John Carpenter tiene pinta de pasar las tardes sentado en el cobertizo de un rancho masticando tabaco del tamaño de un ladrillo y efectuando algunas pausas eventuales para mear whisky, intervenir a algún vampiro a corazón abierto o enviar las botas de viaje rectosigmoidoscópico a través de anatomía alienígena.
Y de quemar el resto de la víspera del día tocando el banjo a muerte. En su rancho. Su rancho en Marte.
Pero en realidad Carpenter (1948, Carthage, Nueva York) es un alma cándida y noble que ha crecido enamorada del sabor a polvo de los westerns de Howard Hawks, Sergio Leone o John Ford, del encanto de la sci-fi añeja de El enigma de otro mundo o Ultimátum a la tierra y de los paseos que se marcaba Godzilla por las urbes japonesas convirtiendo en pulpa a media población. Tanta (y tan selecta) ficción cinematográfica inoculó en su cuerpo la vocación de narrador de lo fantástico y desde su etapa impúber decidió agarrar una cámara, grapársela a la mano y contar cosas utilizándola de megáfono.
Se convertiría además en uno de los implantadores de ciertas convenciones típicas del cine de horror. ¿Ese plano de “va a ocurrir algo, pero ya” con la música ambiental dejándote claro que aparecerá un gato —o variante similar— de golpe en la escena solo para agraciarnos con un susto barato? Puro Carpenter. Y culpable de que el éxito de ese recurso haya sido fotocopiado hasta la saciedad y el agotamiento. También lleva su firma el encerrar a los personajes en espacios cerrados y rodar los escenarios confinados de modo que parezcan recintos llenos mientras al mismo tiempo se dota de una marcada sensación de vacío a los planos en exteriores. Todo ello rehogado con la sana costumbre que tiene el hombre de insuflar a sus terrores fílmicos un sentimiento latente de paranoia en ebullición.
A la larga el director se ha convertido en una de las figuras clásicas del cine fantástico, es mencionado junto a Wes Craven y David Cronenberg como miembro del grupo “las tres C del terror” y también ha logrado ser una de las escasas personas cuyo nombre ha transmutado en marca hasta tal punto que el anteponerlo apostrofado (John Carpenter’s) al título de cada una de sus películas se ha convertido en una obligación y a la vez en un Shut up and take my Money, con mayor o menor fortuna, solamente por el halo mítico que rodea al director. Carpenter podría rodar la vida inútil de una lechuga durante tres horas, y cuando la edición Blue-Ray de John Carpenter’s Lettuce saliera a la venta vendería más de un par de copias solo por el culto que arrastra el caballero. Y eso que convertir el nombre en sello solo está a la altura de unos pocos; Alfred Hichtcock obtuvo rápidamente tal reconocimiento mientras otros creadores, pese a ser rompetaquillas, solamente han llegado a adquirir mención en la promoción con taglines rancias como un “Del visionario director de 300”.
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Gracias por el post, esperando con ansia la segunda parte y las que caigan. Carpenter siempre me ha fascinado, de pequeño flipé con Golpe en la pequeña china y La cosa es una de mis películas preferidas. Veo cualquier cosa que haga, con sus altibajos me parece un director con tanto estilo y tan personal que se merece más respeto del que le dan en su tierra.
jajaja, lo de Isaac Hayes y su limusina con candelabros siempre me pareció el colmo de los colmos de la chulería y el macarrismo black power… Estas cosas sólo se le ocurren a Carpenter. Como diría el gran Héctor del Mar ¡cómo te queremos John Carpenter, más John Carpenter que nunca!
Que grande director, «la cosa» es sin duda una de mis películas de ciencia ficción preferida.
…
la filmografía d carpenter lo dice todo auténticas obras del terror y sci-fi como de culto, pero q me decís de su innato talento para componer sus propias bso para sus películas? con simples sintetizadores, crea una atmósfera melódica acojonante.
espero la segunda parte de este inmenso director!
:exclaim:
Pues, de las últimas que he revisitado de Carpenter ( a parte de La Cosa, esa la veo una vez al año), They Live! tiene una de las bandas sonoras más desastrosas que me he echado a la cara, y que contribuye a malograr del todo el ritmo de la película ¿Es una excepción o tenemos criterios opuestos?
por el amor de dios, sabotaje a john carpenter. la mayor parte de sus pelis empiezan fenomenal para deshincharse a la hora. vale que sus protagonistas molan (¿qué decir de james woods en vampiros?), pero sus finales son malísimoooooos!
de manera invariable los malos pasan de ser prácticamente invulnerables a ser meras dianas de las armas de los buenos y más inútiles que los soldados de star wars en un día de resaca.
mal, muy mal.
j
El final de The Thing es un claro ejemplo de final desastroso, claro que sí.
pues no, so mendrugo, evidentemente no. pero vampiros, la niebla, la terrible el principe de las tinieblas, sí y mil veces sí.
por no hablar del baratísimo remake de la aldea de los malditos (vean el original y agradezcanmelo en sus oraciones) o la desaprovechadísima primera hora de «en la boca del miedo» o cómo empezar dando mucho cague para acabar cagándola (salvo la escena final, cierto).
que no, coño, que no: que es un patata.
j
Tu no tienes ni idea, ya quisieran las pelis de hoy en dìa ser como las de Carpenter dentro del gènero sci-fi horror.
Anda, vete a tu cueva.
¿Y? A Carpenter le importan tres pepinos las convenciones de buenos vs. malos, la ortodoxia del argumento o cualquier otro academicismo. Si algunos pretendeis verlo como un mero director de cine de acción, o de género -de terror o fantasía- pues claro, no os satisfará del todo. Pero es que Carpenter es un perverso manipulador, está jugando, y hay que saberle entrar al juego.
Ay, si se llamase David Lynch… la cosa cambiaría. Lo que sucede es que Lynch no está interesado en decir nada, y Carpenter si. Y eso es una desventaja en estos tiempos que corren
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Empiezo a leer y me encuantro con frases cómo «encerrar a los personajes en espacios cerrados», sumado a que se trata de un panegírico dsobre un hombre que hizo como mucho una peli buena, y 45 mediocres o malas, dejo de leer.
Bravo bravo y bravo! Y aplauso máximo por mencionar el pimp car de Duke de Escape from New York.
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Salvo The Thing, Carpenter no ha hecho nada rescatable. Está muy sobrevalorado.
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