Sociedad

Pamela, Tommy, el electricista y el chico de la web

Pamela Anderson y Tommy Lee, 1995. Fotografía: Steve Granitz / Getty.
Pamela Anderson y Tommy Lee, 1995. Fotografía: Steve Granitz / Getty.

Este artículo es un adelanto de nuestra revista trimestral Jot Down #53 «Intimidad», ya disponible aquí

El vídeo se volvió viral antes de que existiera el término. Tan pionero fue.

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Todo empezó con un electricista en plan de venganza. Casi como algunos grandes descubrimientos de la ciencia, buscando algo encontró otra cosa: diferente pero mucho más valiosa.

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Pamela Anderson y Tommy Lee se conocieron el 31 de diciembre de 1994. Esa noche no pasó nada entre ellos, pero sembró la obsesión en él. A las pocas semanas Tommy se enteró de que ella debía pasar unos días en Cancún por trabajo. La siguió sin que Pamela supiera. El encuentro pareció casual. Se enamoraron súbitamente (casi una redundancia). Se casaron cuatro días después. Se convirtieron en la pareja más explosiva del mundo del espectáculo. Irradiaban sexo y pasión.

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Ella había pasado de aspirante a modelo a playmate. Apareció varias veces en la tapa de Playboy; se convirtió en una de las favoritas de Hugh Hefner: las ediciones con Pamela en la tapa y/o en el centerfold se agotaban. Participó en varios programas de televisión. Hasta que llegó Baywatch. Ella corriendo por la playa en traje de baño —enterizo, rojo, ajustado— es la definición de lo sexy en los noventa.

Tommy Lee era el baterista de Mötley Crüe, una banda de hard rock que había tenido un gran éxito en los ochenta. Sus vídeos con amazonas, pelos largos de hombres y mujeres, antorchas, imaginería del fantasy cargada de atmósfera sexual hicieron escuela. Aprovecharon la mitología del exceso que acompañaba a los rockeros. Las historias y leyendas sobre el rodaje de sus vídeos orgiásticos circularon por todo el mundo y aumentaron su fama.

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Rand Gauthier era un hombre de poco más de treinta y cinco años. En ese momento trabajaba de electricista, pero en el pasado había tenido un breve paso por la industria del porno: como cualquiera que vive en Los Ángeles alguna vez quiso ser actor; al ser rechazado por todos los grandes estudios terminó desnudo frente a una cámara por un puñado de dólares. Siempre fue aficionado a la filosofía y a la marihuana.

Gauthier fue contratado por Tommy Lee y Pamela para que arreglara el sistema eléctrico de la casa en Malibú, para que instalara alarmas perimetrales y cámaras de seguridad. Hizo parte del trabajo y comenzaron las desavenencias. No se sabe bien el motivo (Tommy Lee dice que Gauthier entró a propósito en la casa sin aviso para espiar a Pamela y logró encontrarla semidesnuda), pero discutieron. El baterista, con mucho alcohol encima, echó de mala manera al electricista.

Gauthier y su ayudante volvieron unos días después a la mansión. Querían recuperar unas herramientas y reclamar un pago de veinte mil dólares que la pareja le adeudaba. No pasaron de la puerta. Cuando Tommy Lee vio que eran ellos los recibió apuntándoles con una escopeta.

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Gauthier no se resignó. Regresó, ya no para cobrar el trabajo. Hizo guardia durante varios días hasta encontrar el momento oportuno. Tenía demasiada información. Había estado un buen tiempo trabajando en la casa; conocía los movimientos y las rutinas del hogar. Además, había instalado las cámaras de seguridad y sabía mejor que nadie cuáles eran sus puntos ciegos.

Aprovechando que no había nadie, entró con una piel blanca cubriendo la espalda mientras se arrastraba por el césped. Sabía que en la imagen con grano y poca definición de la cámara sería confundido con el perro de la casa. Fue hasta la habitación en la que estaba la caja fuerte y se la llevó arrastrando (los investigadores dicen que era demasiado pesada para que pudiera haber hecho el trabajo solo; Gauthier siempre negó tener un cómplice. No delató a nadie). La subió a su camioneta.

