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1325: ¿Eclipse solar o un águila que devora a una serpiente? La fundación de México-Tenochtitlan

La fundación de México-Tenochtitlan
El Templo Mayor de Tenochtitlan y sus inmediaciones en el siglo XV, poco antes de la conquista europea. Imagen: Getty.

Los mitos fundacionales de las ciudades son relatos simbólicos que explican el origen y la identidad de una comunidad urbana, otorgándole un sentido de legitimidad histórica y cultural sobre otros pueblos. Estos mitos cumplen una función social clave al reforzar la cohesión colectiva, justificar el orden establecido y vincular a los habitantes con un pasado glorioso o divino. A menudo incluyen elementos sobrenaturales, como la intervención de dioses o héroes, para enfatizar el destino excepcional de la ciudad. Por ejemplo, Atenas atribuía su fundación a una disputa entre los dioses Atenea y Poseidón, mientras que Cartago surgía del mito de la princesa fenicia Dido, quien engañó a los nativos para obtener el territorio donde se edificó la ciudad. Estos relatos también sirven para diferenciar a una ciudad de sus rivales y consolidar su prestigio. En Kioto, la elección del sitio se asociaba a presagios celestiales y a la protección de los kami (espíritus sintoístas). Los escitas, por su parte, se consideraban descendientes de Hércules y una criatura mitad mujer mitad serpiente, legitimando su dominio sobre las estepas. Roma, con el mito de Rómulo y Remo, los gemelos amamantados por una loba, simbolizaba la fuerza y el destino imperial, una lectura posible a esa leyenda es que la loba representa una mujer de mala reputación, y de esa manera se busca legitimar, de manera literaria e inclusive poética, la crueldad que tuvieron los romanos para comportarse como unos bastardos para avasallar a las culturas que dominaron. Así, los mitos fundacionales no solo explican el pasado, sino que moldean la identidad y las aspiraciones futuras de las ciudades. Los mitos fundacionales son posteriores a la fundación de la ciudad. Este año 2025 se celebran siete siglos de la fundación de México-Tenochtitlan, capital del imperio Azteca en el corazón de la civilización mesoamericana, con la leyenda del águila sobre un tunal como señal divina para la construcción de su ciudad.

En muchas culturas se creía en la existencia de espíritus que habitaban los lugares, genius locci. Para la fundación de las ciudades se realizaban rituales para pedir permiso para quedarse a vivir ahí, en las culturas asiáticas no se pedía permiso, sino que se pedía perdón de antemano por lo que ahí construirían. 

Mesoamérica, término acuñado por Paul Kirchhoff en 1943, es una región intertropical que abarcó desde el trópico de Cáncer, de lo que actualmente es el centro y sureste de México, Guatemala, Belice hasta ciertas regiones de Honduras y el Salvador. Comprende comunidades agrícolas teocráticas con gran diversidad lingüística y religiones solares más o menos compartidas. En la zona delimitada por el trópico de Cáncer al norte y por el trópico de Capricornio al sur, el Sol pasa de manera cenital dos veces al año. El conocimiento del paso cenital del Sol o Tonalnepantla en náhualt (de Tonatiuh, sol, y nepantla, mediodía) les permitía medir la duración del año solar con bastante precisión, y así elaborar complejos calendarios agrícolas que consideraban los movimientos del Sol, de la Luna e inclusive del planeta Venus. Los mayas consideraban el paso cenital del Sol y de la Luna para la fundación de sus ciudades.

Los aztecas se decían procedentes de un lugar llamado Aztlán, dirigidos por un sumo sacerdote que operaba como el representante de la deidad solar Huitzilopochtli, como lo describe la Tira de la Peregrinación o códice Boturini, elaborado entre 1530 y 1541, y que se resguarda en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia. Todavía es incierto de donde procedían exactamente, algunas versiones sugieren que venían de una región del actual estado de Nayarit o la zona lacustre de Michoacán, lo más probable es que hayan provenido de alguna parte de la región conocida como Aridoamérica y que corresponde actualmente al sur de los Estados Unidos o al Norte de México. Los mexicas eran tribus guerreras de cazadores y recolectores. Se considera que los aztecas llegaron al valle del Anáhuac en 1250 durante el posclásico de Mesoamérica. Llegaron a instalarse a una región lacustre muy fértil del valle, territorio que dominaban los tepanecas de Azcapotzalco. Sin embargo, como ya estaba ocupada por otras sociedades agrícolas, en un principio fueron repudiados por estos grupos, así que se instalaron en Chapultepec, donde habitaban los chichimecas. Luego los mexicas fueron expulsados a la región pedregosa de amplios mantos de lava volcánica petrificada, lo que actualmente es San Ángel. Se pensaba que, por esas condiciones hostiles del lugar, los aztecas no sobrevivirían. Sin embargo, gracias a que procedían de alguna parte de Aridoamérica, pudieron subsistir con la caza y recolección de productos de la región. Posteriormente fueron expulsados de esa zona y deambularon por pueblos de las orillas de los lagos como Iztacalco, Chalco, Mixhuca e Mexicaltzingo donde tampoco fueron bien recibidos.

