El bestialismo y sus monstruosos engendros - Jot Down Cultural Magazine

El bestialismo y sus monstruosos engendros

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En su clásico Lenguaje y silencio, George Steiner dejó escrito que en el terreno amoroso “las cosas fundamentalmente han sido iguales desde que el hombre por primera vez conoció a la cabra y a la mujer”. Siendo uno de los intelectuales más destacados del siglo XX probablemente tendrá razón en lo esencial de tal afirmación… pero creo que le faltan unos cuantos animales a la lista, tal como veremos en los abundantes ejemplos que la mitología, la literatura y el cine nos ha regalado sobre el amor a los animales.

Por mi origen vasco la zoofilia o bestialismo nunca me ha resultado algo ajeno, dada la secular carencia de hembras predispuestas para la coyunda que padece esta tribu y su abundancia, en cambio, de vacas y ovejas. Pero en líneas generales está claro que para el conjunto de la humanidad también ha sido siempre una opción. Solo falta precisar a qué clase de relación nos estamos refiriendo cuando hablamos de bestialismo y entre quiénes tiene lugar. A la luz de la actual coyuntura no faltará el lector malintencionado que se pregunte si entraría en esta categoría lo que le hace Angela Merkel por las noches a su esposo y por el día a Grecia. Pero no entremos en estos asuntos tan complejos y agobiantes de la actualidad y centrémonos mejor en dicho país mediterráneo, sí, pero desplazándonos 2.500 años atrás en el tiempo.

Leyendo su mitología, da la impresión de que los griegos no acababan de tomarse del todo en serio a sus dioses. Estos tenían superpoderes y eran inmortales, de acuerdo, pero también eran caprichosos, hedonistas y carecían por completo de sentido del ridículo. Su función no era tanto servir de ejemplo moral y ejercer de comprensivo amigo invisible de los humanos sino pasárselo bien, a veces a costa de ellos. Zeus, como rey de los dioses del Olimpo, parecía llevar al extremo todas estas características. Poderoso gobernante de los cielos, se casó con Metis, a la que poco después se comió. Tras ese fallido primer matrimonio se casó con Temis y con Hera, pero tuvo además una incesante colección amantes, a las que a menudo accedía con malas artes.

Leda y el cisne, de Leonardo Da Vinci

En cierta ocasión, por ejemplo, se convirtió en un toro blanco para raptar a Europa y llevársela a Creta, donde tendrán tres hijos. En otro momento se disfrazó de águila, para yacer con el bello Ganímedes. También tomó la apariencia de un sátiro para visitar a la princesa Antíope. Como vemos, Zeus tenía más disfraces que Mortadelo y un solo objetivo en mente: cepillarse a todas las mujeres y hombres que se pusieran a su alcance. Dominado por una lujuria insaciable, parecía encontrar un placer añadido en lograr sus conquistas de las formas más extravagantes que sus coetáneos pudieran imaginar. Era el Barney Stinson del Olimpo. Pero probablemente fue su transformación en cisne para poseer a Leda, reina de Esparta, el acto de bestialismo más inspirador de poetas y pintores de todos los tiempos.

Sin ir más lejos en el Museo del Prado puede verse una escultura de Leda realizada por Timoteo (380-350 a. C.). Pero el mito también atrajo la atención de pintores como Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci, Rubens, Correggio, o Cézzane. Incluso Salvador Dalí hizo una versión llamada Leda atómica.

En el ámbito de las letras, poetas como Rubén Darío, Yeats o Rilke cantaron al bestial fornicio, que llevó a Leda a poner dos huevos de los que nacerían cuatro hijos, dos de los cuales acabarían enrolándose en la nave de Jasón en busca del Vellocino de Oro.

Dentro de la mitología griega el otro amor zoofílico que no puede dejar de mencionarse es el de Pasifae, que comienza cuando cierto día el rey Minos recibió un toro del dios Poseidón para que lo sacrificase en su honor. No preguntemos qué lógica puede haber en dar algo a alguien para que a continuación te lo devuelva muerto, salvo que Poseidón quisiera celebrar alguna boda o bautizo y le diera cosa matarlo (al menos así es costumbre en los pueblos). La cuestión es que Minos encontró demasiado hermoso al cornúpeta y se negó a sacrificarlo desatando así la cólera del dios, quien en castigo hizo que la esposa de Minos, Pasifae, se enamorara perdidamente del animal.

