El trasfondo filosófico de «La fiesta de las salchichas»

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Imagen de Columbia Pictures.
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«¡Renovarse, renovarse!» gritaba el público asistente al Carrusel, un rito sacrificial en el que todos aquellos que habían cumplido treinta años participaban creyendo ingenuamente que alcanzarían la reencarnación. La cruda realidad es que era simplemente una medida de control de la población en una ciudad-burbuja del futuro donde todos sus habitantes vivían felices mientras no hicieran preguntas… que es justo lo que comenzó a hacer el protagonista. Muchos de ustedes sabrán que estamos hablando de La fuga de Logan, una de las películas de estética más desquiciadamente setentera jamás rodadas (cada época imagina el futuro como una exageración de lo ya existente, por eso raramente aciertan). Pero quienes no la conozcan también habrán encontrado familiar dicho argumento, pues con variantes lo habrán visto en La Isla, Matrix, El show de Truman, Plan Oculto, Zardoz o Están vivos, entre tantas: alguien sale de la caverna, queda deslumbrado por la verdad, luego vuelve adentro para rescatar a los demás de ese mundo de sombras pero no encuentra manera de que le crean, vaya por Dios. Para ellos esa es la realidad y él solo un pobre loco. Quién no ha sentido alguna vez algo parecido al intentar compartir su entusiasmo o indignación ante algún hallazgo para acabar estrellándose con la indiferencia ajena, «pero si está ahí, ¿es que no lo veis?».

Pues bien, de todo esto y algunas cosas más nos habla Sausage Party, que es la expresión anglosajona equivalente en castellano a «campo de nabos» y que en este caso es una descripción literal. Frank es una salchicha que sueña con meterse hasta el fondo de un panecillo de perrito caliente llamado Brenda y si alguien encuentra ahí una connotación sexual es porque, efectivamente, la hay. Y no es la única. Resulta sorprendente la habilidad de esta película para hacer pornografía a partir de los alimentos, lo que unido a ciertas escenas gore y al uso constante de lenguaje soez han hecho de ella la primera de animación por ordenador clasificada R (solo para público adulto y menores acompañados). La etiqueta es bien merecida, así que no cometan la imprudencia de llevar a sus hijos o sobrinos pequeños a verla. El mérito de todo ello corresponde a quien le pone la voz a Frank en la versión original, que es también el guionista, Seth Rogen. A él le debemos algunas escenas de Borat, así como Superfumados, Supersalidos, Juerga hasta el fin o Virgen a los cuarenta, entre otras. Vale, puede que no todas ellas sean grandes obras del séptimo arte, pero tienen sus momentos. La fiesta de las salchichas es de todas formas mejor que cualquiera de ellas, incluso ha logrado ser definida por el crítico del New York Times como «un film sobre la angustia existencial».

Es un proyecto en el que ha estado implicado durante ocho años, desde que al alumbrar la idea inicial tuviera que convencer a los productores de que no les estaba tomando el pelo. Supongo que una película de animación para adultos sobre una salchicha que toma conciencia de sí misma e incluye orgías, decapitaciones y existencialismo no es algo fácil de vender. Pero lo logró. Tras ciertas dificultades con el equipo de producción por motivos laborales, finalmente este verano se ha estrenado con un buen resultado en taquilla pese (o tal vez gracias) a esa R que limita su distribución al tiempo que sirve de reclamo. Así que una vez vista cabe decir que su humor es bastante efectivo, aunque desde luego no brilla por su sutileza. Que nadie espere aquí esa inteligencia sublime con la que se resuelven ciertas escenas en otras películas de animación, me temo que solo Pixar sabe hacer películas de Pixar. Lo que sí tenemos en cambio es una fábula moral a la altura de Rebelión en la granja que analizaremos a continuación, de manera que que si aún no la han visto y piensan hacerlo les recomiendo detener aquí mismo la lectura. (SPOILERS a partir de ya).

