Nacho Escuín: «La palabra tiene capacidad de generar realidad, y más ahora que estamos en la era de la posverdad»

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Fotografía: Ángel Fernández

Ignacio Escuín Borao (Teruel, 1981) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Mientras impartía clases como profesor de Literatura en la Universidad de San Jorge aceptó el reto de montar la editorial de la universidad. De ahí pasó a trabajar para la Fundación María Domínguez hasta que Javier Lambán lo requirió para que ocupara la dirección general de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón.

Acudimos a entrevistar a Nacho coincidiendo con la celebración del Salón del Cómic de Zaragoza, un evento multitudinario donde cada año acuden más lectores y editores relacionados con el noveno arte. La apuesta del Gobierno de Aragón por sus industrias culturales tiene al sector del cómic como beneficiario de sus políticas con el objetivo de potenciar el talento creativo de la comunidad. Conversamos con Nacho sobre su trabajo en política, su labor como editor y sobre poesía, mucha poesía.

Este Salón del Cómic de Zaragoza es referente a nivel nacional, ¿en qué se diferencia de otros salones?

Creo que lo principal que tiene este salón es que ha nacido del propio sector del cómic de la ciudad, se originó en las asociaciones. Eso ya garantiza una naturaleza distinta, es decir, no es un proyecto creado desde una institución. Empieza con una relación muy fuerte con los centros cívicos de Zaragoza, nace casi como una estructura vecinal y poco a poco va ganando espacio y tiempo. El sector del cómic en Aragón goza de muy buena salud y hace que todo esto tenga más sentido. Es decir, referentes, dibujantes, escritores de cómic… Las editoriales están haciendo muy buen trabajo, van creciendo poco a poco, y el trabajo de las librerías de cómics en Zaragoza es excepcional. Como hemos tenido la oportunidad de hacer bastantes cosas con ellos veo cómo se relacionan, los conocen en todos los sitios. Creo que eso también posibilita que este salón abra las puertas a todo el mundo y nadie le dice que no, tiene todos los autores y ese es uno de los secretos.

El Gobierno de Aragón apuesta por la presencia institucional en otros salones y eventos culturales relacionados con el cómic, ¿cuál es el objetivo?

Difundir lo que nuestras industrias culturales nos piden y estar a la altura de su talento. Si nosotros tenemos un sector emergente como es el del cómic, lo que tenemos que hacer desde las instituciones es propiciar que llegue al mayor número de gente posible. Hemos abierto la Feria de Teruel al sector del cómic y ha sido una gran novedad, tiene muchísimo éxito, vende todos los años bastante. En el Salón del Cómic de Barcelona comparten espacio editoriales y librerías especializadas, y creo que esa apuesta está funcionando bien. Luego, una gran suerte es tener a gente como Dani Viñuales, que se inventa el salón de cómic transfronterizo de Jaca, nos sale bien y empezamos una relación emergente con los franceses, este año vamos a Francia nosotros. Se trata de estar un poco a la altura de las necesidades del sector y lo mejor que tiene este sector del cómic aquí es que no solamente son escritores y dibujantes, sino que también son teóricos, hay gente dentro de la propia estructura que sabe muchísimo y creo que lo están transmitiendo muy bien y están haciendo entender a todo el mundo que el sector tiene que crecer en todas las estructuras, no solo en hacer buenos libros sino también potenciarse como industria.

¿Es el cómic el noveno arte?

El cómic es, el otro día lo decía Altarriba y estoy de acuerdo, en realidad dos artes: el arte en sí y la literatura. Hay que valorarlo como lo que es y potenciarlo, no puedo decir otra cosa. Hemos hecho un cómic de Goya con el Torres que lleva el nombre de Goya a absolutamente todos los sitios, otro sobre Buñuel que ha realizado GP Ediciones, y la conclusión es que el poder que tiene el cómic para llegar a un nuevo público, y además con esa belleza, no lo tiene ahora mismo ningún otro producto literario. Es también interesante porque hay una doble vía de implicación entre las instituciones y el sector. Juntos hemos hecho un buen trabajo, como con las obras de arte de la colección de Sijena, que ha servido para a explicar a todo el mundo, y sobre todo a los institutos, por qué son tan importantes esos bienes que han vuelto al monasterio.

