Política y Economía

La tozuda realpolitik: María Corina Machado como recurso desechable

María Corina Machado. Foto Cordon.
María Corina Machado. Foto: Cordon.

La geopolítica del empoderamiento mundial de la ultraderecha

La ultraderecha está empoderada. Los que antes se escondían porque eran considerados marginales y cuatro chalados —como los falangistas en España— ahora exhiben orgullosos el pecho. No les gusta la palabra extrema derecha. Eso no. Patriotas, centristas o no izquierdistas, políticamente incorrectos, rebeldes.

Y claro… si la ultraderecha es lo que vende —decir que es: antiinmigración, discurso racista, vuelta a una grandeza que nunca fue tal, fabricación de un enemigo chivo expiatorio y problemas que no existen— porque la gente está harta de que la democracia no le dé casa, trabajo digno y bien remunerado, aspiraciones cumplidas, se van a quien les asegura que ello sucederá en una especie de paraíso terrenal que no está en el cielo, sino en una tierra recalentada por una crisis climática que el populismo de ultraderecha niega.

Hay que arrimarse al árbol que mejor sombra cobije. «Hay que ser prácticos» —dicen algunos—, y no les falta razón: los derechos humanos ya no venden. Eso está claro. Ya empezó Putin con aquello de la democracia soberana; o sea: todas las democracias son iguales, malas, y la rusa es una de ellas, una más, con sus problemas y particularidades: que Occidente no me imponga su modelo porque aquí somos más demócratas que cualquiera, solo que a nuestra manera.

Con Trump ya ni siquiera es necesario apelar a la democracia, salvo cuando le conviene: es autoritarismo puro y duro. ¿Para qué estar junto al perdedor si puedes apostar al caballo ganador?EE. UU. es, sobre el papel, una democracia, pero, como en la democracia ateniense clásica, se podía obligar a otros a adoptar su modelo, que pasaba por pisotear otras democracias o polis para reafirmar la suya. La Doctrina Monroe: no más europeos en las Américas, se exigía cuando los viejos europeos se encontraban en menguante condición. América para los americanos. Tenía truco, dijo un profesor que enseñaba derecho internacional tiempo ha: correcto, América para los americanos… pero del norte», pequeña aclaración. El Monroe 2.0 que Trump, siempre tan sutil, ni siquiera se digna en ocultar.

Y vio Europa que no es que fueran una democracia perfecta, pero era bueno. Tampoco tenían otra alternativa. O Washington o la URSS. Nos defendían. Nos ayudaban. Porque les convenía, pero nos ayudaban. No era un mundo en el que pudieran encontrarse demasiados socios semejantes. Nos siguieron defendiendo cuando terminó lo de los nazis. Se pillaron algunos para ellos mismos. Siempre ayuda. Siguió transcurriendo lo que quedaba del siglo XX. Cada vez nos parecíamos más. Europa o Canadá se convertían en Estados de bienestar, más o menos. La dictadura de Franco, en fin, se permitió porque no eran demócratas, pero sí anticomunistas. Mejor tener controlado a un dictador afín que darles libertad y que nos salga rana. Disculpen la confusión: estoy hablando de Franco, no de Venezuela, 2026. Pero era fácil para Europa predicar pacifismo mientras tenía al fortachón detrás. Así es fácil ser demócrata. Hasta que el matón se harta del patrocinio y busca otro juguetito.

Los ojos del Guadiana y María Corina Machado: elecciones, apariciones, desapariciones y reapariciones

El Guadiana es un río español que aparece y desaparece, pero no a causa de arte de magia alguno: simplemente, tiene tramos que discurren a la vista de los campos y ciudades y secciones de su curso que transitan bajo tierra. El curso político y vital de Machado es similar, al menos desde 2024: apariciones más o menos estelares, ocultamientos, reapariciones en Venezuela, en Oslo, de donde vuelve a quitarse de en medio. Asomaba como presidenta (a través de Edmundo González): la oportunidad de su vida, como decía aquella canción y, de igual modo, volvían a sumergirse sus opciones cuando «Roma» decide no pagar a traidores. Esa es una historia cuyo hilo conductor son las apariciones y desapariciones de la opositora venezolana y de sus seguidores y/o aliados.

