
Moisés Fernández es el director del Deep Space Communications Center, la estación de comunicaciones de la NASA operada por el INTA (Instituto Nacional de Técnicas Aeroespaciales) que se coordina desde Madrid con sus dos puntos de la red en Australia y Estados Unidos. Aquí llegan las señales de todas las misiones de la NASA, y desde aquí se imparten órdenes a las sondas o se calibra el nuevo telescopio espacial. Su director es ingeniero, físico, general del Ejército del Aire, pero sobre todo un hombre profundamente apasionado con la ciencia y la ingeniería, la primera por los caminos que abre, la segunda por las soluciones que aporta para recorrer esos caminos.
En su infancia la contemplación de la bóveda celeste y los libros de Isaac Asimov, y los de ciencia ficción ambientada en el espacio, orientaron su vocación. Hoy ocupa un punto de observación privilegiado en la carrera espacial, uno físico, en la estación ubicada en un valle entre los pinares de la sierra de Madrid, en Robledo de Chavela. Pero sobre todo uno intelectual desde el que nos comparte su visión sobre la ciencia e ingeniería españolas, la futura gran misión a la Luna como estación intermedia en la conquista de Marte, o las sorpresas que nos depara el James Webb a partir de julio. Y naturalmente todas las contribuciones que la ingeniería y la ciencia española están haciendo y harán en la conquista del espacio. Tan atento a las cosas grandes del universo como las pequeñas, en su despacho comparten espacio las maquetas de sondas y naves de la NASA, y las plantas de papiro que es aficionado a cultivar.
¿Es una exageración decir que sin esta estación no hubiera sido posible la carrera espacial?
Es un poco exagerado, porque de no haber estado aquí se hubiera buscado otro sitio. De hecho la ubicación ideal hubieran sido las Islas Canarias, que están en la misma latitud que Pasadena y Cabo Cañaveral. De hecho cuando lanzaban desde allí el cohete, con el Atlántico entre medias, la primera tierra firme que encontraban era Canarias. Allí se montó, dos años después de que se fundara la NASA, la primera antena, más pequeña que estas.
¿Y porqué no les sirvió Canarias?
Porque en un principio necesitaban sobre todo mucho personal americano y un aeropuerto internacional cerca. Por eso tomaron como criterio de elección Madrid, y un lugar sin contaminación radioeléctrica, porque se conocía muy poquito de las posibles interferencias. El general ingeniero Manuel Bautista Aranda, que en aquella época era capitán, se integró con el equipo NASA: conocía muy bien la Sierra de Guadarrama y estos parajes, los trajo hasta aquí y les pareció adecuado. Así es como instalaron aquí la primera antena.
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