
Ya está. Me rindo. Vosotros ganáis. Quienquiera que seáis. La sociedad, el capitalismo, el mundillo de la cultura, las revistas. No sé, pero ganáis. He remado como un esclavo. Me he tirado a matar al toro cientos de veces y siempre doy en hueso. Ya no me la juego más. Tiro la toalla: ya no quiero ser escritor.
Y con «ser escritor» me refiero a ganarme la vida escribiendo. Lo he sido durante cuatro años y pico, casi un lustro en el que más que ganar apenas llegaba a no perderme la vida. Pues se acabó. Vuelvo a escribir exclusivamente por placer. Gratis. Que os den a todos.
Creía que lo había conseguido, pero era un espejismo. Trabajaba para Muy Interesante, me publicaba Jot Down, Zenda, salía en la COPE, di una conferencia en el teatro Capitol. ¡Yo hablando para dos mil personas en la Gran Vía! Ya estaría. Cómo iban a faltarme oportunidades a mí.
Qué puto iluso.
El veneno me lo dio a probar mi estimado Álvaro López, por entonces director de una revista de divulgación histórica que tuvo un recorrido fugaz. Descubrir la historia llegó a los quioscos para renovar las cabeceras que solo muestran en portada pirámides, Julio César, el Imperio español y la Segunda Guerra Mundial. Unía el rigor y la divulgación al nivel que hoy día propone Desperta Ferro, pero con ilustraciones más pobres. Era todo lo que me apetecía hacer. Les envié un artículo que escribí en verano, en los descansos de mi trabajo como camarero para pagar la carrera de Historia. Menudo desgraciao. «Tío, este artículo está genial», me dijo Álvaro. «Una pena no haberlo recibido antes, lo pondría incluso de portada. Es más, este artículo vale dinero, pero, sintiéndolo mucho, no tenemos para pagarte». Ni se me había ocurrido hasta entonces que alguien quisiera pagar por algo que llevara mi firma. Ahí empezó el delirio.
Por supuesto publiqué gratis. Esa y otras muchas veces. Me hacía feliz, disfrutaba y aprendía el oficio de escribir, la obsesión de mi vida. Me vine tan arriba que quise volar cuando apenas sabía gatear. Por entonces ya flipaba con una revista fuera de lo común. Reportajes larguísimos y fotos en blanco y negro cuando TikTok ya empezaba a sumar usuarios de lo inmediato. Mi mayor sueño como escritor siempre estuvo y sigue estando claro: publicar en Jot Down.
El 26 de marzo de 2019 hice gala de mi falta de criterio y vergüenza. Le envié un correo a Ángel L. Fernández:
«Buenos días,
Soy Fran Navarro, historiador de veintisiete años. Os envío una propuesta de artículo para su publicación en Jot Down acerca de Heródoto de Halicarnaso».
Solo media hora más tarde se iluminó la pantalla de mi móvil. Respuesta de Ángel:
«Buenos días, Fran
Gracias por pensar en nosotros para publicar. El texto está bien pero no es estilo Jot Down. Es demasiado wikipédico».
Desde ese día, cada vez que termino un texto me pregunto si me ha quedado wikipédico. Gracias, Ángel. Pero el editor de Jot Down hizo algo más: me puso deberes. «Si quieres ver el estilo que nos gusta puedes, por ejemplo, ver los artículos de José Ramón Alonso». Eso hice. Cogí sus artículos y los de E. J. Rodríguez. Los imprimía, leía, subrayaba, copiaba sus estructuras. Los estudié. Qué gozada. E. J. Rodríguez es mi padre escrituril y él ni lo sabe.
El 29 de marzo de 2021, dos años y dos días después, volví a intentarlo. Le adjunté una nueva propuesta a Ángel: «será un placer leer su opinión y me daré por satisfecho si he logrado acercarme un poco más a la posibilidad de publicar en Jot Down». Al rato se volvió a encender la pantalla de mi móvil.
«Buenos días, Fran
El texto es muy bueno. Aún seguimos sin aceptar colaboraciones externas […] pero este texto merece una excepción».
Unos días más tarde abrí Jot Down y ahí estaba: «Ceniza y censura», por Fran Navarro. Envenenado para siempre.
Ese mismo año supe lo que era volar. Gracias a Álvaro y su revista, me contrató una editorial para dirigir un proyecto de divulgación histórica. Me mudé a Madrid, que es donde viven los escritores, claro. Estaba en Ático de los Libros, tenía cincuenta mil seguidores en mi perfil personal de Twitter, decía que era escritor de Jot Down como el que es futbolista por haber jugado una pachanga en un estadio.