El estudio de los códices mesoamericanos representa una aproximación al conocimiento ancestral de la escritura, expresa la cosmovisión íntima de una cultura y se fundamenta en la comunicación ideográfica y pictográfica. Los códices eran manuscritos que constituían en sí mismos verdaderas obras de arte y resumían la historia y los conocimientos científicos, astronómicos, religiosos, geográficos y otros. La mayoría de los códices fueron destruidos por los evangelizadores con el afán de acabar con lo que consideraban objetos idolátricos. Es recomendable aproximarse a los códices de manera crítica y no de manera literal, ya que son documentos polisémicos a partir de un cruce de significados entre el arte, la historia y la ciencia de una cultura ligada a su contexto histórico y geográfico. 

De acuerdo con la leyenda, los aztecas esperaban una señal de los dioses para poderse instalar en una especie de tierra prometida. Los mexicas se consideraban un pueblo elegido, lo cual presuntamente les otorgaba supremacía ante los demás pueblos. El mito fundacional trascendió de la tradición oral para plasmarse en dos soportes claves de la memoria mexica: los códices y sus esculturas. 

En el monolito Teocalli (templo) de la Guerra Sagrada, resguardado en el Museo de Antropología, se muestra que un nopal con tunas o corazones emerge de la boca de un cráneo. Del pico de un águila brota el signo teoatl (agua divina) tlachinolli (cosa incendiada, guerra,) como dos corrientes de agua y fuego entrelazadas; en la lámina 11 del Códice Ramírez un águila descansa con las alas parcialmente extendidas sobre el nopal y sostiene un pájaro con sus garras. El tlacuilo o escriba dibujó plantas acuáticas y peces para indicar que están en un islote; en la lámina 91v del Manuscrito de Tovar, un águila está posada devorando un pájaro con las alas abiertas sobre un nopal en un islote; tres láminas del Atlas de Durán hablan del mito fundacional de Tenochtitlan: En la lámina anteprimera se representa una cueva de un cerro, al exterior de esta del lado izquierdo, una serpiente con lengua bífida sube hacia un nopal donde posa un pájaro con las alas extendidas y el pico abierto. En la cima del cerro aparece otro pájaro. A la derecha, bajo el cerro, aparece un conejo, y uno más sube el cerro; en la lámina 39, aparece un águila con las alas extendidas y devorando un pájaro, posada sobre un nopal que crece en un islote con espinas y flores. Esta lámina contiene la misma distribución de los elementos de la lámina 91v del Manuscrito de Tovar; en la lámina 63 también del Atlas de Durán, un águila con las alas extendidas sostiene una serpiente con su pico y garras, está posada sobre un nopal que crece en un islote; al centro de la primera lámina del códice Mendocino un águila yace sobre un nopal que crece de una piedra en medio del agua; en la lámina 51 del códice Aubin se dibuja un nopal que brota de una roca o islote, en este un águila se posa con las alas extendidas y devorando una serpiente; en el sexto cuadro del Lienzo de Jucutácato o Lienzo de Jicalán se representa Tenochtitlan con el dibujo de un nopal tupido con un pájaro posado en sus pencas; y, en la lámina 102 del códice Vaticano Ríos solo se representa con un nopal que crece sobre una piedra.