Lo que el hombre pensó encontrar en la caja fuerte era dinero, joyas de Pamela y armas de Tommy. Encontró eso y también encontró oro en un casete Hi8.

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Gauthier dejó el inventario del botín robado para otro momento. La curiosidad pudo más y, después de abrir una cerveza, lo primero que hizo fue averiguar el contenido del vídeo. Al principio no parecía demasiado atractivo. Escenas cotidianas de la vida en común del matrimonio de Tommy Lee y Pamela. Eran de los primeros tiempos de la pareja: nadie podía dudar de que esas dos personas estaban enamoradas. Imágenes granuladas de la boda, paseos de la luna de miel, bromas conyugales, un viaje en auto por la ruta. A punto de adelantar la cinta, algo en la conversación entre los protagonistas lo hizo tener paciencia: mientras conduce, el baterista se baja un poco los pantalones y saca su miembro erecto, Pamela se recuesta sobre él y comienza el sexo oral. Un corte abrupto y otra locación. Un barco en alta mar. Se tiran al agua desnudos, tienen sexo intenso en la cubierta de la nave.

Gauthier no podía creer lo que veía. Retrocedió dos o tres veces para cerciorarse del material (después dejó de hacerlo: le dio miedo arruinar la cinta). «Cuando vi de qué se trataba sentí el ka-chinggg de la máquina registradora. Como en los dibujitos animados, mis ojos se convirtieron en el símbolo del dólar. Supe de inmediato que la gente estaría dispuesta a matar por ese material», dijo mucho después.

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Tuvo razón Gauthier: si bien la gente no mató por el material, lo consumió desaforadamente. Compró vídeos piratas, hizo circular copias, lo bajó de internet, lo reprodujo una y otra vez (hasta llegar a millones) en los diferentes sitios web en los que fue subido en las últimas décadas.

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Gauthier recurrió a sus viejos contactos en el mundo del porno. Consiguió que un hombre de la mafia le prestara dinero e hizo miles de copias. No tuvo en cuenta la dinámica del mercado por esos tiempos. Vendió varias unidades durante los primeros días y las ventas se detuvieron. No fue, por supuesto, por falta de interés. Cada vez más gente quería ver la cinta prohibida, pero nadie se la compraba a Gauthier. La copiaban. Comenzaron a circular miles de copias piratas del vídeo pirata. Gauthier quedó debiendo decenas de miles de dólares al hampón y debió trabajar para él durante varios años para salvar su vida.

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En el medio aparece otro personaje, voraz y dispuesto a romper límites. Seth Warshavsky era un joven de veintitrés años que triunfaba en internet. Era uno de los pocos que lograba monetizar sus emprendimientos en la incipiente web. Descubrió que uno de los escasos negocios que permitía ganar dinero era el porno y se dedicó a él. «Hubiera vendido cualquier cosa por la que la gente estuviera dispuesta a pagar. Solo quería hacer dinero. Y en esa época la gente pagaba por sexo», dijo en una entrevista en el pico de su fama.
Había empezado con una hot line, líneas telefónicas en las que mujeres contratadas por él tenían conversaciones cachondas con los clientes que pagaban por minuto. Después, Warshavsky puso en marcha The Internet Entertainment Group (IEG), un nombre pomposo y formal para una fábrica de porno. Alquiló un galpón en Seattle y contrató chicas que en transmisiones en directo hacían striptease y peep shows por los que los usuarios pagaban. Se convirtió en el rey del porno y del sexo en vivo. Un imperio lúbrico virtual. Facturaba setenta y cinco millones de dólares por año, Salon.com escribía largos perfiles sobre él y Time lo puso entre las cincuenta personas más importantes del mundo tecnológico.

