¿Por qué la jodida R en Deadpool es tan importante para la historia del cine? - Jot Down Cultural Magazine

¿Por qué la jodida R en Deadpool es tan importante para la historia del cine?

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Deadpool, 2016. Imagen: Twentieth Century Fox / Marvel Entertainment / Kinberg Genre / Donners' Company / TSG Entertainment.

Deadpool, 2016. Imagen: Twentieth Century Fox / Marvel Entertainment.

(Este artículo es Rated R. Quedáis avisados).

Con independencia de lo que cada uno opine sobre Deadpool, la película de marras se ha convertido en una de las producciones más taquilleras de la historia en apenas un mes desde su estreno. Y lo más importante: probablemente acabará siendo la más taquillera de todas las películas que han sido estigmatizadas con una R, es decir, no apta para menores de diecisiete años (que en Estados Unidos, por ejemplo, implica no entrar en la sala si no estás acompañado por un adulto).

En román paladino la «R» significa que si, por ejemplo, un superhéroe recibe un puñetazo en los morros, el personaje sangrará, en vez de quedarse más blanco e impoluto que el borreguito de Norit. Eso significa que el personaje fornicará hasta romper la cama (como en Jessica Jones) y quizá incluso se atisbe su cipote (como en Watchmen). Que sus actos no conducirán irremisiblemente hacia una enseñanza moral que encajaría holgadamente en un código de buenas maneras victoriano. Que «córcholis» no será una palabrota aceptable. En definitiva, que las personas serán menos Teletubbies y más personas normales y más de verdad.

Pero ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Por qué ya no hay cine de espectaculares efectos especiales con una buena R? ¿De dónde procede toda esta asquerosa corrección política? ¿Por qué la gente continúa creyendo que hay contenidos no aptos para menores cuando no hay ninguna evidencia que respalde tal aserto? Y, en definitiva, ¿por qué Deadpool, quizás, y solo quizás, podría dinamitar el estado actual de las cosas?

Cuando Spielberg inventó el PG-13 y jodió el cine

El 1 de noviembre de 1968, el presidente de la Motion Picture Association of America (MPAA), Jack Valenti, instauró la clasificación moral de las películas para aconsejar a los padres a propósito del contenido de las mismas. Hasta entonces, la MPAA se regía por el llamado código Hays, que todavía era mucho más exigente con los contenidos morales de cualquier largometraje: por ejemplo, el ombligo no debía mostrarse bajo ningún concepto.

Hay que tener en cuenta que esta clasificación la realiza un grupo de personas que visionan el filme y deducen a qué edad debe ir dirigido el material. Es decir, que algunas evaluaciones son más laxas que otras porque dependen del arbitrio del comité seleccionado, así como de otras variables. Pero el verdadero problema lo originó Steven Spielberg.

¿Os acordáis de lo que molaba Depredador? ¿Lo bien que lo pasamos con la primera de Indiana Jones? ¿Las noches sin dormir que nos proporcionó Gremlins? ¿Lo desopilante que era Una pandilla alucinante? En todas esas películas había un denominador común: al niño y al adolescente no se le trataba como si fuera gilipollas. De hecho, los niños y adolescentes que aparecían en esas películas no eran gilipollas. Eran niños normales. La clase de niños que se empalman con una revista pornográfica sustraída del dormitorio del hermano mayor. De los que imaginaban cómo volarían el colegio disparando su arco provisto de flechas explosivas, Rambo style.

Y entonces se estrenó Indiana Jones y el templo maldito. ¿Os acordáis del hechicero del mal llamado Mola Ram? ¿De la sopa de ojos y los sesos de mono? ¿El flirteo nocturno que se llevaban Indy y la vedette? En lo que a mí concierne, nunca olvidaré todo lo que experimenté al visionar esa película cuando llegó en VHS allá por el año 1984. Quería ser Tapón y que mi tutor fuera Indiana Jones. También quería ser Indiana Jones. Quería viajar a la India. Quería vivir aventuras. Ser profesor de historia sexy. Quería una novia gritona. Visitar un complejo minero. Tomarme una Fanta de naranja en el Club Obi Wan. He visto esa película decenas de veces. Me sé los diálogos de memoria.

Indiana Jones y el templo maldito, 1984. Imagen: Paramount Pictures / Lucasfilm.

Indiana Jones y el templo maldito, 1984. Imagen: Paramount Pictures / Lucasfilm.

Sin embargo, a un numeroso grupo de padres no le complació en absoluto lo que allí vieron. La película no estaba calificada como G (apta para todo el público) sino como PG (apta bajo supervisión paterna), pero en ella aparecían cosas que no eran para niños, según su criterio. Poco después se estrenó Gremlins, dirigida por Joe Dante, pero producida también por Spielberg, y entonces la polémica fue todavía mayor. Los padres se pensaron, habida cuenta de lo que mostraba el tráiler, que iban al cine a ver a un monstruo haciendo monerías. Recordemos que los gremlins malos fumaban, bebían y atemorizaban a ancianas. Y también recordemos que los padres, algunos de ellos, claro, son tan despistados que incluso han llevado a sus retoños a ver Deadpool, creyendo inocentemente que estaban ante un nuevo Spider-Man o algo así.

Los padres furiosos, cada vez mejor organizados, empezaron a exigir que esas películas fueran R, es decir, para mayores de diecisiete años, y no PG. Esa clase de padres que entienden el ejercicio de la paternidad como un tutelaje más castrador y desconectado de la realidad que los progenitores que aparecen en Canino. Padres que se habían olvidado de que los niños ni son inocentes, ni son asexuales, ni siguen las enseñanzas de Gandhi. Padres que creen que la ficción puede ser sometida a ingeniería social para educar a la sociedad bajo determinados valores, como los que prohibieron repetidamente la novela Huckeleberry Finn debido al uso de la palabra «nigger», o el tribunal que en 1921 censuró Ulises por un pasaje subido de tono, o los que redactaron la Ley de Publicaciones Obscenas del Reino Unido, que apartó de circulación El amante de Lady Chatterly hasta 1960.

