Música

Le Parolier: «Monsieur Lee», de Mort Shuman y Étienne Roda-Gil

Mort Shuman, autor junto con Étienne Roda-Gil de «Monsieur Lee». (DP)
Mort Shuman, autor junto con Étienne Roda-Gil de «Monsieur Lee». (DP)

En la última parte de Crónica del Alba, el protagonista se encuentra encerrado en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer. Su autor, Ramón J. Sender, cuenta cómo los refugiados viven en unas condiciones terribles, sin agua, sin saneamientos, con unos mendrugos como única comida. Para protegerse del frío y la humedad marina, excavan hoyos en la arena y se medio entierran con miserables mantas como toldo. Aunque casi todos los habitantes del triste encierro son soldados del Ejército Republicano vencido por Franco, el gobierno francés —que no tenía prevista la llegada de cientos de miles de españoles— ha tenido que acondicionar una zona para las mujeres. Entre ellas está Leonor Gil, de Badalona, esposa de Antonio Roda, un valenciano combatiente de la Columna Durruti, preso en otro de los campos de concentración improvisados en el mediodía francés.

Y ahora ya hemos pasado de la literatura a la historia. Leonor y Antonio serán los padres de Esteve (o Étienne) Roda-Gil, un militante de la CNT francesa que, posiblemente motivado por la precariedad y pobreza de su infancia, se convirtió en un letrista de canciones original, osado y tan realista unas veces como, otras, alucinado. A finales de los sesenta traba amistad con Julien Clerc y juntos conquistarán las cimas del éxito pop sin que la industria española se diera por enterada.

Étienne Roda-Gil es, además, el autor de las letras de los tres primeros álbumes franceses de Mort Shuman, cincuenta por ciento del tándem Pomus-Shuman, creadores de infinidad de clásicos de la era del rock: «A Teenager in Love», «This Magic Moment», «Save the Last Dance for Me», «Surrender», «(Marie’s the Name) His Latest Flame», «Sweets for My Sweet», «Suspicion», «Ecstasy», «Viva Las Vegas», «Sha La La La Lee», «Get It While You Can» y un etcétera tan largo que interrumpimos por no ocupar demasiado espacio. A mediados de los sesenta se instalará en Europa y fijará definitivamente su residencia en Francia, donde graba cerca de una decena de álbumes en la mejor línea de los grandes cantautores franceses. Tiene, además, una larga discografía de bandas sonoras de películas y documentales. Amigo personal de Jacques Brel, es igualmente el más apreciado de sus traductores al inglés. En cuanto llega a Francia, compone y estrena un musical —de los que ahora se llaman jukebox musicals, basados en el repertorio de algún autor— con las canciones de Brel.

En 2025, mientras varios rincones del planeta arden en dramáticos conflictos bélicos, el colectivo de músicos permanece callado y quieto. El momento perfecto para recordar una de las mejores y más originales canciones pacifistas del siglo XX: «Monsieur Lee», de Mort Shuman y Étienne Roda-Gil, que se sale radicalmente de los tópicos habituales. Su singular punto de vista narrativo y un sorprendente desarrollo y desenlace ponen de relieve el genio de Roda-Gil. El protagonista de la canción, Monsieur Lee, vuelve de una guerra que, dada la fecha de grabación del disco¹, se podría suponer que fuera Vietnam, aunque el detalle de la espada pueda llevarnos a conflictos más antiguos: un anacronismo que recalca la continua pervivencia de ese absurdo pecado de la humanidad que es la guerra.

La descripción del personaje sirve para dar comienzo a la canción y se centra en su uniforme sucio y su espada rota: «Su guerrera llena de tierra y su gran espada rota en la mano». Roda-Gil elige como características definitorias lo que son símbolos de derrota y destrucción, es decir, las consecuencias de la guerra. Esa espada, que habría de representar virilidad, fuerza, valor y poder, se ha roto, pero él la sigue enarbolando porque es parte esencial de su identidad militar y guerrera.

En seguida pasamos a conocer las perspectivas de futuro que, una vez licenciado, tendría Lee: «Podría haber desaparecido quizás en las plantaciones», dice, ofreciéndole una elección y la posibilidad de una huida, de encontrar un refugio de paz en una vida rural en la naturaleza. Y continúa ya en el ámbito de la aventura: «O convertirse en buscador de oro con su primo del Gran Norte», verso que contiene la promesa de un hallazgo, un tesoro. Hasta ahora hemos visto a Lee solo, prácticamente aislado del mundo en su derrota bélica, pero, para buscar un futuro esperanzador, sí que cuenta con la compañía familiar. Que su primo le espere en el Grand Nord, o sea, en lo más lejano del Ártico, nos añade una nota de aventura, de misterio y soledad en esos grandes espacios blancos de desolación, y seguramente nos aleja de la suposición de que se trata de Vietnam. El rechazo por parte de Lee de estos posibles reencuentros con su familia, con la tierra y con el oro connota el rechazo de los convencionalismos y de una vida en la seguridad y el confort, como agricultor o como hombre rico.

