
Wave’s of freedom
Spotify lleva tiempo recomendándome canciones generadas por IA. Aunque siento un rechazo instantáneo cuando llega hasta mí un producto cultural realizado por algoritmos que, finalmente, no llego a consumir, con la música la situación se complica porque primero escuchas y, luego, si la canción te gusta es cuando investigas y entonces quedas en la tesitura que produce la contradicción de desechar algo por principios o disfrutarlo. Una de las últimas veces que me ha pasado ha sido con la canción «Somos los sombreros de paja» una canción que me transportó a los himnos de Mago de Oz que cantaba y bailaba en mi juventud. Aunque la voz es maravillosa, al igual que la música, por la letra —una historia de piratas buenos, ay— se intuye rápidamente que se trata de una canción generada por IA. Además, y se agradece el detalle, el grupo que la «canta» se llama Leyenda Music IA. Nadie quiere engañara a nadie.
Ayer, sin embargo, escuché un tema en inglés que me recomendaba Spotify llamado «Wave’s of freedom» que me encantó de verdad. En este caso, se trata de una colaboración entre dos artistas jamaicanos llamados Shea Szn y ZionRay. La canción con estilo de reggae acústico contemporáneo con elementos de indie-pop y un toque chill es estupenda para sentirse bien. Automáticamente, busqué a los artistas que aparecían con sus fotos y canciones y los puse alternativamente en bucle mientras maquetaba un libro.
En un momento determinado, me dio por buscar fotos de ambos artistas y saltó la alarma. Todo lo que hay de ellos es de octubre y noviembre. Las fotos parecen hechas por IA: texturas demasiado uniformes y perfectas, fondos sin profundidad real, iluminación homogénea y sin imperfecciones típicas de una foto espontánea. No hay señales claras de artefactos fuertes, pero el conjunto transmite esa limpieza excesiva y ese acabado ligeramente sintético que suelen tener los retratos creados con modelos modernos. Seguidamente busqué vídeos, solo encontré uno de ZionRay de muy corta duración y con las mismas características que las fotos.
Decido averiguar de que va esta historia, que todo apunta a ser una nueva campaña de lanzamiento de «autores» artificiales, solo me encuentro un post en Reddit donde alguien más comparte mis sospechas con unos indicios diferentes. En la Reddit casi todos los comentarios con respecto a estos dos artistas, como en Youtube u otras plataformas, son de alabanza total. Y en este punto es donde me entra una tristeza infinita porque dado el nivel de producción de estos artistas prefabricados no me queda duda ninguna que detrás están las grandes productoras discográficas encantadas y decididas a enriquecerse con el gran robo del siglo en detrimento. como viene siendo habitual, de los creadores.
Sí, ya están dentro. No es un ensayo general, es el estreno
Por arriba del todo, en los rankings oficiales del mercado anglosajón, tenemos a Breaking Rust: un supuesto cowboy de mandíbula cuadrada que no existe, pero cuya canción «Walk My Walk» ha llegado al nº1 de la lista Country Digital Song Sales de Billboard y acumula millones de reproducciones en Youtube y Spotify. El proyecto es presentado abiertamente como creado con IA, sin intérprete humano visible detrás de la voz ni de la imagen; la figura del «artista» es un render hiperrealista.
En R&B, Xania Monet se ha convertido en la primera «artista de IA» en entrar en las listas de Billboard Adult R&B Airplay, a la vez que encabeza rankings digitales de R&B y firma un contrato discográfico millonario. Detrás hay una poeta humana, Telisha «Nikki» Jones, que escribe las letras y dirige el proyecto, pero la cara visible que se vende al público es un avatar, y el reclamo comercial es precisamente que se trata de una artista generada por IA.
Esto no ocurre en los márgenes de Bandcamp, sino en las mismas listas donde compiten los músicos de carne y hueso. Y no es solo cosa de outsiders: China lleva años probando el modelo a escala industrial. Tencent Music ha lanzado más de mil canciones con voces generadas por IA, y una de ellas, «Today», superó los cien millones de escuchas —canción que no he podido encontrar en ningún sitio, aunque aparece en muchas fuentes—. La propia compañía presume de haber creado una «cantante de IA» con streams masivos, como quien presenta a su nuevo fichaje.
El acuerdo de Universal con Udio
Mientras tanto, en el frente jurídico, las grandes discográficas han dejado de fingir que esto es una amenaza externa. Universal Music Group demandó a Udio, una de las plataformas de generación musical con IA, por usar sin permiso grabaciones de su catálogo para entrenar modelos. Un año después, han pasado de los tribunales a la nota de prensa conjunta: anuncian que han llegado a un «acuerdo compensatorio» y que a partir de ahora colaborarán en una plataforma de creación musical basada en IA, entrenada con música licenciada de Universal y lanzada como servicio comercial.