Imagen de Columbia Pictures.
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La historia comienza mostrándonos un supermercado en el que sus productos están dotados de vida, aunque esta resulte imperceptible para los clientes y empleados del lugar, que son llamados «dioses» por ellos. Cada mañana, nada más comenzar el día, entonan una plegaria en coro en la que dan gracias a esos dioses que de vez en cuando los escogen para llevarlos al más allá, un lugar que se promete paradisíaco aunque nadie ha vuelto de él para contarlo… hasta que un bote de miel-mostaza es devuelto por un cliente y revela la espantosa verdad: ¡es todo mentira! ¡Los dioses son en realidad monstruos que devoran a sus criaturas! Todos le toman por loco salvo Frank, la salchicha protagonista, en cuya mente se instala la semilla de la duda. ¿Por qué esa creencia común ha sido dada por cierta hasta ahora? ¿Por qué se desdeña la experiencia directa de quien ha regresado de aquel lugar? Él sí está dotado de la curiosidad y la honestidad intelectual suficiente como para plantearse esas preguntas, así que partirá en busca de la verdad. Y esta le llegará en dos fases. La primera cuando contacta con los Alimentos No Perecederos, un grupo que vive en las catacumbas del supermercado que le desvela cómo la canción con la promesa de inmortalidad la inventaron ellos, con el fin de dotar de esperanza a la comunidad y preservar el orden social… a costa de convertir a todos esos alimentos en borregos que acuden mansamente al matadero, desperdiciando sus días en las estanterías a la espera de una gran promesa que nunca se cumplirá. Es inevitable recordar aquí las palabras que Nietzsche atribuyó a su Zaratustra cuando habló en el mercado:

¡Yo os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores, lo sepan o no. Son despreciadores de la vida, son moribundos y están, ellos también, envenenados, la tierra está cansada de ellos: ¡ojalá desaparezcan! En otro tiempo el delito contra Dios era el máximo delito, pero Dios ha muerto y con Él han muerto también esos delincuentes. ¡Ahora lo más horrible es delinquir contra la tierra y apreciar las entrañas de lo inescrutable más que el sentido de la tierra!

Así que todas las creencias que ha tenido hasta ahora sobre el más allá eran mentira, de acuerdo, ¿pero cómo es entonces realmente?, ¿de qué manera puede él comprobar que los Alimentos No Perecederos le están diciendo la verdad? La más obvia es dejándose capturar por un dios en la estantería, pero la gracia de descubrir algo es poder contarlo después, así que hay otra menos arriesgada que es la que este extraño grupo de alimentos-sacerdotes le revela: caminando hacia la otra punta del supermercado, allí encontrará las evidencias que necesita. Emprende entonces el viaje y lo que termina hallando es sencillamente pavoroso. El horror en estado puro. Un libro de cocina en el que se muestra, página tras página, a los alimentos siendo troceados, triturados, hervidos y quemados sin la menor compasión. Esa era la prueba que necesitaba. A continuación acude a un circuito cerrado de televisión y mediante las pantallas de los pasillos muestra a toda la comunidad dichas imágenes… pero tal como ocurrió con el bote de miel-mostaza nadie le cree.

Al fin y al cabo todos esos productos envasados son obra humana y comparten con nosotros nuestra naturaleza. Nuestros cerebros están hecho para el mito, no para la verdad. Decía el escritor Upton Sinclair que es difícil hacer que un hombre entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda. Y se quedaba corto, porque a menudo ni siquiera entenderá aquello que comprometa no ya su sueldo, sino su posición social, su código moral y hasta sus esperanzas. Basta mirar cómo nos manejamos en las redes sociales. Una mentira que se ajuste a nuestros prejuicios la compartimos y alcanza miles de retuiteos, pero cuando luego aparece su desmentido apenas logra la décima parte de difusión. Escogemos a quien seguir en función de que diga aquello que queremos oír y compartimos con nuestros seguidores aquellas noticias o artículos que reafirman nuestra opinión, que suponemos cierta porque está sustentada por dichos textos que a su vez damos por ciertos por coincidir con nuestra opinión… De manera que nos guiamos entre la verdad y la mentira a la manera del barón Munchausen cuando salía de un hoyo a base de tirarse de su propia coleta. Por tanto el error fundamental de Richard Dawkins y de otros autores inscritos en eso que algunos denominan «nuevo ateísmo», está en su insistencia en apelar a las evidencias científicas, a los hechos históricos y a los argumentos racionales como si las creencias religiosas fueran una cuestión epistemiológica, una percepción de la realidad desajustada que se corrige aportando conocimiento exacto y arreglado, como quien sustituye un mapa antiguo por uno más reciente. ¿Y qué hay de la esperanza, el sentido de la vida y el miedo a la muerte? El creyente no cree en el paraíso a la manera en que considera que el Atlántico está más allá de Finisterre o que el kiwi además de una fruta es un tipo de ave. Por otra parte ridiculizarlo y mostrarse arrogante ante él no es la mejor manera de convencerle de nada, como acaban constatando Frank y sus amigos, así que optan por otra estrategia.