El proyecto editorial fue un fracaso, pero yo iba a por todas. Me ofrecí a la revista Muy Interesante y me cogieron. Durante casi tres años llevé la sección online de historia prácticamente solo. Llegué a tener un millón de lectores con mis artículos. Me llevaron como ponente a un festival de divulgación en Gran Vía. Me llamaban de la radio de Extremadura. Estuve en El Faro de la Cadena SER. Adolfo Arjona empezó a contar conmigo para sus noches en la COPE. Me admitieron como colaborador en Zenda. Firmé un contrato editorial para publicar mi primer libro. Mírame, mamá, he cumplido mi sueño. Nada podía pararme ya. ¿No?
Muy Interesante empezó pagándome cuarenta euros por artículo, que luego bajaron a treinta. Cada vez me exigían más tareas por menos dinero. La radio, Zenda y alguna que otra colaboración: cero euros. Ya llegarán oportunidades, me decía. Servirá para darme a conocer, me decía. Es el camino que me ha llevado a mi sueño, me decía.
Alquiler en Madrid, comer en Madrid y vivir siendo autónomo en España. No estaba volando, solo me habían tirado desde una cima muy alta.
Más de ochocientos artículos después le pregunté a Marta, dueña de Muy, si había opción de volver al menos a los cuarenta por pieza. No le sentó bien. Aunque vi en persona a todos los directivos de la revista durante un evento, nadie me habló del asunto a la cara, fue a la mañana siguiente cuando recibí un correo en el que se me comunicaba que dejaban de contar conmigo. Jamás me cogió el teléfono el director del momento. A excepción de tres artículos bien pagados en Historia y Vida, desde septiembre de 2024 no he vuelto a recibir un euro por escribir, divulgar, ni sirven de nada los cincuenta mil seguidores en el fantástico Twitter de Musk.
Y no será por tirarme veces al toro. Guardo un Excel con todos los medios a los que escribí. La mayoría ni contestaron. Sobre todo aquellos para los que trabajé gratis, claro. El resto me dejó un educado «no, gracias». La caída aún duele. Pero no busco compasión, solo arreglar una autoestima rota, la garra, la falta de criterio y vergüenza que requiere ser escritor. Quise buscar refugio en Jot Down y Zenda, con los únicos editores que siempre fueron de frente conmigo, pero el veneno ya tenía otro efecto: ¿y si realmente no tengo nada que aportar después de todo?
A mis treinta y cuatro años me he vuelto a Sevilla con el rabo entre las piernas, la cartera desplumada y una simpática lumbalgia me visita de vez en cuando para recordarme las diez o doce horas diarias que pasaba postrado en aquel escritorio que ocupaba la mitad de mi salón en Madrid.
Ya está. Me rindo. Vosotros ganáis. Me he buscado un trabajo de verdad. Solo quiero volver a disfrutar escribiendo. Qué coño, lo mismo envío esto a Jot Down para que me digan que no. Equivocarme sin miedo porque ya no hay nada que perder. Mi pareja me advertirá de que esto es personal y no le interesa a nadie. Bueno, así empezó todo. Yo no le interesaba a nadie. Y no es cuestión de empezar de nuevo, se trata de terminar de viejo y haber jugado muchas pachangas.
Y aquí es donde entra el único sentido de publicar mis mierdas: me habría encantado leer esto a mis veinticinco años. Por si algún joven, o viejo, pasa por aquí con un objetivo similar al mío que esté a tiempo de coger un paracaídas si lo necesita y disfrutar de ese vuelo ficticio sin dejarse los dientes. Por darle eco a lo escrito por otro de mis ilustres, Alfonso Vila: «pues no, chaval, lamento decirlo, pero el mundo de la cultura no funciona así. Y si lo que quieres es ganar dinero, mejor te decidas a otra cosa».
Ya no quiero ser escritor. Lo que quiero es escribir y preguntarme únicamente: ¿me habrá quedado wikipédico?






Lo mejor del artículo es la honestidad. Lo segundo mejor es esa frase final tan redonda que corre el riesgo de acabar en Wikipedia.
Aunque, bien pensado, si acaba allí será porque antes pasó por un escritor que solo quería escribir.
Olé!
Gracias, Jaime. Es la primera vez que publico algo tan personal y toda lectura es reconfortante. Y sí, está claro que aún me quedan muchas vueltas que dar, pero ya sé qué vueltas NO voy a dar. Saludos!
