Música

Rosalía y la sutil ironía de nuestro tiempo

Rosalía. Foto: Cordon Press.
Rosalía. Foto: Cordon Press.

Rosalía es fascinante. No hablo de su música, sino de ella como icono. Es hábil. Se mueve en el mundo del espectáculo con la misma naturalidad que una actriz de la década de los cincuenta con su público. Es una hija de la modernidad líquida y de un Andy Warhol que, si viviera, contemplaría con fascinación los pasos artísticos de la catalana. Cada lanzamiento musical de Rosalía es un acontecimiento en nuestro país.

Si el año pasado se hicieron diversas críticas de lo último de C. Tangana hablando de su reivindicación del Madrid castizo, atrapado en la dicotomía entre el «comunismo o libertad» de Isabel Díaz Ayuso y el «no pasarán» de Pablo Iglesias, hoy es Rosalía quien copa la crítica cultural y social con Motomami y su gira. La catalana ha cambiado las reglas del juego. Antes, el artista era un dandi, un trovador de la vida bohemia que rechazaba el orden burgués; ahora es un juglar más de la sociedad de consumo. Quiere ser un ganador. Ser parte de un sistema que adora las revoluciones estéticas. Rosalía se ríe de la trascendencia y de la seriedad del arte, haciendo de Motomami un pastiche de diversos estilos que nos invita a pensar en la transgresión como imperativos estéticos de una sociedad deseosa de disidentes

Rosalía ha evolucionado, con todos los riesgos que eso conlleva en una sociedad que pide lealtades inquebrantables a sus artistas. No vengo a hablar de Motomami desde el punto de vista musical, porque ni soy músico, ni productor, sino de lo que significa ser Rosalía en esta época. En ella encontramos constantemente giros abruptos, como cuando asistes a una clase de spinning y, de repente, el monitor hace un cambio brusco de movimiento y te quedas pegado al sillín de la bicicleta, maldiciéndolo por destrozar tus cuádriceps. La catalana es una artista que podemos escuchar en grandes cadenas de gimnasios o en McDonald’s. No creo que la podamos culpar por ser coherente con su objetivo: ser un icono de masas. Trascender en una época en la que la historia devora y escupe al artista con más facilidad que nunca es difícil; y más cuando los likes son el equivalente del pulgar de un emperador romano en el Coliseo.

En Rosalía hay desparpajo y ligereza, presentismo como vacuna ante el futuro incierto y amenazador. Y es lógico. ¿Acaso podemos pensar en otra cosa? El relato liberal del final de las ideologías acabó con la posibilidad de imaginar utopías colectivas. Durante la Guerra Fría, en un mundo bipolar atrapado entre el bloque occidental y el soviético —democracia y totalitarismo— aún había cierta esperanza para soñar. Sin embargo, después de la caída del Muro de Berlín, la democracia de masas —aquella que vio en la modernidad industrial y en la tecnología la salvación del ser humano—, vivió su final de época como consecuencia del desgaste paulatino de la socialdemocracia. El realismo capitalista parafraseando a Mark Fisherno se opone ya a lo moderno: es una atmósfera general que condiciona no solo la producción de cultura, sino también la regulación del trabajo y la educación, actuando como una barrera invisible que impide el pensamiento propio. El realismo capitalista trata acerca de la desregulación de todos los aspectos de nuestra vida, apelando a la responsabilidad individual en detrimento de la social, y del funcionamiento de nuestra sociedad como si de una gran empresa se tratase.

Ante la incapacidad de proyectar mundos soñados que desafíen la dolorosa realidad en que nos encontramos, la lógica del realismo capitalista actual extirpa el deseo de la revolución. Esto se percibe clarísimamente entre los que vivieron mayo del 68 y sus hijos y nietos: ya no se convoca a los jóvenes a cambiar el mundo, sino más bien a evitar aquellos comportamientos que, cegados por la búsqueda de utopías, trajeron el totalitarismo. Desde la perspectiva del neoliberalismo, la misión de convertir a los jóvenes en nómadas transnacionales que acumulen recursos de todo tipo y pierdan el sentido de la existencia ha sido un éxito. El neoliberalismo acabó con la temporalidad e introdujo la sensación de que el futuro solo es imaginable como un blockbuster en el marco de un pasado carente de continuidad histórica. El pragmatismo le ha ganado la batalla al idealismo. Este punto de vista quizás nos ayude a entender de dónde partimos para analizar un fenómeno como el de Rosalía. 