Esta acudió entonces al artesano Dédalo, que le construyó una atractiva vaca de madera hueca. El artefacto fue llevado a continuación ante el toro con Pasifae escondida en su interior, en postura propicia para saciar su ansia. De tal cópula nació el Minotauro, que avergonzó tanto a Minos que lo hizo encerrar en un laberinto. Una historia que posteriormente sería homenajeada en la película Top secret, cuando dos miembros de la resistencia se disfrazan de vaca para asaltar la cárcel nazi, siendo en este caso un ternerillo y no un toro quien proporciona alivio.

Híbridos interespecies

Pasifae escondiéndose dentro de la vaca

Pero, ¿es esto realmente posible?, ¿que de un apareamiento entre distintas especies surja un híbrido de ambas? Como sabemos, los seres vivos no somos más que los recipientes que utiliza el ADN para autorreplicarse indefinidamente. La utilidad de la reproducción sexual está en que permite recombinar los genes que portan dos recipientes, evitando así que todos seamos completamente idénticos y por tanto fácilmente aniquilables por cualquier virus. Como si cada generación viniera al mundo con una clave de acceso diferente para que no le chupe wi-fi el vecino. Cuando dos poblaciones quedan aisladas y ya no pueden ni saludarse ni mucho menos intercambiar genes, con el paso de las generaciones llegará un momento en que los acervos genéticos de cada una serán tan divergentes que ya no podrán combinarse entre sí. Es lo que en biología se conoce como “especiación”. Es decir, una especie es el conjunto de animales que pueden reproducirse entre sí (con las plantas esto no es aplicable). Según Jonathan Hodgkin, catedrático de genética en la Universidad de Oxford, solo hay tres miembros del reino animal que incumplen esta regla: los gusanos nematodos, la mosca de la fruta y unos bichos llamados rotíferos bdeloideos. Dado que en tan breve lista no menciona a cisnes ni a toros, me temo que los mitos anteriormente descritos no ocurrieron realmente.

Monstruos horribles de ver y de comentar

Tras la civilización griega y con la llegada del cristianismo, la zoofilia pasó a estar peor vista (“y no debes acostarte con bestias, haciéndote inmundo por ello, y tampoco mujer alguna debe acostarse con bestias; es perversión”, Levítico 18:23) aunque naturalmente continuó practicándose. Es precisamente esta condena bíblica lo que llevaba a pensar a algunos que —en contra de lo que la intuición práctica parecía señalar— la hibridación entre especies fruto de esta unión sí podía ser posible, a modo de castigo divino. Así lo creía el cirujano y escritor Ambroise Paré en su entretenidísimo y absolutamente recomendable Monstruos y prodigios:

Hay monstruos que nacen con figura mitad de bestias y mitad humana, o totalmente semejantes a los animales, y son productos de los sodomitas y ateos que se aparean y alivian contra natura con las bestias, y de ahí nacen diversos monstruos repugnantes y muy horribles de ver y de comentar”

En este libro, escrito en la segunda mitad del siglo XVI, en descojonantes capítulos con títulos como De una gruesa golfa de Normandía que fingía tener una serpiente en el vientre o Engaño de cierto malandrín que fingía ser leproso, Paré describe cómo desenmascaraba las mentiras de sus pacientes/víctimas con una pericia profesional y —sobre todo— una crueldad que ya las quisiera para sí el doctor House. Pero además de esto y a modo de bestiario medieval, también se hizo eco en dicha obra de todas las habladurías existentes en su tiempo sobre toda clase de criaturas fantásticas y monstruosas, ya vivieran allende los mares o fueran fruto del bestialismo.

Para ello expone ejemplos como el del niño que fue concebido y engendrado de una mujer y un perro, lo que hizo de él una criatura humana de cintura para arriba y perruna en su parte inferior. Otro caso es el de un pastor llamado Cratain, que “sació con una de sus cabras su deseo brutal, y el animal parió algún tiempo después un cabritillo que tenía cabeza humana y semejante al pastor, pero el resto de su cuerpo se parecía a la cabra”. También relata el caso no menos asombroso en Lieja, año 1110, de un cerdo con cabeza, manos y pies de hombre.

Monstruos y prodigios, de Ambroise Paré

Otro libro escrito en los mismos años, El jardín de flores curiosas de Antonio de Torquemada (nada que ver con el inquisidor) recoge todas las historias fantasiosas o “hablillas” de su tiempo, por lo general creyéndoselas todas por extravagantes que fueran, hasta el punto de que su credulidad fue ridiculizada por Cervantes. Y algunas de ellas, claro, estaban relacionadas con los engendros nacidos de uniones contranatura.