La presión de la corrección política se alimenta de la demagogia, y la demagogia es contagiosa. De repente, miles de padres con carnet de padre quisieron velar por la integridad moral de sus hijos exigiendo responsabilidades a Hollywood. Spielberg estuvo pensando en cómo arreglar aquel desaguisado para contentar a sus clientes y no condenar al ostracismo sus caros blockbusters. Y entonces se reunió con Jack Valenti para sugerirle una nueva clasificación moral entre dos aguas: PG-13, apta para mayores de trece años. A juicio de Valenti, con trece años ya sabemos distinguir la realidad de la ficción. No sé qué clase de púberes habrá creído conocer con esa edad, pero mis colegas y yo, con trece años, pensábamos y nos decíamos cosas que hoy en día, transcritas en Twitter, nos llevarían directos al talego.

Con todo, el PG-13 se estrenó con la película Amanecer rojo, de John Milius, en el que aparecían unos jovencísimos Patrick Swayze y Charlie Sheen. Fue un éxito en taquilla, pero recibió aquella calificación moral porque había una acción sangrienta cada 2,23 minutos de media, un exceso que incluso reflejó el Libro Guinness de los récords.

El problema se agravó progresivamente, porque el comité censor, con el transcurrir de los años, fue exhibiendo una pudibundez cada vez más acusada. Si bien admitían la violencia siempre y cuando no fuera persistente o demasiado realista, se empezó a penalizar el sexo en todas sus manifestaciones, incluso las alusiones verbales al sexo. Es decir, se podía disparar un arma, pero no mostrar un coito (y menos un coño, como sabrá Carmena). Y entonces todo empezó a ser PG-13. Todo.

Las diez películas más taquilleras de la historia son PG-13

En aras de simplificar: si uno aspiraba a recuperar el dinero invertido en unos caros efectos especiales, debía plegarse al PG-13. Además, el PG-13 era tan asumible por tantos padres que permitía contentar a la familia entera, abuela incluida. En consecuencia, las diez películas más taquilleras de la historia, excepto Frozen, son PG-13. Por ejemplo, Avatar, una supuesta película de acción y ciencia ficción del otrora molón James Cameron que incluso gusta a las personas más desconectadas de la ciencia ficción, costó doscientos treinta y siete millones de dólares y recaudó dos mil setecientos. ¿Dónde quedó el mordiente Terminator o Mentiras arriesgadas? Yo os lo digo: sepultado por la bonitez del bosque bioluminiscente en el que el clon de Pocahontas dice «te veo» (y de fondo, epidérmica canción de amor de Leona Lewis).

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Mentiras arriesgadas, 1994. Imagen: Twentieth Century Fox / Lightstorm Entertainment.

Sí, amigos, el tributo que hay que pagar por el exceso de CGI es una lobotomía. Y cualquier duda a propósito de la conveniencia de aquella nueva clasificación moral se esfumó como por ensalmo porque todos salieron ganando: productores, asociaciones de padres y, presuntamente, niños, que ahora acudirían todos en tropel hasta el Cielo. En resumidas cuentas, la mayoría de largometrajes espectaculares está orientada al mínimo común denominador de la edad mental del niño por cuestiones crematísticas que, a su vez, refuerzan el código moral mansurrón de un grupo de personas que tienden a cogérsela con papel de fumar.

Además hay otros factores que refuerzan este estado de las cosas. Las cuestiones morales espinosas no solo socavan la recaudación en las salas de cine, sino también en la venta de películas. Por ejemplo, la cadena de supermercados Walmart, la más poderosa del mundo, no permite la venta de productos indecorosos, y no vender en Walmart supone la pérdida de un porcentaje destacable de ingresos.

Hablemos un poco de Walmart. Sam Walton, el típico fulano de misa diaria de Oklahoma, fundó esta tienda en 1962. En pocos años se convirtió en una cadena y, en 1998, la revista Time incluyó a Walton en su lista de las cien personas más influyentes del siglo XX. Antes de palmarla en 1992, Walton era la persona más rica de Estados Unidos. Tal y como escribe Fernando Garcés en su libro Historia del mundo con los trozos más codiciados: «En 2005, cinco de las quince personas más ricas del mundo eran su viuda y sus cuatro hijos (…) Walmart representó el 12% de las ganancias por productividad de la economía de Estados Unidos en la segunda mitad de la década de 1990».

Si no vendías en Walmart, no existías. El problema es que los dueños de Walmart son muy beatos (o al menos dicen serlo), y su dura política contra la inmoralidad obliga a que incluso algunas bandas (las que pueden permitírselo) editen dos discos: el apto para Walmart y el normal. Y, si bien internet está menoscabando el poder de las tiendas físicas, la influencia castradora de Walmart tardará en desaparecer porque lleva muchas décadas de inercia, tal y como explica Chris Anderson en su libro La economía Long Tail:

Aunque parezca irónico, estos hipermercados tan enormes tienen muy pocos temas en cada categoría, pero eso es lo que dicta la economía de los grandes minoristas. Sin embargo, sus precios son excelentes y cuentan con compradores ávidos. Con una gran eficiencia en la cadena de suministro y precios especiales por la compra de grandes cantidades, estos grandes minoristas son líderes en el actual comercio en tiendas físicas.

La falta de evidencia

En un mundo donde la homeopatía mueve millones de euros a pesar de que se ha dicho por activa, por pasiva y por perifrástica que no hay estudios científicos que demuestren su eficacia no es extraño que la gente siga creyendo que la ficción inmoral genera sociedades inmorales. A pesar de que no haya estudios que lo demuestren o los que hay adolezcan de defectos de forma o hayan sido cuestionados.