El mundo de la cultura no es ajeno a este fenómeno. La condición posmoderna fluye y refluye: podríamos decir, de hecho, que el presente roto, desolado, constantemente se borra a sí mismo, dejando pocas huellas. Las cosas llaman nuestra atención por un momento, pero sin que las recordemos por mucho tiempo. Sin embargo, los recuerdos antiguos persisten, intactos. Todo lo que se experimenta en el presente y lo que se ve en el futuro no es sino un pasado que ya no podemos recordar. La amenaza no es la nostalgia del pasado, sino nuestra incapacidad de salir de este. Incluso la nostalgia «futurista» y «vanguardista» de Rosalía es una huida sin éxito de la melancolía por el pasado. La catalana es un fenómeno cultural asociado a nuestro deseo de habitar un mundo transformado en imágenes y simulacros de realidad. Muerto el bohemio romántico y melancólico, el juglar actual desecha lo malo del producto, hace un trabajo de reciclaje y lo convierte en algo presentable. Es un cínico moderno que no busca oponerse a lo establecido, sino que desarrolla un pragmatismo que cualquiera reconoce como sabiduría. Se erige en un comediante especializado en mostrar la contradicción de un mundo que, en el fondo, desprecia.

Rosalía y los artistas de música urbana se dejan suplantar por sus propios personajes, utilizando recursos de la autoficción para construir su identidad, luchando contra su propia bancarrota emocional y contra la necesidad del cambio político a través de una concepción elitista del ego. La catalana hace refulgir su yo estableciendo su necesidad creativa mediante una imagen atractiva para las aburridas clases medias, muy en consonancia con los artistas americanos. Si observamos la portada de Motomami vemos a una Rosalía que mezcla lo heteronormativo y lo queer. No se define. Es más: lo evita a toda costa. El arte para ella es maniobra de escapismo. Y su imagen, un oasis en el medio del desierto: un juego de espejos en el que uno verá solo lo que quiera ver. Deforma el lenguaje o se hace pasar por periodista en El Hormiguero para recabar opiniones de los viandantes sobre su carrera. Busca despertar a las impenitentes clases medias de su adormecimiento de la mano de una ironía que promueve el distanciamiento del artista de los compromisos políticos de nuestra era. Hay que verlo todo como un juego: el artista no quiere tu participación, solo tu energía. La profundidad del vínculo que unía al artista con su público ha sido sustituida por la superficie. El espectáculo señala el momento en que la mercancía ha colonizado la vida social. 

Rosalía. Foto: Cordon Press.
Rosalía. Foto: Cordon Press.

La melancolía del periodismo cultural

Los análisis que se han hecho de Motomami han sido curiosos, porque se han centrado en el ya caduco debate acerca de la alta y la baja cultura. La sombra de Carlos Boyero se cierne en todos aquellos que profetizan continuamente la decadencia de costumbres en el ámbito cultural. Casualmente, ese desprecio a fenómenos como Rosalía acerca más al periodista pedante a las masas que desprecian que a la élite que veneran. El establishment periodístico español, con su culto a la «tradición», al «buen gusto» es más poppie y masa que nunca, cuando reivindica nombres de autores y músicos como garantía de calidad, apelando a la confianza ciega en el criterio de los mass media, despreciando todo aquello que se salga de los viejos cánones. A partir de esa premisa, muchos periodistas culturales adoptan una posición de Catón de la moral pública y atacan la irracionalidad del vulgo y su simpleza.

 

Este tipo de interpretaciones no dista de la sociólogos del Antiguo Régimen como Gustave Le Bon, que veían en toda manifestación de la masa y de sus emociones como algo horripilante. El periodista poppy publica en suplementos dominicales, adopta la faceta del intelectual melancólico y en un tono apesadumbrado solo ve degeneración. Echa de menos el siglo XX y el siglo XXI le ha pillado ya con el paso cambiado. Lucha incansablemente por darle un sentido a su existencia y a la de los demás, ofreciendo dioses allá donde solo hay cíclopes. Y entonces la buena voluntad, el deseo de ayudar a los oprimidos de todo tipo, se acaba convirtiendo en un pliego de cargos contra un público analfabeto.