Warshavsky compró el vídeo de Pamela y Tommy. Lo subió a uno de sus sitios y la viralización fue inmediata. Por lagunas en la ley de copyright y porque no existían todavía leyes que protegieran la intimidad de las personas ante casos como estos —el legislador no tenía forma de imaginarse internet— Warshavsky era el dueño legal de esas imágenes. Y las comercializó.

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Durante un tiempo circuló un rumor: teniendo en cuenta los beneficios que trajo para su reputación viril, fue Tommy Lee quien hizo circular el vídeo. No fue así. El trabajo lo hicieron Gauthier y Warshavsky. Lo que sí sucedió fue que, ante lo inevitable, Tommy y Pamela firmaron un acuerdo con IEG, resignados por no poder frenar la circulación ni lograr que lo bajaran de la red. De ese modo cobrarían algo de lo que el vídeo estaba generando. Eso tampoco sucedió. Warshavsky vendió a otro empresario los derechos en quince millones de dólares y, cuando un juez lo condenó a pagar a la pareja un millón quinientos mil dólares, se declaró en quiebra y desapareció.

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Adolfo Bioy Casares es el autor de una de mis citas preferidas: «La intimidad no consiste únicamente en desnudarse y abrazarse como personas ingenuas lo imaginan, sino en comentar el mundo». Tiene razón. Pero se debe reconocer otra cosa: que el mundo conozca y comente cómo alguien se desnuda y se abraza (buen eufemismo) con otro es una de las violaciones a la intimidad más perniciosas posibles.

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Cuando el vídeo empezó a circular, Pamela Anderson tenía un hijo de poco más de un año y estaba embarazada de seis meses. Su carrera cinematográfica parecía a punto de despegar. Había sido protagonista de Barb Wire y tenía ofertas para trabajar en L.A. Confidential y en Austin Powers. Tras el escándalo la dejaron de considerar para las dos producciones y para muchas más.

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Muchos creían que no había diferencia entre hacer circular un vídeo íntimo de ella teniendo sexo con su marido y sus paseos con poca ropa por la playa televisiva o con los desnudos posados para Playboy. Como si se lo hubiese merecido. Todavía, aunque parezca mentira, la sociedad no tenía desarrollada, no tenía asentada, más allá de las definiciones jurídicas, la idea de consentimiento y protección a la intimidad.

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Cuenta Pamela Anderson en sus memorias que, en el juicio que entablaron contra los que comercializaron el vídeo, el abogado de la otra parte blandió una de las Playboy en las que apareció, la agitó frente al jurado y frente a la cara de la actriz que estaba en el banquillo prestando testimonio, la abrió en las páginas en las que estaba desnuda y le dijo: «¿En serio usted dice que la difusión del vídeo violó su intimidad? ¿Qué más podría ver la gente?».

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Al menos en parte sabemos los perjuicios de todo tipo que sufren los que son expuestos de esta manera. Lo que desconocemos es otra cuestión: ¿qué pasa por la cabeza de alguien que hace circular un vídeo de otras personas teniendo sexo?

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A nadie que haya visto el vídeo le quedó alguna duda de que Tommy Lee está bien dotado. Para él la difusión desmesurada de las imágenes significó una condecoración. Todos ahora saben de sus atributos viriles. Los chistes que recibía de sus compañeros de banda eran halagüeños. Sus memorias Tommyland están escritas a dos voces que se alternan: la de él un capítulo, la de su miembro el otro.

El vídeo no minó la reputación de Tommy Lee, al fin y al cabo era un rockero. Ni como músico ni mucho menos como amante. Sus dos verdaderas pasiones.

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Las consecuencias —la cantidad e intensidad de daño— para ambos miembros de la pareja fueron muy disímiles.

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Con el tiempo la carrera de Tommy Lee y de Mötley Crüe se desplomó. Pero nada tuvo que ver el vídeo. Lo de ellos fue causa del paso del tiempo y de las facturas que pasan los excesos. El hair metal dejó de estar de moda —gracias a dios—, sus vídeos —ya copiados por todos— no llamaron más la atención, no volvieron a conseguir un éxito.

