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Quo vadis, Jordi Gracia?

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[Mode sarcasm on] El presidente al que le gusta «leer» deliberando con algunos miembros del jurado [Mode sarcasm off]

¡Quieto paraos! que Jordi Gracia aún no ha dicho nada sobre el Premio Aena porque está esperando a leer la novela ganadora. Así funciona la crítica literaria seria, la de verdad, la de cathedraticus irreductibilis: primero se lee, después se opina. Es lo que distingue al intelectual del tertuliano. Y si el intelectual necesita un mes, o dos, o un segundo Fanerozoico para formarse una opinión sobre un millón de euros de dinero entregado por una empresa semipública de aeropuertos a un escritor, habrá que respetar sus tiempos. Faltaría más. Algunos escribimos en caliente y nos sale lo que nos sale, pero el expresidente del Consejo editorial de PRISA Media tiene un estándar más alto. No es que calle. Es que está elaborando meticulosamente su aguda diatriba.

Recordarán ustedes el furor con el que Gracia despedazó a Sonsoles Ónega en Babelia cuando ganó el Premio Planeta en 2024. Aquello fue literatura sobre literatura, una lección magistral de cómo un folletín puede inspirar una reseña mejor que la propia novela. Vergüenza cósmica, dejación de funciones, fraude masivo. Se preguntó retóricamente si Gimferrer había leído el libro, si Blecua se había ido a dormir y si Carmen Posadas tenía sentido del ridículo. Fue tan demoledor que la reina Letizia tuvo que ir a una firma de libros a consolar a la autora, como si hubiera perdido un hijo y no un debate crítico. Todo un acontecimiento nacional generado por una reseña en un suplemento cultural. Chapó.

Con Juan del Val repitió fórmula. Prosa pavorosa, insipidez, novela sentimental de kiosco, duele en el hígado. Ya saben, el ritual anual. Cada octubre, cuando Planeta anuncia su ganador, Gracia se calza los guantes de látex y procede a la colonoscopia pública. Los medios lo recogen con entusiasmo porque el espectáculo es irresistible: el catedrático contra el famoso, la alta cultura contra el bestseller, David contra Goliat si David cobrara de PRISA y Goliat perteneciera al grupo empresarial rival.

Pero ahora resulta que llega un premio de un millón de euros otorgado por una empresa semipública de cuyo presidente sabemos que «le gusta leer». Para más inri esta empresa depende del Ministerio de Transportes, con un jurado poblado de periodistas de los principales medios del país y un presupuesto total de 2,5 millones que haría llorar de emoción a cualquier programa de fomento de la lectura en este país, y Gracia decide que este es exactamente el momento adecuado para tomarse un descanso crítico. Un año sabático emocional. Un retiro espiritual de la opinión.

Hay que entenderlo, claro. No es lo mismo criticar el Planeta, que es de Planeta, que criticar el Premio Aena, cuya presidenta de jurado es Rosa Montero, columnista de El País. No es lo mismo señalar la dudosa calidad de una novela premiada con dinero privado de una editorial que pertenece al conglomerado mediático rival que cuestionar la pertinencia de que el Estado gaste 2,5 millones de euros en un premio literario mientras las revistas culturales de todo el país reciben, en conjunto, la misma cifra que se lleva un solo ganador. Está visto que la aritmética no es plato de buen gusto para el culturewashing.

Por suerte, como en toda buena película de catástrofes aéreas, los pasajeros del vuelo tienen opciones. Porque, aunque el comandante duerme, otros pilotos han tomado los mandos. Los sospechosos habituales, esa gentuza que escribe sin red: Alberto Olmos en El Confidencial preguntándose con su mala leche habitual a quién le das un millón de euros de dinero público y respondiéndose «a un amigo»; Carlos Mármol en The Objective llamándolo «colosal anomalía» y señalando que lo trascendente no era el cuánto sino el cómo y el porqué; Ignacio Echevarría en El Cultural pidiendo que ningún agente cultural con un mínimo de decencia se preste a participar en la «cutre y bochornosa tramoya». Y un servidor, en esta misma revista, comparando las cifras del premio con los cinco mil euros de media que reciben las revistas culturales, y sabiendo las consecuencias que tiene hacer activismo cultural. A los cuatro nos une que publicamos en cabeceras que no tenían periodistas sentados en el jurado o en el equipo de preselección del premio. Casualidad estadística, no piensen mal.

