
«Si crees que la tecnología va a resolver tus problemas, ni entiendes la tecnología, ni entiendes tus problemas».
El mundo ha cambiado, pero Laurie Anderson parece no haber cambiado lo más mínimo. Y eso es reconfortante. Aunque sepamos que sí ha cambiado, porque todo el mundo evoluciona en su vida, ella ha cumplido setenta y cinco años mientras escribo estas líneas, y sigue manteniendo la misma expresión plácida y la misma mirada chispeante de cuando se dio a conocer hace medio siglo. El tiempo la ha tratado bien, quizá porque ella ha tratado bien al tiempo, y el mero hecho de que el planeta cuente con su presencia es una de las pocas cosas tranquilizadoras en esta época de neurosis colectiva.
Laurie Anderson pertenece a esa categoría de artistas sobre los que uno habla por simple afinidad personal, y asumiendo que es probable que a mucha gente ni siquiera le suene su nombre. Supongo que habrá más personas a quienes les suene no tanto por su propia carrera sino porque estuvo casada con Lou Reed. Fue ella quien anunció al mundo la muerte de Lou, mediante una breve y bellísima carta. Menos de dos años después, Reed fue póstumamente ingresado en el Rock & Roll Hall of Fame, y tuvo la suerte de ser homenajeado con los discursos de dos increíbles mujeres. Primero, el discurso de su amiga Patti Smith, que sonreía tímidamente y pedía perdón cuando la emoción la hacía flaquear. Después, Laurie Anderson leyó un discurso como el que solamente ella podía leer, que parecía más bien el fragmento de alguna novela: «En los veintiún años que estuvimos juntos, hubo unas pocas veces en que me sentí enfadada o frustrada, pero nunca, jamás, me sentí aburrida».
Siendo una mujer acostumbradísima a dominar los escenarios en cualquier modalidad —música, performance, monólogos—, aquella fue probablemente la única ocasión en que he visto a Laurie un poco nerviosa y dejando asomar su lado vulnerable. A fin de cuentas, llevaba solamente año y medio viuda. Incluso para alguien tan zen como ella, año y medio es muy poco tiempo para procesar semejante pérdida. Laurie siempre ha emanado una aureola de calma que parece contagiosa: cualquiera que haya visto entrevistas de Lou Reed en solitario podrá captar la inusual paz que parecía desprender cuando hacía una entrevista conjunta con ella. En aquel día de homenaje, Laurie mencionó las tres reglas que Lou y ella habían desarrollado para atravesar la existencia: «Uno, no le tengas miedo a nadie. ¿Puedes imaginar vivir la vida sin tenerle miedo a nadie? Dos, consíguete un buen detector de putas mentiras, y aprende a usarlo. Y tres, sé muy, muy tierno. Con estas tres cosas, no necesitas nada más».
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Graciñas por el acercamiento a alguien desconocido…
La verdad es que sólo conocía a esta señora por haber sido compañera de Lou Reed. He pinchado en los vídeos de «o superman» y languaje is a Virus y…. en fin, digamos educadamente que not my cup of tea. Ahí me he apeado.
Vamos, dos «canciones» horrorosas; parecen poemas recitados sin estribillos memorables ni ná. A años luz de lo que un Peter Gabriel sacaba por aquella época.
Laurie anderson influyó en muchos artistas, no sólo en música. Se podría destacar la influencia en Diseño Corbusier o Neo Zelanda (Ani Zinc).
El video de Language is a virus, está hecho con fragmentos de la película Home Of The Brave, de 1986,, donde también sale, entre otros, William S. Burroughs.
También es interesante saber que Big Science es una selección de temas ya compuestos anteriormente, que estaban en United States Live, editado posteriormente en un cuádruple LP.
Walk the dog.
Recuerdo conocerla al principio de los 80, con la canción de Oh Superman y ,creo, su primer disco y me gustó y sorprendió por ser un sonido diferente. Claro que en esos años, finales de los 70 (1976-1982 ) fue un periodo extraordinario para el punk, pop, rock, tecno, música baile, ska…. Después le perdí la pista a Laurie Anderson.
Muy buen artículo. Laurie Anderson se lo merece.
Nunca olvidaré su actuación en el teatro Calderón en mayo de 1986. Iba prevenido pero salí impresionado. Era como si hubieras encontrado algo que llevaras tiempo esperando. Inolvidable