Los elementos de cada imagen enmarcan el profundo simbolismo que tienen los diversos animales y otros elementos naturales en las culturas mesoamericanas, destacando su importancia religiosa, mitológica y cultural. Los símbolos mesoamericanos reflejaban una cosmovisión compleja donde animales como la serpiente, el águila y el conejo, junto con cuerpos celestes, encarnaban fuerzas divinas, ciclos naturales y conceptos abstractos como vida, muerte y renacimiento. Estos elementos eran centrales en rituales, mitos y arte, demostrando la profunda conexión entre la naturaleza y lo sagrado en estas culturas. La serpiente era la criatura más significativa en Mesoamérica, para los mexicas simbolizaba la trayectoria que describe el sol en su recorrido en el firmamento en forma de espiral, la eclíptica, como podemos verla representada en la escultura de una serpiente de cascabel enroscada que se resguarda en el Museo Británico. Una serpiente de dos cabezas se asocia a los extremos del ciclo solar, la trayectoria aparente del sol que se describe en el cielo desde el solsticio de invierno al solsticio de verano y viceversa, la serpiente que va primero en una dirección y luego en la otra, un ejemplo de esa representación es el pectoral de turquesa de la serpiente bífida que se encuentra en el Museo Británico. La serpiente también se asocia con renacimiento, transformación y conexión entre el cielo y la tierra. Representaba agua, cuevas y el cielo, y estaba vinculada a deidades como Quetzalcóatl (serpiente emplumada) y Coatlicue. Aparecía en danzas rituales, arquitectura (como en Chichén Itzá) y arte, simbolizando vida, muerte y renovación; el águila simbolizaba el sol al mediodía, el poder militar (como en la orden de guerreros aztecas) y el sacrificio humano. Según la leyenda, el águila dorada guio a los aztecas para fundar Tenochtitlan, sin embargo, el ornitólogo Rafael Martín del Campo (1960) propuso que el animal que se representa en el mito fundacional, debería ser más un quebrantahuesos. Esta teoría se basa en una figura representada en la lámina 50 del códice Borgia donde un águila se posa con las alas extendidas en un mezquite, en este caso, las alas de esta ave son de colores blanco y negro y con una cresta muy marcada, entonces por asociación menciona que debería ser un ave rapaz con plumas ajustadas al muslo y cresta marcada, características que no corresponden con el águila real, la cual no es una especie común en el centro de México, como si lo es el quebrantahuesos, recordemos que los códices son narraciones metafóricas o simbólicas que no tienen una intensión taxonómica figurativa; el nopal, bajo una interpretación metafórica un poco poética, simboliza el cielo estrellado, donde las estrellas son representadas por las tunas; el conejo estaba asociado con la luna, el pulque (bebida alcohólica) y la fertilidad. En mitos, se le vinculaba con la diosa Mayahuel y los cuatrocientos conejos (símbolos de embriaguez). También era un cazador emblemático, relacionado con Mixcoatl; la Luna estaba ligada al conejo. En mitos, su luz se atenuó por conflictos con el sol (como en la historia de Coyolxauhqui entre los aztecas). Entre los mayas, una diosa lunar joven y bella sostenía un conejo; el Sol era representado como un disco radiante o un joven vigoroso (como Tonatiuh para los aztecas). 

El arqueoastrónomo Jesús Galindo Trejo descubrió que el 21 de abril de 1325 sucedió un eclipse que se vio en Mesoamérica. Según la Nasa, este eclipse sucedió el 13 de abril. Sin embargo, Galindo Trejo asegura que ahí no se están considerando la diferencia de días por el cambio del calendario juliano al calendario gregoriano implementado en el año 1582 por el papa Gregorio XIII. «La franja de obscuridad abarcó aproximadamente ciento ochenta y ocho kilómetros de ancho, llegó por la costa de Michoacán y salió por el norte de Veracruz. Tenochtitlan quedó escasamente a unos pocos kilómetros de la orilla sur de dicha franja que pasó por Cuautitlán, lo que ocasionó que el disco solar, visto desde Tenochtitlan, se cubriera en un 99.6 %. Junto con estrellas brillantes de las constelaciones de Orión, Tauro, Aries y Piscis, se pudieron observar los cinco planetas más brillantes y la Vía Láctea» (Galindo Trejo, 2022). La trayectoria del eclipse de 1325 coincide con el área geográfica de Mesoamérica, y por lo tanto pudo ser visto por todos los grupos, y permitió a los aztecas demostrar su dominio ante ellos y así poderles solicitar tributo. Los eclipses eran percibidos como mal augurio por parte de los habitantes de Mesoamérica, en cambio para los habitantes de Aridoamérica les indicaba el inicio o final de un ciclo. También eran temidos e interpretados como ataques al sol por serpientes o demonios (tzitzimime). Los mayas desarrollaron calendarios para predecir eclipses y realizaban rituales ruidosos para proteger al sol. 

 En un eclipse total de Sol, la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra. Lo que provoca un efecto visual en el que el disco solar está oscurecido y solo se observa la corona y cromosfera solar. En ese sentido los nahuas pudieron interpretarlo como la señal de que ellos ya se encontraban en el centro de la luna, en el ombligo de la luna. Gutierre Tibón (1975) dedica buena parte de sus estudios para hablar de la complejidad de la lengua náhuatl y de los múltiples significados del nombre México. Analiza setenta etimologías de manera rigurosa y exhaustiva, entre ellos: de Mextli, ungido (Orozco y Berra); Lugar en el ombligo del maguey (Motolinía, Torquemada); en el infierno del maguey (Borunda); tallo central del maguey (Chavero); En el centro de la Luna (Antonio del rincón); En el centro (del lago) de la Luna (Alfonso Caso), entre otros. Finalmente Gutierre Tibón propone «En el Ombligo de la Luna» por tratarse de un centro místico y no literalmente un centro geográfico, puesto que Tenochtitlan no fue fundada al centro del lago, sino cerca de la orilla occidental.