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Indiana Jones y el templo maldito, 1984. Imagen: Paramount Pictures / Lucasfilm.

Según explican Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner en Superfreakonomics, después de medir los índices de delitos en Estados Unidos que tenían lugar en las poblaciones donde empezó a llegar la televisión respecto a los que aún no había llegado, por cada año de más que un niño estaba expuesto a los tubos catódicos en sus primeros quince años se observaba después un aumento del 4% en el número de detenciones por delitos contra la propiedad y un 2% de aumento de las detenciones por delitos violentos. En otras palabras, el impacto total que tuvo la televisión en la delincuencia de los años 1960 fue un aumento del 50% en los delitos contra la propiedad y del 25% en los delitos violentos. Lo curioso es que no importaba si se consumían contenidos violentos o no. Simplemente bastaba con ver la tele. Quizá porque el exceso de televisión propició que determinadas personas, predispuestas a ello, socializaran menos, o desatendieran sus estudios, o reflexionaran menos… Nadie sabe la razón.

Así pues, no hay una relación entre aumento de criminalidad y contenidos violentos: de hecho, cada vez hay más acceso a contenidos violentos (¿quién no ha jugado al GTA V?) y, sin embargo, los índices de crímenes violentos no dejan de reducirse año tras año. La ultraviolencia que aparece reflejada en el manga no ha hecho de Japón el país más chungo del mundo, sino justo lo contrario. En los países más violentos del mundo ni siquiera llega el cine que consumimos, ni la literatura, ni los títeres. Porcentualmente, las comunidades más violentas de la historia han sido las más vírgenes y, en consecuencia, las más alejadas de los mass media, como sugiere Steven Pinker en su mamotreto Los ángeles que llevamos dentro. Quizá porque no hay conexión entre ficción y realidad, o al menos no de forma tan unidireccional y evidente como parece. Porque incluso a temprana edad empezamos a diferenciar ambas dimensiones, salvo en casos de psicopatologías previas.

Las correlaciones entre consumo de violencia y cristalización de la violencia en el mundo real son tan bajas y están tan jalonadas de variables que podríamos admitir que nadie sabe nada, y si la ficción violenta, malhablada, inmoral y sicalíptica produce algún psicópata por el camino será un efecto secundario que deberemos asumir, como señala el profesor William J. McGuire en defensa de la libertad de creación artística:

Si se prohíbe la representación de la violencia por el daño que pueda acarrear, qué no diremos de otras actividades cuyas consecuencias nefastas son mucho más tangibles, como conducir, beber, tener relaciones sexuales o frecuentar la iglesia, y que pasarían a ser el blanco lógico del próximo ataque.

Con todo, la mayoría de las personas tiene miedo a la ficción, a la representación del sexo, a la representación de la violencia explícita y a la representación de una apología abyecta. Incluso si esa representación la protagonizan unos títeres de trapo. La mayoría de la gente, en determinados casos, querría instalar un artefacto que multe pecuniariamente a quienes pronuncien un taco tal y como sucede en Demolition Man, o que se quemen libros que reflejen aspectos de la realidad que no nos gustan, en una suerte de pira beatífica a lo Fahrenheit 451.

Todo por la pasta

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Gremlins, 1984. Imagen: Warner Bros. / Amblin Entertainment.

El problema de la industria del cine es que, incluso poniéndonos optimistas, en ella casi nadie sabe casi nada. Que los papis se quejan, pues quitamos los cimbreles. Que la gente acude en masa a ver mierda, pues repliquemos la mierda hasta el infinito. Cuando leo una y otra vez quejas de los espectadores tipo: «¿Por qué hacen tanto remakes?»; «¿No hay buenos guionistas con nuevas ideas?» y similares no puedo más que compadecerme de tamaña candidez. Las cosas se hacen por pasta, salvo casos muy raros. Todo lo que sea apostar a caballo ganador será aceptado por el productor. ¿Que la gente acude en tropel a ver una película porque aparecen personajes que ya son familiares? Pues a por ello con todo.

Como explica Gonzalo Ugidos en Chiripas de la historia, los primeros magnates del cine norteamericano fueron parias inmigrantes, en su mayoría judíos, que llegaron a Estados Unidos después de 1880, como Jesse Lasky (un buscador de oro en Alaska), Adolph Zukor (un peletero húngaro), Carl Laemmle (un judío alemán), William Fox (judío húngaro y buscavidas) o Marcus Loew (vendedor de periódicos). «Casi todos ellos entraron en el negocio en la primera década del siglo XX, cuando el cine era un espectáculo de barraca de feria», y sobre esos cimientos se levantó Metro Goldwyn Mayer, Paramount, Universal o Fox. Ahora los altos ejecutivos de estas empresas son monstruos del Pleistoceno capaces de hacer cualquier cosa para mantener la maquinaria en marcha. Xavier Gabaix y Agustin Landier, de la Universidad de Nueva York, publicaron un estudio en 2006 que estimaba en un aumento por seis de la paga de los principales jefes ejecutivos de Estados Unidos entre 1980 y 2003, y como concluye Eduardo Porter en Todo tiene un precio: «Se ha descubierto que los enormes salarios alientan el fraude, pues tienta a ejecutivos cargados de stock options a hacer cualquier cosa para aumentar el precio de las acciones de la empresa».

