
(Viene de la cuarta parte)
Ética, estética y semiótica de la superheroína
¿Qué tienen en común Hércules, Batman, Flecha Verde y Roberto Alcázar? Además de ser extraordinariamente fuertes y audaces, y de poner sus poderes al servicio del poder, todos ellos tienen —o tuvieron— pupilos adolescentes: Yolao, Robin, Veloz y Pedrín, respectivamente. En el caso de Hércules la pederastia incestuosa es explícita, pues Yolao, además de su sobrino, es su erómeno (amante adolescente), por más que este detalle se pase por alto en algunas versiones del mito. En los demás casos, como no podría ser de otra manera, la cosa solo es simbólica o sutilmente semiótica: los pupilos a veces muestran las piernas desnudas como signo de objetualidad erótica potencial. Al igual que las superheroínas.
Las heroínas guerreras clásicas, como Hipólita o Brunilda, estaban destinadas a sucumbir a manos de los héroes para mayor gloria de estos y exaltación de la autoproclamada superioridad masculina. Hipólita es, según las versiones, sometida o muerta por Hércules, y Brunilda es vencida doblemente por Sigfrido, primero en la palestra y luego en el tálamo. En este y otros sentidos, los trabajos de Hércules son muy significativos: mata (en orden cronológico) al león de Nemea, a la Hidra y a Hipólita, es decir, al rey de los animales, a la serpiente ctónica —equiparable al diablo— y a la reina de las amazonas. La fuerza bruta hiperbólica al servicio del especismo, la religión y el patriarcado, las tres grandes constantes antropológicas que siguen siendo las grandes lacras de nuestra cultura.
Las superheroínas del cómic supusieron, en el momento de su irrupción, a mediados del siglo pasado, un significativo avance con respecto al estereotipo clásico. Aunque la mayoría de ellas —como Supergirl, Batgirl o Catwoman— estaban supeditadas de un modo u otro a un superhéroe, ya no eran meros apéndices de sus compañeros ni víctimas propiciatorias del patriarcado, y al menos una de ellas, Wonder Woman, alcanzó un lugar muy suyo en el panteón superheroico sin el respaldo de una contraparte masculina. Un lugar muy suyo y muy alto, pues integra, junto a Superman y a Batman, la triada capitolina de DC Comics, por lo que es comprensible que se haya visto en Wonder Woman un icono feminista. Comprensible, pero poco convincente. Como la mayoría de las superheroínas, Wonder Woman luce una larga y poco funcional cabellera, generosos escotes y piernas desnudas, que proclaman su faceta de objeto —y fetiche— erótico. De objeto erótico insumiso, que no es poco; pero modelado, en última instancia, por las fantasías masculinas, como las dominatrices en cuya estética se inspira por más que pueda despistarnos el colorido de su indumentaria y su culote estrellado, que parece hecho con un retal de la bandera estadounidense. Lo cual, dicho sea de paso, además de indicarnos de qué lado está su usuaria, le confiere a la prenda un cierto cariz de cinturón de castidad simbólico. Noli me tangere: la sagrada enseña patria custodia mi pureza amazónica.
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WW no será un icono feminista por todas las irrefutables razones que usted enumera, pero se ha ganado mi simpatía y compasión debido a su ingenuidad (en la peli. Es enervante. Me recuerda El Idiota de Dostoievskj) pero que tiene muy en claro contra quien luchar: el odioso Marte. Además, desconoce las modas y viste como se le da la gana. Es lo más parecido a una monja con superpoderes y sin sotana. Tendría que haber muchas WW, especialmente en politica, para equilibrar el exceso de viveza, demostraciones de hombría y vocinglería de altos decibeles de la otra parte. Muchas gracias por la lectura.
Gracias a ti. Y estoy básicamente de acuerdo; por eso digo que es un dedo que señala en la buena dirección.
¿Y qué pinta la estrella roja en la diadema de WW?
No sé con qué intención la pusieron los autores; pero, independientemente de ello, las imágenes, al igual que los textos, dicen lo que dicen. Es inevitable ver en el culot de WW un retal de la bandera de EEUU, y también es inevitable percibir, consciente o inconscientemente, la simbología de la estrella roja. Que, por cierto, es ambigua; es un símbolo socialista, pero también deportivo, comercial… Al verla, unos pensarán en la revolución y otros en cerveza, independientemente de cuál fuera la intención de los autores, si es que la tenían.