Hay bibliotecas enteras que tratan de explicar el significado del águila y la serpiente en la fundación de Tenochtitlan, pero ningún libro lo vincula con el eclipse ni con el significado de la etimología de México. Los especialistas todavía no definen una fecha para la fundación de México. Se debaten en precisar si los ritos fundacionales se llevaron a cabo vinculados al primer paso cenital (16 o17 de mayo), con el día más largo durante el solsticio de junio, o con el segundo paso cenital del sol (26 o 27de julio). No hay referencia literal en los códices sobre el eclipse de 1325, sin embargo, creemos que pueden ser compatibles con la idea de que esta representación gráfica del mito fundacional está refiriéndose a ese eclipse. El tunal representa una imagen exquisita del cielo estrellado diurno: está compuesto por los nopales que son cactáceas comestibles y por la exquisitez de sus frutos, las tunas y las pitayas. Así se representa el extraordinario espectáculo de estrellas y planetas que se perciben ante un eclipse solar. Pero se trate de la representación tan solo de un tunal o un nopal, que simboliza un cielo estrellado durante el día, con el águila posada con sus alas extendidas, que representa al sol al mediodía, ante un cielo estrellado; o un águila, que atrapa con sus garras a un pájaro, o bien el pájaro devorado por el águila, todas son imágenes que pueden representar las distintas fases de un eclipse solar. La representación del Quetzalcóatl, deidad del panteón mesoamericano, en este símbolo de identidad nacional está presente: serpiente emplumada o pájaro serpiente.

El mito fundacional de México les sirvió a los novohispanos para narrar su dominio, tomando como referencia los mismos elementos iconográficos y su simbolismo: para la corona española el águila real significaba la monarquía y la serpiente a los pueblos sometidos, la representación del triunfo español sobre los pueblos de América. También ese símbolo de identidad nacional tuvo una lectura cristiana: el águila representaba a la virgen María y la serpiente a la idolatría, al pecado y al demonio. Es sorprendente el acierto de la iglesia católica en la iconografía Guadalupana al haber seleccionado correctamente todos los símbolos para esta renovada imagen de identidad nacional: el manto celeste con estrellas, la luna creciente a sus pies, una virgen morena en estado de gestación y el penacho de rayos solares que resplandece; ofrece, de manera actualizada, la representación inequívoca de un eclipse solar.


Bibliografía

Galindo Trejo, Jesús. «In Mexico-Tenochtitlan ialtepetzintiliz: la fundación de la urbe mexica». Antropología Americana 7, núm. 14 (julio-diciembre de 2022): 13-40.

Lafaye, Jacques. (1979) Quetzalcóatl y Guadalupe : la formación de la conciencia Nacional en México. México. Fondo de Cultura Economica

Miller, Mary y Karl Taube. (1993) The gods and symbols of Ancient Mexico and the Maya. An Illustrated Dictionary of Mesoamerican Religion, Singapur, Thames and Hudson.

Seler, E., Mentz, J. v. (2004) Las imágenes de animales en los manuscritos mexicanos y mayas. Casa Juan Pablos

Serge Gruzinski, (1994) La Guerra de las imágenes, de Cristóbal Colón a Blade Runner(1492-2019) México, Fondo de Cultura Económica.

Tibón, G., Soustelle, J. (c1993) Historia del nombre y de la fundación de México . Fondo de Cultura Económica

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2 Comentarios

  1. Pingback: El mito fundacional de México-Tenochtitlan y el eclipse de 1325 - Hemeroteca KillBait

  2. E.Roberto

    Muy bueno, JD. Excelente. Y gracias infinitas a las/los autores por el esfuerzo de investigación y su divulgación. De acuerdo a los nuevos y contínuos descubrimientos, no hay dudas de que el pasado precolombino tiene mucho que decir, y no sólo en esa zona rica de Historia que conocemos más por lo monumental de sus logros arquitectónicos, científicos y artísticos que por su devenir antropológico y social, sus historias “chicas”. Este pasado glorioso inevitablemente me lleva al acto de fundación de mi Buenos Aires no tan glorioso. Dejando de lado el hecho de que las etnías originarias en el Virreynato del Rio de la Plata no habían alcanzado aquel grado de desarollo arquitectónico, nos tenemos que conformar con el Acto de Fundación de Don Garay, un ícono pictórico con severa espada señalando la tierra, legendarias botas castellanas, “bombachudo”bicolor, coraza corajuda, recio casco y cruz de palo detrás, de un Garay de quien no sabemos si llegó a estas costas en busca de un “mágico” remedio contra la sífilis o para fundar una “cabeza de puente” desde donde poder contrabandear la plata del Alto Perú que bajaba por esos rios. O ta lvez por ambas. Gracias otra vez. Amena y provechosa lectura

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