Lo que ayer era un delito hoy es un modelo de negocio. El mensaje es claro: si no puedes hundir el barco, cómpralo. Los tres grandes grupos —Universal, Sony y Warner— llevan meses negociando con empresas como Udio o Suno para convertir su catálogo en combustible legalizado de entrenamiento, a cambio de licencias y nuevas vías de ingresos para los titulares de derechos… es decir, ellos mismos.
En la otra orilla, Spotify hace lo propio. Ha anunciado acuerdos con Universal, Sony, Warner, Merlin y Believe para desarrollar productos de IA «artist-first» y «responsables», una gama de herramientas de recomendación, personalización y creación donde la palabra mágica es siempre la misma: responsabilidad. Según la compañía, se trata de empoderar a artistas y compositores, proteger el copyright y, al mismo tiempo, abrazar la IA. No se detalla demasiado qué porcentaje de ese abrazo corresponde a los que ya están firmados y qué parte a los que aún no han nacido.
Y luego está el subsuelo. La OMPI, que no es precisamente un fanzine antisistema, describe cómo la aparición de generadores de canciones con IA ha cambiado el fraude en el streaming: ya no hace falta fabricar un gran éxito falso; basta con inundar las plataformas con millones de temas mediocres, generados automáticamente, y hacer que cada uno obtenga unos pocos cientos o miles de reproducciones mediante granjas de clics. Poco ruido, pero un goteo constante de royalties que drena dinero del sistema y lo desvía hacia catálogos fantasma.
Los músicos humanos
Mientras tanto, las personas que se dedican a la música —los de gira en furgoneta, los compositores de medio catálogo, los arreglistas de sesión— ven cómo el mismo dinero se reparte ahora entre ellos, los grandes propietarios del repertorio histórico y una nebulosa de pseudo-artistas virtuales creados por empresas y por aficionados oportunistas que han aprendido a utilizar la IA como impresora de billetes de baja denominación.
De puertas afuera, el relato oficial es que todo esto se hace por ellos, por los artistas. Universal habla de proteger a sus músicos y ofrecerles nuevas oportunidades de ingresos, mientras al mismo tiempo convierte su obra en materia prima para un sistema que, por definición, puede generar canciones sin nadie en el estudio. Spotify proclama que «los derechos de los músicos importan» mientras certifica y verifica proyectos como Leyenda Music IA, Breaking Rust o los múltiples de Francisco Echevarría Báez, que compiten por la misma atención en las mismas listas y con los mismos algoritmos que un chaval con guitarra que graba en su dormitorio.
El truco es antiguo: se invoca al artista como figura abstracta mientras se reduce a la mínima expresión al artista concreto. La carta abierta firmada por Billie Eilish, Stevie Wonder y cientos de músicos el año pasado pedía explícitamente que no se desarrollasen herramientas de IA destinadas a sustituir voces humanas. La industria ha respondido con una coreografía de matices: no vamos a sustituir, solo vamos a «ampliar posibilidades», «ofrecer nuevas herramientas», «crear experiencias híbridas». Todo son eufemismos para no pronunciar la frase incómoda: que el incentivo económico va en dirección contraria, hacia la sustitución paulatina de trabajo humano caro por trabajo algorítmico barato.
Transparencia y responsabilidad
No se trata de nostalgia romántica por la guitarra enchufada al ampli, sino de transparencia, de no permitir que la estetización de la mentira nos haga claudicar. Los oyentes tenemos derecho a saber si la voz que escuchamos es de alguien que respira o de un modelo entrenado con muchas voces que ya cobraron —o ni siquiera eso— por su trabajo original. Los músicos tienen derecho a decidir si sus grabaciones pueden o no convertirse en cantera de datos para sistemas que competirán directamente contra ellos. Y los medios culturales tenemos la obligación de señalar cuando los grandes actores del sector intentan vender la operación como un ejercicio de responsabilidad tecnológica.
Aquí lo jodido no es que las plataformas y discográficas estén «permitiendo» que surjan artistas de IA sino que ya no escondan que están financiando su desarrollo, firmando acuerdos de colaboración y sentando las bases para que el futuro catálogo de novedades sea una mezcla cada vez más opaca de humanos, algoritmos y combinaciones híbridas. La frontera entre canción y producto sintético se difumina justo en el punto en que deja de ser rentable distinguirlas.
Las multinacionales ya han demostrado que si el engaño les genera ingresos toda la ética se va por el desagüe. Ya lo vimos con proyectos tan queridos como Milli Vanilli o Boney M, cuyas canciones seguimos disfrutando. Quizá no podamos parar la máquina, pero sí negarnos a aceptar su retórica. Podemos seguir con nuestros placeres culpables, escuchando a dos «algoritmos jamaicanos» mientras exigimos una compensación justa a los autores y que se nos informe de cuando algo es artificial, híbrido o humano.