Aparentemente repetitiva, la melodía de la canción va evolucionando mientras en su estructura rítmica se dan varios cambios de compás que van creando una atmósfera agobiante y cargada de expresividad. La frase «Monsieur Lee revient de guerre» aparece por segunda vez, insistiendo de nuevo en su uniforme manchado y en su espada rota. La canción está estructurada en tres estrofas iniciadas con esta frase, más un puente que nos dará la clave de lo que estamos viendo y que utiliza otro modelo musical. Esta nueva cita del leitmotiv viene precedida de la partícula mais, sugiriendo alguna dificultad o acontecimiento excepcional. Esa excepción consiste en un reencuentro con un animal que, en una situación calamitosa como la del soldado derrotado tras la guerra, esperaríamos que fuera una bestia fabulosa o alegórica, pero que resulta ser «el cocodrilo que los negros llaman Néstor». Siete sílabas intrigantes (que dejan bien patente la excentricidad del letrista, lo mismo que del compositor e intérprete que las acepta) seguidas de otras siete que revelan la identidad de un nuevo participante en la narración, pero que resultan tremendamente desconcertantes. ¿Por qué Monsieur Lee quiere ver a Néstor? ¿Qué encuentros previos ha tenido con esa fiera? ¿Qué significa el cocodrilo para él? ¿Por qué los negros le han dado un nombre humano? ¿Quiénes son, dónde viven esas personas de raza negra?

Hemos entrado en el terreno del absurdo, el surrealismo y el disparate, pero se interrumpe con una nueva referencia a la guerra: «Ha recibido tanta metralla que una herida en su vientre muestra sus tripas al sol». Una descripción detallada, cruda y terrible de esa exhibición desagradable e impúdica que niega la dignidad después de la muerte a un ser que ha estado vivo. Llama la atención el contraste entre el sol, habitualmente un símbolo de calor y vida, y esa muerte indecorosa que su luz hace visible. «En el gran pantano fétido flota plácida y tranquilamente», continúa. Roda-Gil añade el calificativo «fétido», el olor de algo degradado y putrefacto. En esa escena inhóspita y desapacible, es la muerte la que brinda tranquilidad al cadáver, en un contraste tétrico y macabro. Verle flotando parece un remedo grotesco de una paz trágica y cruel.

Podríamos creer que la canción sigue hablando de Monsieur Lee, que habría vuelto de la guerra, derrotado, sucio, con la espada rota y… muerto, arrastrado por las aguas del pantano. Con toda seguridad, Roda-Gil juega intencionadamente con ese equívoco. El texto progresa hacia lo grosero, pero descubrimos algo clave: «Les quatre pattes vers le ciel», «Con sus cuatro patas hacia el cielo», una nueva imagen de indignidad que nos hace reconocer a Néstor, cuyo cadáver es el que, con tanto detalle y disgusto, describe el letrista. Consecuencia inevitable de la guerra: las víctimas colaterales e inocentes, en este caso un cocodrilo fuerte y peligroso que no ha tenido defensa posible frente a las armas humanas.

Volvemos a la letanía en modo obsesivo: «Monsieur Lee revient de guerre», repite. El oyente ya sabe la continuación de lo que es el leitmotiv de la canción: «Sa tunique pleine de terre»… Ya no hay sorpresa, porque «lo que la guerra no ha podido hacer», la gran fuerza destructiva que es la guerra, ha fracasado y, en contraposición: «Néstor lo ha conseguido, él solo». Un animal muerto que resulta más poderoso que la propia guerra. Muerto, pero lleno de fuerza y vigor, porque aquí hablamos de emociones: «la primera lágrima ha aparecido en la mejilla de Monsieur Lee», una reacción que muestra la sensibilidad de un hombre hasta ahora presentado como fuerte, impasible e indestructible incluso en la guerra. Desaparece el guerrero, el luchador, y surge su lado débil y humano. A pesar del uniforme sucio y la espada rota, Lee llevaba puesta una coraza protectora, una armadura de indiferencia y frialdad. Descubrir a Néstor muerto y destripado se la ha arrancado.


Notas

(1) Mortimer Shuman, Amerika: Philips – 6332 092 (France, 1972).

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2 Comentarios

  1. Pingback: La guerra vista a través de los ojos de Monsieur Lee: una canción pacifista de Mort Shuman y Étienne Roda-Gil - Hemeroteca KillBait

  2. «Amerika» es un gran disco, variado como pocos. Además de la canción del artículo, contiene una maravilla como «Le lac majeur» (versioneada años después por Salif Keïta) y otra delicia «Puerto Rico en el corazón». Muy recomendable.

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