Es esa desidia frente a los cambios es lo que hace peligrosos a todos los que postulan el «cualquier tiempo pasado fue mejor», puesto que con ese desdén obvian que todo análisis cultural ha de indagar en las inquietudes y los cambios de la sociedad en que se encuentran. Aun así, muchos de ellos optan por actuar de forma arrogante, llevándose las manos a la cabeza, haciendo llamamientos a la «cordura» y al «buen gusto». Cuando el pueblo no les hace caso, se retiran a su cueva, con el orgullo herido. Rosalía ha hecho un álbum para una juventud que ni mucho menos es como la de épocas anteriores a la hora de relacionarse con la cultura. Nos muestra contradicciones, pero ninguna verdad. Si el arte de la modernidad buscaba imponer su verdad a través de sus grandes relatos, el arte actual revela la inutilidad de cualquier intento de progreso colectivo. Rosalía cuestiona la realidad sin criticarla abiertamente. Nos abre los ojos a través del cinismo del diletante, reflejándonos que es el artista y no el arte lo que importan. Canta a una sociedad que le da más importancia al artista que a la obra. Coge conceptos, los hace visibles, y con muchas capas interpretativas, sin censura y lirismo, se lo presenta al público.

El reciente Motomami World Tour también ha servido para poner en la diana a la catalana por la ausencia de músicos en directo. ¿Por qué molesta que Rosalía no lleve músicos en directo? Depeche Mode, hasta Music for the Masses, llevaban todo pregrabado menos la voz, Def Leppard graban las guitarras dobles y los coros. Y esos sí simulan estar tocando en directo. Motomami se basa en la voz de la artista sobre un sample sencillo —en ocasiones también de su propia voz—, alguna base rítmica programada y una pincelada instrumental aquí y allá. El «fraude» sería poner a un DJ falso palo simulando que está pinchando. Es una presentación lógica y honesta del material. Y más cuando la catalana ya hizo versiones de El mal querer con un guitarrista flamenco en su gira anterior. 

El directo de Rosalía nos anuncia lo que ya sabíamos gracias al realismo capitalista: ya no hay ni habrá revoluciones televisadas. En un mundo sin tantas pantallas, sin embargo, teníamos oportunidades. Pero todo eso ha desaparecido. Todo se nos exhibe desprovisto del atractivo del misterio. No podemos proyectar en nuestra sociedad más orden o desorden del que hay. Ahí está la debilidad de nuestro tiempo y que Rosalía exhibe con su música y en sus shows: los pensamientos del cambio, las utopías revolucionarias y esa poética de la subversión que anunciaron los popes de la modernidad, ya no servirán de nada ante el cinismo actual. Hace mucho que los medios de comunicación salieron de su espacio mediático para asaltar la vida «real» desde dentro. A la catalana en sus conciertos no le hace falta ni el casco de la portada de Motomami ni complicadas combinaciones digitales: su voluntad acaba por moverse en sus conciertos como un psicodrama retransmitido y destinado a cortocircuitar la vida real de los espectadores. La banalidad intencionada de la artista es, precisamente, lo interesante de la estética: no se trata solo de exaltar su subjetividad creadora, sino también aniquilar el objeto. Sublimar el fetichismo de la imagen. En el Motomami World Tour todo es ficticio: ya no hay relación con el sujeto, sino con el mero deseo de objeto.

¿Por qué a muchos nos gusta la catalana? Porque es la banda sonora de los milenials y de la generación Z. Existe entre nosotros la sensación de que no somos capaces de salir del estado de ansiedad permanente. La diferencia es que las generaciones previas contaban con una red de seguridad, un horizonte de expectativas y un espacio autónomo en el cual la vida tenía sentido fuera del trabajo. Los milenials confiaron en la nueva política y asistieron a la derrota de Tsipras, Sanders, Corbyn y a la salida anticipada de Pablo Iglesias del Gobierno, el ascenso de la ultraderecha, la configuración del mapa político europeo similar a la década de los treinta del siglo pasado, una pandemia y la sensación de vivir en un estado de alarma permanente. Somos start-ups existenciales, como Rosalía, pero sin su éxito y creatividad. En España, un país con un paro tan alto, es inevitable que la gente joven se sienta atraída por estos artistas que muestran una visión hedonista. Nuestro yo se convierte en un espejo vacío a fuerza de saturación de información. Nos expresamos más y, paradójicamente, tenemos menos cosas que decir. Por eso, cuanto más reclamemos una visión subjetiva de nosotros mismos y de las cosas, más vacíos estaremos. Rosalía enfoca los problemas de nuestro tiempo y nuestra preocupación por el futuro mediante TikTok. Se asoma nuestro abismo mediante un bastardismo cultural que mezcla euforia, ansiedad y anhedonia. Anhedonia que tiene su origen en la prolongación de las lógicas del capitalismo en nuestro ocio. Ella ha transformado esa pulsión, desfigurándola y convirtiéndola en una aplicación para el móvil más. Es una bohemia moderna que nos permite configurar nuestra estructura de sentimiento particular, prometiéndonos libertad a cambio de renunciar a la emancipación. El espejo de una sociedad que solo busca divertirse hasta morir y que no está preparada para una libertad alejada del consumo