Siguiendo la clásica doctrina revolucionaria de acción-reacción, buscarán provocar al poder para que la represión indiscriminada subleve a la población. O ateniéndonos al contexto de la película, drogarán a los humanos para que puedan ver a los alimentos cobrando vida ante sus ojos y su respuesta sea cualquier cosa menos pacífica. Desde sus estanterías todos aquellos productos envasados contemplan horrorizados a sus hasta el momento adorados dioses destrozando a sus iguales. Ya no es posible cerrar los ojos a esa evidencia y seguir creyendo en el más allá al que supuestamente ellos los guiaban benévolamente poniéndolos en sus carros y bolsas de la compra. Como admite san Pablo en la primera epístola a los corintios: «Y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también vuestra fe». Así que una vez comprueban que no hay otra vida pierden la fe, y abandonada esta ya nada les retiene para seguir sometiéndose al orden establecido. Estalla la rebelión, muere mucha gente y finalmente los alimentos se hacen con el control del supermercado. Han asaltado los cielos, según la expresión usada por Marx para definir a la comuna parisina de 1871, porque Frank y sus amigos comprendieron que solo podrían movilizar a los suyos no negándoles la esperanza que tenían sin nada a cambio, sino prometiéndoles otra: la alternativa al paraíso celestial era la promesa del paraíso en la tierra. Ahora que los dioses han muerto todo está permitido, así que sin más dilación se entregan a una monumental orgía experimentando con todas las posturas, orificios y combinaciones posibles. ¿Cuánto tiempo más podrían vivir en esa entrega al hedonismo antes de que una Santa Alianza de humanos aplastase la revolución, o bien de que a la manera de Rebelión en la granja los nuevos líderes se conviertan en tiranos? No nos lo muestran, esos caminos narrativos ya están trillados y la conclusión de la fábula es otra vuelta de tuerca que nos hace replantearnos lo visto hasta ahora.

Chicle toma conciencia de que en realidad todos ellos son dibujos animados de una película hecha para divertir a los humanos, de manera que crea una puerta dimensional hacia una realidad en la que puedan tener una vida propia. Es decir, al final sí hay un más allá, un plano de existencia superior, trascendente. Ávidos de sentido último, Frank y Brenda se lanzan a él aceptando únicamente la palabra de Chicle como nuevo profeta de unos pocos elegidos ¿Y si esa puerta sin posibilidad de vuelta en realidad los destruyera? ¿No demuestran una fe y determinación equivalente a la del mártir dispuesto a morir porque setenta y dos vírgenes le esperan al otro lado? Quién sabe, la película no nos muestra qué hay al otro lado. Previamente nuestro protagonista había admitido no tener todas las respuestas, una actitud menos dogmática de la que adoptó inicialmente y que daba lugar a una mayor tolerancia a diversas creencias y puntos de vista. Aunque el guionista Seth Rogen es judío parece tener claro a qué público mayoritario se dirige, pues la fábula no es un alegato contra toda creencia metafísica sino contra la manipulación ideológica, el chantaje y la servidumbre que pueden traer consigo las religiones organizadas. A Lutero le gusta esto.

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33 Comentarios

  1. Esto… en serio Sausage Party, que significa LITERALMENTE «Fiesta de la salchicha» en realidad viene a ser, en «frase anglosajona hecha» ¿¿¿Campo de nabos??? Sólo por puntualizar, tengo aquí a mi lado a una compañera de trabajo, de Bristol, y creo que jamás la había visto llorar de la risa mientras, entre balbuceos, intentaba decir «¿Qué coño tiene que ver?».
    Tengo la razonable sospecha de que el autor quería decir «Fiesta de nabos», pero dudo porque NO SÉ de dónde sale lo de «campo», bueno, ni yo, ni la chica esta desteñida de Bristol que tengo a mi lado.

    Ah, y un saludo al hombre de frases hechas.

      • La expresión «sausage party» es anglosajona, desde luego, tanto ella, que es de Bristol, como yo, que he vivido en Lóndres y, modestia aparte, leo y escribo en inglés bastante bien, la hemos oído, leído y escrito, pero de ahí a que la traducción de la frase hecha sea «campo de nabos», cuando es, literalmente, «fiesta de salchichas»… hagamos un esfuerzo y digamos que los anglosajones podrían usar sausage para lo mismo que nosotros usamos el término coloquial nabo = pene, pero es que nosotros también usamos el término coloquial salchicha = pene.
        Hasta aquí, pues oye, igual, pero lo de «campo», y si ella, que es inglesa jamás ha entendido en inglés que «sausage party» signifique «campo de nabos = salchichas = penes», pues oye, habrá que hacerle caso.