Comparativa: presos políticos vs ejecuciones extrajudiciales

Se dice que hay más de ochocientos presos políticos en Venezuela. Malo. EE. UU. atacó un país soberano y, a tenor de la celeridad de la operación, es de creer que los veintisiete cubanos de la guardia personal de Maduro fueron asesinados a bocajarro, como los lancheros supuestamente narcotraficantes. Ejecuciones extrajudiciales. Para qué tener presos si puedes tener muertos. Entre estos ya separa la correspondiente divinidad a buenos y malos en el cielo o la dimensión de turno. ¿Estaba el famoso topo allí? Quizá. Nunca lo sabremos, o por lo menos no hasta que mis nietos sean mayores, si es que todavía se estila lo de desclasificar secretos oficiales y si es que todavía el planeta es habitable.

Cronología de María Corina Machado: apariciones y desapariciones

Aparición 1 (2012): confrontación con Hugo Chávez

Aparición 1. 2012. Intervención contra Hugo Chávez. Machado es aún precandidata (luego fue elegida de manera incontestable líder de la formación opositora Plataforma Unitaria Democrática) y se enfrenta al entonces presidente. Su estrategia, que nunca ha cambiado, es de confrontación, ataques personales («expropiar es robar»). Sus intervenciones son emocionalmente potentes, pero parecen destinadas más a polarizar que a engrasar una oposición que englobe a todas las sensibilidades políticas, aspectos que siempre se le achacan. Puede ser muy valiente y dar la cara, pero incluso los opositores al chavismo reconocían que valía para poco. Esta ausencia de carácter negociador lastrará en muchas ocasiones su labor como pabellón unitario. Ese mismo año fundó su partido actual, Vente Venezuela.

Aparición 2 (2015): Maduro en el poder, primera inhabilitación

Aparición en 2015. Maduro ya está en el poder. El nuevo líder cometió un error que, por ejemplo, no se cometió en el liderazgo cubano: ni Raúl Castro ni después Díaz-Canel pretendieron ser Fidel Castro. Chávez no fue un ejemplo de observancia de las instituciones democráticas, pero sí lo fue de actitud carismática y de constante legitimación a través de consultas. Era proactivo. Maduro, en cambio, nunca fue carismático y exhibió siempre un cariz defensivo, manipulando elecciones y ejerciendo una represión y un autoritarismo más indiscriminados: era un líder solo para chavistas. María Corina es sancionada administrativamente e inhabilitada por un año para presentarse a las elecciones por la Contraloría General, en lo que fue muy criticado por diversas ONG y organismos internacionales. La inhabilitación termina, pero de 2014 a 2021 Machado es objeto de investigación por el gobierno.

Desaparición electoral (junio de 2023): inhabilitación por quince años

Desaparición de su legitimidad pasiva electoral, junio de 2023: la Contraloría General anunció una inhabilitación por quince años, por supuestas tramas de corrupción (obsérvese cómo Trump bombardea Venezuela y detiene a Maduro recurriendo a supuestas tramas de terrorismo: la mentira, con mentira se cura. Como la homeopatía, pero en grandes cantidades). Machado lideraba entonces las encuestas a elecciones presidenciales. Muy oportuno todo. De nuevo es la medida denunciada por ONG y diversas organizaciones y países.

Desaparición política (2023): rechazo al Acuerdo de Barbados

Desaparición. 2023. Acuerdo de Barbados (un marco de negociación entre chavismo y oposición que se marca como objetivo la existencia de garantías electorales). Machado lo rechaza ese mismo año, a diferencia de su Plataforma Unitaria Democrática. Fiel a su principio del todo o nada, criticó la negociación con el chavismo, asegurando que Maduro no cumpliría. Sería cierto, pero se iban barruntando otros planes.