Rosalía. Foto: Cordon Press.

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48 Comentarios

  1. Maciu Macónajiu

    Rosalía: Se tira un pedo

    Toda la prensa musical pretenciosa del país:

    En esta pieza ecléctica, Rosalía nos muestra que el paradigma de la voz como único instrumento de viento natural del ser humano se termina ante la dicotomía del muro de Berlín y los huevos fritos con chorizo, brindando un puente de unión entre el dembow caribeño y los ritmos búlgaros en un ejercicio iconoclasta postrafaelista.

  2. Que cada cual escuche lo que le apetezca.

    A mí lo que graba esta mujer me repugna, pero cientos de miles de personas, por no decir millones, lo disfrutan. Pues yastá, cada cual a lo suyo.

    Agur.

  3. Maestro Ciruela

    ¡Madre mía, qué pesadilla! Cuánta palabrería para tratar de justificar tanta mediocridad por parte de «la catalana» y de paso por parte también del autor de este artículo. Por cierto, «la catalana» se ha escrito como seis o siete veces; me pregunto si el Sr. Zambudio hubiese puntualizado «LA CASTELLANA» ¡siete veces! en el caso de que la susodicha fuera nacida en Madrid o en Toledo. Lo que ha quedado bastante claro entre tantísima broza es que el articulista es un excelente botafumeiro de los interesados en las nuevas corrientes y tendencias, entre las que parece ser que quieren hacer «sobresalir» como sea, a la mencionada.

    • Palmira Figatova

      Esto de la catalana se debe a que los moradores del centro, Madrid y aledaños, consideran que deben especificar con detalle la procedencia e idiosincrasia del resto de aborígenes que pueblan el país. También se puede llegar a considerar que se emplea de forma velada como insulto aunque eso solo consigue el objetivo entre pobres de espíritu e imbéciles y ya se sabe que de esos hay en todas partes, incluyendo a la capital y alrededores.

      • Bruno Cortona

        Sí, hoy mismo he leído ya en algún sitio sobre el partido del Barça de ayer con el Bayern. Y es verdad que se han referido en algún momento al equipo como «Los catalanes». No recuerdo que hayan llamado alguna vez al Real Madrid como «Los castellanos».

      • Eso es porque «ellos» siempre han estado ahí, en el centro. incluso antes del Big Bang. O sea que no hace puñetera falta especificar nada sobre su procedencia, ¡Ancha es Castilla! y a los demás que nos den pol culo.

    • Una forma sencilla de saber el grado de enfermedad mental de una persona es comprobar si se dedica a contar cuantas veces se usa en un texto una palabra.

  4. Miguel Ángel

    Rosalía no se va a leer todo esto.

    • Ray Shoesmith

      Pero por supuesto que lo leerá, si no ella, que tengo entendido que solo lee folletos sobre rebajas, alguno de sus lameculos creadores de imagen.

  5. Muy ácidos los comentarios de los lectores, pero muy interesantes y validos los puntos de vista. Yo me quedé en la Rosalía que canta flamenco puro con un guitarrista, y que me fascina. Tendría que probar escuchar lo otro

  6. Me lo paso teta leyendo los comentarios sobre Rosalía, a favor o en contra. En contra, ya sabemos los adjetivos: simple, poligonera, fraude, vacuidad, payasada, rídiculo…

    Pero los que escriben a favor se llevan la palma porque, tan ignorantes como yo de saber si Rosalía es buena o es una p**a mi**da», necesitan dotar a sus tochos un barniz de profundo análisis social, político, sociológico, teológico y astrofísico si se tercia también. Musical, no, no sea que se note que no tenemos npi.