        Otra cosilla, en ese enlace que me pones desde luego no aparece por ninguna parte el término «campo de nabos», si aparece la frase hecha «fiesta de salchichas = nabos = penes», ese sí, eh.

        • Ah, espera, tú que quieres decir es que en españa no se usa el término «fiesta de salchichas», o nabos, sino el de campo de nabos… pues ahí sí que me has pillado, porque no lo había oído en mi vida y en mi oficina tampoco, tal vez porque somos canarios, pero…

        • Cuando uno se las va a dar de listo hay que estar muy seguro ya que en Estados Unidos nadie que oiga «sausage party» se imagina alegres salchichas golpeando piñatas si no lo que viene a ser un campo de nabos de toda la vida.

          Y por si usted no me cree, se lo acabo de preguntar a mi compañera de trabajo, que es de Jonesboro, Arkansas.

          Y no intente arreglarlo con eso de la traducción literal y demás zarandajas. Es como si ahora nos ponemos petulantes con, qué se yo, «shoot yourself in the foot» no es lo mismo «tirar piedras sobre tu propio tejado».

    • Pues yo lo he oído muchas veces: llegar a una discoteca y que haya menos de un 10% de mujeres. Se dice que es un campo de nabos.

    • Sí, me temo que el fallo puede haber estado en usted. Y que es posible que no en toda España se use «campo de nabos» ni en todo el mundo anglosajón «Sausage party» para referirse a lo mismo, una discoteca, bar, reunión, fiesta… Donde hay muchos hombres y pocas o ninguna mujer.

      En general casi todas las «fiestas» en las que uno acaba son «Campos de nabos».

    • En serio tu compañera de Bristol llora de risa porque alguien traduzca «fiesta de salchichas»como «campo de nabos», cuando ambas expresiones se entienden perfectamente?. Verás cuando escuche lo de «arrimar cebolleta», la vas a tener que llevar a reanimación. Es que es España somos muy veggies :)

  2. Pues por aquí en Valencia por la zona en la que vivo es bastante común la expresión «sembrao de nabos» o «campo de nabos» para referirse a cualquier lugar, especialmente con fines lúdicos, en donde los hombres son mayoría.

  3. Pues nunca he oído la expresión ni en ingles ni en castellano. Es mas, hasta la entradilla de Toni, no me enteraba de su sentido; me estoy haciendo viejo

  4. La película no es solo un alegato contra la religión, sino contra una sociedad de consumo en la que las personas son devenidas en productos que dan las gracias constantemente por ser elegidos. Y finalmente, no se si de forma voluntaria o no, contra la ciencia como nueva religión.

      • La religión y la ciencia no son opuestos; Sencillamente no tienen nada que ver. Es muy interesante que tú, como muchos, concibáis la ciencia como opuesto a algo. No se acierta, ni siquiera es útil, situar campos de la acción humana como antagonistas sólo porque uno nos agrada más que otro.

        El mecanismo se llama contradicción, y como es evidente, para que dos enunciados entren en contradicción han de compartir un punto de partida. Es como las comparaciones y el famoso «no hay punto de comparación».

        En definitiva, estás utilizando la ciencia para anular la religión, con lo cual ya caes en lo que niegas: Atribuir a la religión funciones presuntamente científicas y la ciencia, por tanto, funciones religiosas.

        • La religión y la ciencia no solo tienen que ver, sino que tienen la misma matriz. El chamán era al mismo tiempo sacerdote, mago y médico. No son conceptos tan opuestos. Solo se separan a partir de la Ilustración. Podría considerarse que la ciencia es una evolución del primitivo pensamiento religioso. Y el científico en silla de ruedas es claramente el chamán de nuestros días.

          • Amen! You’re rigth te la vi en tel aviv. Y como comenta el autor del artículo, al final de la peli se plantea esa dicotomía: aceptamos acríticamente la ciencia como antes aceptábamos la religión.

            • PD: porque sí, la ciencia también tiene ideología. No como la trama de la peli que habla desde el individualismo sobre creencias individuales… la patochada del multiculturalismo. Ya sabéis: para un desayuno de huevos fritos con bacon, la gallina se implica pero el cerdo se compromete.