Lo irónico es que, salvo un puñado de personas que trabajan en Time Warner, Fox, Sony, NBC Universal, Disney, Viacom y alguna otra major, nadie sabe cómo funciona Hollywood. No entienden por qué una producción puede costar tanto dinero, ni exactamente todas las rendijas por las que se cuela un presupuesto estratosférico, como seguros, impuestos locales, aduanas, alteraciones de la censura y tasas residuales, de acuerdo con los convenios de diversos gremios y sindicatos… Y quienes ponen la pasta se dejan engatusar fácilmente por el humo. Por ello, Hollywood sufre una cada vez mayor dependencia a los test screenings para forjar sus blockbusters. Es decir, un puñado de personas decide lo que veremos todos. Y, aunque a menudo no aciertan ni por casualidad, se tienden a sobrevalorar los aciertos, como en las predicciones astrológicas. Porque asumir que no hay brújula que indique el camino del éxito sería insoportable. Todos necesitamos patas de conejo, la pluma de Dumbo y otros artefactos psicológicos que nos permitan creer que tenemos el control en un entorno esencialmente incontrolable. En ese sentido, la industria del cine es tan esquiva como la ciencia económica.

Por eso existe, también, Worldwide Motion Picture Group, que por un módico precio de veinte mil dólares somete a análisis un guion cinematográfico para evaluar su probabilidad de éxito en el mercado. Para ello no hace falta otra cosa que comparar el guion con un número indeterminado de películas ya estrenadas.

Por eso existe, también, el neurocinema, otra nube de humo que promete revolucionar la industria: se somete al espectador a una serie de escaneados cerebrales para fijar en qué momentos del metraje se activa la amígdala, el centro emocional del cerebro. Así el productor podrá dosificar instantes de frenesí para mantenerlo pegado a la pantalla de cine sin que tenga que mirar continuamente a la de su móvil. La narración al servicio de las respuestas sinápticas de un público bobalicón con déficit de atención. Eso es lo que persigue Hollywood, y no otra cosa.

Efecto Pool

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Deadpool, 2016. Imagen: Twentieth Century Fox / Marvel Entertainment.

Pero todo podría empezar a cambiar, al menos un poco, gracias a Deadpool. A estas alturas, la producción ha superado ya los seiscientos setenta millones de dólares de recaudación, siendo así la tercera producción R que sobrepasa los trecientos millones en Estados Unidos, superando a películas como Iron Man o El hombre de acero. Solo en sus primeros cuatro días en cartelera Deadpool obtuvo varios récords, como estreno más taquillero de febrero o estreno más taquillero en invierno.

Quizá alcance los mil millones de recaudación final, y solo ha costado cincuenta. Y es R, una R como un piano. Y, además, Deadpool no ha sido distribuida en China, lo que podría haber sido determinante para superar a la película de superhéroes de mayor recaudación de la historia: X-Men: días del pasado futuro.

Para que nos hagamos una idea de la magnitud de las cosas, Matrix Reloaded también era R, y recaudó noventa millones. Por eso, las hermanas Wachowski intentaron plegarse al PG-13 cuando rodaron Speed Racer, inspiradas por el éxito estratosférico de producciones familiares como Ice Age. Speed Racer fue un fracaso, pero la lógica de las Wachowski era correcta: ¿para qué esforzarse tanto en crear un producto digno si, finalmente, la recaudación es misérrima y cualquier película de chichinabo para todos los públicos puede recaudar diez veces más?

Todavía es prematuro aventurar si el cine cambiará gracias a Deadpool. De hecho, es posible que no lo haga. Como también se continuará comercializando homeopatía en farmacias y habrá médicos que la recetarán, incluso después de que Boiron haya reconocido que ni siquiera sabe cómo funciona. Pero todavía hay esperanza. ¿Os acordáis del mojón que fue esa precuela de Alien llamada Prometheus? Sí, la de dos biólogos que se acercan a una criatura alienígena sin ninguna profilaxis mientras decían «cuchi-cuchi». La del guion para bobos. ¿Os acordáis? Pues bien, en breve empezará el rodaje de una precuela, la de Depredador, con la que comparte ADN. Y ya nos han advertido que será R, como Deadpool. Y sus creadores serán Shane Black (el mejor guionista de películas de acción molonas de los ochenta) y Fred Deccker (el compinche de Black en Una pandilla alucinante). No perdamos, pues, toda esperanza.

55 comentarios

  1. Queridos Jodowneros, la cantante de la banda sonora de Avatar, el remix de Pocahontas y los pitudos, no es Celine Dion, es Leona Lewis.

  2. Muy buen artículo. Lo suscribo palabra por palabra.
    Parece que Deadpool puede avanzar en esa tendencia contra la beatería que inició “Kingsman” en 2014. También fue bastante bien en taquilla y también era una peli R.
    A ver si vuelven los blockbusters con cerebro.
    Un saludo

  3. Me encanta el enfoque macro del artículo, así se aguanta cualquier argumento. Ahora, dígame, Sr. Parra, ¿llevará a su hijo de 7 años a ver Deadpool con usted? O mejor aún, a su hijo de 4. Ya puestos, cuanto antes entiendan la crudeza de la vida, mejor.
    ¿Cree que no sólo le estará proporcionando entretenimiento sino también haciéndolo más libre?
    Si no tiene hijos (ni sobrinos, ni hijos de amigos íntimos a los que llevar), le animo a releer su artículo y replantearse su tesis cuando los tenga.
    Aquí una noticia al respecto, para alimentar el debate: http://www.elespanol.com/cultura/cine/20160405/114988812_0.html

    • Durante toda la promoción de Deadpool se ha estado avisando (y avisando, y avisando) de que la película es para mayores de 18 años. Creo que queda claro que no se trata de una pelicula para llevar a ver a mi sobrino de 10 años.

      El artículo se enfoca al hachazo en cuanto a libertades creativas que se lleva produciendo desde hace años por hacer películas aptas para un mayor público.