    Sobre éstos últimos, el Sr. Zambudio se lleva la palma con un fascinante texto demasiado denso, opaco, críptico y profundo para mi corta inteligencia, que le vamos a hacer. Pero a veces baja al barro y dice cosas sobre las cuales incluso yo soy capaz de opinar. Ahí van unas perlas:

    «ya no se convoca a los jóvenes a cambiar el mundo, sino más bien a evitar aquellos comportamientos que, cegados por la búsqueda de utopías, trajeron el totalitarismo»
    Ya, claro. Por eso la ascensión de Podemos y similares , quienes defienden una farsa ideológica de comienzos del siglo XX, apestosa de naftalina, cuyos efectos, hoy lo sabemos, han sido paz, amor y prosperidad para todos.

    «Rosalía ha hecho un álbum para una juventud que ni mucho menos es como la de épocas anteriores a la hora de relacionarse con la cultura»
    Desde luego. Porque la nueva manera de relacionarse con la cultura por parte de la juventud es precisamente no relacionarse. Cultura nula. No hay que ver el nivel de los universitarios, con un sistema educativo perpetrado por todos los partidos y rematado por 17 administraciones, que ha ido rebajando el nivel hasta crear una generación de iletrados.

    «Los milenials confiaron en la nueva política y asistieron a la derrota de Tsipras, Sanders, Corbyn y a la salida anticipada de Pablo Iglesias del Gobierno, el ascenso de la ultraderecha,»
    Vaya por Dios. Ahora si que aparece la llama combativa, la lucha siempre.
    Vamos, hombre,Los milenials no asistieron a la salida anticipada de Pablo Iglesias, a Galapagar, por cierto. Simplemente le vieron el plumero y la estafa y le dejaron de votar. Eso si, el prenda ha dejado a su esposa bien colocada.

    En un artículo delirante si se considera la levedad del personaje y la música que se pretende retratar, el párrafo final es la apoteosis. Caramba, que al final se trata de una figura pop, no hablamos de Bach. Eso si, seguro que Rosalía se estaría descojonando si lo lee. » Las pajas mentales que son capaces de hacerse algunos con el blandipop éste que hago»

  7. Lucio Anneo

    Una excrecencia más de un sistema y una realidad aterradoras.

  8. José Antonio

    He esquivado las noticias diarias de Rosalía en todos los medios con tanto fervor que me he hecho contorsonista. Y ahora me lo encuentro en esta web que adoro. Pues no, no voy a leerlo por principios. No quiero imaginar lo que vendrá después de Motomami, pero para entonces me dará todavía más igual que ahora. No critico a la cantante, sino al marketing agresivo que hace que lo de U2 en el itunes sea de risa.

    • José Antonio

      Me respondo a mí mismo jajajaja. Hoy he escuchado entero el disco de Malamente, me parece bonito.

  9. Gavrilo Princip

    Podéis teorizar todo lo que queráis sobre Rosalía (el sr. Zambudio se ha quedado a gusto), pero hablemos de MÚSICA. Alguien me podría explicar qué tiene de bueno, y por qué destaca? Porque yo, que soy muy abierto a la hora de escuchar música, le he dado oportunidades y me he puesto sus canciones, y en fin, que no voy a ser soez porque quiero que me publiquen el comentario (me autocensuro). La música de Motomami no destaca por nada positivo, y si no he sabido verlo, que alguien me indique el camino, por favor, que me gusta poder disfrutar del arte en la medida de lo posible.

    • The Goose

      Su error reside en escuchar Motomami.
      Escuche su primer disco, ‘Los Áangeles’, y verá porque muchos apreciamos a esta mujer.

      • The Goose

        ‘Entenderá por qué’, no ‘verá porque’ que modificando el comentario he dejado una piltrafa.

    • Jaime Altozano, que sabe de música y se explica muy bien, hace un muy buen análisis musical de Motomami aquí: https://www.youtube.com/watch?v=8xGgFmoLRAE Te lo recomiendo mucho porque independientemente de que te guste este estilo de música o no, te hace ver lo «qué tiene de bueno y por qué destaca». Te lo dice alguien que era muy escéptico con este álbum.