“Plinio escribe que una mujer llamada Alcipe parió un elefante, y que otra mujer parió una serpiente; y en el tiempo del mismo Plinio trajeron a Claudio César un centauro que una mujer había parido en Tesalia, el cual venía conservado en miel para que no se estragase. Y sin esto hay tantas cosas escritas y dichas por graves autores, que espantan y maravillan a los que nuevamente las oyen.”

Resulta de interés la historia de una joven sueca que paseando por el campo fue asaltada por un oso, que la llevó a su cueva y allí, en lugar de devorarla como sería de esperar en semejante bestia comenzó a halagarla, poniéndole sus brazos mansamente, y a tratarla de manera que la doncella conoció la intención que tenían, y perdió alguna parte del miedo con que estaba, y no atreviéndose a resistir la ferocidad del oso, con temor de perder la vida, y vino a consentir, aunque no por su voluntad, que tuviese sus ayuntamientos libidinosos con ella.”

Lo curioso del caso es que ella no pareció estar muy a disgusto con el arreglo, ya que dejó pasar así varios meses, pese a que tuvo ocasión de huir cuando el oso abandonaba la cueva en busca de alimento. Hasta que finalmente un grupo de cazadores pasó cerca y pudo rescatarla. Meses después tuvo un niño, más peludo de lo normal aunque también de gran valentía, cuyo nieto llegaría a ser Rey de Suecia.

También describe casos, más o menos parecidos, ocurridos con monos en una isla cerca de la China a la que llegó una expedición portuguesa, así como un monstruoso suceso situado en Galicia, del que según explica provienen aquellos que se apelliden Mariño:

“… andando una mujer ribera de la mar, entre una espesura de árboles, salió un hombre marino en tierra, y tomándola por la fuerza, tuvo sus ayuntamientos libidinosos con ella, de los cuales quedó preñada, y este hombre o pescado se volvió a la mar; y tornaba muchas veces al mismo lugar a buscar a esta mujer, pero sintiendo que le ponían asechanzas para prenderle, desapareció. Cuando la mujer vino a parir, aunque la criatura era racional, no dejó de traer en sí señales por donde se entendió ser verdad lo que decía que con el Tritón le había sucedido.”

Tritones con debilidad por las gallegas

¿Y qué decir de los cuentos infantiles clásicos? Hace siglos que insinúan o describen explícitamente esta parafilia, ya sean princesas que besan ranas, bellas que se enamoran de bestias, inocentes caperucitas rojas asaltadas por lobos… seguramente podría sacarse alguna enseñanza psicológica profunda al respecto, pero no sé cual. Quizá que los autores de algunos cuentos son hombres feos que intentan convencer a las mujeres guapas de que son un buen partido.

En lo que respecta al cine, podríamos citar a Ava Gardner, llamada “el animal más bello del mundo”…. pero en un sentido más literal el amor entre bestia y humana por excelencia no hay duda de que es King Kong. Un amor imposible a la altura de Romeo y Julieta, con el añadido de que no es solo su entorno el que se opone a su amor sino las considerables diferencias anatómicas (menos mal que no intentó nada y se limitó a contemplarla). En El pueblo de los malditos hay una fecundación masiva de mujeres por extraterrestres, aunque por desgracia a los espectadores se nos arrebata el momento de la consumación y hemos de limitarnos a imaginar cómo debió suceder. En la serie V también una humana queda preñada de un alienígena, dando a luz a dos criaturas: un engendro verde y un bebé de apariencia humana aunque de lengua bífida.

La película Equus, dirigida por Sydney Lumet y protagonizada por Richard Burton y Peter Firth, (ambos nominados al Óscar por su papel en este film) se centra en un joven que recibe atención psiquiátrica debido a su peculiar fijación por los caballos. Merece la pena recordar también el episodio en el que Homer Simpson toma por mascota a una langosta a la que llama “Tenacitas”; no se mostraban escenas de sexo, vale, pero algo había… En Clerks 2 un burro tiene un papel importante en el desenlace, mientras en Tank Girl la aguerrida protagonista tiene por novio a un conejo mutante; y finalmente en la película francesa Max, mi amor, una actriz extraordinariamente guapa en su juventud (aunque con el paso de los años se le ha ido poniendo cierta cara de mala leche) como era Charlotte Rampling, entregaba su cuerpo a un afortunado chimpancé.

En fin, son muchos los ejemplos de bestialismo —aunque pocos en comparación con los que no he citado— y la conclusión que podríamos sacar es que el amor surge donde menos te lo esperas y que, ante un aprieto, todo aquello que no sea un erizo puede valer.