Vaya, me he leído el artículo sin saber que me citabas a mí al final… Ha sido una agradable sorpresa, dentro de lo triste y realista (me temo) que es el artículo. Qué quieres que te diga… Esto siempre ha sido así: » de fracaso en fracaso hasta el fracaso final»… ¿O era otra cosa? Bueno, en serio. Disfruta escribiendo, mientras puedas, como puedas, hasta que ya no puedas más… Como yo siempre digo «escribir es un vicio terrible, pero cuando no escribo hago cosas peores». Un abrazo!
¡Tachán! ¡Sorpresa, Alfonso! Llevaba unos días rumiando este artículo y leer el tuyo fue el detonante definitivo para escribirlo y hacerlo público. Sois varios los autores de esta casa los que acabáis dándome el empujón y así voy, de empujón en empujón disfrutando de lo escrito. Un abrazo y gracias.
No… ¡¡Dios mío!! Otro más… cuántos buenos chicos se han echado a perder por culpa de la literatura…
Bueno, en serio. Un abrazo y no te preocupes, hay cosas mucho peores, siempre lo digo…
De algo hay que morir
«pues no, chaval, lamento decirlo, pero el mundo de la cultura no funciona así. Y si lo que quieres es ganar dinero, mejor te decidas a otra cosa» OJO con la edición. ¿Es decidas o dedicas?
Interesante artículo, buena suerte!
Pues te contesto yo… Es «dedicas».
Gracias por avisar!!
Gracias!! Yo también tenía ma duda y sospechaba que era “dedicas” pero lo cité tal y como estaba publicado. Ahora sabemos que es “dedicas”. Lo bueno es que se entiende el mensaje igual.
Sí, se entiende igual, pero en realidad es culpa de mi dislexia, pero eso que quede entre tú y yo… No se lo digas a nadie…
Hay que pensar las cosas, y ser un poco mas critico, con uno mismo y con la vida. Antonio Machado, un gran poeta, ¿cómo se ganaba la vida? Era profesor de secundaria (y eso que era de buena familia y paso una juventud bohemia). Pues eso, has tenido la valentia del que no ha mirado el abismo … pues coño MIRA!!!!!!
En mi tierra, Aragon, siempre he visto tu caso en dos cantaautores, Carbonel, vivía de su arte, y muhcas veces te preguntabas que hacia esa persona en ese sitio, pues ganarse las lentejas. Labordeta, se saco la plaza de profesor de secundaria, y solo escribió y cantó lo que quiso. Cuando pudo se paso a hacer lo que le interesaba.
Trabaja en otra cosa, escribe por gusto, y si eres bueno, vivirás de escribir. Y si no … bienvenido al montón.
Exacto. En ello estoy, retozando en el montón. Gracias por leerme.
Tu gran error, Fran, fue no haber leído a Larra antes de intentar ser escritor profesional:
«Escribir como Chateaubriand y Lamartine en la capital del mundo moderno es escribir para la humanidad; digno y noble fin de la palabra del hombre, que es dicha para ser oída. Escribir como escribimos en Madrid es tomar una apuntación, es escribir en un libro de memorias, es realizar un monólogo desesperante y triste para uno solo. Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta. Porque no escribe uno siquiera para los suyos. ¿Quiénes son los suyos? ¿Quién oye aquí? ¿Son las academias, son los círculos literarios, son los corrillos noticieros de la Puerta del Sol, son las mesas de los cafés, son las divisiones expedicionarias, son las pandillas de Gómez, son los que despojan, o son los despojados?
(«Horas de invierno». Artículo publicado en El Español, el domingo 25 de diciembre de 1836).
¿Quién no lo ha leído? Es pura y rabiosa actualidad y me ha venido a la mente de inmediato.
Lo leí a él y a otros muchos más cercanos que me lo pintaron pero incluso. Pero, oye, había que intentarlo y tropezar uno mismo, no solo que me lo cuenten. Gracias por leerme.
Este artículo tuyo es como pegarse un tiro en el pie: uno nunca, nunca declara tener una vocación. ¡Tío!, nadie va a pagarte por que tú cumplas tu sueño. Perseguir un sueño, por mucho que digan en la tele, es de imbéciles; de los sueños se despierta, ¡joder! La derivada directa de esto, y que debías haber comprendido el primer día, es que los editores son el enemigo: cuando te sonríen y te dan palmaditas en la espalda, lo que están haciendo es sopesarte y ver cuánto pueden sacar de ti. ¡Te han sacado artículos gratis! ¡Qué colleja te hubiese metido si me llego a enterar!
La única posibilidad que uno tiene de ganarse la vida escribiendo es decirle a la gente de posibles lo que quiere o necesita escuchar. Un ejemplo: «Los ricos son más resilientes, más capaces de adaptarse a los continuos cambios de la vida». O: «Los combustibles fósiles serán necesarios, imprescindibles durante las próximas décadas». Di cosas por el estilo en voz alta y sin que se te escape la risa y tendrás la oportunidad de acabar en la Oficina de Protección del Castellano o de director de La Razón.