      • Soy seguidora de Jaime desde hace varios años.
        Antes no quería saber nada de Rosalía hasta que vi el video de Jaime explicando el álbum «El mal querer». Fue entonces cuando decidí despojarme de todos mis prejuicios hacia la música urbana y comercial y darle una oportunidad, solo por el respeto que le tengo a Jaime. El álbum me fascinó a nivel conceptual, pero cuando salió Motomami quede escandalizada porque no tenía nada que ver con las anteriores versiones de Rosalía que ella nos había mostrado. Así que una vez más acudí a la opinión de Jaime Altozano para entender Motomami, si es que acaso fuera posible…
        En resumen, a nivel musical Motomami no es el tipo de música que suelo consumir, pero he de admitir que lo que ha hecho es algo a lo que no todos los artistas de la actualidad se atreverían a hacer, mostrarse a sí misma al desnudo, venderse a ella misma como su música, en lugar de intentar copiar fórmulas de éxito comercial, como hacen mucho artistas de la cultura pop y como el mismo Jaime Altozano nos ha mostrado. Como artista, la respeto. Aunque no soy fan de su obra, en ocasiones hay que abrirse a nuevas opiniones, experimentar nuevas realidades y escapar de la burbuja de confort en la que vivimos, en la que anhelamos la «buena música» del siglo pasado y llamamos a la cordura y al buen gusto, como decía el autor del artículo.

    • Tu no has escuchado la música de Rosalía, ni el álbum «de plata», ni «el mal querer», ni por supuesto «motomami». No mientas, has escuchado 3 medias canciones y punto, y en eso basas tú opinión. Lo siento, pero esto no va así, el arte y la música, (y más la de Rosalía), no son matemáticas, no es como comerse un trozo de tarta y saber como sabe la pieza entera…cada canción representa un sentimiento, un estilo, un humor, unas técnicas vocales, unas letras, un ritmo, y mil cosas diferentes en cada una de ellas…y si precisamente tiene algo Rosalía, además otras muchas virtudes musicales y vocales, es una versatilidad infinita…por lo tanto, NO, tú no has escuchado a Rosalía, sin más.

      • Gavrilo Princip

        Das a entender que no me gusta Rosalía porque no la he escuchado; luego si la escucho, seguro que me gustará. No es este el tipo de argumentos que espero. Además, sin conocerme de nada, supones que miento cuando digo que la he escuchado. Yo simplemente he dado mi opinión sobre Motomami, que no tiene que ser igual que la tuya. El mar querer, sin llegar a gustarme, me parece que tiene bastante más calidad. He de decir que no me gusta ni el flamenco ni la música urbana actual, pero reconozco si algo tiene cara y ojos. Rosalía tiene talento, muchas ideas y es muy joven. Su futuro es suyo, ella sabrá si quiere seguir haciendo motomamis, y saokos y despechás, y chicken teriyaki, mi gata quiere maki, pues toma kawasaki…

  10. Tan absurdos me parecen estos artículos super intelectuales sobre Rosalía (es el segundo que leo esta semana) como los ataques furibundos hacia su música, sobre todo cuando se confiesa no haberla oído,algo muy español eso de la envidia y el cinismo. ¿Les parece mejor Beyoncé o Ariadna Grande? Por citar a otras divas pop. No creo que hayan perdido un minuto en criticarla con tanta saña.

  11. Quería decir cainismo, no cinismo

  12. Jordi_BCN

    Dios, que diarrea mental… si Rosalía en el plano musical no aporta nada, aún aporta menos en el plano intelectual. Pero al Sr. Zamudio le da para escribir este tocho de artículo, lo que confirma aquel dicho de un torero, que al enterarse que existían los filósofos, exclamó: «Tié que haber gente para tó».

  13. Sebastián

    De Rosalía no tengo demasiado que decir, más allá de que no la entiendo. No dudo de su esfuerzo estético, del mérito lingüístico tras la creación de un idiolecto; de su dominio de la escena actual y la profundidad y eclecticismo del mensaje.
    Mi problema con ella está en que ese mensaje me lo tienen que andar traduciendo. No consigo entenderlo precisamente porque los millenials ha erigido una barrera, a través del lenguaje, entre su generación y la nuestra con una deliberada voluntad de exclusión no exenta de arrogancia por parte de quienes «representan el futuro».
    En mi opinión, se trata de una soberbia generacional, que ella tan conspicuamente representa, la que le supone tantas críticas por parte de puretas como yo. Sin embargo, no se trata de la estética ni la música ni siquiera la clase social: se trata de una brecha generacional que ella contribuye a ensanchar con su militancia millenial.

