El tigre de Tarzán (y V): El culote de Wonder Woman

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La mujer maravilla (1975–1979). Imagen: Douglas S. Cramer Company.

(Viene de la cuarta parte)

Ética, estética y semiótica de la superheroína

¿Qué tienen en común Hércules, Batman, Flecha Verde y Roberto Alcázar? Además de ser extraordinariamente fuertes y audaces, y de poner sus poderes al servicio del poder, todos ellos tienen —o tuvieron— pupilos adolescentes: Yolao, Robin, Veloz y Pedrín, respectivamente. En el caso de Hércules la pederastia incestuosa es explícita, pues Yolao, además de su sobrino, es su erómeno (amante adolescente), por más que este detalle se pase por alto en algunas versiones del mito. En los demás casos, como no podría ser de otra manera, la cosa solo es simbólica o sutilmente semiótica: los pupilos a veces muestran las piernas desnudas como signo de objetualidad erótica potencial. Al igual que las superheroínas.

Las heroínas guerreras clásicas, como Hipólita o Brunilda, estaban destinadas a sucumbir a manos de los héroes para mayor gloria de estos y exaltación de la autoproclamada superioridad masculina. Hipólita es, según las versiones, sometida o muerta por Hércules, y Brunilda es vencida doblemente por Sigfrido, primero en la palestra y luego en el tálamo. En este y otros sentidos, los trabajos de Hércules son muy significativos: mata (en orden cronológico) al león de Nemea, a la Hidra y a Hipólita, es decir, al rey de los animales, a la serpiente ctónica —equiparable al diablo— y a la reina de las amazonas. La fuerza bruta hiperbólica al servicio del especismo, la religión y el patriarcado, las tres grandes constantes antropológicas que siguen siendo las grandes lacras de nuestra cultura.

Las superheroínas del cómic supusieron, en el momento de su irrupción, a mediados del siglo pasado, un significativo avance con respecto al estereotipo clásico. Aunque la mayoría de ellas —como Supergirl, Batgirl o Catwoman— estaban supeditadas de un modo u otro a un superhéroe, ya no eran meros apéndices de sus compañeros ni víctimas propiciatorias del patriarcado, y al menos una de ellas, Wonder Woman, alcanzó un lugar muy suyo en el panteón superheroico sin el respaldo de una contraparte masculina. Un lugar muy suyo y muy alto, pues integra, junto a Superman y a Batman, la triada capitolina de DC Comics, por lo que es comprensible que se haya visto en Wonder Woman un icono feminista. Comprensible, pero poco convincente. Como la mayoría de las superheroínas, Wonder Woman luce una larga y poco funcional cabellera, generosos escotes y piernas desnudas, que proclaman su faceta de objeto —y fetiche— erótico. De objeto erótico insumiso, que no es poco; pero modelado, en última instancia, por las fantasías masculinas, como las dominatrices en cuya estética se inspira por más que pueda despistarnos el colorido de su indumentaria y su culote estrellado, que parece hecho con un retal de la bandera estadounidense. Lo cual, dicho sea de paso, además de indicarnos de qué lado está su usuaria, le confiere a la prenda un cierto cariz de cinturón de castidad simbólico. Noli me tangere: la sagrada enseña patria custodia mi pureza amazónica.

Y si la indumentaria de Wonder Woman se inspira en la estética dominatrix, la de otras superheroínas la reproduce sin ambages; como en el caso de Catwoman enfundada en su traje de cuero negro, que en algunas versiones lleva incluso zapatos de tacón (muy adecuados para correr y saltar por los tejados) y blande un látigo con el que «disciplinar» a sus adversarios.

Los zapatos de tacón merecerían un largo inciso, y es inexcusable dedicarles al menos uno breve. No hace falta recordar que figuran entre los principales fetiches sexuales, ni que los traumatólogos llevan décadas alertando sobre su uso, que no solo provoca daños en los pies sino también en las articulaciones de las piernas y las caderas, e incluso en la columna vertebral. La relación del calzado con la salud, la libertad y la dignidad no ha sido estudiada con la profundidad que el asunto requiere, pese a ensayos pioneros como This Mysery of Boots (1907), de H. G. Wells. El pie femenino, como instrumento y símbolo de la movilidad y la autonomía, ha sido objeto de agresiones brutales en muchas culturas (como el tradicional vendado de pies chino), y la nuestra no es una excepción: «Mujer casada, pierna quebrada» no es solo una metáfora odiosa. Y para encontrar más atractiva a una mujer con un calzado que limita sus movimientos y daña sus articulaciones hay que ser un enfermo intoxicado por la estética del dolor y el sometimiento. Fin del inciso.

La compleja dialéctica cultura-mercado genera una gran variedad de productos; algunos tienen éxito y ocupan lugares destacados en el escenario cultural, otros permanecen en los márgenes y muchos no logran siquiera salir a la luz. De vez en cuando un producto poco convencional, expresión más o menos oportuna u oportunista de una corriente transformadora, alcanza un cierto éxito, y es una buena señal, como es una buena señal que a la Casa Blanca llegue un presidente no del todo blanco. Pero sería ingenuo hacerse demasiadas ilusiones: ni Obama es un referente del Black Power ni Wonder Woman un icono feminista. Son dedos que señalan la Luna; pero la Luna, aunque ya no sea inalcanzable, sigue estando lejos.

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4 comentarios

  1. WW no será un icono feminista por todas las irrefutables razones que usted enumera, pero se ha ganado mi simpatía y compasión debido a su ingenuidad (en la peli. Es enervante. Me recuerda El Idiota de Dostoievskj) pero que tiene muy en claro contra quien luchar: el odioso Marte. Además, desconoce las modas y viste como se le da la gana. Es lo más parecido a una monja con superpoderes y sin sotana. Tendría que haber muchas WW, especialmente en politica, para equilibrar el exceso de viveza, demostraciones de hombría y vocinglería de altos decibeles de la otra parte. Muchas gracias por la lectura.

  2. augusto

    ¿Y qué pinta la estrella roja en la diadema de WW?

    • No sé con qué intención la pusieron los autores; pero, independientemente de ello, las imágenes, al igual que los textos, dicen lo que dicen. Es inevitable ver en el culot de WW un retal de la bandera de EEUU, y también es inevitable percibir, consciente o inconscientemente, la simbología de la estrella roja. Que, por cierto, es ambigua; es un símbolo socialista, pero también deportivo, comercial… Al verla, unos pensarán en la revolución y otros en cerveza, independientemente de cuál fuera la intención de los autores, si es que la tenían.

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