              • La ciencia está basada en hechos comprobables, es conocimiento.

                La religión es un sistema de creencias. Las creencias no son conocimiento.

                • Y no creo que haga falta mencionar la diferencia entre dogma, propio de la religión, y axioma, propio de la ciencia.

  5. En un vistazo rápido de la película los alimentos agradecen a los humanos ser elegidos. ¿A quién agradecemos nosotros por ser elegidos? Para ser devorados (vuelvo a recordar a Marx).
    Pd. He echado en falta el mito de la caverna del Sr Platón.
    Saludos y buen finde.

  6. Campo de nabos. De toda la vida del señor.
    Ahora, que después de semejante ensayo filosófico (algo exagerado diría yo), solo haya comentarios sobre eso, tiene tela :)

  7. «incluso ha logrado ser definida por el crítico del New York Times como «un film sobre la angustia existencial».»

    Joder lo que es tener el estómago lleno…

    Simplona y obvia. Cuantas han dicho lo mismo. (Y mejor).

    Mi sorpresa fué la constatación de que sí, aún existe mucho pacato/a que grita cuando oye cualquier comentario alusivo al sexo (solo al sexo) en un lenguaje llano.

    Tiempo y dinero malgastado.

  8. La fiesta de las salchichas es una película extremadamente vulgar. Y no digo que sea vulgar por sus escenas de sexo o gore, no. Es vulgar por cómo usa sus elementos. Es una película extremadamente desagradable, sin ningún tipo de moderación, al guionista se le ocurre una idea y la muestra, sin pensar si tiene sentido con el resto de la película o no. Carece de toda la sutileza y el simbolismo del cine para ir a lo simplón del chiste popular y anticuado.

    No hay que buscarle profundidad a la película, no es polémica porque busque cambiar algo, es polémica por el hecho de ser polémica, porque la polémica vende y hace gracia; y es polémica porque sirve a una causa mayor y no, creo que no es la que muchos piensan. Habrá a quien engañe y salga del cine creyendo que por ver esta película está cambiando el mundo, pero nada mas lejos de la realidad.

    No voy a negar que tenga algún momento interesante a nivel narrativo, eso sí, momentos MUY concretos rodeados de momentos zafios y ridículos. No voy a negar tampoco que sea una película con cuyo discurso puedo estar más o menos de acuerdo en principio. Pero sólo hay que ver cómo lo hacen y qué es lo que realmente nos cuenta para abrirnos los ojos y descubrir que nos están mintiendo… y algunos han caído en la trampa. No quieren cambiar nada, tan solo quieren que creamos aún más en una cosa, que analizaré a continuación en profundidad, para mantenernos en la inopia intelectual y vital.

    Por suerte la película tiene tantos momentos desagradables y mal contados y mostrados, que la mayoría de la gente no es capaz ni de llegar a profundizar en lo que les cuenta la películas, simplemente acaban asqueados por lo que ven y por lo tanto la película pierde la oportunidad de contar a mucha más gente sus ideas.

    Pero a ver, hablemos de qué va realmente la fiesta de las salchichas. En teoría es una crítica a la religión, y una apología de la libertad por encima de cualquier limitación de la moral religiosa. Pero la realidad es que la religión es sólo una escusa, la película no quiere hacernos más libres, sino todo lo contrario, quiere hacernos más sumisos.

    Ya lo vemos en el propio título, en el diseño de los personajes o en el guión y los diálogos; el sexo está presente todo el tiempo ¿es casualidad? lo dudo. Habrá quién dirá que la religión coarta al sexo y que por lo tanto se habla de sexo como oposición a la religión, como si fuera una lucha de clases en la que se enarbola el sexo como bandera contra la moral y los designios de la religión. Y a simple vista es así, pero a ver, tenemos que pensar en qué sociedad vivimos.

    ¿Pensáis que en esta sociedad del siglo XXI, conectada continuamente a internet, hay carencia de sexo o hay tabúes sexuales? Claro que hay religiones que siguen hoy en día intentando limitar la libertad sexual y en Estados Unidos la moral religiosa juega un papel muy importante, pero también es Estados Unidos la Meca del porno, el sexo aparece continuamente en televisión y se usa hasta para vendernos un producto cualquiera a través de la publicidad.

