau es añejo (en su momento estuvo muy bien, pero el cine ha evolucionado), lo mismo que Ford.
Lo que cansa son aquellos quienes pretenden que sus gustos personales tienen que ser dogma obligatorio para el resto y se las dan de superiores por citar nombres de directores con pedigree. Lo bueno del cine es gozar con las películas, y las buenas películas son aquellas capaces de hacer gozar a mucha gente, no a unos pocos elegidos.
Cautivadora sonrisa, la de McBride
Creo que anda usted muy desesperada-o si por cautivadora sonrisa se refiere a «eso» de la tercera foto.
¿Por qué los hipsters veinteañeros os tratáis de usted como si fuerais tertulianos de la COPE? Es para parecer así como más vividos y más leídos?
Para entrar en mi club de fans, tiene usted que presentar una instancia en la delegación de gobierno. Mientras tanto, puede disfrutar de mis intervenciones de forma gratuita aunque ni mi teléfono ni mi correo están a disposición del primer advenedizo.
Sé que es pedir demasiado, mas aún para una revista que ofrece contenidos de alta calidad sin coste, pero quisiera sugerir que hicierais accesibles estas entrevistas en su versión original.
¿Quiere también una cesta para Navidad? ¡Ay, señor…!
La dualidad entre lo universal, como valor cultural aceptado como tal , frente a lo particular, que es lo que a uno o a unos pocos les gusta, se plantea filosóficamente a finales del siglo XVIII, antes y después de la Revolución Francesa. Los universalistas afirman la preeminencia de la vida guiada por el pensamiento. Los opuestos lo rechazan, ¿acaso no es todo cultural?, ¿por qué no puede tener el mismo valor esa vida guiada por el pensamiento que una jotilla de un valle castellano?
John Ford es universal, mal que les pese a alguno, porque su arte (por simplificar) es aceptado y valorado por igual en todos los confines del mundo, por otros maestros del cine, ya fuesen ruso como Eisenstein, japonés como Kurosawa, compatriota como Welles o francés como Godard. Y al igual, por estudiosos del cine o especialistas y estetas de otras artes. Esta realidad universal no admite comparación con otras de rango particular. Solo puede ser negada, como hace el de los músculos.
Esto, justamente, es lo que estaba rondando por mi cabeza pero que por problemas de carencias y enormes lagunas en mi acervo intelectual, he sido incapaz de verbalizar debidamente, Dave. Ahora, al ver escrito en negro sobre blanco por otra persona lo que a mí me sucede que es ni más ni menos «que no es que Ford y Renoir sean dos pelmazos, sino que a mí, personalmente, no me gustan», experimento la grata sensación de haber sido comprendido. Gracias.
En serio, puede que haya algo de ironía en mi comentario pero no mucha.
Me parece inquietante (es que soy un miedica…) que un director como Ford, racista, machista, misógeno y ultraconsevador, se le compare con Shakespeare, gran humanista.
Tanto como que con la excusa del séptimo arte se haya mitificado un género cinematográfico que convierte en epopeya heroica lo que fue un genocidio. ¿Os imagináis una mitificación igual del exterminio judío por los nazis? Grandes héroes de las SS luchando contra judíos desarrapados, amando en silencio a Gretas casadas con oficiales de la wehrmacht o salvando niñas robadas por el ejercito rojo…
Lo que hizo Ford no tiene nombre, su racismo y su machismo supura en cada uno de sus planos, en cada mirada de sus héroes. Compararlo con Renoir, Tarkovsky y otros grandes humanistas, independientemente del gusto cinematográfico de cada cual, es errar en el fondo y en la forma. No se puede ser grande, universal, sin estar comprometido con la humanidad y sus valores, no estando comprometido con los valores del opresor, del conquistador… Los valores del héroe blanco.
Ford se nos queda en un publicista del genocidio, en un mitificador de los asesinos, por cuanto sus héroes se construyen en torno a la lucha contra los salvajes y el mantenimiento de los valores de la civilización. No reflexiona sobre la libertad del oprimido como Renoir o sobre la libertad del ser interior como Tarkovsky, la reflexión en Ford deviene de la reprimenda/venganza/imposición de lo blanco y civilizado sobre lo marrón y salvaje.
Ford es el western en su máxima expresión, si, pero sin olvidar que el western es, en su misma expresión, el escamoteo del exterminio de los pueblos nativos americanos.
Buen director de cine? Posiblemente, tan bueno en su trabajo como pudo ser Mengele en el suyo.
Ay Señor…. En fin esto es lo que tenemos. Comentarios como el suyo me hacen amar a Menguele.
Es tan estupido el comentario del señor anterior q ni se porque respondo. Me recuerda a los progres de los setenta, tan sobrados como ignorantes
Claro, flavia domitila donde vas domitila… Aquí de lo que se trata es de hacer las cosas bien o al menos a nuestro gusto. Lo que se haga ya es menudencia si el que lo hace es el tuerto este de los cojones o cualquiera que nos caiga bien.
Ya veo que calificas y descalificas sin poner ni un sólo argumento. Lo tuyo no es una respuesta, es más bien una sobrada ignorante.
Si mi texto te recuerda a los progres, el tuyo parece de hermann tertsch.
La estupidez fue meter tu ideología (que no es tuya) en la cuestión, que nada tiene que ver con la grandeza del cine de Ford .
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Cine puro, puro cine el de John Ford.