Desaparición como candidata (enero de 2024): bloqueo definitivo

Desaparición como candidata, enero de 2024. No estaría como candidata en las elecciones de 2024. Maduro prepara a su manera los comicios: el Tribunal Supremo de Justicia ratificó la sanción anterior, bloqueando de forma definitiva su candidatura para las elecciones del 28 de julio. Renovada indignación internacional y condenas, entre otros, del Parlamento Europeo (vulneración de lo estipulado en los acuerdos de Barbados y el acostumbrado ataque a la democracia). La OEA y la ONU inciden en la existencia de un plan sistemático de persecución y exclusión de la oposición.

Julio de 2024: María Corina está, pero no está. El viejito entra en acción y hace mutis por detrás

Aparición estelar (con Edmundo González): Caracas, finales de 2024–principios de 2025

Machado no puede presentarse. Había que buscar a otro que lo hiciera por ella: encontró la solución en un señor mayor —le llamaban «el viejito»—, ya retirado. Se trata de Edmundo González Urrutia, a quien sacaron de su casa y de la paz de su merecida jubilación. Posiblemente andaba inmerso en sus cosas de jubilado cuando le dijo Machado: «Preséntate tú por mí». Aceptó. No era una figura que conociera el gran público, pero era un peso pesado discreto, como el veterano diplomático que fue durante toda su vida. Atesoraba una cualidad de la que Machado carecía: la moderación.

La líder opositora no jugó mal sus cartas: «Ya que mi aceptación no es unánime en toda la oposición, voy a presentar a un señor de perfil técnico, tranquilo, que pueda dar el tirón incluso entre los chavistas descontentos, que son muchos» —debió de elucubrar—. Posiblemente fue la última vez que pensó en clave moderada (aunque González Urrutia rechazó los Acuerdos de Barbados).

El tándem María Corina–Edmundo recorrió varias ciudades, coleccionando multitudes a su favor y registrando plusmarcas de congregados. Las encuestas vaticinaban una amplia victoria de la oposición.

Era indiferente que el gobierno fabricara bulos para desacreditar al antiguo diplomático. Uno de ellos afirmaba que Edmundo González era agente de la CIA y que había participado en la matanza de jesuitas producida en El Salvador en 1989¹, aseveración ampliamente desmentida.

Desaparición de las actas electorales (28 de julio de 2024)

No dio resultado: el gobierno no pudo revertir la tendencia en su contra. Sin embargo, Maduro anunció que había ganado las elecciones del 28 de julio. Se llevó a cabo un escrutinio —naturalmente, no oficial— por parte de la oposición (articulada principalmente en torno a los líderes González Urrutia y la mencionada Machado), algunas ONG y los pocos observadores internacionales a los que se permitió estar sobre el terreno, como el Carter Center (no tuvieron tal suerte la Unión Europea o la Organización de Estados Americanos).

Tuvieron acceso a casi el setenta y cinco por ciento de las actas, cuyos datos se recopilaron por si, por lo que fuera —eventualidad plausible en todo proceso electoral en el país en los últimos años—, se «perdían». El conteo arrojó una derrota de Maduro, tal y como pronosticaban las proyecciones.

Pero —¡ay!— los datos oficiales no llegaban porque, misteriosamente, alguien había pirateado los sistemas informáticos del gobierno, lo que provocaba retrasos en el recuento. Las actas electorales se dejaban esperar mientras la oposición pedía calma. Sin embargo, nunca aparecieron —se las hubo de comer el perro—: el Consejo Nacional Electoral de Venezuela (CNE), controlado por el oficialismo, se limitó a proclamar la victoria de Maduro por el cincuenta y pico por ciento de los votos. Carpetazo. Hala, a otra cosa. Solo países no demasiado versados en experiencias electorales tales como Cuba, Nicaragua, Irán, Rusia y China reconocieron los resultados.