21 comentarios

  1. no te olvides de howard el pato y la mama de marty mcfly XDDDDD

  2. Pingback: El bestialismo y sus monstruosos engendros

  3. varias apreciaciones que puedan resultar interesantes:

    la reproduccion interespecies es imposible salvo en algunas muy cercanas(mulas, ligres, etc) aunque esto algunos no lo tenian muy claro
    http://www.anfrix.com/2006/11/stalin-y-su-ejercito-de-simios/

    En asturias contamos con un ser mitologico llamado home marin y que tambien gusta de molestar y violar mozas indefensas, supongo que son distintas versiones de una misma leyenda aunque el nuestro al parecer cuenta con un pene de gigantescas proporciones

    por ultimo, Tank girl tiene un novio canguro, que no conejo, depues de todos sus historias estan ambientadas en Australia
    http://static.shock.com.co/sites/shock.com.co/files/76f2fa48868aaa2e29c84764ba9bf556.jpg

  4. “No preguntemos qué lógica puede haber en dar algo a alguien para que a continuación te lo devuelva muerto”

    ¿dar ‘algo’? ¿los toros son cosas?

    • ¿¿entonces los toros son alguien??? no entiendo cual es el fallo en esa frase, imaginemos que le pica un tipo de insecto, pero usted desconoce cual¿ seria incorrecto que usted le dijese a un amigo que “algo” le ha picado?

      • Alguien:

        En psicología, designa a un individuo concreto, y abarca tanto sus aspectos físicos como psíquicos para definir su carácter singular y único.

        En filosofía, en la rama de la ética: Según Will Peterson, “La cualidad de la sensibilidad es la facultad para percibir e interpretar el estado de ánimo, el carácter y la forma de actuar de los individuos, así como la construcción de las circunstancias y los ambientes que en cada momento nos rodean, para interactuar en beneficio de los otros/nosotros”.

        Claro que es alguien y no algo, sujeto y no objeto. Es “él”, no “eso”.

  5. lo reconozco mis conocimientos de gramática, psicología o filosofía no son gran cosa, asi que poco puedo revatirle en ese aspecto…

    Por otra parte no ha respondido a mi pregunta, segun usted en el caso del mosquito ¿ lo correcto sería decir que alguien le ha picado? me suena un poco marciano

    Porque nunca hay un filologo cuando se lo necesita??

    • todo depende de hasta qué punto un mosquito tiene una vida psíquica. Puede ser semejante al debate de si un embrión o feto es “algo” o “alguien”. Aún faltan unos cuantos años más de estudio de los insectos y ahí no te sé contestar; pero en cuanto a mamíferos y otros vertebrados, no cabe duda de que poseen una vida psíquica muy semejante a la nuestra. Que poseen deseos, motivaciones, emociones y la capacidad para diferenciarse de los demás, saben que ellos son algo separado de los otros. Vamos, que son individuos, alguien, no cosas.

      • Sí, son cosas. Fin.

      • “alguien”

        pron. indef. que designa vagamente a una o varias personas.

        Los toros no son personas, así que no tiene sentido referirse a ellos como “alguien”.

        • ¿Entonces la figura de “persona jurídica” tiene más “derecho” a ser considerada por el lenguaje como “alguien” y un toro, que es un animal, con sistema nervioso central completo idéntico al de los primates humanos, debe ser nombrado como “algo”?
          Pues a ver si el lenguaje evoluciona con la ciencia, pq antes el racismo impedía, de igual forma, que un negro fuese considerado “persona” y llamar “cosa” a un ser sintiente, sea negro, toro o mujer está más cerca del creacionismo que de la lógica.

          • ¿Entonces los negros son como los animales?

            Vaya, eso es precisamente lo que siempre ha estado diciendo el KKK.

          • “un toro, que es un animal, con sistema nervioso central completo idéntico al de los primates humanos”

            No son idénticos, evidentemente.

            Entre decir algo o alguien quizá debería existir una palabra intermedia para animales no humanos con sentido del yo, pero mientras tanto yo usaría algo

  6. Me reconozco en la última frase.

  7. No te olvides de Homer Simpson y el cerdo en la pelicula!

  8. Ley de Pérez: En cualquier conjunto de comentarios alguien cometerá una falta real o imaginaria que derivará a ella la discusión principal.

  9. Cómo no recordar aquí la inmortal canción de Brassens, El Gorila:

    https://www.youtube.com/watch?v=Ii4IqtLkFmE

    (Si miran el Youtube, la versión es de Joaquín Carbonell, aunque ponga Sabina.)

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