  14. Carlos Colmenero

    El artículo esta muy bien escrito y relacionado. Lo suscribo y felicitó al autor, porque en sociedad al que lo hace bien hay que aplaudirlo.
    En cuanto a los comentarios decir que aparece justo lo que menciona Zambudio.
    Lo que no me gusta de ciertos comentaristas es su antiintelectuaslismo. Vale que nos hacemos mayores y conservadores, pero negar el papel del intelectual en la sociedad nos acerca a los totalitarismos.
    La sociedad de consumo ha de ser analizada y criticada constantemente, aunque solo sea por evitar caer en dogmas enreizados a verdades incuestionables, dogmas como el liberalismo económico, el cual no deja de ser un idealismo. Yo disiento con el articulista en este punto, creo que la ola de pragmatismo no deja de ser un idealismo, más bien es el idealismo imperante. La muerte de la historia es un idealismo en si.
    Además yo incluiría algo más de retórica psicologicista en el sentido transgeneracional, el sentido de la realización personal, y el efecto de la perdida de expectativas en la vida.
    En cuanto a Rosalía, viendo los efectos que provoca me parece genial. El simple hecho de que haya niños que sientan alegría aprendiendo coreografías y cantando me parece un éxito.

  15. Actualizateunpocoanda

    Qué viejunos y qué rancios la mayoría de los comentarios..

    • Phil Collons

      Sí, hay que dejar de escuchar a Bach, Mozart, Beethoven y a otros porque están viejunos que te cagas, rancios como la panceta de tres meses. Y si ya nos venimos un poco más para aquí, a Frank Sinatra, The Beatles, Amy Winehouse, etcétera, etcétera… Ahora hay que escuchar a Rosalía, Bad Bunny, y luminarias de ahora, que estos están vivos y también tienen derecho a ganarse un dinerito …

      • Actualizateunpocoanda

        Tan rancios y tan viejunos precisamente como los que en su momento criticaron a The Beatles (Frank Sinatra y Elvis, por ejemplo) También se criticó muchísimo a Amy Winehouse en su momento, de hecho no veía una oleada de odio irracional hacia una cantante desde los tiempos de la inglesa.
        Por cierto, ¿¿has oído algún disco entero de Rosalía?? No hace falta que contestes, ya se que no.
        El comentario del que acusa a los milenials de una conspiración a través del lenguaje, madre mía, no merece ni un comentario.
        Si, muy viejunos, muy rancios y muy de cuñaos.

        • Lux Interior

          Pues precisamente ese comentario que menciona es el que más me ha gustado de todos. Rosalía no me gusta porque no se le entiende, es no sé…como si tuviese una parte de la anatomía masculina metida en la boca cuando canta, y no es ella sola, a la inmensa mayoría de sus coleguis tampoco se les entiende. «Barrera generacional a través del lenguaje»…pues va a ser que si.

          • Actualizateunpocoanda

            Cuando no entiendes a Rosalía es porque ella no quiere que la entiendas. No es una carencia, es un recurso. Si no entiendes lo que dice en Candy o en La fama igual tienes un problema de audición, aunque lo más probable es que no los hayas escuchado.
            Para finalizar solo te diré que a uan ba buluba balam bam bu

  16. Mira que fácil te lo vi a deci ….
    A B C
    1 2 3

  17. Miguel Ángel

    Lo más interesante en la propuesta de la Rosalía es su proyección global, transglobal, intercontinental o como queramos llamarlo.

    Me parece muy interesante y estimulante que una música, compositora e intérprete española con una fuerte influencia del flamenco, conquiste a públicos de otras zonas geográficas; esto generalmente solo lo venían haciendo los estadounidenses.

  18. El neoliberalismo es mierda, y a pesar de la intoxicacion mediatica la gente ya está volviendo a pensar que quizás eso del fin de los grandes relatos y la posmodernidad es una mierda también. Será porque se van dando cuenta de que el neoliberalismo es totalitario, antidemocrático y está jorobadamente vacio más allá de consumir hasta el colapso. Si lo de Rosalía es un fenómeno puramente neoliberal pues por mi lado ya queda definido (y no hablo de musicalmente)

    Por el lado musical, pues miren anda que no hay millones dr cosas que escuchar que no son Rosalía.
    Por el lado politico mas nos valdría pensar que solos no nos vamos a salvar, ni siquiera estos ricos como Rosalía.

