Arte y Letras Filosofía

Agustín García Calvo enseña latín

enseñalatin
Imagen: Cordon.

Agustín García Calvo. Propiamente su formación no es filosófica. Nació en Zamora en 1926 y su formación intelectual se ciñó particularmente a las lenguas clásicas. Fue profesor de esta disciplina en la Universidad de Sevilla y después en la de Madrid, de donde fue expulsado por su adhesión a las revueltas estudiantiles de 1965 contra el régimen dictatorial de Franco. Ejemplo de pensador exiliado en París y en Lille, se incorporó a su cátedra en 1976, gozando de fama de excéntrico en el panorama intelectual español. García Calvo se empeña en la desarticulación del lenguaje para sacar a flote las negaciones y las lagunas que existen en el discurso verbal y en la vida cotidiana, como muestra en su obra Sermón de ser o no ser (1972), así como en Lalia. Ensayos de estudio lingüístico de la sociedad (1975), donde denuncia las contradicciones y las ilusiones sociales, llevado por una hipercrítica y una mentalidad revolucionaria que pretende conjugar el anarquismo y el nihilismo con el arte de desarticular los lenguajes y desaprender lo aprendido, es decir, todas las pseudoverdades. A través del lenguaje puede comprenderse la realidad social ya que los modos sociales y los modos lingüísticos están estrechamente emparentados; pero sus interpretaciones difieren de las usuales de la lingüística social. Además, en la lógica se producen frecuentemente rupturas, por donde se introducen las imaginaciones y los mitos, en especial los religiosos; García Calvo es un militante antirreligioso. Desde el pensamiento libertario individualista, considera que el Estado es un instrumento de opresión del hombre. Es tenido por algunos como el maestro de los anarquistas nihilistas, así como por los defensores del pensamiento negativo. Algunas de sus obras son: Cartas de negocios de José Requejo, Del ritmo del lenguaje, De los números, Virgilio, Qué es el Estado, Del lenguaje. 

De esta manera comparece AGC en una Historia de la filosofía española que no hace falta mencionar, salvo para decir que fue texto de estudio para bachilleres en la década de los ochenta. A pesar de que no hay casi renglón que contenga al menos una inexactitud, puede excusarse a sus redactores por la necesidad de resumir y acotar una obra que ya en el momento de escribir esas líneas se presentaba con los suficientes rasgos como para no dejarse sintetizar más que mediante falsificaciones y malentendidos. Pues ¿cómo iba a sujetarse la sustancia que ya se había derramado por los panfletos de intervención (Manifiesto de la Comuna Antinacionalista Zamorana, Comunicado urgente sobre el despilfarro, De las formas de la revuelta estudiantil, Apotegmas acerca del marxismo), por primeras incursiones en disciplinas que quedarían desarrolladas más tarde (De los números, Del ritmo del lenguaje) y por asertos que pretendían describir con crudeza al enemigo (¿Qué es el Estado?) y estudios lingüísticos de la sociedad (Lalia), además de incurrir en poesía con el Sermón de ser o no ser, Canciones y soliloquios y Del tren?

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23 comentarios

  1. Chirría eso de mencionar a Escohotado junto a Bueno y a García Calvo. No los compara, ni falta que hace, pero el bluf no tiene cabida ahí.
    Dar por bueno que LEDC es un estudio del comunismo es muy aventurado. En todo caso, un panfleto desbordado de leyenda negra anticomunista.
    Hasta el nombre de la dichosa obra es un despropósito: como si el comercio fuera exclusivamente cosa del modo de producción capitalista y como si no hubiera comercio en el socialismo (se olvidó entre tanta farfolla al COMECON). No hay Estados, sociedades políticas del tipo que sean, que carezcan de comercio.

    http://www.nodulo.org/ec/2018/n182p01.htm

    • Cimex Lectularius

      Ahora estoy de vacaciones, pero prontico volveré…

    • Constantino

      Siempre que el comercio implique el intercambio libre de bienes y servicios. El problema de la URSS radicó en lo de «libre».
      Dicen que Stalin se quejó a un colega en el Kremlin de que su oficina estaba infestada con ratones. Había probado con veneno y trampas y no había podido librarse de ellos.
      – Ningún problema -le contestó el colega. Simplemente declare a oficina «granja colectiva». La mitad de los ratones se irá y la otra mitad, morirá de hambre.