Porque el diseño del Premio Aena tiene esa elegancia: al sentar en su estructura de preselección y jurado a jefes de sección cultural de los principales periódicos del país, secretarios de jurado que dirigen suplementos literarios, cronistas culturales con columna fija en los medios de referencia, convierte la cobertura crítica en un conflicto de intereses automático. ¿Cómo va a publicar un medio un artículo duro contra un premio en cuyo jurado o equipo de preselección trabaja su propio responsable de cultura? No puede. No porque haya una orden, sino porque la arquitectura del premio ya hizo el trabajo. No necesitas censurar a nadie si has sentado al censor en la mesa del jurado.

Mientras tanto, Daniel Fernández, presidente de Edhasa, presidente de Ediciones Prensa Libre (editora de Infolibre), expresidente de CEDRO, presidente saliente de la Federación de Gremios de Editores, presidente del Gremi d’Editors de Catalunya, presidente del Real Patronato de la Biblioteca Nacional, publica en La Vanguardia un artículo en el que declaraba estar «rotundamente a favor» del Premio Aena, argumentando que todo lo que fomente el libro y la lectura merece apoyo. Que un hombre que acumula más presidencias que aeropuertos tiene Aena y que lleva décadas orbitando la política cultural de este país escriba una apología del premio es, supongo, lo que en el sector editorial llaman «pluralidad de voces».

Y Maurici Lucena, presidente de Aena, encontró en El País el espacio perfecto para explicarnos que el premio busca que la sociedad sea «libre en espíritu crítico, diversa y edificada en valores democráticos». Libre en espíritu crítico. En El País. El mismo periódico cuyo crítico más célebre ha decidido que este premio, precisamente este, no merece su espíritu crítico. La ironía, como la turbulencia, a veces no se ve pero se siente. Abrochémonos los cinturones.

Me dirán que soy injusto, que Gracia puede estar preparando algo, que quizá el 9 de abril amaneceremos con una reseña en Babelia titulada «El fallido folletín de Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea». Ojalá. Se lo deseo de corazón. Porque si el mayor fustigador de premios literarios de este país solo fustiga los que convoca el grupo empresarial rival al suyo, entonces su crítica no es crítica: es departamento comercial con ínfulas filológicas.

El 8 de abril se falla el premio en Barcelona. Queda poco. Sabemos que Gracia estará leyendo con atención, estilográfica en mano, esperando el momento justo para despegar su certera prosa. Lo sabemos porque la alternativa —que el crítico más temible de España contra los premios literarios simplemente mire hacia otro lado cuando el dinero lo concede una empresa cuyo presidente elige Moncloa— sería demasiado deprimente incluso para un país acostumbrado a la cultura mendicante.

Mientras tanto, el reloj corre, la gala se prepara, y en algún despacho de la calle Miguel Yuste alguien decidirá que la próxima semana Babelia lleve en la portada al «inesperado» ganador del Premio Aena.

Nota del autor: me informan fuentes de El País que Jordi Gracia ya no es presidente del Consejo editorial de PRISA Media y por tanto lo he modificado en el artículo. También he cambiado «editorial rival» por «conglomerado mediático rival» para ser más preciso. La competencia entre PRISA y Planeta es por audiencia, influencia y publicidad, no por manuscritos. 

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13 comentarios

  1. Lo de defender a Planeta es como defender el genocidio perpetrado por Netanyahu, siempre encuentra defensores que claman por una libertad que solo es la del más fuerte. No me extiendo porque de lo que tengo ganas cada vez que leo una defensa del grupo Planeta, de su premio y de toda la mierda que gira en torno a este conglomerado de empresas, que unta a diestra y siniestra a políticos, escritores y plumillas es de disparar con bala.