      • Sensu contrario ¿Vd. impediría a su hijo de 7 años ver telediarios por su contenido violento (por ejemplo, imágenes de refugiados de guerra siendo gaseados por policías o niños refugiados ahogados)? ¿Quizás tiene miedo de explicarle las cosas? Con esa edad, muchos niños, quizás los que no han sido exageradamente protegidos, razonan bastante más de lo que Vd. cree. Por ejemplo, mi hija de 6 años preguntó en Reyes porqué, si los Reyes Magos tienen tanto trabajo una sola noche no contratan a gente que está en el paro, y no la considero como especialmente lista (y uno de sus regalos de Reyes, pedido por ella después de ver imágenes de refugiados y demás con su consiguiente explicación paterna, fue colaborar económicamente con una ONG -y se lo trajeron los Reyes, como es lógico-)

    • Al de cuatro no. No tienen capacidad de atención para estar tanto tiempo mirando una pantalla y siguiendo un argumento, ni siquiera si es Pocoyó o Dora la Exploradora.
      Al de siete habría que conocerlo en persona; los hay que espabilan antes. Pero si es lo bastante listo como para seguir el argumento – si ha sido capaz de leerse varios libros completos, por ejemplo, sería un buen test – no veo mayor problema. He sido monitor de nanos bastantes años como para saber que a los 7-8 años los niños ya empiezan a interesarse por el sexo (de hecho, es la edad de “jugar a médicos” con tus primitas; los niños de diez años están menos interesados en el sexo que los de ocho, ya han pasado esa fase) y tampoco es que la violencia de “Deadpool” sea nada del otro jueves. Sí, hay hostias como panes y disparos, pero ninguna pretensión de realismo; el prota pierde una mano ¡y le vuelve a crecer! Vamos, es violencia nivel “Tom y Jerry”, no es “Funny games” de Haneke, precisamente.

    • Pues yo tengo un par, y a lo mejor para Deadpool me espero a que tengan más de 2 y 4 años, que son los que tienen ahora, incluso más de 8, pero a esa edad creo que estarán más que listos para ver películas que no sean mongoladas donde a nadie le pasa nada, no se vaya a traumatizar.
      El problema es que tendemos a pensar que nuestros hijos son tan gilipollas como nosotros, mientras poco a poco nos encargamos de convertirlo en profecía autocumplida.

    • “¿llevará a su hijo de 7 años a ver Deadpool con usted?”

      ¿Eh? ¿Ahora obligan a llevara los niños a ver películas No recomendadas a menores de 18 años o cómo va esto?

    • No, no llevaría a un niño de 7 años a ver Deadpool, pero no porque tenga una R, sino porque tengo suficiente cabeza como para darme cuenta que en los pósters pone “El P*to amo”, y ver el trailer en youtube antes para hacerme una idea de cómo va a ser. Si como padre eres tan vago que ni te molestas en cercionarte de que la peli a la que vas a llevar a tu precioso churumbel es adecuada para su edad, problema tuyo, no de la sociedad.

    • No veo el problema y si soy padre, como la mayoría de los nacidos a finales de los 70, me crié con el cine violento y mal hablado de los 80 y soy una persona “normal”, curiosamente es ahora cuando los adolescentes y críos son más violentos y agresivos cuando el acceso a ese tipo de películas esta más restringido

      • creo que es una pelicula para pubers, un humor estupido pelicula sin guion etc, esto esta al nivel albin y las ardillas pero grosero.. edadpool es grosero pero ñoño al mismo tiempo, creo que kick ass es 100 mil veces mas antretenida

  4. No me esperaba para nada el impacto que iba a causar Deadpool, la verdad.
    No es la primera vez que se tiraba por ese tono en adaptaciones de comics ( hace un año aparecía esta escena en Kingsman https://www.youtube.com/watch?v=NXB6slJSbL4 ), incluso podemos ir más atrás y fijarnos en Kickass o en Punisher: War Zone, con el follón que se generó con esta última por, precisamente, hacer una adaptación fiel del personaje.

    Si, espero que la cosa vaya por estos derroteros en el futuro.

  5. Querido Enrique: es que todo el cine ha de ser para niños? En serio? Obviamente, no llevaremos a ver a nuestros hijos pequeños Deadpool. Y qué? Es que no es un producto para ellos. Al igual que no les haré tomar cerveza, pese que exista.

  6. Cuando dices “Canino” supongo que te refieres a “Camino”, la peli de Fesser. Por lo demás, muy de acuerdo con el artículo.

  7. Cuidado con pensar que la pacatería viene siempre del mismo lado:

    http://www.eldiario.es/micromachismos/Corte-Ingles-San-Valentin-identifica_6_480911911.html

  8. Estoy muy de acuerdo con el artículo. Pienso que tenemos la suficiente información para saber si nuestros hijos/sobrinos pequeños están capacitados para ver ciertas películas y para entenderlas, así que la responsabilidad de llevarles a ver una película “para mayores” es enteramente nuestra.

    Aún recuerdo que cuando fui al cine a ver “El lobo de Wall Street” había unos nanos como de unos 8 o 10 años con sus padres. Pensaba que se saldrían a mitad de la sesión, pero aguantaron. ¿Fallo de los padres? ¿Niños maduros? Aún me lo pregunto. Yo personalmente no hubiera llevado a chicos de esa edad a ver esa película, pero yo a esos nilños lo les conozco…

  9. Pues a ver si la próxima de Lobezno es R, que ya está bien de que a un tío lo ensarte con las garras y ni una gotita de sangre.

  10. A mí lo que me da la impresión es que el autor no entiende para qué sirve la guía de calificación, y por tanto, no sabe distinguirlo de la censura. Voy a enlazar un artículo de hace doce años con respeto a la película Team America para ver si hay suerte porque me parece un artículo muy malo:

    “Habrá que explicarlo una vez más. Intento del todo inútil, porque de nada sirve explicar las cosas razonadamente cuando enfrente se tiene a toda una maquinaria propagandística deseosa de conseguir titulares sensacionalistas a cualquier precio, consciente de que una mentira repetida mil veces pasa a ser una verdad, como diría el sagaz McLuhan. Cuando en los telediarios españoles se ha anunciado el estreno de la última película de los creadores de “South Park” titulada “Team America”, en todos los noticiarios sin excepción se ha informado de que para “poder pasar la censura” fue necesario eliminar una escena de sexo. “Para poder pasar la censura”.