Tú tuviste problemas, ¿no? Cuando fuiste a Lérida y no te dejaban entrar al museo y sin embargo había una persona que ya estaba fuera de las instituciones pero que estaba dentro y se atrincheraba…

Vamos a contextualizar. Se trata de los bienes que tenían que volver a Aragón desde Barcelona y desde Lérida. La primera parte volvió desde Barcelona voluntariamente porque Santi Vila así lo ordenó, pero la parte de Lérida no salía. Santi Vila se fue del gobierno catalán y las posturas se radicalizaron, como sabéis, muchísimo. Hay una sentencia que no se cumple y finalmente un juez ordena la ejecución. A partir de ese momento se activa un operativo policial en toda regla. La noche empieza muy pronto, el día 10 a las 22:00 horas estábamos ya preparados para viajar, teníamos órdenes de no salir hasta que nos diera la guardia civil el OK y a las 23:45 de la noche partimos hacia Fraga los técnicos del museo y conservadores capitaneados por mí. Llegamos a Lérida a las 3 y pico de la mañana en coches blindados y ahí empieza la segunda parte. Nos encontramos con que ellos no han respetado lo que estaba pactado respecto al operativo. Tenía que haber solo técnicos del museo, pero ahí estaba Josep Boya, director general de Patrimonio, y nosotros no podíamos entrar.

Ya no era el director general de Patrimonio.

Ya no lo era porque estaba el 155. Hablamos con la guardia civil y entramos. Fue muy desagradable y tuvimos que salir escoltados del museo. Ahora estamos con el asunto de las pinturas murales que también nos tienen que devolver y ellos dicen que no se pueden mover. Casualmente para cesiones temporales se han movido en cuatro o cinco ocasiones ya.

¿Qué cómics destacarías de los que se presentan en este salón?

El de Goya del Torres y el de Buñuel de GP. También hay una artista turolense que me encanta, Laura Rubio, y obviamente los Malavida, que son los primeros, y esto es muy importante decirlo, que como asociación empezaron con todo esto. El salón del cómic no sería lo que es sin ellos. Roberto Malo es un escritor que ha publicado en un montón de editoriales aragonesas distintas, pero ahora ya está de guionista con ellos. Incluso de una novela que yo le publiqué hace muchos años ellos acabaron haciendo un cómic. Están trabajando muy bien y tienen una serie que les funciona estupendamente que se llama Estoy hecho un cocinicas, con recetas de cocina en cómic. Son muy divertidos.

Según el CIS, lo que menos vende en literatura es el cómic y la poesía. ¿Cómo sobreviven las editoriales de poesía y cómic?

Los números son números, no se pueden discutir, pero creo que lo que no vende es la poesía.

Los datos indican que la ficción alcanzaba una cuota del 40%, el ensayo bajaba y lo peor era la poesía y el cómic, que no llegaban al 1%.

El ensayo creo que se mantiene gracias a los grupos de investigación de las universidades. Tiene un público muy fijo, muy determinado y las tiradas son pequeñas, esto también es importante. Los resultados de otro estudio apuntan que en España se vende, de cada título de poesía, entre quinientos y mil ejemplares.

Eso es imposible, ¿tanto?

Eso es el asunto, ventas por encima de mil ejemplares las consiguen pocos poetas. Esta es la cruda realidad. Creo que el cómic está vendiendo mucho más.

¿Cómo sobreviven las editoriales?

Las editoriales de poesía sobreviven gracias a las subvenciones. Cuando algo tiene que ser subvencionado por obligación es porque no es rentable, esa es precisamente la obligación. Es muy complicado cuando estamos hablando siempre de empresas de una o dos personas como máximo, aunque cuando se habla de poesía a uno le viene a la mente Visor.

Karmelo Iribarren vende mucho en Visor.

Karmelo vende ahora, nunca había vendido. Cuando Karmelo publicaba en Renacimiento o en Guacánamo, una editorial de Barcelona menor, lo conocíamos pocos. Era un autor de culto.

Y dices que las editoriales de cómic no necesitan tantas subvenciones como las de poesía.

Creo, de verdad, que están generando algo muy bueno: público nuevo. La diferencia esencial está en que el lector de poesía no se renueva a la velocidad y volumen a la que se está renovando el cómic. No hay más que ver lo que hay en el Salón del Cómic de Zaragoza. Sobre todo, por la gente joven. Cuando voy a Liber, a la feria del sector de libro, no veo a tanta gente. Es increíble. Y está comprando todo el mundo, veo que no paran. Luego otra historia es cómo se regula el número de ventas. Me explico: lo que venden las editoriales en ferias no se computa porque no es una venta que registren las librerías, que son quienes proporcionan los datos. Solo las propias editoriales saben lo que se está vendiendo. En palabras de Olvido García Valdés: el autor, en realidad, muchas veces no sabe lo que vende. Durante el día del libro de Zaragoza hay editoriales que venden un tercio de lo que van a vender en todo el año.

Si el gasto medio en libros por persona en España es de sesenta euros al año, ¿qué acciones se podrían impulsar desde las instituciones para ayudar al sector editorial?

Hay que seguir con los planes de fomento de la lectura. En Aragón había un proyecto maravilloso que puso en marcha Ramón Acín, se llamaba Invitación a la lectura, y venían autores, se leía, se vendía. Se lo cargaron, no es que lo redujeran, lo dejaron de hacer. Es lo mismo que pasó en el Ministerio, no hay planes de fomento a la lectura. Ahora parece que los quieren volver a impulsar…

Supone poco presupuesto.