      • Sobre usted y sobre los asuntos del comunismo ya comenté aquí donde copio y no pienso añadir más, clown.

        https://www.jotdown.es/2020/08/philbyphilby/

        • Constantino

          Jruschov visitó una granja de cerdos y se fotografió allí. En la oficina del periódico se discutía sobre cómo subtitular la imagen. «Camarada Jruschov entre los cerdos», «Camarada Jruschov y los cerdos», y «Los cerdos rodean camarada Jruschov»… Todos fueron rechazados como políticamente ofensivos. Por último, el editor anuncia su decisión: «El tercero por la izquierda – camarada Jruschov.» El cuarto, el camarada Máximo.

  2. «Tal vez así ayudemos a evitar el encontrarnos luego con hombres mayores que se marean cuando tienen que leer una frase con más de tres oraciones revueltas»…
    Ufff pero de verdad existe en éste mundo algún hombre capaz de leer todo este siportifero artículo sin morir en el intento?? – 1 «Oraciones revueltas», de eso sí saben los filósofos. Mejor aprendan ustedes a expresarse mejor y sin matarnos del aburrimiento si es posible. 2 mantengan lo más lejos posible a los niños de Nietzche y todo lo que se le parezca, ya tendrán toda la adultez para amargarse la vida, que sean felices unos años al menos

  3. García Domínguez, 2015, Libertad Digital

    El mercado no existe. Ni existe ni ha existido nunca ni nunca existirá. Como todos los mitos, no es nada más que un relato. Y como todos los relatos, únicamente adquiere carta de naturaliza en la imaginación de cuantos creen en él. Igual que los dioses, las naciones, los derechos humanos, la justicia o el dinero, el mercado solo es otra ficción creada por la rama escindida del tronco común de los grandes simios que hemos dado en llamar Homo sapiens. No existe, desde luego, pero tampoco es una mentira. La diferencia entre las mentiras y las realidades imaginadas, como por ejemplo el mercado, es que esas últimas son algo en lo que todos creen y, mientras esa fe compartida persiste, la realidad imaginada en cuestión ejerce una influencia efectiva sobre el universo tangible.

    El mercado, lejos de poseer naturaleza propia alguna, es tan hijo del Estado, su genuino progenitor, como lo puedan ser los impuestos, la policía, los ejércitos, el sistema de pesos y medidas o el código de la circulación. Y ello porque la suprema fantasía de los filósofos de la Ilustración, aquel individuo solitario que decidió firmar libremente un contrato con la sociedad, no fue más que eso: una fantasía. Tal personaje jamás ha habitado en el mundo real. De ahí que lo en verdad opuesto al Estado sea la selva, no el mercado. Y en la selva, o si se prefiere en el estado de naturaleza del que habló Thomas Hobbes, no solo la vida resulta desagradable, brutal y breve, sino que tampoco rigen los derechos de propiedad.

    Al igual que el respeto a lo pactado en los contratos, a las herencias fijadas en los testamentos o las garantías de los acreedores frente a los deudores, es el intervencionismo activo del Estado, su poder coercitivo, su monopolio de la violencia legítima, lo único capaz de permitir que exista el mercado. Padre e hijo, no cosa distinta resultan ser. Por eso, en la selva hay leones, tigres y panteras, pero no mercados. Sin mercados puede haber Estado. Viceversa es imposible. Contra lo que ellos seguramente creen, tanto Montserrat Caballé como Leo Messi, Torroja, Sánchez Vicario o el motorista Márquez son ricos no gracias al mercado, sino merced a haberse beneficiado de un monopolio legal fijado y controlado con extremo rigor por el Estado, monopolio que se encargan de proteger todos los días del año so pena de estrictos castigos a los infractores.

    Así, desprovistos de los derechos de imagen y de la llamada propiedad intelectual que el Estado se encarga de garantizarles, ninguno de ellos hubiera alcanzado jamás las fortunas que se les atribuyen. Ha sido la intervención de los poderes públicos, no el mercado, lo que les ha permitido hacerse millonarios. Intervención que recuerda demasiado a los privilegios de los gremios medievales como para no repugnar a un espíritu liberal. ¿Por qué no acabar con ella, y en nombre del liberalismo? ¿Por qué no permitir que los contribuyentes consignen en su declaración del IRPF los nombres de los creadores y artistas llamados a ser retribuidos con una parte de sus impuestos igual que ya ocurre con las iglesias? ¿Por qué no implantar de una vez algo remotamente parecido al mercado?

