
Programado dentro de la Semana Negra de Gijón, acaban de presentarse los Cuentos completos (Garaje, 2016) de Carlos Pérez Merinero, un autor que revolucionó el panorama de este género a principios de la década de 1980. Guionista de películas como Amantes, o de series televisivas como la mítica La huella del crimen, su obra puede entenderse hoy como un testigo destacado de los problemas sociales que presentaba la sociedad de la Transición y evidencia del debate estético que enfrentó la traducción española de lo noir.
Nada puede probarte la razón sino tu sinrazón, tu creencia, tu fe. Únicamente los que dudan de todo, lo primero de la razón, son irreligiosos. Por eso el comunismo es una religión y el fascismo no. Acogerse a la patria o a la raza como artículo de fe es gollería: no sirve, y entonces los ves atarse a la cola de una religión o a un Dios, para salvar las apariencias. (Max Aub, Campo de los Almendros).
Ni Picasso ni hostias. Los artistas de nuestra época son los contables. (Carlos Pérez Merinero, Días de guardar).
… siempre se encuentran ventajas para prescindir de la verdad. (Adolfo Bioy Casares, Diario de la guerra del cerdo).
Hacia el final de «Otro cuento de Navidad», la composición poético-visual del escritor y guionista Carlos Pérez Merinero, el ámbar de un semáforo destella contra la noche, un turismo aparca y figuras difusas de mujer se revelan contra una voz monótona, armonizada sobre imágenes de una calle cualquiera de invierno: la de José del Hierro aparece recortada desde una ventana, interrumpida por el perfil canoso de un rostro, el narrador del cual fluye el monólogo asfixiante, su amigo Ion Arretxe, a quien le debemos un más que recomendable texto, basado en su experiencia personal, acerca de la tortura en España. Esta pieza inacabada traslada al ámbito cinematográfico las calas que establece la rica producción artística de este autor, traspapelada por distintos niveles de lectura que varían entre la experimentación, con piezas como la que da inicio a este texto, la crítica a las instituciones y convenciones propias del momento histórico y político que vivió, atravesada de un disruptivo por transgresivo sentido del humor. Convergencias y divergencias que se expresan con una pautada modulación, desde sus trabajos tempranos a los más maduros, y se rompen en mil pedazos en novelas como La niña que hacía llorar a la gente, donde es patente la influencia del Bernhard de La calera.
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Excelente artículo, que sabe aunar un estilo académico con otro más directo y popular, muy acorde con la obra de Carlos Pêrez Marinero. Ojalá sirva para revitalizar y reeeditar a este divertidísimo autor al que, desgraciadamente, las tendencias bienpensantes, la actual corrección política y la mojigatería cultural han relegado al olvido.
Leí «La mano armada» hace más de 30 años. ¡Qué novela más bestia! Pero… ¡no puedes abandonar su lectura ni un segundo!
Muy buena introducción a la obra de Carlos Pérez Merinero del que el futuro nos reserva aún no poca sorpresas, porque a pesar de su prematura muerte su dedicación casi sacerdotal a la escritura ha permitido que dejara muchas obras inéditas.
Yo no hablaría tanto de misoginia, sino de misantropía …aunque desde luego impostada para la voz literaria que quiso crear. Sus divertidos improperios coloquiales no dejan a nadie de lado, e incluso al propio personaje cuya voz los descarga contra sí mismo. Por eso resulta difícil violentarse y uno se atiene a la magia envolvente del discurso y llega al final del texto exhausto por la voracidad de la lectura, pero inmune a consideraciones morales que dejen mal sabor de boca. Son palabras escritas con destreza para recrear fantasías …aunque algo real se cuele de rondón en ellas. Hay humor y creaciones léxicas cosas ambas que tanto nos faltan.
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