
El 25 de julio de 2021, la Unesco contempló el luminoso recorrido conformado por el paseo del Prado, el barrio de los Jerónimos y los jardines del Buen Retiro y sentenció que todo aquel entorno, conocido como Paisaje de la Luz, era merecedor de la solemne distinción de Patrimonio Mundial. Poco tiempo después, Luis Manuel Fernández, director ejecutivo de Alvearium, transitó por el mismo itinerario y decidió que aquello parecía terreno fértil para plantar algo. Algo que ya había ocupado ese espacio tiempo atrás, y que volvería a tener presencia en el mismo lugar, pero en un universo digital hermanado con el nuestro.
Ocurría que en Alvearium se hallaban enredados en la misión de explorar los mundos del metaverso, y el Paisaje de la Luz se antojaba como una ubicación idónea para llevar a cabo dicha tarea. Lo interesante es que el proyecto que estaba a punto de germinar apuntaba al futuro, pero tomaba como punto de partida una localización histórica del pasado. Concretamente, una casa habitada por fieras en los jardines más famosos de Madrid.
La presencia animal en el parque del Buen Retiro data del siglo XVII, una era donde las páginas firmadas por escritores como Baltasar Gracián ya hacían referencia a tigres y leones residiendo, enrejados, entre aquellas malezas. Durante los siglos posteriores, el zoológico del Retiro se convirtió en sitio de recreo para los curiosos, de estudio para los científicos y de entretenimiento para la aristocracia. La guerra de la independencia contra Francia diezmó a los especímenes del recinto en el siglo XVIII, pero Fernando VII en 1830 reubicó y adecentó las instalaciones conformando oficialmente lo que sería la Casa de Fieras de Madrid. El ilustre zoo pervivió en el lugar durante los años posteriores, acogiendo a todo tipo de inquilinos en su interior: panteras, gacelas africanas, chacales, pavos reales japoneses, monos, tigres, hienas o llamas peruanas.
Isabel II se encargó de ampliar el espacio e instalar en él una tropa de nuevos animales, entre los que se encontraba la famosa elefanta Pizarro. Un ejemplar, proveniente de un circo, tan querido por los madrileños como para acabar convirtiéndose en superestrella icónica del lugar. Con el tiempo, tras la Revolución de 1868, el recinto dejó de ser un emplazamiento exclusivo de los monarcas, abriéndose al público y ocupándose de su administración el ayuntamiento de la ciudad. Durante los años posteriores, el exótico zoológico vivió todo tipo de etapas y desventuras: una extravagante gestión asumida por un tratante de animales circenses llamado Luis Cabañas; un reacondicionamiento a cargo del jardinero mayor del Ayuntamiento de Madrid, Cecilio Rodríguez; una etapa decadente y oscura durante la guerra civil; y el posterior retorno de Cecilio al cargo para ser sucedido por Ramon Ortíz. Finalmente, un 22 de junio de 1972, la Casa de Fieras del Retiro sería clausurada definitivamente, trasladando a sus más de quinientos residentes a la Casa de Campo. Cincuenta años más tarde, el zoo más sorprendente de Madrid experimentaría, gracias a Alvearium, una nueva mudanza que lo reubicaría de nuevo en el Retiro, pero en esta ocasión en los dominios del metaverso.
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