¡Ah!, ¿es que tú querías ganarte la vida escribiendo lo que te gusta escribir? ¡Iluso! Eso no pasa nunca, o solo en un tanto por ciento despreciable a nivel estadístico. En fin, haces bien, olvídalo, deja de intentar ser escritor; aunque sí puedes buscarte un trabajo que te dé tiempo libre: guardia nocturno, menudeo de drogas, reponedor de Mercadona (ni te acerques al Día o a Carrefour). ¿Ya tienes la nevera llena? Ahora escribe lo que quieras, lo que te apetezca, nunca lo que te encarguen, y después regala tus textos, pero a los lectores, nunca a un editor.
El gamberrismo también es una de las bellas artes.
Honesto hasta la muerte, sobre todo escribiendo. Si esa es mi condena, aquí están mis manos. Y a juí que viene Lui. Gracias por leerme
A Mick Jagger le dijeron que con esa boca no iba llegar a ninguna parte.
Si hubiese dejado la música por eso…
Si realmente eres bueno escribiendo, no dejes de intentarlo, tal vez nunca te llegue el momento, pero tal vez sí….
Si no llega el momento no pasa nada y si no soy realmente bueno lo voy a seguir intentando igualmente porque no sé estar sin escribir. Gracias por leerme.
Si no se tiene nada interesante que decir, pues no se tiene nada interesante que decir. El agua moja, y la luz alumbra.
Claro. En mi artículo mi frase acerca de algo interesante que decir no es porque no lo tuviera, estoy reflejando mi inseguridad del momento. A mí este artículo me parece interesante y útil, si no no habría salido de mi ordenador. Gracias por leerme.
Me ha sorprendido la cantidad de paternalismo que hay en algunos comentarios por aquí. Ni expresar es confesar ni escribir es publicar, y creo que eso lo sabe muy bien el autor.
Es un artículo estupendo, y el estilo tiene mucho pulso. Que siga latiendo.
Gracias, Pedro. Era consciente de lo que me esperaba con un artículo tan personal. Me alegra que te haya gustado. Abrazo!
Kafka, Pessoa, Bolaños, pasaron por el desierto laboral y dejaron una obra inmensa.
He trabajado ars gratia artis (por la cara) en infinidad de publicaciones culturales y actualmente lo hago en el digital cultural alicantino. Ofrecí mi pluma hace mucho tiempo a este sitio (cuando me parecía más digno y menos escorado a la derecha) y no me aceptaron, afortunadamente pienso ahora. Decirle a alguien wikipédico es un insulto, sobre todo viniendo de una publicación como ésta, que propicia un estilo vulgar, cuajado de modismos zafios y hasta tacos y que se esmera en la provocación más absurda en artículos como los de Ledesma o el mismo Narcob.
Nos falta vida para leer todo lo que nos gusta y tú tomándote tantas molestias leyendo cosas que no te gustan. Esta vez no cierres al salir, para ventilar, que huele raro aquí.
¡Escorado a la derecha!
¡Demonios! ¡Córcholis! ¿Qué ha pasado? ¡¡Yo pensaba que éramos unos malditos rojos!!
¡Jope! ¡Qué mal!
Yo estoy jóven y vine a parar acá porque fue una sugerencia de articulos destacados del día de Google. La gente que te ha comentado se ve gente culta, probablemente lectores o escritores, como yo, que escribo para cine, pero eso es otra escritura porque realmente mi lenguaje es la imagen.
A lo que voy: Estoy joven, aún no saco una moneda de esto salvo por una sola ocasión. Hace tiempo lo he aceptado, también porque lo he presentido, que yo jamás haré una vida de esto, porque aunque lo mío no es divulgación —por más que el cine pueda contener algo de divulgación— ambos nos atenemos a algo, a la expresión propia, en lo que se escriba, ya sea por forma o contenido, o en lo que se grabe, en mi caso; allí está contenido eso. El precio de la autenticidad, lastimosamente o afortunadamente, no es ninguno, a ese precio no le acompaña un número. Por autenticidad se obtiene más autenticidad y eso solo nos vale a nosotros mismos, que nos hace sentir bien no intentar o no ser otros.
A seguir escribiendo wikipédico, término que ya has empezado por resignificar, por lo cual me alegro.
Buena reflexión y bonitas palabras, Juanda. No queda más que seguir disfrutando de esa autenticidad, cueste lo que cueste. Gracias por leerme.