No vale nada.

Entonces tiene que ser algo ideológico: no quiero que la gente lea.

No quiero que la gente sea libre y no quiero que la gente tenga espíritu crítico. Nosotros lo estamos intentando, hemos puesto en marcha una cosa que se llama Enseñarte que no solamente implica literatura, sino música, danza, todas las artes. Ese resultado yo no lo voy a ver, hay que pensar a largo plazo, pero ahí está. Ese es el público que se va a gastar más dinero en un futuro.

¿Has comprado algo por Amazon?

He comprado, pero lo he dejado de hacer. He hecho regalos comprando por Amazon porque se lo mandan a casa a la persona a la que le quieres regalar algo con tu cartelito y tu notita en dos días. Pero intento comprar en librerías pequeñas: Antígona, Cálamo,  París… Porque también he sido editor y en su día los pequeños libreros me apoyaron.

La revista cultural Turia celebra su 35 aniversario. ¿Conoces a su director Raúl Maicas? ¿Qué te parece el proyecto?

Me parece un milagro que haya durado y que dure y que tenga la salud que tiene. Es verdad que es una de las pocas veces que se ha llegado a un pacto institucional. Turia no se toca gobierne quien gobierne y ponemos todos de nuestra parte. El Gobierno de Aragón apoya el proyecto a través de Fomento y nosotros también apoyamos números puntuales con financiación directa cuando es necesario. Turia es una puerta que te abre, nunca mejor dicho, las puertas de la Biblioteca Nacional para presentarla ahí, el Instituto Cervantes que trae a Teruel escritores de primerísima fila a presentar los números y es todavía un espacio para la crítica que está muy devaluada en los medios habituales. Que Turia tenga un pedazo de dosier de crítica literaria me parece increíble. Luego hay otras secciones que me pueden gustar más o menos, pero la de poesía con poemas nuevos es muy interesante y la parte de entrevistas está muy bien. Tanto Raúl Maicas como la que fue autora intelectual de ese proyecto, Ana María Navales, lo hicieron muy bien.

En Turia colaboras con críticas literarias, ¿siempre son positivas? ¿Te cuesta trabajo por tu experiencia como editor criticar textos de forma negativa?

Ahora estoy en otras cosas. Presento libros porque no sé decir que no, pero intento que sea lo menos posible porque no quiero que se genere algo raro, es mi sector. Antes hacía critica, además de en Turia, en Heraldo de Aragón, en el suplemento Artes y Letras. En Turia no elegía el libro que criticaba, funciona de manera distinta, los colaboradores reciben un encargo de Raúl. Obviamente la mayor parte de las veces yo conocía a los autores que estaba reseñando. Creo que alguna vez he hecho alguna reseña en Heraldo con un poco de acidez, incluso alguna muy dura. Hice una reseña a Manuel Vilas que nos generó a los dos un amplio periodo de nuestras vidas de desencuentro, por suerte ahora nos hemos reído juntos, nos hemos tomado unas cervezas y se nos ha pasado. Todo el mundo habla del ego del escritor, pero el del crítico… ahí hay una lucha. No lo sé, tengo mis dilemas, no sé si hay que hacer reseñas negativas. Hay que animar a la lectura y al consumo de los libros, entonces hay que hacer reseñas inteligentes, ni buenas ni malas.

Antón Castro, premio nacional de periodismo cultural, dirige ese suplemento.  ¿Cómo es tu relación con él?

Me llevo fenomenal con Antón Castro, ha sido autor de mi editorial, soy amigo suyo y de sus hijos. Antón es el motor de todo lo que pasa en el mundo del libro aquí. Yo creo que presenta un libro al día, y vive la literatura. Es premio nacional de periodismo cultural. Casi nada.

Eclipse y Eclipsados. Háblanos de ambos proyectos, la revista y la editorial.

La revista es una de las cosas más chulas que he hecho en la vida, probablemente la más bonita y todo empezó en segundo de carrera, en el año 99. Como nos pasa a todos los filólogos, en primero lo coges con ganas, en segundo te desencantas y, o tienes un proyecto, o sufres. Porque es una carrera preciosa, pero empiezas a ver la dificultad. Todo el tiempo te están diciendo lo difícil que lo vas a tener luego para trabajar, te planteas dudas sobre qué vas hacer. Tuve la suerte de encontrarme con una gran generación de poetas y escritores más o menos de mi misma edad, un poco mayores casi todos. Nos reunimos un día en la cafetería de la facultad y cuando les dije que iba a montar una revista me dijeron que no, que íbamos a montar una revista, fue genial. Después la revista se quedó en la facultad con gente nueva, tuvo una nueva dirección y luego, finalmente, esa nueva dirección decidió que la dejaba de hacer. Pero para mí fue un triunfo grande de todos que quedara, que no dependiera exclusivamente de nosotros. Cuando terminé la carrera monté la editorial, porque obviamente tienes algo dentro. Creo que editar es un ejercicio de generosidad que todos los autores deberían, alguna vez en la vida, vivir. Y soportar al autor. Se aprende muchísimo y aprendes mucho como autor. A mí me ha hecho un autor más responsable con mis editores haber sido editor, saber exactamente hasta dónde puedo pedir, el darme cuenta del esfuerzo que están haciendo para sacar cada libro. En todos mis libros de poesía solo puedo estar agradecido, cada uno ha hecho lo que ha podido, hay algunas editoriales que siguen, otras han quebrado, pero sé que todo lo hicieron con la mejor intención y casi todos los miembros de Eclipse siguen siendo buenos amigos, eso quiere decir que hicimos algo bien.