¿Carpetazo? No tanto: hay cierto pensionista especialmente molesto que se debería haber quedado en casa, en su sillón, leyendo el periódico sin quitarse las pantuflas. Y quien dice en casa, dice entre cuatro paredes. Había que buscarle las cosquillas a González. Su delito: publicar las mencionadas actas electorales, lo que equivalía a conspiración, usurpación de funciones y falsedad documental. Lo de siempre: arrecian las condenas internacionales y se eleva la presión diplomática sobre Nicolás Maduro. Hasta Brasil y Colombia advierten de que la persecución torpedea una salida pacífica y conculca los acuerdos de Barbados. El chavismo hace caso omiso.

Desaparición (de la escena pública) de González Urrutia

Y salida —y no precisamente pacífica— es la que protagoniza el viejito —«quién me mandaría a mí meterme en estos fregados, con lo bien que estaba yo», pasaría por su cabeza—. Organizaciones internacionales y numerosos países reconocieron a Edmundo González o bien se mostraron a favor de una verificación internacional de los resultados. Estos últimos —entre los que se cuentan casi toda la Unión Europea, Estados Unidos, Australia o la mayoría de los países latinoamericanos— se hallaban escaldados por la espantosa pifia diplomática de reconocer a Juan Guaidó cinco años atrás.

Edmundo González debía, pues, jurar el cargo en diciembre de 2024. No obstante, las circunstancias guiaban a otra acción: la orden de arresto en su contra no facilitaba las cosas. Así, inició un periplo por las embajadas neerlandesa y española hasta que Madrid le otorgó el asilo político. Reside en la capital española desde entonces.

Agosto de 2024: Machado y Villadiego como el mejor de los destinos

Desaparición. Tras las elecciones del 28 de julio, Machado sigue desplegando presencia pública. Sería por poco tiempo. Agosto de 2024. Esperando tiempos mejores y por lo que pueda pasar, decide ocultarse y se le pierde el rastro público.

El viraje hacia el definitivo abandono de la moderación: un retrato amenazante (si es que antes existió algo parecido)

  1. Interludio iberosférico: que viene, que viene

En 2020 se celebra una edición del Foro de São Paulo (organización que existe desde 1990 y que agrupa principalmente a partidos y movimientos de izquierda y cuestiona el orden neoliberal). También tiene lugar, en noviembre de aquel año, el webinario «Foro de São Paulo: una amenaza para la libertad en la Iberosfera». En dicho encuentro se incide en lo contrario; es decir: que la izquierda es un peligro para la libertad. Naturalmente, el foro es de carácter conservador, pero el problema no radica ahí, sino en los organizadores: aparece Iberosfera.

Frente a lo que pueda parecer, no es un programa de La 2 sobre el mundo agrícola: el «proyecto Iberosfera» es una iniciativa política y cultural impulsada por el partido de extrema derecha español Vox. Sus ponentes son Santiago Abascal (líder de dicha formación) y Hermann Tertsch, antiguo periodista de prestigio que escribía buenos artículos, por ejemplo, sobre las guerras yugoslavas en la década de 1990. En 2020 se hizo eurodiputado voxista, asiduo fabricante de bulos y descalificaciones a quienes no son de su partido, y activista de ultraderecha con abundante hemeroteca que lo ubica en terrenos no compatibles con la democracia.

Iberosfera se marca como objetivo la creación de una red ultraderechista entre España, Portugal y Latinoamérica, considerándose una comunidad de herencia cultural común: un iberoamericanismo que reivindica la presencia española en el continente americano y tiende a olvidar los excesos (léase, valga como ejemplos: «construimos muchas universidades», «trajimos el catolicismo»). Proyecto bien organizado, engloba a laboratorios de ideas como la Fundación Disenso o publicaciones como La Gaceta de la Iberosfera, ambas vinculadas a Vox. Asimismo, despliega programas de formación para jóvenes líderes, cuya meta pasa por contrarrestar la influencia de la izquierda latinoamericana, así como por el fomento de una agenda conservadora a ambos lados del Atlántico.

Para Machado, la Iberosfera representa un bloque de defensa de la democracia, la libertad y el estado de derecho frente a proyectos como el Foro de São Paulo. Ha sostenido —en medios iberosféricos— la existencia de operaciones geopolíticas (mencionando a China) que buscan sostener regímenes socialistas en la región.

