
Contrariwise, if it was so, it might be; and if it were so, it would be; but as it isn’t, it ain’t. That’s logic. (Tweedledee, Through the Looking-Glass, Lewis Carroll)
Dune fuel el intento del recientemente fallecido David Lynch de adaptar la novela homónima de ciencia ficción que Frank Herbert publicara en 1965, considerada la mejor del género, que vendió doce millones de ejemplares en vida del autor y dio lugar a una saga de decenas de novelas —seis de ellas escritas por él mismo; el resto, tras su muerte en 1986, por su hijo Brian junto a Kevin J. Anderson—.
A pesar del éxito de la novela, a medio camino entre la fantasía y la ciencia ficción, su impacto social, su índice de penetración cultural, es escaso. Dune no forma parte de la cultura popular, algo que sí ocurre con las sagas de Star Wars, Star Trek o El señor de los anillos. Mi opinión es que esto se debe, en gran parte, al fracaso de la película de Lynch.
¿Qué es Dune? Dune es una novela de ciencia ficción que da pie a una saga literaria de enorme complejidad a partir de una serie de ideas políticas, religiosas y ecológicas que conforman un universo propio.
¿Qué es lo más interesante de Dune? Lo más interesante es el punto de inflexión que supone la yihad Butleriana, cuando los humanos se rebelan contra las máquinas pensantes que los dominan y la reflexión moral sobre el programa eugenésico positivo (que no descarta a los menos aptos sino que selecciona a los más aptos). Y cómo este se desarrolla, interviniendo de distintas formas, para que los seres humanos consigan realizar el trabajo de las máquinas: cómo de ahí surgen los navegantes, humanos que, mediante el consumo de la especia melange, se han autoinducido una evolución rápida que les convierte en seres extraños capaces de lograr los viajes interestelares y que conforman la Cofradía Espacial, que controla el transporte interplanetario en régimen de monopolio; o los mentat, personas adiestradas en el uso de funciones lógicas y matemáticas para que sus mentes funcionen como computadoras; o las Bene Gesserit, una organización monástica femenina con gran influencia política, social y religiosa, responsable del programa genético para obtener al Kwisatz Haderach, un superhumano, y entrenadas mediante un duro programa de condicionamiento para desarrollar habilidades físicas y mentales casi mágicas. También interesa el faufreluches, un rígido sistema de distinción de clases sociales en función de la idea de valor personal adquirido mediante entrenamiento, y ese futuro dentro de veinte mil años imaginado en la década de 1960 con una organización feudal. Interesan las estrategias y las intrigas palaciegas que parecen asesoradas por el Maquiavelo de El príncipe (no el de los Discursos), pero que fueron escritas durante la guerra fría. Y analizar la idea de una liberación mesiánica con las consecuencias de una yihad que provoca millones de muertos. También interesa percibir las influencias de las distintas religiones en el sincretismo de la obra, sobre todo del cristianismo, el islam y el budismo zen; y cómo los textos de la Biblia Católica Naranja contienen libros del Talmud, la Biblia, el Corán, los Upanishad, los Vedas y las Analectas; o cómo se otorga a la religión un papel tan importante en este futuro de ficción. Lo interesante de Dune es la relación de esta ficción con nuestro calentamiento global, la escasez de agua y los problemas en Oriente Medio. Pero también son interesantes los roles otorgados a las mujeres y a los hombres, las desigualdades sociales y de género de dicha sociedad imaginada, la intensa búsqueda de la condición humana y la figura mesiánica de Paul Muad’Dib como catalizador, objeto y sujeto de la historia, del pasado, del presente y del futuro. La novela Dune no es alta literatura, pero al menos da pie a estas reflexiones, ausentes en la película de Lynch, donde apenas se aboceta alguna de ellas añadiendo grandes dosis de abstracción a un guion y unos personajes también planos y ásperos. El resultado es un poco farragoso y vacuo, probablemente la obra menos personal e interesante de Lynch. Sin embargo, merece un lugar meritorio en el cine de ciencia ficción porque posee la virtud de recrear este universo propio con una fotografía espectacular y una original puesta en escena, a medio camino entre la corte isabelina y el submarino del capitán Nemo, que sumerge al espectador en una atmósfera onírica, en un estado de sonambulismo fuera del tiempo y del espacio, que la convierte en una obra original y marginal, poco influida y poco influyente.