    Lo explicaremos una vez más, con la garantía de que será en vano: en Estados Unidos no hay censura. Estados Unidos es uno de los mayores productores mundiales de cine pornográfico. En Estados Unidos son de moneda corriente espectáculos sexuales y violentos que a la mayoría de los europeos nos sacarían los colores. En Estados Unidos nadie le dice a ningún cineasta lo que puede poner en su película o lo que no puede poner. Si fuera así, probablemente Michael Moore estaría en la cárcel, “Team America” no habría visto la luz, y lo de menos serían las escenas de camastro entre las marionetas. Esto parece de Perogrullo. Pero por aquí siguen erre que erre con que los americanos son unos puritanos y unos multicensuradores. Y si esto es así, es fundamentalmente porque en USA cada uno se paga su propia película, y nadie puede meter la mano en ella. No como aquí, que directamente no se subvenciona a quien se quiere censurar. Método mucho más sutil y efectivo.

    De modo que, puestas así las cosas, lo explicaremos de nuevo, aunque la explicación equivalga a un brindis al sol. En Estados Unidos no hay censura, sino una clasificación rigurosa de las películas dependiendo de sus contenidos. Esta clasificación es la que sigue:

    G – Para todos los públicos
    PG – Se sugiere la compañía de un adulto, sobre todo para menores de 10 años
    PG-13 – Se sugiere la compañía de un adulto para menores de 13 años.
    R – No permitida la entrada a menores de 17 años si no es con la compañía de un adulto.
    NC-17 – No se permite la entrada a menores de 17 años.
    Las clasificaciones se determinan dependiendo de los contenidos sexuales, de violencia, o del uso del lenguaje. Nadie les dijo a los responsables de “Team America” que no podían poner escenas sexuales en su película. Lo que pasa es que cuando uno quiere que su película tenga la calificación G, véase, para todos los públicos, no puede incluir cierto tipo de contenidos. Y esto tampoco parece tan descabellado. No es que en América se les obligue a los cineastas a hacer una u otra película. Es que si uno quiere que su película sea para todos los públicos (más público potencial, obviamente), la película tendrá que ser para todos los públicos. Perogrullo, el que llamaba a la mano cerrada, puño.

    Y ahora llegamos al segundo punto de la espinosa cuestión. Muchos al leer este artículo se echarán la mano a la cabeza invocando a Afrodita y gimiendo “¡pero qué tiene de malo que un niño vea una escena de sexo!”, y hasta ahí pueden estar de acuerdo todos. O casi todos, y seguramente a gran parte de la población occidental no le parecerá inconveniente que un niño de 9 años vea una escena de sexo. Pero… y esto es lo que parece que los europeos no logran comprender, habrá gente que no quiera exponerse o exponer a sus hijos a ese tipo de contenidos, y ¿por qué se les va a obligar? Es una cuestión de libertad y respeto a la libertad. Quien no quiere ver estas escenas, tiene tanto derecho a no verlas, como los demás a verlas. Y para eso existe la clasificación G, o PG, o PG-13: para que todo el mundo a priori sepa qué es lo que se va a encontrar en el filme, y pueda decidir en libertad si lo va a ver o no. Y quien quiera que sus hijos vean determinadas escenas, pues se los lleva a ver películas con la calificación PG o PG-13 o R, y aquí no ha pasado nada. Y los que no quieran, se limitan a las películas G, y todos tan contentos. Que por cierto, de este mismo problema empieza a quejarse ahora la gente en España, de la cantidad de contenidos para adultos que se les encaja a los niños, y aquí a nadie se le ha ocurrido decir que somos un país de puritanos. De hecho si en España fuéramos un poco más serios con estas calificaciones orientativas, posiblemente no se emitirían contenidos totalmente anti-infantiles en horario infantil, todo el mundo se autoresponsabilizaría de lo que ve o lo que no ve y no se montarían los jaleos que se montan con series como “Dragon-Ball” o “Shin-Chan”.

    Trey Parker y Matt Stone han querido que la gente que no quiere ver determinado tipo de escenas también vayan a ver su película “Team America”, y por eso han eliminado la escena sexual entre las marionetas: porque querían una calificación G, calificación que asegura determinado nivel sexual y de violencia. Nos consta que es totalmente inútil explicar la diferencia entre censura y guía de calificación, pero que no se diga que no se ha intentado.”
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    Manuel Montiel Rodriguez

    • Al final de mi comentario se me ha colado otra cosa en vez del enlace al artículo original, que es éste: http://www.laoffoffcritica.com/otros/ot20040911.php

    • En ningún momento habla Parra de la existencia de censura como tal, sino de la tendencia de adaptar el producto a esa guía de calificación, en pos de una mayor taquilla. Una especie de autocensura, sí, pero no en el sentido estricto de la palabra.

    • ” Y si esto es así, es fundamentalmente porque en USA cada uno se paga su propia película, y nadie puede meter la mano en ella. No como aquí, que directamente no se subvenciona a quien se quiere censurar. Método mucho más sutil y efectivo.”