Tuvieron un revival hace unos años gracias a la industria audiovisual. Además de la serie sobre Pamela y Tommy, se estrenó The Dirt, una biopic sobre la banda que glorifica los primeros años ochenta, las drogas, los hoteles destrozados, las orgías, el consumo desbocado de todo: desde cocaína a groupies.

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La historia del vídeo, del robo y de su circulación, de Gauthier, de Warshawsky, de las consecuencias personales y profesionales que le trajo a Pamela Anderson fue contada por Amanda Chicago Lewis en un largo reportaje escrito para Rolling Stone en 2014. Luego se transformó en una serie para las plataformas de streaming: Pam and Tommy, que tuvo bastante repercusión cuando fue estrenada en 2022. Las caracterizaciones de la pareja protagónica fueron muy ajustadas a la realidad. Los maquilladores lograron parecidos asombrosos.

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Todas las producciones audiovisuales basadas en hechos reales se toman licencias históricas en beneficio de la tensión narrativa. Reúnen varios personajes en uno, resumen hechos, ponen énfasis en circunstancias que quizá no fueron tan importantes, omiten algún episodio que complejiza demasiado la trama o que exigiría que la historia se bifurcara. Licencias dramáticas se las llama.
La licencia dramática de Pam and Tommy es significativa, de esas que cambian el sentido de la historia, que en vez de permitir contar mejor lo que sucedió, lo tergiversan.

La serie omite el verdadero final de la pareja, atribuyendo todos los males de la relación a la difusión del vídeo. Tommy golpeó varias veces a Pamela en presencia de sus dos hijos pequeños. Hubo intervención policial y hasta fue llevado ante la justicia por violencia doméstica.

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Una digresión: en la serie Tommy Lee iba a ser interpretado por James Franco. Pero el actor fue bajado de la producción luego de ser cancelado por denuncias por conductas sexuales inapropiadas y diversos escándalos de índole sexual. Es probable que James Franco alguna vez sea rehabilitado. Más probable aún es que dentro de un tiempo se haga una serie de varios capítulos basados en las denuncias en su contra y en los supuestos episodios sexuales que protagonizó.

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Pamela Anderson ha logrado que su carrera actoral renazca. Tiene cincuenta y ocho años y en el último tiempo estuvo nominada a varios premios por su protagónico en The Last Showgirl, de Gia Coppola. Participó en la remake de The Naked Gun. Allí conoció a Liam Neeson y comenzaron una relación amorosa. Pedro Almodóvar la convocó para integrar el elenco de su última película. No utiliza maquillaje. Sigue siendo una mujer bellísima y atractiva.

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Tommy Lee tiene sesenta y dos años y pocos meses atrás se separó de su cuarta esposa. Ella posteó en las redes sociales que el consumo desbocado de alcohol de Tommy hizo las cosas muy difíciles y que pasó momentos durísimos durante sus seis años de relación. Con Motley Crüe empezaron una residencia en Las Vegas. Los chicos rebeldes tocan ahora para apostadores y son programa de escapadas de fin de semana. Un producto más del marketing de la nostalgia.

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Tiempo después de su desaparición, Seth Warshavsky fue visto en Bangkok. Según su entrada de Wikipedia murió en la capital tailandesa en dos mil veinticuatro.

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Rand Gauthier está cerca de los setenta años. Vive en Santa Rosa, California. No tiene ocupación conocida. Se sabe que cultiva marihuana y no mucho más. Cuando después de unos joints y un par de cervezas cuenta que él fue quien hizo circular el primer sex tape viral de internet —y el más conocido de la historia— ninguno de los otros parroquianos del bar le cree.

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Un comentario

  1. Pingback: El origen y consecuencias del primer vídeo sexual viral: el caso de Pamela Anderson y Tommy Lee - Hemeroteca KillBait

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