¿Cómo llegas a ser director general de Cultura y Patrimonio?

Yo también me lo pregunto. Cuando terminé la carrera tuve una beca de colaboración con un departamento de Magisterio, cuando terminé el contrato me fui de Zaragoza y mi primera parada fue San Sebastián, fui a conocer a Karmelo Iribarren. Estuve con él, fue maravilloso, me contó muchas cosas, yo tenía claro que eso iba a ser mi tesis, quería escribir sobre realismo, pero había algo de San Sebastián que no me llenaba y me fui a Gijón. Ahí estaba viviendo David González, que era para mí, en aquel momento y creo que todavía, el verdadero realismo, y yo quería hacer realismo. Me alquilé un piso en Gijón, ahí conocí muy bien a David, hice con él una antología de poesía escrita por mujeres, la Verdadera historia de los hombres. Otro punto crucial en mi vida es cuando me lleva David por primera vez a Huelva, a Edita, la feria de editores. Groso modo eso es el inicio de la tesis, tuve la grandísima suerte de tener un director de tesis que es Alfredo Saldaña, un gran poeta, pero sobre todo una persona que enseña a leer y que me enseña que hay que saltar la anécdota porque en la poesía realista es muy feo quedarse con la anécdota ¿de qué va el poema? Eso es lo que importa.

Publiqué luego el ensayo de la tesis en la Universidad de Valladolid en una colección de ensayo literario, de teoría literaria y, seguidamente, al terminar la tesis se quedó una plaza de profesor de literatura libre, porque María Angulo se fue a Buenos Aires con una beca, y así entré en la universidad. La Universidad San Jorge no tenía servicio de publicaciones así que hablé con el rector y con el vicerrector y les dije: «pues voy a montar la editorial de la universidad». Me la encargaron, María decidió que no volvía, me quedé con las clases de literatura y además monté el servicio de actividades culturales. A partir de ese momento, con un frenesí desbocado, ganamos hasta un premio nacional de edición universitaria con un libro de Mayakovski en coedición con Castilla la Mancha; en un año ganamos un premio nacional y yo tenía actos culturales en Zaragoza todos los días. Jueves de poesía, había charlas, había foros, cursos de escritura y un día me llamó Javier Lambán y me dijo que quería contar conmigo para la Fundación María Domínguez, conocí ahí también a Alberto Sabio, hicimos unos cuantos actos culturales y llegaron las elecciones, ganó Javier y un día, estando en una reunión de grupo de investigación discutiendo sobre temas, me llamó para ofrecerme ser director general de Cultura y Patrimonio.

¿Has vivido siempre en Aragón? ¿Qué podría ser de tu vida fuera de este lugar?

Quitando ese período que viví en Gijón, sí, he vivido siempre aquí. Soy de Teruel, a los dieciocho años salí de allí, pero venía a Zaragoza donde vivían mis abuelos y estuve una época con ellos, así que siempre he estado muy protegido. He tenido varias veces oportunidades laborales en Madrid y por diferentes motivos no las he aceptado: asuntos de carácter familiar, porque no me quería ir o porque no lo tenía claro. Me siento muy aragonés, me gusta estar aquí, conozco a todo el mundo y creo que el sector cultural de Aragón se ha puesto muy interesante. No digo que no necesite otras cosas, pero tengo que decir que casi todo lo cultural que pasa importante en Madrid o en otros sitios de España también acaba pasando por Aragón: las exposiciones grandes, las obras de teatro… El tema de consumo cultural estos días me ha hecho pensar bastante, porque creo que los datos no son reales. Creo que Aragón sí que está consumiendo cultura y las instituciones tenemos algo que ver, porque estamos programando mucha cultura. El Gobierno de Aragón ha promovido muchísima cultura gratuita.

¿Está regalando libros?

No, pero sí conciertos gratuitos y muchas actividades. Los museos de la comunidad son gratuitos y los del ayuntamiento también. Cuando se aprobó la Ley de Patrimonio se decidió que todos los museos propiedad de Gobierno de Aragón fueran gratis. Si os dais una vuelta por el Pablo Serrano y por otros museos de Zaragoza podéis ver desde goyas maravillosos hasta el arte contemporáneo del Pablo Serrano por cero euros. El ayuntamiento de Zaragoza ha hecho muchísimos conciertos gratis.