      Aquí es donde el artículo que enlazas miente y toda su argumentación se va por el sumidero. Las películas, en USA como aquí, nadie se las paga de su bolsillo. Quizá un corto en superocho o una peli conceptual rodada con el iPhone, pero ya está. Para todo lo demás, Mastercard, o sea, financiación a cargo de una de las majors de Hollywood. Y ocurre lo mismo que aquí: si no le caes bien a determinada gente no te dan la pasta y tu película no se hace. Y punto. Por eso a Terry Gillian nadie le financia sus modestos proyectos pero ponen gustosamente 400 millones de dólares para que Michael Bay o Roland Emmerich monten su enésimo destruction derby de CGI.
      Incluso si consigues rodar una película con financiación obtenida de otra parte no vas a estrenar, porque las salas de exhibición tienen contratos con las distribuidoras, y si no firmas con alguna de ellas tu película solo se proyectará en cines privados, salas de cultura o cosas así. Suponiendo que encuentres alguna y estén interesados, porque tendrás que hacer tú todo el trabajo de promoción y distribución – normalmente este proceso es entre 3 y cuatro veces más caro que el rodaje en sí.
      Por supuesto, el tema es que en USA el cine es un negocio y lo que quieren las majors son películas que den pasta, no pajas mentales de “creadores” y “artistas”, pero llevado al extremo eso suele acabar en huir de cualquier cosa mínimamente arriesgada, evitar cualquier originalidad, huir de argumentos complejos o planteamientos diferentes a lo convencional. Los productores de “Deadpool” querían que la película fuese de calificación “R” porque era lo que mejor le pegaba al personaje. ¿Resultado? En lugar de los 200 o 300 millones que te dan para rodar una peli de superhéroes, recibieron 50. Y ya tuvieron suerte.

    • Team América con o sin escenas de sexo es una película para adultos, la escena que por cierto es muy graciosa,y que curiosamente si existe en el dvd, la clasificación es totalmente subjetiva y obliga a eliminar contenidos para maximizar la recaudación en taquilla, lo mejor de todo es que esos críos que no pueden ver esa película en el cine sin un adulto, podrán verla en Internet ellos solitos, una estupidez, hay que acabar con lo políticamente correcto y que una minoría de beatos decidan que es corecto o no

      • Perdone, pero es usted el que ha decidido que puede decidir por los demás. La clasificación por edades es sólo una orientación que no obliga ni impide a nadie ver la peli.

  11. Un par de puntualizaciones a lo dicho en los últimos párrafos:

    – Las tres películas de Predator que hay hasta ahora (Predator, Predator 2 y Predators) son R, así como Aliens vs. Predator 2 (Aliens vs. Predator sí fue PG-13). No creo que sea nada relevante que la cuarta/sexta película de la saga (que no tiene absolutamente nada que ver con Prometheus, por cierto, aunque en teoría compartan “universo”) también lo sea.

    – ¿”X-Men: Días del futuro pasado” la película de superhéroes de mayor recaudación de la historia? Voy a pensar que es una errata en lugar de que el autor del texto no tiene ni idea de lo que habla, porque vaya, está lejísimos de ese título (que es para Los Vengadores, con más del doble de taquilla). Igual se ha confundido porque es la película de la serie X-Men de mayor recaudación. O lo era, porque Deadpool ya la ha superado. Y no va a llegar a los 1.000 millones. Se quedará por debajo de los 800 (o algo más si finalmente se estrena en China), que ya es bastante.

  12. Toda la razón, señor Parra. Recuerdo como si fuera ayer ir al estreno de Robocop siendo un retaco de 8 añitos y como la sala (sesión de tarde, llena de niños) estalló en aplausos cuando Murphy le clava el “pincho USB” al hijo de puta de Boddicker.

    Era lo normal, estamos hablando de una peli donde el protagonista es un policia robot. ¡Un policia robot, hostia, no existe un niño en el planeta que no quiera ser eso de mayor!

    En cambio, mirad el remake con Robobop usando balas aturdidoras. ¿¡Balas aturdidoras!? ¿Nos hemos vuelto idiotas o qué? ¡Con los malos, jarabe de plomo, nada de balas aturdidoras!

    • Hay le has dado, también recuerdo aquella peli de Arnold, comando donde a un tío le clavaba un palo en el pecho y hay estábamos todos los críos con 8 o 10 años disfrutando y no pasaba nada y deadpool que tienen un pelín de sangre y algo de malhablado sea gusta como algo rupturista dice mucho al nivel de pusilaminidad que impera

  13. Hollywood, y el cine en general, gastan más en publicidad que en el propio filme porque tiene más de industria que de arte. Nada que hacer al respecto. PD. Matrix Reloaded no recaudó 90 sino más de 600 millones. Las Wachowski no se han plegado ala comodidad sino que han demostrado que un golpe de suerte lo tiene cualquiera.

    • ¿Con lo del golpe de suerte te refieres a la calidad o a la taquilla? Si es lo primero, quien dice un golpe, dice más de uno: Bound, su ópera prima, está muy bien, y Sense8 dista de ser perfecta, pero en sus episodios buenos, es MUY buena.

  14. Hola! Del mismo modo que no se puede enseñar a resolver ecuaciones a un niño de seis años porque no lo entendería tampoco va a enteder la exposición a determinados “estímulos”. Su esquema mental no está preparado para incorporar aquello que no está próximo a su zona de desarrollo.
    Por otra parte, leo a gente dispuesta a llevar a sus herederos al cine a ver personas, que no actores (cuántas veces ha salido uno del cine crecido por confundir ficción con realidad queriendo ser un robot policia o historiador sexy ;)…) repartirse hostias y transfusiones sanguíneas, y sin embargo no se si los habría dispuestos a enseñarles un documental “real” de lo que pasa en Haití o en Siria por mentar un par de sitios.

    La violencia no es cool, no mola. Y sí, hay que mostrarla pero no en historias de ficción, no es ocio. Es realidad desgraciadamente y si no queremos ser beatos como “los Walmart” tampoco queramos ser superficiales.

