Ciencias

Sonríe, hay un espejo delante de ti

Nadie es capaz de ver el código, como Neo en Matrix, pero todos, a poco que nos fijemos, distinguimos patrones que se propagan como epidemias, clichés que se han forjado a raíz de la aparición de los espejos, primero, y de las cámaras, más tarde. Antes de la existencia de estas tecnologías, las personas no tenían tanto interés en la impostura. A nadie le preocupaba mantener un mohín adecuado. La gente era más espontánea sencillamente porque no sabía qué aspecto tenía en cada momento. Nadie imaginó algo como Snapchat en la Edad Media.

Gracias a los sentidos propioceptivo y vestibular sabemos en qué parte del espacio está localizado nuestro cuerpo y qué le está pasando en su interior, pero, en ausencia de imágenes especulares, no poseemos una percepción precisa del cuerpo, y menos del rostro.

Por ejemplo, la mayoría de nosotros tenemos una imagen distorsionada del tamaño de nuestra cabeza, como sugiere un estudio de Ivana Bianchi, de la Universidad de Macerata (Italia). En el estudio, los voluntarios solían sobrestimar el tamaño de la circunferencia frontal de su cabeza entre un 30 y un 42%. Una tendencia que también observaron en el arte del siglo XV: las cabezas de los autorretratos tendían a ser mayores que las de los retratos.

Primeros reflejos

Detalle de una cerámica ática c. 470–460 a. C. Fotografía: Marsyas (CC).
Detalle de una cerámica ática c. 470–460 a. C. Fotografía: Marsyas (CC).

Básicamente, un espejo es una superficie pulida capaz de reflejar la luz siguiendo las leyes físicas de la reflexión. Hasta la invención del espejo, la gente podía contemplar su reflejo en un estanque o incluso en el agua quieta de una vasija. Pero esas imágenes especulares nunca fueron gran cosa comparadas con la que retornaron los primeros espejos, posiblemente ideados por pequeños grupos que habitaban las zonas de lo que hoy es Turquía y que datan del año 6000 a. C. Dos mil años tarde aparecieron espejos babilonios, elaborados a partir de cobre pulido. Los del Antiguo Egipto se confeccionaron a partir de oro y cobre. En el siglo I aparecieron por primera vez los espejos de vidrio. Con todo, la invención del espejo moderno se le atribuye al profesor alemán de la química Justus von Liebig, en 1835.

Los espejos son casi artefactos mágicos, a poco que nos formulemos ciertas preguntas incómodas. Por ejemplo: los espejos, al igual que las cosas que percibimos como blancas, reflejan todas las longitudes de onda visibles. Pero eso no explica la razón de que nuestra camisa blanca no parezca un espejo. La verdadera razón reside en el hecho de que una superficie blanca refleja la luz en todas direcciones. Un espejo, por el contrario, no refleja la luz de esta forma difusa, sino en la misma dirección, por lo que construye una imagen de la fuente de luz, en palabras del astrónomo Phil Plait.

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3 comentarios

  1. Pingback: Sonríe, hay un espejo delante de ti

  2. Muy buen articulo me ha encantado, tambien hay quienes sufren el síndrome de dismorfofobia que se da de verse en el espejo y encontrarse muchos defectos.

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