María Corina Machado fue una de las invitadas del webinario y una de las firmantes de la llamada «Carta de Madrid», acta fundacional del Foro Madrid (vinculado a la Iberosfera) que denuncia el avance del «comunismo» en la región. Con posterioridad, avanza en el radicalismo de su mensaje, tachando al socialismo de criminal, realizando llamamientos a Occidente —del que Iberoamérica sería parte— y reclamando que no fuera cómplice y que ayudara en la «reconstrucción moral» de Venezuela. Tampoco sale bien parado, en este sentido, el gobierno de Pedro Sánchez en España, reprochándole la falta de apoyo a la oposición venezolana y vaticinando que la historia juzgará al presidente español por ello.

Noviembre de 2024. Comienza el cortejo

Iberosfera es una idea de Abascal. El jefe virtual de Abascal es Donald Trump. Ergo, ¿por qué hablar con empleados si puedes hacerlo directamente con el jefe? La ocasión estaba al caer.

Aparece Donald Trump, quien gana las elecciones presidenciales. Esta vez no cuestionó el resultado como en las anteriores, pero sembró de bulos, mentiras y medias verdades la campaña. Su navegar por la propagación de falsedades se vio favorecido por el viento de cola de la interferencia rusa (pero no solo). Machado reaparece: felicita efusivamente a Trump por su victoria electoral, en un X lleno de lisonjas y peticiones de apoyo.

Luego Trump colgó un retrato que definía muy bien lo que sería su táctica: la intimidación, la amenaza y/o el recurso al uso de la fuerza. Enfadado, con chulería en el sentido de que advierte a los que le encarcelaron que «me he quedado con vuestra cara». Estos —o sea, el sistema judicial— pretendían un «ya pagará el inglés el vino que se bebió» y, al final —con ayuda, para qué negarlo—, acabó de presidente, protagonizando una versión real de la película La cortina de humo, donde los escándalos son sus amistades con Epstein y Venezuela es la cortina de humo, la Albania de la cinta.

De acuerdo, es la efigie de un señor de casi ochenta años, con la piel un poco deteriorada, que, tirando de ceño fruncido, parece más un abuelo enfadado por la comida que alguien que pretende dominar el mundo, pero en su cerebro se veía muy bien. El cerebro de Trump es un misterio.

Reaparición (9 de enero de 2025): protestas en Caracas y (re)comienzo del cortejo

Machado (re)aparece: del 9 al 11 de enero de 2025. Protestas populares contra la asunción de Maduro en Caracas. La inhabilitada María Corina se presenta en la capital por sorpresa para apoyar a Edmundo González como legítimo presidente, tras ciento treinta y tres días desaparecida, y para arropar a los manifestantes. No fue detenida. No había una orden de arresto contra ella y el gobierno, acertadamente, prefirió no detenerla. Ello hubiera implicado un coste político e internacional demasiado alto, teniendo en cuenta que Machado estaba siendo aclamada por decenas de miles de venezolanos y observada por el mundo entero.

En realidad, no fue tan así: fue «interceptada» por fuerzas policiales, pero luego liberada. Se decidió que era más productivo, en términos reputacionales, proyectar, por una parte, un control —podemos detenerte cuando queramos, no lo olvides— y, al mismo tiempo, no regalar una imagen de represión abierta y gratuita. Se le vuelve a perder la pista.

También aparece Donald Trump, quien ese mismo día tuitea (¿«equisea»?, ¿«xsea»?), iniciando un tierno intercambio de mensajes, donde defiende públicamente a María Corina Machado y a Edmundo González, presentándolos como representantes legítimos de la voluntad popular venezolana, a la vez que advierte de que no deben ser dañados y que deben permanecer sanos y salvos y seguros. A ello Machado respondió con un mensaje dirigido directamente a Trump, agradeciendo su apoyo «decisivo» a la democracia y calificándolo como un punto de inflexión para su seguridad, definiendo la lucha de la oposición venezolana como una resistencia unida frente a un régimen criminal que fracasará.