  19. Faithnomore

    Pobres nuevas generaciones que pasan hambre, se suben a un avión de combate en Midway, les pegan con el cinto a las primeras de cambio, que ven disminuida su esperanza de vida, temiendo la alta tasa de mortalidad infantil de sus hijos, todo ello viendo a sus amigos caer semana sí semana no por el sida y la heroína, …. Es injusto y necesitan referencias artísticas en las que identificar ese dolor, por supuesto.

    Ironías al margen, me gusta «la catalana» y el análisis del artículo, salvo en la parte del (nuevamente) lloriqueo gratuito al describir la más cómoda y estupenda época del homo sapiens (Y CON GRANDÍSIMA DIFERENCIA)

  20. Innerweltlicher

    Todo esto para decir algo que ya sabemos: Rosalía es una perfecta hija de su tiempo, o a ver si pensamos que en esta época iba a ser un Silvio Rodríguez el que acaparara portadas. Poniéndonos estupendos diríamos que Rosalía es el epítome de la superficialidad crematística porque esa —y no otra— es la cualidad básica de nuestra sociedad de consumo. Más que ser «buena» o no, lo que es indiscutible es que condensa las aspiraciones de la generación dominante de la sociedad. Conste que uno preferiría que el papel central de la cultura fuera ocupado por un Montaigne o un Canetti, pero a los no invadidos por la ola hiperconsumista siempre nos quedará el consuelo —vanitas vanitatum— de lo minoritario.

  21. El Arqueólogo Musical

    El que escribe sabe algo de música? Tanta palabrería no merece esta petarda, salvo que andemos en el asunto de la publicidad encubierta, claro. Que a este producto prefabricado hay que dedicarle mucha inversión para que sea rentable.

  22. Madre del amor hermoso, que algo no te guste pues vale. Pero ¿qué tengas que insultar o menospreciar a los demás por disfrutar de algo que tu no valoras?

  23. es increible escuchar tanto comentario explicando que Rosalia no aporta nada a la Música. A mi no me gusta Rosalia, pero entiendo el fenomeno e intento entender a la gente joven y su momento (que por desgracia ya no es el mio por edad).La musica , en parte es un negocio y siempre hay gente que esta en el Mainstream que conoce el momento y le saca el partido necesario para triunfar. Rosalia es un icono de la «cultura pop» de su tiempo, ¿que no nos gusta su musica?, ¿que no la entendemos?..y que!!. Era Madonna, cuando salio en los 80´s, una interprete brutal??..No, pero supo darle a la gente lo que quería en esos años, nada más y hoy en día se le vanagloria como una Diva o la reina del Pop por toda su carrera. Yo me alegro por esta chica , me parece q su carrera esta muy bien planificada y creo que ella ha montado un producto muy atractivo para la gente joven que no busca a Camaron, Nirvana, Los pixies o los smiths…no hay mucho más.

  24. No me gusta su música, pero creo que Rosalía no es mala. El nivel cultural, claro que ha caído, ya se han encargado los políticos, pero también la propia congregación, que le va más el fúrbol y estar a la moda, que desarrollar un pensamiento propio. Así que resulta muy fácil enzarzarnos en polémicas provocadas por los que cortan el bacalao para desviar la atención y ocultar los verdaderos manejos que de verdad nos atañen.

  25. A mi juicio su primer disco estaba muy bien, el segundo era magnífico y el tercero (Motomami) es infumable. Y no tengo más que decir de Rosalía. salvo reconocer su condición de diva millennial que es algo que ni me va ni me viene.

  26. Arturo Pisalo

    Rosalía es música para tontos que triunfa porque los políticos se han ocupado en crear cuantos más tontos sea posible.
    Los teóricos de Rosalía no son más que los teóricos del Sálvame. Ambos productos son entretenimiento de mierda.
    La música es otra cosa.
    Los tontos que dicen que Rosalía antes cantaba flamenco y tal no han tenido más acercamiento al flamenco que el probarse el delantal de lunares de la prima de Córdoba.

    No engañais más que a los que se dejan.

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