Solo hay un gremio mas pringui que el de escritor, y eso es ser traductor…
Animo, Fran! Puedes caer mas bajo aun, queda tiempo!!!
Já! A duras penas domino el castellano (lo mío es un perferto andalú), como para meterme en otros idiomas. Dios aprieta pero no ahoga. Abrazo
Una pena. Se puede intentar escribir bazofia y optar al Planeta o ser honesto y no dedicar nuestro tiempo a «entretener» a la gente, que los divierta su ……..re.
Por cierto, el plural de quienquiera creo que es quienesquiera.
Ostras! pues tienes razón. Ves tú, si es que menudo escritor de pacotilla estoy hecho. Gracias por leerme.
Estimado Fran,
Algunas notas sobre alguien que hizo lo que estás a punto de hacer. Yo también intenté vivir de eso que llamamos cultura. Dos décadas y media de disfrute y sinsabores. Una versión más o menos parecida a lo que describes. Creo sinceramente que la industria cultural avanza y se enriquece deglutiendo a gente como nosotros. Perdón, no lo creo, estoy completamente seguro. Es lo que hay. Y no digas que no te lo olías porque… bueno porque patatas.
Así que un día me dije que hasta aquí habíamos llegado. Me busco un trabajo «de verdad» y me dedico a crear sólo lo que quiera en los términos que yo decida. Suena bien, lo sé pero ¿funciona?
En mi caso, no. Ni de lejos. Seis décadas ya en este manicomio orbital que nos acoge y nada. Un trabajo seguro y vulgar donde pongo mis menguantes habilidades al servicio del enemigo. Porque no te engañes, ese trabajo «de verdad» tiene muchas posibilidades de ser algo relacionado con tus vocaciones. De una manera u otra. Y si no lo es, algo o alguien, probablemente tú mismo, hará que sea así. La vida es muy retorcida.
No pasa ni un día en el que la sensación de dislocación emocional y cognitiva aumente. Miro desde el ventanal del décimo piso con vistas impresionantes a una capital europea y… me cago en mí y en todos mis traumas.
No te confundas. No me dejé llevar por el marasmo. He hecho mis intentos. Mucho más personalmente costosos de que los que hice antes. En esta misma revista me publicaron algo a la primera hace no demasiado. Y cuando parecía que se abría una puerta y además tenía algo muy bueno en la recámara, hubo un rifirrafe muy muy extraño que lo jodió todo. (Aprovecho la oportunidad: Ricardo, Ángel, vaya pifia, amigos. Seguro que fue culpa mía, pero ¡vaya pifia! ¿Podemos hacer algo al respecto?).
En fin… Lo que no sabes ahora, Fran es que vas a sufrir una especie de síndrome de estrés postraumático diseñado para escritores y creadores vocacionales. Algo muy malo para lo que no tengo una explicación clara, ni mucho menos una cura a mano. Me gusta decir que estoy trabajando en ello pero casi seguro que es otro de esos espejismos y ya sabes de lo que hablo. En el mejor caso, causa fricción constante. En el peor, sentirás que estás construyendo una pirámide con una cucharilla de café.
Quizás a ti te funcione la fórmula del trabajo “de verdad», lo deseo de corazón. En mi caso, ha consumido mi tiempo y mi energía. Y lo peor, me muestra cada día que la razón por la que no somos capaces de llegar a esa gente que anda ahí fuera es porque están secuestrados. Rehenes de los tipos para los que trabajo ahora. Lo dicho, la vida es muy retorcida. Mucho.
Dicho esto, ¿te estoy recomendado reconsiderar tú decisión?. No, en absoluto. Haces bien. Lo que te pasado gasta ahora no debería ocurrir y no debes permitirlo más. Pero me temo que tendrás que inventarte algo tú solo. Una gesta personal y anónima, vaya. Nada más y nada menos. No te pongas romántico con ella. Así es como cayeron las ostias la primera vez.
Mis mejores deseos.
Muchas gracias por su honestidad, señor/a pi.
Me ha dado que pensar, pero llevo un tiempo en el que todos mis pensamientos acerca de mi «yo autor» acaban en la misma conclusión: me da igual todo ya. Solo quiero disfrutarlo, bien sea publicado o en privado y ahora lo estoy logrando. No necesito más. La importancia ahora la tengo puesta de manera muy clara en otras cosas y esto es posible para mí por la sencilla razón de volver a vivir en Sevilla y no en Madrid. Aquí ya soy feliz sin escribir. Escribiendo (bien, mal o peor), ya estoy en la gloria. Gracias por tus consejos y por leerme.
Pingback: Sobre el duelo -