    • Clarooo que todo sean dragones y comedias románticas, para que hacer cine con otro contenido, si sólo “molara” la violencia en el cine, el Gore sería el género Rey, pero resulta que no, como sería el padrino sin violencia o taxi driver

  15. Yo a mis hijos siempre antes de ver una pelicula siempre les enseño como la hicieron me parece justo que los niños tengan un pico mas de vidion de como se ha hecho para que cuando la vean sepan que lo que ven es pura ficcion le enseñe que la mano de deap pool se la corta pero que es un maquillaje y la sangre igual para mi enseñarle que todo lo que da el cine es puro ingenio de gente inteligente, maquillistas que pueden lograr mucho realismo buenoooo tampoco lo he dejado ver lo unico que no le he dwjado ver son las peliculas de terror porque a mi si que me dan miedo pero el me dice mami pero si es puro maquillaje no tengas miedo yo hubiera querido tener a mis padres que me hibieran explicado como se hacian las peliculas cuando yo tenia 6 o 7 años y me puse a ver el regreso de los muertos vivientes o el cementerio maldito que esas si que a mi me dejaron impactada a mi hijo de 7 o los de 14 y 15 años saben bien y lo que no saben se los explico sere una madre moderna yo prefiero que mis hijos vean peliculas como lobezno, deap pool y otras conmigo a que la vean a escondidas con sus amiguitos y cuando han visto peliculas solos vienen y me dicen mami vimos tal pelicula con mis amigos y aunque no me gusta que lo hagan es mas importante que me digan lo que hicieron a que no me digan nada ademas son mas realistas y viendo peliculas y explicandoselas no les va mal ademas les ayuda en la vida real en que si pasa algo que ellos no puedan controlar y saben que es malo no lo haran y si nos vamos a lo real ver lo que pasa en siria y en otras partes del mundo en donde si hay violencia real yo estoy preparada para explicarles cuando ellos tengan dudas

  16. Por lo demás, me parece que algunos lectores se confunden. Aquí no se habla de censura, si no de cómo las ganas de las productoras por hacer dinero y de, por tanto, encajar las pelis en la clasificación de todos los públicos, ha dejado fuera del cine de efectos contenidos, digámoslo así, más adultos y que, y esto sí es discutible pero es lo que dice el autor, los niños también podrían ver sin menoscabo de su integridad moral ni su salud psíquica.

    En todo caso, yo sí estoy de acuerdo con el artículo. Gracias.

  17. Sí en algún punto después de los 80’s perdimos el camino…

  18. Le pueden pone “R” , “PG13”, o “NC17”, o lo que quieran que yo jamas he visto a un empleado de una sala multicines impedirla entrada de un niño a una pelicula.
    En mi epoca con 14 ó 15 años ya entrabamos a las peliculas clasificadas “S”.

  19. Entiendo que cada padre debe decidir y/o controlar aquello que está dispuesto a “enseñar” a sus hijos…
    Damos mucho énfasis a controlar los contenidos de las pelis (SEXO, violencia,…) a niños en edades tempranas.
    Cuando en el día a dia niños de todas las edades ven telediarios cargados de contenidos “violentos”: atentados multitudinarios, asesinatos, violaciones, violencia de género,… sin que a ningún familiar se le ocurra cambiar el canal o apagar la tele.
    CUANTO MENOS CURIOSO

  20. Da gusto leer artículos aquí :)

  21. Eran los años 80 y no me dejaron entrar a ver “Espartaco” en reposición. ¡”Espartaco”! Madre mía. Qué viejos somos.

  22. Esperaba una reflexión sobre la película en sí y su “novedad”, y he visto que aborda una cuestión más bien ajena a la trama… Creo que, más allá de la polémica “R”, Deadpool propone un “cambio” de paradigma en el cine de superhéroes, excesivamente revisionista. Os recomiendo este artículo (como veréis al autor autor se la suda la “R”: http://www.democresia.es/2016/04/deadpool-te-la-ha-metido-doblada/

  23. Los niños de hoy en dia no son ni la sombra de lo que fuimos, nosotros viviamos un mundo de animalitos corriendo por todos lados, a los que siempre se les moria la mama o papa, algo fuerte para una epoca de ilusiones , hoy los niños viven un mundo de super heroes , violencia hasta en las noticias del diario vivir, por lo que contenido y explicado por los padres ,diria yo , que sera menos traumatico que sufrir con las muertes de papas y mamas en peliculas de disney hace 40 años en las que nuestros padres poco nos pescaban . El que no sea para menores de 17 dead pool esta bien, aun que creo que deberia serlo para 13 ya que sobre esa edad los adolecentes de hoy saben un millon de veces mas que nosotros, internet y los juegos de play , xbos, etc los han hecho evolucionar. Ahora como le dices a niños de 6 en adelante que no pueden ver una pelicula de un super heroe , si viven con eso? simple encuentro yo , se hace un corte de la pelicula adaptada a para niños menores ,tengo un hijo de 9 años y yo mismo hize la edicion de video y modificacion de audio para que el la vea , si con un minimo de conocimiento lo pude realizar , como la industria cinematografica no lo hace ?

    • Lo mismo que corta y pega usted tan virtuosamente las pelis para que las vea su niño, no le vendría mal hacer lo propio con lo que escribe y añadir alguna puntuación en su sitio. Más que nada para que sea legible. Gracias.

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  28. Vaya tontería que aficionados al buen cine nos pongamos a hablar con fruición de taquilla; al parecer los poderes facticos han comido sesos: ¡brains! Libreme dios de saber cuanto han recaudado Conan o Duro De Matar, y de cuanto esto pudo haber cambiado la “historia del cine”. Mas daño ha hecho al stablishment Mad Max Fury Road que la irrelevante y pasotisima película de comiquitas del articulo.

  29. En Prometheus no eran dos biólogos. Era un biólogo (el del cuchi-cuchi) y un geólogo (el imbécil rapado que se perdía en una nave en forma de donut). Lo digo porque como geólogo me sentí muy ofendido…

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