Con lo de mili vanili te quedaste corto. El fraude viene desde el invento. Rentabilidad. Desde la musica al furgol. Cada vez con herramientas más sofisticadas pero el fin es lo mismo. No seamos ingenuos. Esto es como las grandes ventas de la oreja de van goh Dell primer disco, pregunta quién tocó ahí, que a los 4 meses estaban todos los CDs a 4 pavos en un carrefur cualquiera pero ya contaban como vendidos.
Adoro la señal de alarma de tu artículo, pero echo de menos que el foco no esté compartido con un problema que va más allá de los royalties.
La IA no es magia. No crece de los árboles. Crece de ideas que ya existen y sus frutos son yermos – no valen para crear algo nuevo, sino para dar a luz a replicantes hechos de trozos de siglos de innovación humana.
Si estamos aceptando que la nueva música se crea de una base ya inventada, estamos claudicando al hecho de que ya está todo inventado. No habrá nada nuevo, sino lo mismo con diferentes ingredientes.
Sin los creadores no hay ingredientes nuevos. Y sin ingredientes nuevos, la mejor tortilla del mundo termina aburriendo hasta al mayor fan boy de tortillas.
El problema no lo veremos nosotros, lo verán nuestros hijos cuando en su generación, no exista un acorde nuevo que te ponga los pelos de punta.
Y sin ese nuevo acorde, mañana no mola tanto como molaba cuando crecíamos.
Mal, todo mal.
p.s.: este texto NO ha sido pulido en ChatGPT.
Una pregunta solo por curiosidad, no hay segundas intenciones ni ironía. Pones al final que tu texto no ha sido pulido por el chatgpt. La gente hace eso incluso para escribir un comentario? Si eso es generalizado pues voy a flipar un poco.
«Ayer, sin embargo, escuché un tema en inglés que me recomendaba Spotify llamado «Wave’s of freedom» que me encantó de verdad. En este caso, se trata de una colaboración entre dos artistas jamaicanos llamados Shea Szn y ZionRay. La canción con estilo de reggae acústico contemporáneo con elementos de indie-pop y un toque chill es estupenda para sentirse »
Todo lo que te pase es poco. En serio nadie que conozcas o tú mismo puedes hacer eso? Pues pasan estas cosas.
El problema de fondo es que las canciones que compone la IA no son peores que las que componen el 90% de los humanos, pero la IA si es mucho más barata que los músicos humanos.
La verdad es que si lo piensas el que nos viene es una mierda de futuro: nos vendieron que la tecnología nos iba a librar de los trabajos pesados, monótonos y repetitivos para dejarnos espacio para ser creativos, y tiene pinta de que vamos hacia todo lo contrario
Lo mismo pasó en los 80 con los sintetizadores que empujaron al paro a miles de músicos profesionales. Pero es muy simple y lógico cuando eres un autónomo que no quiere problemas de convivencia ni compartir los beneficios.
Osea la industria a hacer dinero como loca, y las músicas en la ruina. Juraría que es la misma industria que decía que con la piratería mataríamos a los musicas, técnicas, productoras, compositoras…
Las discográficas han demostrado una vez más que los verdaderos piratas son ellos y que todos los trabajos asociados a la música les dan igual. Y seguirán así con el cine, los videojuegos…
Aún podemos hacer algo, seguir compartiendo música en persona, en redes, y yendo a conciertos.
A mí lo que me ha pasado trasteando con Suno – que la he usado para hacer canciones privadas para mi padre, para mi mujer o mi hija, creando yo la letra – que he detectado que conforme la industria tiende a usar cada vez más sonidos robóticos con autotune en voces humanas, las voces sintéticas cada vez suenan más humanas. Y es una contradicción bastante curiosa.
Cuando usas un sistema de estos para crear música, te sientes por una parte un poco sucio y por otra es como una fantasía hecha realidad para los que somos músicos frustrados que por medios -de niño – o por miedos – de joven – no hemos tocado jamás un instrumento. De repente puedes coger una letra que tenías abandonada y ponerle una producción que a veces es alucinante lo cerca que está de una producción real.
Yo lo que prefiero es que quede indicado si está hecho con IA o no y que luego las personas, con transparencia, decidan de si es un placer culpable o prefieren por ética no escucharla. A día de hoy la música estándar está tan formulada que es muy difícil que una IA no sea capaz de generar lo mismo (con toda la complejidad que hay debajo de hacer esa música sonar bien a base de algoritmos). Pero evidentemente los artistas de verdad son absolutamente necesarios para seguir evolucionando la música y seguir empujando hacia algo más. La música en directo va a seguir existiendo y los músicos de verdad van a seguir siendo necesarios. Habrá que aprender a nadar entre la basura que se generará sin criterio, pero lo bueno yo creo que seguirá sobresaliendo.