
Me gusta pensar en Bong Joon-ho como en un cineasta olímpico, no por los muchos premios que ha recibido a lo largo de su carrera, sino porque la sensación que el espectador experimenta al ver sus películas se parece mucho a la que sentimos, desde la tele y cada cuatro años, al ver a los atletas ejecutar sus ejercicios. La naturalidad de sus movimientos nada tiene que ver con su sencillez, más bien al contrario, es todo el entrenamiento y el esfuerzo que le dedican durante años la forma en que consiguen una ejecución tan precisa que parece sencilla. El cine de Bong Joon-ho también fluye naturalmente ante nuestros ojos, pero la organicidad de sus imágenes tampoco se debe a ninguna sencillez, sino a la consistencia de sus formas.
Aunque la escena del pase de la antorcha de Snowpiercer, o la del lanzamiento de martillo en Parásitos podrían considerarse prueba suficiente para seguir avanzando en la vinculación entre el cineasta y las Olimpiadas, no son más que una anécdota curiosa frente a la interesante reflexión sobre cómo las brillantes formas de sus películas siempre acaban llevándonos a un centro de gravedad común, que es la humanidad de sus personajes imperfectos.
La inversión de los géneros
Una de las razones por la que las películas de Bong Joon-ho tienen esa fluidez es la macroestructura de género que aparentemente tienen. Solo aparentemente, porque aunque muchas de sus películas pueden considerarse revisiones de algunos géneros conocidos (como el thriller, el cine negro o el cine de aventuras) en realidad están lejos de poder ser consideradas como «piezas de género». La primera de las razones es que la propia existencia de los géneros cinematográficos es algo discutible. Hubo una época en la que las condiciones industriales del Hollywood clásico hacían casi posible afirmar que existían géneros fílmicos, pero incluso entonces era cuestionable que fuera así. Pero tras la llegada de la modernidad al cine, es imposible aseverar que los géneros cinematográficos existan. Con todo, en sus películas se puede comprobar cómo el director se sirve de algunos de los elementos más conocidos de esos «géneros» para aplicarlos a un momento temporal o a un lugar muy concreto, y así apropiárselos y resignificarlos.
Crónica de un asesino en serie (Memories of Murder, Corea del Sur, 2003), la segunda película del director, fue un éxito comercial en Corea y supuso el reconocimiento internacional de Bong Joon-ho, pues con ella ganó la Concha de Plata a Mejor Dirección en el Festival de cine de San Sebastián. La película, que puede comprenderse dentro del género conocido como el thriller policíaco, se aleja de toda generalización pues los elementos propios del género se aplican a unas circunstancias muy concretas. La historia está enclavada en una región específica, la provincia rural de Gyeonggi, y en un tiempo muy concreto, los convulsos años 80 durante la dictadura conocida como la Quinta República en Corea del Sur. Esta combinación no surge de la nada. Tal como puede leerse en Bong Joon-ho: La reinvención de los géneros (Ed. Carlos F. Heredero/ Caimán Cuadernos de cine) la única antología del director publicada en español hasta la fecha, otros cineastas coreanos como Park Chan-wook y Kim Jee-woon formaron, junto con Bong Joon-ho, una pequeña revolución que permitió tanto la reconciliación del público coreano con su cine como el reconocimiento internacional del mismo. Al valerse de formas que hasta entonces solo veían en el cine hollywoodiense o japonés para aplicarlas a historias muy concretas de su entorno, donde podían ver reflejada la idiosincrasia de su país y cuestiones que entonces (y todavía ahora) preocupaban al pueblo coreano, como por ejemplo, el tratamiento del conflicto entre las dos Coreas en JSA (Park Chan-wook, 2000), sentían que esas historias los interpelaban directamente. Además la concreción de esas narraciones permitió una universalización mayor de estas películas en comparación con las de generaciones anteriores.
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Gracias, un buen artículo sobre un buen director, al que conocí con The Host.
La única película que he visto de Bong Joon-ho ha sido Parásitos y la volvería a ver para apreciar los valores humanistas de los distintos personajes a los que hace referencia en su artículo.
Tras su lectura estoy deseando poder ver Crónica de un asesino en serie.
Gracias por su artículo.
Estupendo artículo y muy interesante. Felicito a la autora.
Ha retratado la sociedad en clave de sátira, incluso cuando el género que elige sea el terror o la ciencia ficción. Dentro de la “exótica” filmografía de Bong Joon-ho se esconde la universal mezquindad humana, tan lejos y tan cerca.
Magnífico artículo
Muy interesante el análisis del cine de Bong Joon-ho. Sólo he visto Parásitos y coincido totalmente con el punto de vista de la autora. Un gran artículo.
Fantástico artículo de investigación sobre Bong Joon-ho. Gran director de películas con muy buenas críticas, como las de este artículo de Ione. El posicionamiento del director con sus personajes imperfectos, con problemas, con aspiraciones imposibles, refleja una personalidad sensible, humanitaria y solidaria.
Intentaré ver alguna de sus películas