Ciencias Música

Oído relativo

Albert Einstein, 1929. Foto: Cordon.

Albert Einstein nació en 1879. Su ciudad natal, Ulm, todavía subsiste, pero estuvo a punto de desaparecer varias veces, por acciones humanas o sucesos naturales. En el dialecto regional, «Ulm» significa ‘capital del imperio de la niebla’, y es una ciudad neblinosa, textil y protestante del sur alemán. Muchos años después, Einstein se hizo famoso por su claridad, el desinterés por la indumentaria (parece cierto el rumor de que su ropero estaba lleno de trajes idénticos) y su judaísmo agnóstico. También por la relatividad, que, en muchos sentidos, dejó de ser una teoría para convertirse en un icono ambiguo.

Ulm es pequeña y lo era más en el siglo XIX, pero ya contaba con una catedral cuya torre es aún la mayor del planeta. De ese cruce de ríos, uno de los pueblos más inundables del planeta, salieron mucho antes dos conquistadores de América que resultaron célebres en su tiempo: Ambrose Ehinger, fundador de la primera Maracaibo (o Neu-Nürnberg) en 1529, y Nikolaus Federmann, quien seis años después trasladó esa población hasta la Guajira colombiana y le cambió el nombre. Antes de pasar los quince meses, Einstein ya se había mudado de ciudad.

Cuando Einstein cumplió seis años, su madre, Pauline Koch, comenzó a enseñarle piano. Albert lo hacía con cierto tino y bastante desgana hasta que escuchó una sonata para violín y pidió cambiar de instrumento. Era de Mozart; probablemente, la número 26, en si bemol mayor. A los trece años dejó los estudios formales de música para siempre, pero siguió tocando hasta su vejez en todas las oportunidades que tuvo. Cuando ya no pudo hacerlo porque la artrosis comenzó a dificultarle la coordinación de la mano izquierda, miraba a Lina, el apodo que puso a cada violín de los muchos que poseyó, con cariño y nostalgia. A él (a ella) le atribuía «la mayor parte» de la alegría que le había dado la vida. Era raro que viajase sin su instrumento y Elsa, su segunda esposa y primera prima, juraba haberse enamorado de Albert luego de escuchar su música, no sus ideas. Su amigo y médico János Flesch lo consideraba un ejecutante más apasionado que técnico. Otro amigo, también otro Flesch, pero Károly (Carl) de nombre, un violinista dotado, fue el ejecutante de la sonata (otra vez la número 26) que circula de cuando en cuando por internet atribuida falsamente a los dedos de Einstein, que tocaba en público, pero nunca —hasta lo que se sabe— fue grabado. Sí se conoce que tenía ciertas dificultades para seguir el ritmo y para afinar. Es famosa la anécdota que el virtuoso Fritz Kreisler repitió hasta el cansancio: cuando intentó tocar un cuarteto con él, Einstein entraba tarde a su parte una y otra vez, hasta que el músico le espetó al físico: «¿Qué le pasa, profesor, no sabe contar?». En cuanto a la afinación, está claro que Einstein no tenía oído absoluto.

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3 comentarios

  1. En un universo paralelo (por una extraña mutación en los genes que codifican la telomerasa de sus células), Mozart y Einstein siguen vivos.

  2. Muy buena divulgación. Prescindiendo de «telomerasa», que supongo tenga que ver con la herencia cultural, comparto el comentario anterior al cual agregaría tantos otros, como por ejemplo Galileo, personaje que jamás hubiera imaginado terminar en una melodía sublime: Bohemian Raphsody Excente lectura. Muchas gracias.

  3. Como privilegiado con oído absoluto puedo decir que nunca resulta una molestia. Simplemente provoca que cualquier sonido con un tono definido que oigas lo percibas inmediata e indisolublemente asociado a la nota que es. Pasa con las sirenas de las ambulancias, con los timbres de las casas, con los anuncios de próxima parada del metro…y por supuesto con cualquier pieza musical (solo si tiene texto es posible conseguir abstraerlo de las notas en la cabeza). Al margen de poder sacar canciones fácilmente al piano y de haber sacado un 10 en todos los dictados musicales del conservatorio, tampoco es que suponga una ventaja notable. Eso sí, no me imagino cómo se perciben la música y los sonidos de otra forma.
    Saludos

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