  2. Uno de la redacción

    Los periodistas culturales son muy vengativos, Sr. Fernández. Espero y deseo que pueda jubilarse en Jot Down porque como tenga que buscar trabajo en otro medio de comunicación lo va a tener jodido. Las verdades del barquero no las quiere oír nadie y tampoco decirlas porque acaban pasando factura.

  3. ¿farenozoico? ¿No será «Fanerozoico»?

  4. Bueno, los finalistas del dichoso premio Aena son Abad Faciolince, Schweblin, Vila-Matas, Nona Fernández y Marcos Giralt. A priori son todos escritores de cierto prestigio. Quiero decir: se entiende que sus obras son de un nivel superior a lo que suele ganar el Planeta en los últimos años. No sé entonces si la invocación a un crítico tiene sentido. Lo escandaloso del asunto es que disparen con pólvora del Rey, que sea con dinero de una empresa semipública, por decir una obviedad.

    • Eres la segunda persona que hace la misma lectura del artículo. Aclaramos que la pretensión del mismo es lanzar el guante a Jordi Gracia para que critique el premio no específicamente al ganador del premio. Gracias por el aporte.

  5. Qué pereza me dan los artículos titulados Quo Vadis nosequién.

  6. Sonsoles Ónega ganó el Planeta en 2023, no en el 2024. Lo recuerdo perfectamente, yo estaba allí y quedé el último de los clasificados, lo que evidentemente significa que sin duda mi novela era la más mejor. Seguro.

  7. Está dando polémica el nuevo premio literario. Yo, que no lo voy a ganar nunca, lo veía bien. Un nuevo apoyo a la cultura. Pero claro, a mi me engañan con un caramelo. En un panorama editorial lleno de premios amañados es normal que se sospeche. Pero no lo veo del todo mal. Lo que si está mal son las miserias que se reparten a las revistas o a los escritores en general, he visto propuestas de laminar el millón en becas de 20000€, pero esto también al final acaba dando problemas, porque a ti sí y a mi no. En fin, espero que se lo den a Samanta Schweblin, que Alberto Olmos pronosticó sobre <> un futuro Nobel de literatura.

  8. Escritor indignado

    Pues ya sabes dónde está Jordi Gracia:
    https://elpais.com/opinion/2026-04-01/el-debate-tiene-sentido-que-aena-otorgue-un-premio-de-literatura.html
    Como bien sospechabas forma parte de la tramoya.

  9. Pues ya ha escrito algo… aunque no parece q diga nada… mucho mejor la réplica a mi entender
    https://elpais.com/opinion/2026-04-01/el-debate-tiene-sentido-que-aena-otorgue-un-premio-de-literatura.html

    J

  10. Antonio Yelo

    Defiende Jordi Gracia, en su artículo de hoy en EL PAÍS, el premio AENA con el argumento de que hace falta un premio al mejor libro ya editado del año. ¿Es verdaderamente necesario conocer eso? ¿Quién quiere saber cuál es el n° 1?
    Hablamos de algo tan subjetivo e impreciso como la literatura. ¿Es posible concretar o medir el valor literario de una novela?
    Hoy, en España, cansados de críticos literarios vendidos y de suplementos culturales sin sustancia, el buen lector busca su siguiente libro en la recomendación del amigo o del familiar. Y los jóvenes en tik tok o en influencers. Ya es inútil intentar conseguir prestigio para un premio y que ese prestigio ofrezca la fiabilidad que echa en falta Gracia en su artículo. Esa batalla está perdida. Habría que limpiar por dentro el mundo editorial y eso llevaría muchos años y muchos cambios de personal.
    El premio AENA sólo conseguirá poder de influencia para los que lo convocan, el poder que siempre ofrece disponer de 1 millón de machacantes.

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