Dice la consejera de Educación, Cultura y Deporte que la DGA ha multiplicado por diez las ayudas al sector del libro, ¿cómo se materializa este incremento de las partidas presupuestarias?

Tenemos una consejera y un presidente que se creen la cultura por encima de todo. Las partidas de ayudas al libro eran de veinticinco mil euros. Cerré mi editorial en parte porque no podía soportarlo. Hice la poesía completa de Labordeta, que tuve la suerte de preparar con él en vida; no lo llegó a ver, pero trabajamos muy bien juntos. Ochocientas y pico páginas, una tirada de mil doscientos ejemplares. Recibí ochocientos euros de subvención del Gobierno de Aragón. Ahora hay unas ayudas decentes y hemos abierto una línea nueva de ayudas a librerías para pagarles todos los eventos culturales.

¿Y ahora la cosa está en doscientos cincuenta mil euros?

Sí, doscientos veinticinco mil, pero aparte vamos a Liber, a la Feria del libro de Madrid, a Guadalajara (México) y vamos a Miami el año que viene. Es decir, muchísimo más. En el libro estamos por encima de un millón porque además editamos nosotros directamente. No solamente ayudamos a la edición, sino que editamos. Considero que un gobierno tiene que hacerlo.

¿Qué es el Centro del Libro de Aragón?

El centro es un apartado, es una sección de cultura que tiene identidad propia, y por lo tanto reivindica la importancia del libro. Ahora que hay una Dirección General del Libro, eso es lo que hemos tenido siempre con el Centro del Libro. El Centro del Libro lo dirige José Luis Acín, el hermano de Ramón Acín, y en un momento determinado tuvo nueve personas trabajando ahí. Con la anterior legislatura se quedó solo José Luis Acín, sin personal y sin presupuesto. No iban a ferias, no iban al Liber, no había ayudas, como hemos contado, pero José Luis es un trabajador excepcional. Una de mis suertes para poder hacer todo lo que estamos haciendo es tener a gente como él que posiblemente ha editado en su vida unos tres mil libros. Siempre está y con humildad, sin quitar protagonismo a nadie. Eso es esencial. El motor del Centro del Libro es José Luis Acín. Y no se cerró en su día porque no podían despedir a José Luis por ser funcionario. Existe el Centro del Libro porque existe José Luis.

Hace poco estuvisteis en la Feria del Libro de Guadalajara en México. ¿Cómo fue la experiencia? ¿De qué manera ayudan estos eventos al sector del libro?

A Guadalajara fuimos con un regalo debajo del brazo que fue el libro de Carlos Saura que acabamos de editar. Hemos sacado una colección que se llama Luis Buñuel y que hacemos en colaboración con la Universidad de Zaragoza y la UOC. Habíamos publicado el libro de fotografías que Ramón Masats le hizo a Buñuel en el rodaje de Viridiana. Hicimos la exposición y sacamos el libro catálogo, lo vio Saura y le encantó. De repente, me llama un día la hija de Carlos, Ana, para decirme que su padre quería publicar un libro con nosotros. Esto fue a comienzos del 2018, y antes de final de año ya teníamos el libro editado. Es un libro muy bonito, fotografía iluminada. En las últimas películas que ha hecho ese es el tipo de escenarios que él mismo pinta.

El Centro del Libro de Aragón fue a la feria de Guadalajara con stand propio, con la sociedad de editores de Aragón vendiendo libros y con Carlos Saura. Yo no pude ir, pero entiendo que fue impresionante, viendo las fotos y la cantidad que había de gente por ahí. Abría a las 9 de la mañana y había días que cerraba a las 11 de la noche. Ha sido pesado, pero están muy agradecidos de que el Gobierno de Aragón haya financiado la posibilidad de que estén ahí.

¿Y qué llevabais de Goya?

De Goya llevamos Los sueños de la razón, que estuvo en Madrid en el Museo Lázaro Galdiano, la misma exposición que va a Miami y a Los Ángeles. Tiene un libro catálogo excepcional.

¿Maridan bien el vino y los libros en la Dirección General? ¿Es el vino cultura? ¿Hay acciones conjuntas?