Corina empieza a soñar y también va eligiendo bando: el más fuerte, pero también el más pendenciero y matón. Hay que ser práctico. Más de uno está de acuerdo. En un mundo en el que los derechos humanos no están de moda y el nuevo orden mundial va más de fuerza bruta, ¿para qué seguir reglas si con un bofetón se acaba todo? Mejor el matón de la clase. Puede ser imprevisible, sí: quien recurre a la fuerza tiene pocos argumentos, pero se necesita a alguien que no respete la democracia para que la defienda. Es complicado de entender, sí, pero, a la postre, ya se verá que no es descabellado.

Interludio ruso: aparición y desaparición definitiva. El triste caso del opositor Alexéi Navalny

No hay más que pensar en el pobre Alexéi, detenido en enero de 2021 al regresar a Rusia tras recuperarse en Alemania de un envenenamiento con un agente nervioso por parte de su propio país, y que desde entonces encadenó penas políticas que culminaron en casi treinta años de cárcel por cargos —políticos— como extremismo y fraude, y consiguientes traslados sucesivos a prisiones con condiciones cada vez más duras y largos periodos de aislamiento. Hasta que en 2023 fue enviado a la colonia penal IK-3 «Lobo Polar», en el Ártico ruso, una de las más severas de la ya de por sí dura red penitenciaria rusa, donde permaneció prácticamente incomunicado. El 16 de febrero de 2024, enfermo y sin medicinas, falleció, en circunstancias nunca aclaradas por el Kremlin. Una odisea de cacería judicial que lo convirtió en el símbolo más visible de la represión política del putinismo.

—Loable, precioso. Encomiable, qué determinación, pero ¿para qué? Es un mindundi que puede ser todo lo admirable que se quiera, pero yo no quiero ser mártir. No quiero acabar así. A veces las causas justas las defienden los más injustos— podría deducir María Corina.

Nadie hizo nada por él. Biden lo condenó, sí, pero ¿para qué valió? ¿Para qué sirvieron las sanciones a Rusia? Si no pudieron con los serbios en los años noventa, ¿van a poder con Rusia, que tiene amigos chinos e iraníes? Y ahora Trump es el jefe. Tampoco movió un dedo por él. Tardó en contestar, en condenar la muerte del ruso. A decir verdad, no llegó a condenarla, no dijo nada de Putin. Es más: se comparaba con Navalny. La persecución política que sufre es la misma. De acuerdo, pido ayuda para acabar con el pucherazo sistemático del régimen de Maduro a un señor que se caracteriza por intentar revertir de forma ilegal el resultado de las elecciones estadounidenses de 2020, que no ha reconocido el resultado y que llama ladrones de elecciones a su sistema electoral. Bueno… nadie es perfecto. Putin tampoco, pero, como dicen muchos, es un hombre fuerte, un hombre de Estado, amigo de Trump. El neoyorquino quiere dejar sola a Ucrania en su lucha por resistir a un agresor que quiere conquistar un país soberano. Nadie es perfecto. Nadie es perfecto. Pero a mí, me vale.

Mayo de 2025. Elecciones regionales: el madurismo arrasa

Los comicios no suscitaron el interés de una población cuya fe en la transparencia general y en la credibilidad del proceso —en especial del Consejo Nacional Electoral (CNE)— era nula. Los electores prefirieron quedarse en casa —total, debieron de pensar, como los serbios: «¿para qué, si siempre gana el mismo?»—. Solo votó el cuarenta y dos por ciento; el resto, por boicot a las elecciones por parte de la mayoría de la oposición, por hartazgo —algo normal si se tiene en cuenta lo sucedido el año anterior— o por ambas razones. El madurismo arrasó, manteniendo todas las gobernaciones menos una y obteniendo una amplia mayoría de los diputados en la Asamblea: así, cualquiera.

Y entonces llegó el premio Nobel…

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11 Comentarios

  1. Rojo rojísimo

    Otra Guaidó, Rivera o cualquier producto de marketing político de las elites económicas. Se le vio bien el plumero haciéndole la pelota a Trump JR donde se le caía la baba hablando de privatizarlo todo.