No sabemos cómo habría resultado la otra Dune, la que estuvo a punto de hacer Alejandro Jodorowsky con ayuda de Moebius y Hans Ruedi Giger, y con la participación de Dalí, Orson Welles y Mick Jagger. Habría revolucionado la historia de la ciencia ficción, pero ahora también costaría verla, sobre todo si hacemos caso al propio Jodorowsky cuando afirma que pretendía que el espectador obtuviera sin drogas una experiencia lisérgica.









Una película infravalorada y fascinante para los que nos gusta la saga de Dune. El montaje original de Lynch duraba algo así como 8 horas. Le dijeron que ni de coña y, recortando mucho, lo redujo a 5. Evidentemente tampoco coló. Así que se desentendió y renegó del montaje que conocemos, unas dos horas y media. No obstante, esta película tiene numerosos hallazgos a reivindicar, como el fascinante diseño de producción y sobre todo el guión, adaptación del propio Lynch. El monólogo inicial resume perfectamente en menos de dos minutos las premisas en las que se basa el universo de Dune. Quizás se adelantó a su tiempo y hoy en día hubieran hecho una serie. Y quién sabe, lo mismo ahora que ha fallecido David Lynch se rescata ese montaje de 8 horas y se emite como serie. Soñar es gratis.
Por cierto el monólogo inicial de Lynch explica mucho mejor que este periodista el argumento del mundo de dune. Creo que este periodista no leyó ni el libro ni vio la película.
Aburrida hasta decir basta.
usted no tiene gusto.
Será eso.
Si tiene gusto, lo que pasa es que no coincide con el suyo. En cambio, sí con el mío: «la madre de todos los tostones»
La influencia de Dune es infinita, vendió 12 millones de ejemplares, no sé por cuentas irá, e inspiró una versión comercial que es el mayor universo de fantasía/ciencia ficción de la humanidad: Star Wars. Y no tiene impacto social, no penetración cultural? Siento no estar de acuerdo en absoluto, y siento más aun decirle q es una estupidez. Y por cierto, aunque Dune de David Lynch pudo ser mucho más, es una película extraordinaria, diferente, digna de la especia de Herbert.
Si quieren ser más felices, lean y vean Dune.
Es una pena lo de esta película, porque la estética me resulta fabulosa y muy original; pero claro, con el montaje hiper recortado se cargaron la historia. La novela, maravillosa (para mí y si no recuerdo mal, la saga empezó a flojear en Dios Emperador de Dune).
No opino que el análisis del autor sobre la obra sea malo, y en cuanto a la influencia, creo que se refiere más a en la cultura de masas: en la ciencia-ficción sí es de las más relevantes, pero hasta la versión de Villeneuve, para el público en general no era muy conocida y de hecho es posible que la versión de Lynch contribuyese a ello (por el malogrado montaje que la convirtió en fallida): a mucha gente que la vio en su momento, no le gustó.
No sé hasta que punto consideraría a Dune como una inspiración predominante en Star Wars; a no ser que el propio Lucas así lo haya afirmado, que podría ser.
Es cierto lo que comenta Álvaro más arriba, sobre el destrozo que hicieron en el montaje. Tanto es así que un fanedit llamado Spicediver hizo su propia versión añadiendo descartes y la elevó a casi tres horas de duración. Se encuentra en youtube para los curiosos.
Respecto a que no forma parte de la cultura popular como Star Wars (que la fuerza te acompañe), Stark Trek (poner los dedos juntos) o El señor de los anillos (mi tesoooroooo), tal vez la causa sea que no tiene elementos para incorporar en el día a día, ni un robot simpático, ni una estética precisa salvo que vayas por el desierto del Sahara. La culpa en todo caso no es de Lynch. La versión de Villeneuve tampoco lo ha conseguido. La primera tiene al menos la maravillosa banda sonora de Toto y un tema de Brian Eno. Chúpate esa Hans Zimmer.
Para terminar, Lynch llegó al acuerdo que rodaría Dune bajo el criterio del productor si luego le dejaba rodar otra sin ese peso, y de ahí nació la magnífica Terciopelo Azul.
Si hubiera contado con mejores efectos especiales está película habría sido todo un clásico.Los gusanos están muy bien conseguidos,eso sí.
Mucho más interesantes los comentarios que la nota.