Nosotros tenemos un patrocinador bien claro que es Enate, una marca de vino muy vinculada al arte. Todas las etiquetas de Enate están hechas por artistas, son preciosas y cuando entramos al gobierno, una de las cosas que queríamos hacer era recuperar la dotación económica que le habían retirado. Diez mil euros le dan directamente al ganador del premio de las letras cada año. El primer año lo ganó Vilas, el segundo año Agustín Sánchez Vidal, y este tercer año lo ha ganado José Luis Corral. Enate ha estado ahí, regala vino a los escritores que están con nosotros en las ferias, nos ayuda y nos apoya. Este año estuvieron en la organización de los premios Forqué, que ya acogimos en 2018 y salió muy bien. Estoy muy agradecido por cómo Enate ha atendido la cultura y tengo más peticiones de otras bodegas, lo que pasa es que obviamente tengo que ser responsable con el que está patrocinando desde el principio. Pero ha habido efecto llamada y tenemos varias denominaciones de origen más que quieren colaborar. De hecho, hemos hecho algo con Campo de Borja, que está haciendo unos libros excepcionales. En el Museo de Zaragoza, en nuestro patio, se hacen catas de vinos y ha ido tan bien la relación que nos han regalado la restauración de una obra del museo, un cuadro del XVII. Es que da gusto cuando ves que gente que no tiene por qué dedicarse a la cultura quiere estar contigo en la cultura.

También estaréis en la Expoesía de Soria. ¿Por qué empezaste a escribir poesía y cómo llegaste a publicar tu primer libro?

Tuve un muy buen profesor de literatura en el instituto. Yo no estaba leyendo más que la poesía oficial, la que salía en los libros o lo que me llegaba, pero él me empezó a pasar libros y ahí empecé a escribir poesía, y luego tuve la suerte de ganar el Premio Lázaro Carreter con lo primero que publiqué, por cierto, con Vilas en el jurado.

Antes de la crítica.

Sí, tenía catorce o quince años, tuve mucha suerte al principio. Gané bastantes premios e iba publicando. Y luego, ya sabes cómo es el sector literario, si te mueves es muy fácil publicar, porque todo el mundo quiere autores que se mueven. Al principio tuve suerte con los premios y luego he tenido suerte de otras maneras. Soy un tipo con mucha suerte, tengo críticas, pero tengo suerte.

Vamos a seguir con unos versos tuyos: «Pero no nos engañemos, / enamorarse no es tan fácil / es hacer a alguien único entre el resto / y yo podría encontrar toda la belleza del mundo / en todos sus cuerpos». ¿También te gusta toda la poesía? ¿Tienes algún favorito?  

Principalmente me gusta la poesía y leo todo lo que cae en mis manos, pero por supuesto que tengo autores favoritos. Como ya he citado antes unos cuantos, se entiende que me gustan, pero, además, para mí fue esencial la primera vez que leí algo de Gil de Biedma. Me empezó a cambiar el gusto poético. Cernuda me parece colosal, y poco reconocido dentro del 27, ya sé que es muy conocido, pero no lo suficiente. Por su calidad poética debería ser muchísimo más conocido. Toda la operación que ha habido para Machado no la ha tenido Cernuda, no ha habido una operación Cernuda. También se habla de Lorca, y estoy encantado que la gente lea a Lorca, pero se le comprende mejor leyendo a otros al mismo tiempo, cosa que no se está haciendo.

Te doctoraste con la tesis Fórmulas del nuevo realismo en la poesía española contemporánea (1990-2009). Háblanos de los poetas realistas.

Se trata del grupo que surge a partir de la llegada a España de Roger Wolfe. Roger empieza a traducir a Bukowski, es su primer traductor aquí. Su índice de lecturas no tiene nada que ver con el índice de lecturas de los escritores españoles. Viene con ese punto inglés, incluso americano, que trae cosas nuevas. Y entonces se empieza a formular un grupo en el que están Karmelo Iribarren, David González, que acaba publicando un muy buen libro en DVD ediciones, cuando DVD empieza a surgir. Esto es importante porque llega a ser el lugar en el que van a acabar publicando casi todos escritores realistas, porque el trabajo de Sergio Gaspar es espectacular en esos años y publica libros maravillosos. El mejor libro de Manuel Vilas está publicado por DVD, se llama El Cielo. Ese libro merecería el Premio Nacional de Literatura, sin ninguna duda. Si no lo conocéis buscadlo porque es la clave del cambio estético de Vilas, cuando empieza a hacer cosas diferentes. DVD publica a Fonollosa, publica a mucha gente que es clave en cómo cambia la poesía española. Y luego hay un libro esencial que es la antología de poetas heterodoxos, donde está Riechmann, donde está Orihuela, donde está todo el grupo de Huelva, Eva Vas, Francis Vázquez, que acaba de morir, Comendador, que creo que vive en Extremadura, pero tiene una relación muy grande con ese círculo y ese núcleo de Barcelona donde está David Castillo, poetas muy interesantes que hace mucho tiempo que no publican poesía.

¿Eres tú uno de esos poetas del nuevo realismo? ¿En qué antología poética podemos encontrar tu nombre?

Mejor que lo digan otros. Pero, por ejemplo, en el homenaje que se hizo a Bukowski, en Caballo de Troya, ahí hay como una lista oficial.

Realismo y realismo sucio, ¿cuál es la diferencia?