    Lo cierto es que la fiesta de las salchichas sólo pretende adoctrinarnos en la cultura del sexo, someternos a un mundo ya de por sí extremadamente sexualizado. Porque si la religión fue el opio del pueblo durante muchos siglos, los que mandan ahora saben que más fuerte que la religión, que anda de capa caída, es el sexo. El sexo va a lo más primario, algo que está en todos nosotros y a lo que todos estamos más o menos atados, es nuestra naturaleza. Con esta película tan solo quieren cambiarnos el opio por crank, que es una droga más dura, no pretenden desintoxicarnos.

    La libertad sexual está bien, es muy importante y algo por lo que hay que luchar. Pero la fiesta de las salchichas no habla sobre libertad sexual, sino sobre libertinaje sexual, te dice que rompas con todos los límites, incluidos los religiosos e incluso las tendencias sexuales para estar todo el día pensando sólo en el sexo; con cualquiera, en todas las posturas, incluso aunque no te interese o no te guste. El placer por encima de todo, incluso de nuestro propio bienestar.

    De ese modo, los alimentos hacen una revolución violenta contra los humanos no para que perdure o para conseguir un cambio real, sino para «vivir cada día como si fuera el último», una filosofía que es uno de los grandes males de nuestra sociedad. Pensamos tanto en nuestro disfrute personal que nos olvidamos de cambiar nuestro mundo, somos egoístas que nunca pensamos en el mañana y la fiesta de las salchichas te dice: sigue así, lo estás haciendo bien.

    De las novelas anti-utópicas, una parece estar cumpliéndose por encima de las demás y esa es un mundo feliz: no oprimas al ser humano, hazlo feliz, controlado por sus instintos primarios, y se mantendrá dócil y sumiso. Aldous Huxley lo clavó.

    Por cierto, uno de los ejemplos más claros de lo poco contestataria que pretende ser esta película son sus estereotipos: ¡La salsa alemana es nazi! Los productos estadounidenses son seres más o menos normales y lideran toda la revolución (porque Estados Unidos es el mejor y el líder del mundo libre), los productos italianos son estereotipos italianos, los mexicanos lo mismo, etc. Especialmente insultante es la representación del palestino y el judío, no solo son estereotipos con patas, que por supuesto están discutiendo siempre entre ellos, sino que encima ponen al palestino como un islamista radical, que cree en la sharía, el paraíso y la inferioridad de la mujer. Mientras tanto, el judío es bonachón, aunque con un fondo de maldad también, no es ni mucho menos tan desagradable como el palestino, tanto en personalidad como diseño, nada es casual ¿Cómo pretendes hablar sobre cosas tan profundas como el conflicto palestino-israelí desde los prejuicios?

    El diseño de los personajes, estereotipados por lo tano, y por cierto muy machistas, es el ejemplo de que nada bueno puede salir en realidad de esta película. Se puede criticar usando estereotipos, pero hay que usarlos bien, sin que se vea tan a las claras que no son más que prejuicios de vete a saber quién o por qué motivo. Con esas bases a la hora de crear unos personajes ¿cómo alguien puede pensar que esta película intenta ser revolucionaria?

    La fiestas de las salchichas es un engañabobos. Pero por mucho que a la mona la vistas de seda, mona se queda.

    • Por salud mental yo no vería nada de Seth R. Humor bobo gringo de toda la vida, creo que tú critica me ha servido más que la reseña del autor. Nada minimamente bien elaborado puede atribuirsele a este acumulador de chistes de pedos.

    • Como hay que beber de varias fuentes para obtener criterios lo más objetivamente posibles, me quedo con el contraste de la crítica del autor y esta última intervención de Álvrespin que es muy inspiradora. Buen ajedrez mental. En cuanto a la peli…¡ojalá la hubieran hecho los Monty Python!

  9. En mi opinion, tiene mucho transfondo filosófico y religioso pero maquillado con un lenguaje vulgar y humor eroticofestivo no hace otra cosa que restarle credibilidad.
    Muy enriquecedores todos los comentarios, pero yo veo un llamamiento a todas las culturas a prepararse para un ataque de una «amenaza mayor»

  10. […] La película quiere ser tan graciosa, quiere superar tanto los límites de lo zafio, quiere ser tan descarada y tan alocada que se hace hasta cargante, para terminar y para que veáis que la película en si no es tan tonta y chabacana como me ha parecido a mi recomiendo que le echéis un vistazo a este artículo: http://www.jotdown.es/2016/10/trasfondo-filosofico-la-fiesta-las-salchichas/ […]

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