  4. Perdónenme. A menudo olvido tomar mi medicación.

  5. Me parece un artículo mediocre porque parece no haber conocido bien al personaje o, al menos, no haberlo tenido como profesor.
    No sé qué pinta el marxismo en esta historia.
    Agustín tenía una personalidad un tanto singular, porque su formación le permitió desarrollarse como si fuera un exponente tardío del romanticismo. Deseaba entrar en el parnaso de las letras, pero a la vez le gustaba ir de gamberro. Respetaba los métodos de aprendizaje tradicionales, que a él le fueron bien, pero quería ser original. El «leitmotiv» del romántico es existir como un artista. Así que los trabajos que implican método, constancia y disciplina le hartaban pronto. En las clases podía ir de formal y, acto seguido, en una conferencia saltaba con que él apenas había leído medio centenar de libros. El hombre de orden por un lado y, por otro, el anarquista hippie. A mi entender, su producción vasta tenía como objetivo poder auparse a un puesto como académico de la lengua. Sin embargo, como era dado a proferir unos ramalazos chungos, parecía más bien un friki y cuanto más vivió, más lejos le fue quedando la Academia.
    Como profesor de latín era muy bueno. Genial, cuando se aproximaba a un texto desde un punto de vista clásico. Ahora bien, desgraciadamente, en esa faceta no perseveraba demasiado tiempo. Sacaba a pasear el iconoclasta y para eso ya tienes T5.

    • El recuerdo que tengo de García Calvo es que lo escuchaba en Radio 3, hace de esto treinta años, y un amigo (muy de derechas) y yo comentábamos lo absurdo que era a menudo lo que planteaba. Un ramalazo anarquista, ácrata o individualista que para personas de orden, como nosotros, resultaba cargante y enervante.

      Sobre lo del marxismo, tiene toda la razón del mundo. Precisamente por eso comenté lo de Escohotado. Es habitual, aquí en Jotdown y por doquier, venga o no a cuento, soltar una perla anticomunista o antimarxista. como aquí la referencia extemporánea a AE.

      Eso tiene un nombre y es leyenda negra anticomunista y existe como también existe una leyenda negra antiespañola, aunque no estén relacionadas, claro.

      De igual modo que oímos o leemos, viniendo o no a cuento, en artículos, ensayos, películas, que si el Santo Oficio hizo esto o aquello, o que los españoles masacraron sistemáticamente a los pueblos indígenas a sangre y fuego, o que en España nunca hubo pensamiento científico, o que guay es todo aquello que sea antihispano o no hispano; del mismo modo, digo, se sueltan perlas anticomunistas, en muchas ocasiones gratuitas (pero, bueno, cada uno aprecia o rechaza lo que quiere) y y en muchas otras (y esto sí es inaceptable) directamente falsas o equivocadas.

      Vamos, que para hablar de García Calvo no hay que sacar a pasear lo molón que es AE, que no lo es, es un espeso sobrevalorado.

  6. Recuerdo que colaboraba en Radio 3, como decía otro comentarista por aquí arriba, hace unos 30 años. Me gustaba escucharle y para mi era como una referencia. Hasta que un día hablaron de los juegos olímpicos (debía ser por Barcelona 92). Afirmó (con esa suficiencia que caracteriza a veces a los intelectuales) que eran una cosa absurda porque el número de medallas que consigue cada país depende de su demografía. Lo cual es evidentemente falso porque un pequeño país como Alemania Oriental estaba siempre en los puestos más altos del medallero. ¿Cómo podía un intelectual tan destacado cometer un error tan garrafal y además decirlo como si todos los que creyéramos otra cosa fuéramos tontos? Si en esto que era tan evidente no podías fiarte de él ¿cómo podías hacerlo en otros temas más complejos o desconocidos? Desde aquel día dejé de confiar en García Calvo y un poco menos en los intelectuales, en general.

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  16. Escuche todos los programas de Agustín durante una época angustiosa para mí , ya que además de mis problemas familiares y personales tuve la necesidad de vermelas con el sicoanalisis .
    No consideré nunca a Agustín ni anarquista ni marxista ,era una voz que apelaba a la tumba ,a la muerte como la vida
    Una voz que confundía Estado ( Yo ) y Pueblo ( El Otro ) fue angustioso saber que vivir en el mundo en dos dimensiones era posible , que la muerte no pasaba si no entrabas en el símbolo , que negarse la existencia hasta afectarse el Estado era la vida . Agustín hablaba de estar muerto ( ser el Otro ) con cuerpo .
    Aún recuerdo aquella frase en uno de sus programas de radio 3
    » Quién sabe si estamos aquí hablando porque ha pasado algo de ahí abajo «

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