  2. Si el Jot Down continua llenando su sección de política con este tipo de ,análisis’ no va a llegar a Junio. Por favor, un poco de pluralidad. El artículo sobre el FGE era deplorable pero esto de llamar ultraderecha a todo lo que no sea la doctrina oficial del gobierno de España ya da un poco de risa. Así cómo no van salir fascistas por todos los lados. Si estais insultando todo el rato a todo el que no sea un estalinista comprado por los iraníes o los chinos. Dentro de poco fascista va a significar ,persona normal’.

    • Este medio lleva obsesionado con la «ultradercha» y especialmente con Trump desde hace ya tiempo, y va camino de consolidarse como la caricatura definitiva; el silencio que hay aquí sobre Pedro Sánchez, el PSOE, Bildu, Junts, ERC, Podemos, etc. es abrumador, teniendo en cuenta que son los que gobiernan desde hace 8 años. Volviendo sobre USA, ni un artículo sobre Biden, Clinton, etc., ni uno solo, sólo Trump y la «ultraderecha». La línea editorial me recuerda a esa soberbia típicamente académica, catedrática, anclada en su particular biblioteca casposa y anacrónica, culpando al mundo porque los alumnos ya no van a sus clases.

  3. 2 días después de recibir el Premio Nobel de la Paz, Netanyahu cuenta a los periodistas que ha llamado a Corina para felicitarla por el premio, y Corina le ha contestado que también ella lo felicita por sus numerosas matanzas de civiles palestinos. Esa es Corina.

  4. Hay comentarios que son de vergüenza ajena y no entienden la diferencia elemental entre democracia,( por muchos fallos que pueda tener y que siempre presenta mecanismos de revisión) y autoritarismo.

    • Pregunta sincera.
      Esto incluye el déficit democrático del sistema venezolano en su estadio actual, ¿no?
      Presos políticos a manta, falta de transparencia en las elecciones.

      • Éso lo incluye, claro. A Venezuela no la han dejado ser una democracia, ni desde dentro ni desde fuera.

      • A estas alturas de la película ya sabemos que cuando se hacen elecciones y no gana el candidato afín a los intereses geopolíticos occidentales y las élites nacionales, siempre son «fraudulentas», pero resulta fascinante que las dos veces que la oposición venezolana ha ganado elecciones, por arte de magia, sí han sido legítimas. Que digo yo, que si las elecciones están amañadas, tal y como nos vende ese relato occidental apenas utilizado, no van a dejar dos sin amañar, ¿no? Y menos a una Asamblea Nacional. Otra cuestión verdaderamente fascinante, es que quienes nos cuentan que ganan las elecciones en Venezuela (María Colina Machado y su elegido) no tienen respaldo popular para hacer un apaño ni siquiera para el propio Trump. Y aún así la propaganda occidental todavía funciona. Fascinante de veras.

  5. Según los mentideros oficiales y todos los medios occidentales, las elecciones de 2024 las ganó una María Corina Machado, vía El viejito, que ni el propio hegemón avala como títere (ni con Premio Nobel entregado) porque no cuenta con respaldo popular en Venezuela. Ajá. Lo de no presentarse a las elecciones para tratar de deslegitimarlas es una estrategia que la oposición venezolana lleva usando desde la era Chávez. Cuando esta misma oposición ganó las elecciones parlamentarias en 2015 y se hicieron con el control de la Asamblea Nacional ninguno de esos partidos opositores ni sus benefactores occidentales las consideró «fraudulentas». Parece ser que las elecciones venezolanas solo están «amañadas» cuando es «el chavismo» quien las gana.

  6. Para los despistados: la ultraderecha es bastante fácil de reconocer. Son esos «demócratas» que consideran amañada e ilegítima toda elección que no ganen sus candidatos y aplauden asaltos a Capitolios o bombardeos de potencias extranjeras sobre su población para deshacerse de los que consideran enemigos.

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