Sables, pintalabios, ojos, guantes… ¿quién ha usado mejor el láser en el cine?

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Desde que fue anunciado en público como un rayo capaz de agujerear diamantes, el cine incorporó el láser a sus producciones, convirtiéndolo primero en un arma, y luego en un sistema de seguridad que retaba a ladrones de guante blanco. George Lucas, Cubby Broccoli en la saga Bond, los Kiss, las pelis de serie B…. ¿quién le ha sacado más partido? Vota por tu favorito o añádelo en los comentario.

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En una fugaz aparición de cinco minutos, apenas media hora después del arranque de la película Star Wars I Una nueva esperanza. Así fue presentada el arma láser cinematográfica por excelencia, la que había pertenecido al padre de Skywalker: Luke, yo soy tu sable. Primera demostración, contra un matón de bar en la cantina de Mos Eisley, esgrimida por Obi Wan.

Un arma noble para tiempos más civilizados: era 1977 y hacía apenas diecisiete años que el láser real se había inventado. Star Wars iba a tener la hegemonía de su uso, pero solo porque una película de serie B le arrebató para siempre el protagonismo a quien la había presentado en la gran pantalla. Goldfinger, entrega de 007 con Sean Connery atado a una mesa y un rayo rojo que avanza hacia sus genitales. Menuda primera vez.

El productor de James Bond, Cubby Broccoli, ordenó que no volviera a asociarse el láser ni con el personaje, ni con los villanos que se le oponían. La culpa, una película de serie B que imitaba con humor las películas del famoso espía. Su título no engaña, Doctor G. y su máquina de biquinis. G. es un científico loco que crea un ejército de chicas robots a las que arma con pintalabios láser. De potencia destructora masiva, desintegran metal, piedra, o personas. Incorrecta, sexista, más allá de los límites del humor. Pero en su momento un éxito brutal de taquilla que dejó el láser de espías asociado a la barra de labios durante bastante tiempo.

A partir de Doctor G. la cosa empezó a ir cuesta abajo. La siguiente aparición del láser fue en Kiss Meets the Phantom of the Park, 1978. Sí, Kiss, la banda de música, esos tíos con la cara pintada, ahora replicados en forma de robots y con Paul Stanley, el cantante, dotado de un ojo láser con capacidad destructiva. La banda quedó tan avergonzada que prohibieron a sus técnicos mencionársela. Hoy es una película de culto para los muy fans, pero la única razón objetiva para que exista es que en esa época no se conocían bien los efectos nocivos de las drogas.

Para ser justos, ese mismo año también se estrenaba la primera de Superman, donde le veíamos usar los rayos láser de sus ojos por primera vez. Aunque donde le sacaron partido de verdad al asunto fue en la cuarta entrega, Superman vs. Nuclear Man, 1987, ojitos que rebanan montañas. Por muchos motivos, y esta secuencia es solo uno de ellos, la peor película del superhombre jamás rodada.

Estaba claro: en cine, el láser se convierte en un arma destructiva. Su última aparición digna databa de 1983, con El retorno del Jedi, y su siguiente momento estelar, ya en los noventa, fue un truño de mucho cuidado. Congo, 1995, con Laura Linney convirtiendo sin prisas un aparato de comunicación láser en fusil mochilero, rodeada por un grupo de gorilas grises asesinos guardianes de diamantes. Cuando por fin dispara suelta aquella frase de «ponlos en el listado de especies en peligro de extinción». Y así, cargándose a una especie única en el mundo, dejó asociados casi definitivamente los términos láser y políticamente incorrecto.

La verdad es que el láser ha revolucionado muchos campos, y encontrado múltiples aplicaciones. Además de en su posibilidad como armamento —poco práctica en el mundo real—, el cine se ha fijado en los sistemas de alarma. A partir de 1996, con Misión Imposible, los rayitos rojos cruzándose para impedir el paso o hacer saltar sirenas volvieron a dignificarlo. Eso, y el destornillador magnético que sigue siendo un sueño húmedo para cualquier comprador de la Teletienda.

La idea se retomó en 1999 con La trampa, donde la singularidad fue sustituir los láser por hilos rojos con campanillas atadas. Una simulación de entrenamiento aprovechada para que Catherine Zeta Jones contorsionara sus curvas con los ojos vendados, en una nada sutil insinuación erótica.

Era un filón, y fue llevado a la cima en la danza del láser de Ocean Twelve. Solo un artista de circo sabría moverse como lo hace Vicent Cassel. Y es que, efectivamente, ese fue su arranque formativo, con diecisiete años, en la escuela de circo de Anne Fratellini.

La peli anterior es de 2001, y poco antes, en 1999, el láser como arma había vuelto a ser popular tras el estreno de La amenaza fantasma, reinicio de la saga Star Wars. La secuencia de lucha entre Anakin Skywalker y Obi Wan contra Darth Maul nos devolvió a la espectacularidad de las luchas jedi, con un sable de doble hoja, cuyo color e intensidad de luz era muy similar al primer rayo láser cine, el de Goldfinger. El rojo mola, y es de los malos.

A esas alturas los muy fans de la saga ya eran capaces de distinguir entre cristales adegan y kaiburr en los sables jedi, origen de sus colores verde y azul, y explicarte por qué Leia Organa prefería los segundos. El láser como protagonista del cine fantástico se había vuelto casi imprescindible, como demostró la primera de Resident Evil con Mila Jojovich. La mejor mezcla entre arma destructora y sistema de seguridad. Pasillo, láser verde, y conclusión inesperada, incluso para el actor negro, habitual candidato a morir primero.

Quién tiene hoy la hegemonía del recurso. Marvel con Iron Man, en cualquiera de las entregas en las que aparece. Guantes láser, destrucción asegurada que debe mucho a las tropas de asalto del Imperio Galáctico, a los gadgets de Bond, y quién sabe, quizá también al Doctor G.


encuesta láser
La guerra de las galaxias. Episodio I: La amenaza fantasma. Imagen: Lucasfilm.

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4 Comentarios

  1. Comentario “mimimi” del día: los sables de Star Wars no son láser. ‘Lightsaber’ en el original, que pasó a sable láser en la misma traducción que confundió sonda con prueba y se inventó que Luke casi pudo ver a “los remotos” en vez de al ‘remote’, la bola de entrenamiento que usa en el Halcón Milenario.

  2. Mencion especial merece el capítulo de Gumball en el que Banana Joe demuestra que en la vida real los sables de luz de Star Wars no sirven para nada.

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