Tener mala intención, porque cuando pones un apellido a algo directamente lo estás colocando en una posición. El término sucio aleja a muchísimos lectores, viene del dirty realism americano, pero ahí está con otro matiz y aquí se ha utilizado siempre desde algunas fuerzas poéticas para aislar a otras. Por ejemplo, se utilizó el término sucio para evitar la comparación cuando la poesía realista y la de la experiencia es igual de realista. Yo siempre digo «la mal denominada de la experiencia», «mal denominada de la conciencia», porque son etiquetas horrorosas, pero les ha ido muy bien, desde la nueva sentimentalidad mira dónde estamos, lo que han conseguido, uno de ellos es director del Cervantes.

A mí me gustan los poemas de Luís García Montero.

A mí me gustó mucho Las habitaciones separadas, por ejemplo, pero la última poesía, sus últimos libros, me gusta menos. Con Marzal me pasaba lo mismo. La fiesta, publicado en una colección pequeñita, es una maravilla de libro. Y sin embargo a partir de Metales pesados me interesa menos. A veces cambian la estética.

«¿En el principio era el verbo», leemos en la Biblia, ¿tiene la palabra capacidad de generar realidad?

Uf, qué pregunta… La palabra tiene toda la capacidad de generar realidad, y más ahora que estamos en la era de la posverdad. Podemos contar lo que queramos. El problema es ese, que entramos ahí a una fina línea…  en Europa ahora se está discutiendo sobre este tema, ¿verdad? Tema que os toca a los periodistas profesionalmente, ¿dónde está el límite?, ¿se puede regular? ¿regulamos o no regulamos? Están ahora en esa batalla de acreditaciones los medios que tienen una etiqueta de verdad. Qué complicado.

¿En qué se diferencia un premio literario de un concurso de méritos?

En teoría un premio literario es anónimo. Hasta ahí. Sobre este tema ya he escrito mucho al respecto y ahora no puedo decir lo que tengo que decir. Con la teoría esa de anónimo yo creo que queda clara la diferencia. El premio, en teoría, es anónimo.

¿Cuáles da el Gobierno de Aragón? ¿Qué otros premios hay?

El Gobierno de Aragón tiene el Premio de Poesía Miguel Labordeta, el gran poeta aragonés de todos los tiempos junto a Gracián, si es que Gracián hacía poesía. Pero desde luego Miguel Labordeta es el gran poeta de posguerra, de nuevo otro poeta maltratado que os recomiendo. Su primer libro, Sumido-25, tiene más poesía que los de poetas que llevan ochenta libros a las espaldas. Es impresionante, de verdad, devastador. Es el hermano de José Antonio Labordeta. Murió joven y creó aquí un grupo de poetas que se llama grupo del Niké, porque se reunían todos en el café Niké y montaron una cosa maravillosa que se llamó Oficina Poética Internacional. Y en mitad del franquismo traían todas las semanas a poetas de fuera, al café con ellos. Había tertulias literarias, leían poemas, venían editoriales, se publicaban entre ellos. El premio se llama así por esta figura. Aparte del Premio de las Letras Aragonesas está el Premio de Trayectoria Profesional, que reconoce a un profesional del sector. Este año el premio ha sido para Paco Uriz, lo conoceréis porque es el traductor habitual de lenguas sueca en Nórdica y en varias editoriales más. Él ha cambiado la poesía, es muy importante el papel de algunos traductores para entender los cambios en la poética nacional. ¿Por qué la gente se vuelve medio polaca? Pues porque Abel Murcia ha hecho unas traducciones maravillosas. ¿Por qué la gente coge ejemplos nórdicos? Porque Paco Uriz hizo un gran trabajo, es dos veces Premio Nacional de Traducción. Y aquí nadie le había premiado. Era un poco absurdo. Está el Premio al Mejor Libro Editado también y luego están los de Política Lingüística.

Un escritor joven, ¿a qué premios puede concurrir con más probabilidad de éxito?

Pues a todos.

¿Los premios que dan instituciones privadas pueden ser más fáciles para alguien joven?

Hay un debate muy interesante entre premios públicos y premios privados. La editorial privada, o si alguien monta un premio y es privado, que haga lo que le dé la gana. Los que tenemos una obligación de transparencia absoluta somos las instituciones.

Concretando más la pregunta, ¿te han dado a ti alguno?

Sí.

Háblanos de otras corrientes en poesía. Partiendo de los llamados Novísimos, que son de los años setenta, ¿qué ha venido después?

Primero viene Gil de Biedma, que es el que lo cambia todo, y Ferrater, que hace que los Novísimos sean los novísimos.

¿Qué te parece la antología de Castellet?

