Arte y Letras Filosofía

¿Qué es ficción? (¿Y tú me lo preguntas…?) (y 2)

Don Quijote Gustave Doré realidad ficción
Don Quijote, por Gustave Doré.

(Viene de la primera parte)

La ficción, aunque cada vez parezca más complicada de definir y de distinguirla de su complementaria, la realidad; aunque no quiera ser nombrada por aquellos que la practican, como si fuera en detrimento del interés que pudiera suscitar por restarle verosimilitud al objeto al que apunta, la ficción, decíamos, no tiene nada de malo. Aún más, la capacidad humana para crear ficciones ha sido el motor de nuestras sociedades, el germen de las religiones y de la cultura entendida como lo hacía Nietzsche: como el momento en el que lo humano se separa de la naturaleza, definitiva y definitoriamente. Y hay aquí dos movimientos enfrentados en la actualidad que desembocan en lo mismo: por una parte, el deseo por volver a la raíz natural por medio de una mirada microscópica de los efectos que deja nuestra estancia en el mundo; por otra, el anhelo de salir por completo de la naturaleza, no ya ayudados por la tecnología sino siendo nosotros mismos tecnología. ¿El resultado? Un ansia desbocada por olvidar la historia, por desaparecer del lugar que ocupamos para ubicarnos en otro que alivie nuestra insoportable levedad de(l) ser.

A propósito de la historia, y retomando a Miguel de Unamuno, decía este que la historia, la que consideramos como historia irrevisable por estar apoyada en documentos y archivos, la historia canónica, es ficción. Y que, por el contrario, son las ficciones literarias y las transmitidas por la tradición oral las que componen la auténtica historia. Tiene mucho de verdad y mucho de razón, ya que, como también se encarga de señalar él mismo, los referentes generales (o generacionales, si se quiere) no son producto de un genio que crea desde su individualidad. Al contrario, lo hace al haber mirado atentamente a su alrededor y haber podido captar la esencia colectiva dentro de una representación, en la que pueda verse reflejada la tradición y los valores propios de la mayoría.

Es lo que sucedió en su momento con El Quijote, y lo que sigue aconteciendo cada vez que se quiere ofrecer una nueva lectura del libro para hacerlo encajar en el molde de una época que no es la suya propia. De facto, don Quijote podría servirnos a las mil maravillas como ejemplo de lo que, desde una visión pesimista, podría ser nuestro futuro.

Pero antes, y aunque sabemos que algún lector será partidario de este deseo por enterrar el pasado a tres metros bajo tierra, permítannos una breve mirada retrospectiva, al tiempo en que Cervantes cambia para siempre el contenido y la intención de la ficción.

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Un comentario

  1. Me da la impresión de que Vd. sabe quién fue (en realidad) Cervantes.

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