Cine y TV

‘Abre los ojos’: las lágrimas de Sofía

Abre los ojos. Imagen Sogetel.
Abre los ojos. Imagen: Sogetel.

Un protagonista, un varón, lleva una vida plana hasta que su encuentro con un secundario, una mujer, desata el progresivo enrarecimiento de los acontecimientos a su alrededor. Al principio se nos insinuará que está perdiendo la cabeza, pero pronto descubriremos que no. Es la misma realidad la que está perdiendo su estatus, y además sin remedio. Como el mismo héroe tendrá que aprender, la única manera que hay de escapar del derrumbe de lo real es, bueno, eso mismo. Escapar de lo real. Y eso, por supuesto, es algo bastante más sencillo de decir que de hacer. 

¿Le suena? Seguramente. Podría ser Matrix, por ejemplo. O El club de la lucha. O Memento. Relajándonos con los detalles incluso podría tratarse de El show de Truman o El sexto sentido. Todas son películas estrenadas entre 1998 y 2000, cuando Hollywood atravesó aquella fiebre onirista que se contagió de género en género. Pero la cinta que nos ocupa es de antes, de diciembre de 1997, y ni siquiera se produjo en Estados Unidos. Abre los ojos, la segunda cinta dirigida por Alejandro Amenábar, fue coescrita por él mismo y Mateo Gil y es una de las películas de ciencia ficción más celebradas de la historia del cine español.

Y no por la novedad. Ya habíamos visto una historia muy parecida en el cine, la de Desafío total, adaptada por Paul Verhoeven en 1990 de «We Can Remember It for You Wholesale», un relato de Phillip K. Dick. Y la propia Abre los ojos emparenta directamente con Ubik, una de las grandes novelas del mismo autor. Tampoco es por su rupturismo, ya que Abre los ojos obedece sin rebeldía a su propio canon, que se remonta a Calderón. César, interpretado por Eduardo Noriega, cumple eficazmente con el papel que le impone la tradición, el de un Segismundo atormentado que ejerce como guía entre los escombros de un mundo que se desmorona. No es él quien explica ese regusto a gran película que deja tras de sí Abre los ojos, que quizá no salta a la vista pero se saborea inconfundiblemente con la parte de atrás del cerebro, donde habita la intuición. En realidad, son todos menos él. Abre los ojos es una función de Calderón, pero una donde el personaje memorable no es Segismundo. Aquí, quienes verdaderamente tienen algo decir son Rosaura y Estrella. 

Es decir, Nuria y Sofía. Particularmente Sofía y en concreto la segunda Sofía, indistinguible de la primera, conjurada con los recuerdos de César y los algoritmos de Life Extension, capaz seguramente de hacer lo que la Rachel de Blade Runner: superar el test de Turing, pero no el de Voight-Kampff. Y de saberse ilusoria, como ella, porque cruelmente la dotaron de una inteligencia que al final le permitirá deducir su propia inmunidad a la única certeza de que dispone el intelecto desnudo, el aforismo de Descartes. Cogito ergo sum, pero no en su caso. Ella no es nadie, solo un simulacro de alguien. Y lo verdaderamente bueno, allí donde Abre los ojos se constituye en auténtica novedad, es que lo sabe. 

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5€mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

2 comentarios

  1. Rubén, se te echa de menos por aquí más a menudo, escribes cómo los ángeles.

    Salud!

  2. José Antonio

    Me estoy acordando al leer el texto de los personas ‘creadas’ de Solaris. Más o menos en la misma línea.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*