Se quedan fuera poetas muy interesantes. En concreto se queda un aragonés fuera, un catalán que lleva toda la vida aquí, que es Francisco Ferrer Lerín, que es un pedazo de poeta. Y también se queda fuera Ricardo Barnatán. La mujer de Barnatán, que fue directora de Cultura de El Periódico durante muchísimos años, Rosa, una tía superinteresante también. A partir de ahí, es verdad que los novísimos marcan luego un legado para los postnovísimos, y Villena continúa con la línea de sacar nombres. Aparecen grupos bien interesantes, como hemos dicho antes, de la poesía de la experiencia, la de la sentimentalidad. Hay un grupo muy interesante que nace en Asturias, en Oviedo, donde está José Luis Piquero, donde está Martín López Vega. Hay un rebrote de esa poesía que es heredera directa de los novísimos. Y luego hay outsiders, que es lo mejor que le ha pasado a la poesía, que ahora mismo, creo, es el género literario más abierto, hay desde experimental a sentimental, hay de todo. Esto no está pasando en la novela, aparte del bum de la novela histórica… Cuando la gente se pone en contra de los outsiders, digo: «pero si es lo mejor que le ha pasado a la poesía». Están haciendo que se vendan miles de libros a gente joven.

¿Está todo inventado en poesía? ¿Cuál piensas que será la próxima revolución?

Está todo inventado en todo. La próxima revolución será tecnológica.

En poesía.

En todo. En la literatura. Hemos pasado por todas las partes, de poesía hiperexpresiva a poesía de aforismo pura. No me atrevo a decir por dónde va a ir, pero sí que va a ser cada vez más libre porque el poeta, reitero, es muy libre.

¿Contemplas una poesía transversal, que no sea en un papel?

Totalmente. Y además hipertecnologizado. Los poetas antes tenían pánico a decir que escribían en el ordenador. Decían que eras peor poeta si escribías directamente al ordenador. Hasta que salió Karmelo diciendo: «si yo no he escrito un poema a mano en mi vida». Va a cambiar todo… Hay una historia que es también muy habitual, el poeta que dice que es mejor poeta porque corrige mucho y es lento escribiendo. Qué más da, seas lento o seas rápido. Hay todavía muchos clichés históricos, pero se van a acabar derribando todos.  

¿Cómo podemos saber si un poema es bueno o malo?

Esto es lo de siempre como con cualquier cosa. Está el gusto, pero hay unos criterios de calidad obvios. El ritmo es uno de los elementos esenciales en la poesía. Si un poema no funciona técnicamente, va a ser muy difícil que le guste a alguien. El resto son adornos.

¿Tienes un método para escribir poesía?

Ahora justo lo que estoy haciendo es todo lo contrario que en el libro anterior. Estaba haciendo una poesía de versos de tres o cuatro líneas. Larguísimos. De aliento largo. Me gustaba mucho. Me servía para expresar muchas cosas. Y ahora estoy haciendo lo contrario, el verso más largo tiene cuatro palabras.

He leído algunos tuyos que me parecían un texto.

Sí, estaba haciendo eso y lo llevé a más y más. Ahora tengo la necesidad de ser más contundente y más parco en palabras. No sé cómo explicarlo.

¿Qué importancia le das a la forma?

La forma tiene que estar supeditada a lo que uno quiere contar. El error es intentar supeditar el poema a la forma. Para mí la poesía es una fórmula de expresión. A partir de aquí no la tengo prevista métricamente ni en cuestión de rima, que es lo que marcaría una medida de los versos. Es una obviedad, pero los versos miden lo que tienen que medir, hay cosas que hay que contar en largo y otras no…

¿Hay recursos literarios en tus poemas?  

Siempre los hay. Creo que el filólogo, por deformación, utiliza todo lo que ha aprendido.

Sobre la inutilidad de la poesía, Brecht escribió «Nadie dirá después / «fueron tiempos oscuros» / sino «por qué callaron los poetas»?» ¿Qué te sugiere?

Creo que la poesía es necesaria. La literatura genera un espacio de libertad donde puedes decir lo que piensas de verdad. Esto es un espacio de libertad si el autor lo sabe entender, porque en este espacio es en el único en que podemos ser libres. La poesía es importantísima, puedes decir cosas que piensas de verdad. Yo en un libro digo muchas más barbaridades de lo que te voy a decir en una entrevista.

Los poetas nos parecen siempre personas enclenques, ¿por qué son los primeros que matan en las guerras? A Lorca, parece que al chileno…

La poesía es un elemento que el poder no puede controlar.

Es esto de «por qué callaron los poetas».

Pasa cuando el poder no puede controlar algo que no es mercantil. Ni con el mercado han podido controlar la poesía.

Para acabar, recomiéndanos una antología poética, un vino aragonés que tenemos que probar y un sitio especial de la DGA dónde hacerlo.

Lo tengo clarísimo. En la terraza del Pablo Serrano al caer la tarde, con un Dos Tres Cuatro de Enate, leyendo El Parnaso 2.0, que es la antología de poetas aragoneses.

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