Arte y Letras Historia

Un «public enemy» en Torremolinos

Alvin Karpis a 1930s 'Public Enemy No. 1', arrives at Montreal International Airport. Karpis was released from McNeil Island Federal Penitentiary after spending more than 32 years in prison and granted parole on the condition he leave the United States. Jan 15, 1969. (CSU_ALPHA_1254) CSU Archives/Everett Collection
Alvin Karpis a su llegada a Montreal después de 32 años en prisión, 1969. Fotografía: Cordon Press.

Durante un atraco a un banco la banda depende siempre del hombre que se queda fuera, en la calle, esperando. Del tipo que debe vigilar la posible llegada de la policía y a quien no puede temblarle el pulso si hay que abrir fuego y tirar a matar.

Así lo explicaba.

Después contaba que él siempre fue el hombre que se quedaba fuera.

Era un extranjero más en aquel Torremolinos de los años setenta en plena ebullición en el que se alojaban las estrellas de Hollywood que aún rodaban en Andalucía. Un hombre a punto de cumplir los setenta años, de pelo corto cano, de voz pausada, que jamás elevaba el tono. Vivía en el centro, en la plaza de la Caracola, en el apartamento de dos habitaciones que le cedía Gianni Tomasi, un italoamericano que apenas pasaba en la localidad malagueña dos semanas al año y a quien fascinaba la historia de su amigo y compatriota. Aquella historia hubiera fascinado a cualquiera.

Cuando llegó a Torremolinos en 1973, Alvin Karpis, Albin Francis Karpowicz, hijo de emigrantes lituanos en Canadá, nacido en Montreal pero criado en Topeka, Kansas, tenía sesenta y seis años y más pasado que futuro.

Acababa de pasar entonces los tres últimos años en su Canadá natal. Había escrito un libro y realizado una gira promocional para recaudar dinero. Lo necesitaba para tener la jubilación plácida que buscaría meses después bajo el sol español de Torremolinos. En 1969 le habían deportado desde Estados Unidos. Ya no podría volver nunca al país en el que había pasado la mayor parte de su vida.

Alvin Karpis fue el último public enemy. El último gánster en pie de la época de los grandes gánsteres de la Gran Depresión. De aquel final de los años veinte y comienzo de los treinta en el que hombres como él y sus bandas de criminales con subfusiles Thompson arrasaron el Medio Oeste norteamericano atracando bancos y secuestrando a empresarios ricos. Fue la época boyante del crimen. Cuando sus aventuras fascinaban al público y las policías estatales se veían incapaces de detenerlos. Cuando la Oficina Federal de Investigación, el FBI, se convirtió de verdad en el FBI. Cuando su director, John Edgar Hoover, empezó a cimentar su leyenda. Cuando aquellos gánsteres eran los reyes de América.

«Mi profesión era robar y secuestrar. Y era bueno. Probablemente el mejor de Norteamérica entre 1931 y 1936», escribió Karpis en aquel libro de memorias. «En otras circunstancias podría haberme convertido en un gran abogado o en un próspero hombre de negocios o haber asumido cualquier otro puesto que requiriese cerebro, estilo y actitud». Karpis no mentía. Había sido el mejor de Norteamérica entonces.

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3 comentarios

  1. Pingback: Un «public enemy» en Torremolinos – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  2. El director del FBI era J Edgar Hoover, no Edward J Hoover.

  3. ¡Gracias!

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