Derrick de Kerckhove: «O controlas el lenguaje o el lenguaje te controla a ti»

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[Versión en inglés]

Pese a contar con casi setenta años, Derrick de Kerckhove tiene una vitalidad y energía que ya querrían para sí muchos de cuarenta. Este alumno aventajado de Marshall McLuhan, con quien trabajó codo con codo, es ahora profesor del departamento de Lengua Francesa de la Universidad de Toronto y del departamento de Sociología de la Universidad Federico II de Nápoles, director científico de la revista italiana Mediaduemila, director de investigación de la UOC. Nos citamos con él en el IED Barcelona en una jornada aparentemente agotadora: acaba de aterrizar procedente de Milán, adonde había llegado el día anterior en un vuelo salido de Toronto; acabamos la entrevista pasadas las diez y media de la noche y de ahí se marcha a cenar con unos amigos, cuando al día siguiente ha de dar una conferencia sobre Social Business Design a las diez de la mañana en la recién inaugurada sede del IED para, seguidamente, volver a Canadá.

Usted nació en Bélgica, pero pasó una parte de su infancia en India y Pakistán.

Sí, fueron solo tres años, pero fueron muy importantes, porque hicieron que, ya desde la infancia, desarrollara una sensibilidad global, ya que vi muchísimos niveles de pobreza a los que no hubiera estado expuesto de haber permanecido en Europa. Además, vi una gran variedad de culturas: estaban los hindúes, los musulmanes, los sijes… Y sin ni siquiera salir de casa también tuve contacto con distintas realidades, ya que tenía muy buena relación con el servicio que trabajaba en la casa donde yo vivía. Era un contexto global, democrático y multilingüe. ¡Llegué incluso a saber escribir urdu!

¿Cuántos idiomas habla usted? Es belga, aprendió urdu, trabajó en Italia, ahora estamos hablando en inglés…

Soy muy malo para las lenguas. Me atrevería solo con el francés, el inglés y el italiano. Sabía algo de español, pero lo olvidé al aprender italiano. Y el urdu ya está olvidado casi completamente.

Pese a haber vivido en tan diversos países —ahora lo hace en Canadá— , casi todos eran países con varias lenguas oficiales. Como sabrá, en España también hay más lenguas, además del castellano. ¿Tiene alguna ventaja el hecho de ser bilingüe?

Los expertos cambian de opinión cada veinte años sobre esta cuestión, pero yo estoy seguro de que sí; y lo digo tanto desde mi experiencia personal como la de mis hijos. Tener dos idiomas desde pequeño es una enorme ventaja, ya que te da acceso a diversos enfoques del conocimiento y los sentimientos. Tener más de un idioma es una experiencia fantástica. Creo que, para el desarrollo humano, es algo muy bueno.

Según tengo entendido, usted participó en la Expo de Sevilla en 1992.

Sí, pero vamos, lo único que hice fue hablar. He venido muchas veces a España. En 1990, por ejemplo formé parte de Artfutura, con Moncho Algora, igual que en 1994. Y también estuve en Sevilla con Cyberarts, en Santander, en Coruña, en el Conde Duque de Madrid… vengo mucho a España, y mis libros se acostumbran a traducir al castellano. Y es que España tiene una gran conexión con las nuevas manifestaciones artísticas interactivas. Tenéis, por ejemplo, a ese maravilloso loco que es Marcel·lí Antúnez. Está como una cabra, pero es genial, he asistido a varios de sus espectáculos y me ha encantado. Pero también tenéis a grandes estudiosos, como Antoni Mercader, Román Gubern… gente muy interesante.

Usted estudió Lengua y Literatura francesas en la universidad.

Fue un accidente. Pero no estuvo tan mal, es algo que te educa la sensibilidad y te inculca un espíritu crítico, aunque creo que habría sido mejor arquitecto. Me habría encantado serlo, pero en esos momentos no me di cuenta de lo bueno que habría sido estudiar Arquitectura.

Pero tras eso estudió Sociología y Nuevas Tecnologías.

También fue un accidente. Ahora que lo pienso, mi vida no es más que una sucesión de maravillosos accidentes. Me acabó aburriendo la literatura francesa y mi mujer, que entonces era mi novia, me dijo que si me aburría en la Universidad de Toronto porque me quedaba en el departamento de francés es que era idiota, porque debería ir a escuchar qué decían los muchos profesores famosos de la universidad, admirados en todo el mundo. Y me dio los nombres de Marshall McLuhan, Northrop Frye y Robertson Davies. Davies era un novelista y, bueno, no estaba mal. Frye era un crítico literario muy famoso e importante, pero no me emocionó. Pero McLuhan… fue fantástico. No entendía nada de lo que decía, y quizá por eso me pareció tan interesante.

Hoy en día mucha gente lleva siempre encima una conexión a Internet, normalmente a través del móvil. Y, en cuanto hay una pequeña discusión entre amigos sobre qué año fue tal guerra o quién protagonizaba tal película, siempre hay alguien que lo busca en Google, acabando así la disputa. ¿Eso es bueno?

Es absolutamente fantástico. No es más que una memoria aumentada. ¿Preferirías no tenerla?

Nadie estará equivocado, antes de hablar siempre se consultará en Internet.

Es una discusión de hace siglos. Amon-ra, el dios de todos los dioses del Antiguo Egipto, le dijo a Tot, el dios que inventó la escritura, que con su invento no iba a ayudar a los humanos, sino que iba a matar la memoria humana. Las personas basarían su memoria en lo escrito, y confiarían solo en ello y no en su cerebro, volviéndose, así, idiotas.

¿Es más importante saber dónde encontrar una información que conocerla?

Absolutamente. Estamos asistiendo a un cambio en las reglas del juego. Sí, será todo más superficial, pero piensa en la cantidad de guerras que hemos tenido que pasar por culpa de las ideologías y los grandes pensadores… no, estoy bromeando, aunque solo en parte. Evidentemente, es importante poseer una cierta profundidad intelectual, pero está mal condenar lo que está pasando hoy basándonos en ello, porque el entorno es totalmente distinto. El simple hecho de que podamos navegar por Internet y tener acceso a la información lo convierte en un entorno cognitivo totalmente diferente. No podemos operar mental, sociológica y psicológicamente de la misma manera que lo hacíamos cuando nos teníamos que ganar la información. No solo hemos expandido nuestra memoria, sino también nuestra inteligencia. Es una realidad aumentada y una mente conectada con acceso a todo. Tenemos que encontrar reglas de actuación diferentes ante este nuevo sistema.

¿Qué tipo de reglas?

Respecto a la educación, por ejemplo, recomendaría dos cosas fundamentales: aprender a leer sobre papel y permitir a los niños que aprendan juntos, incentivarlos para que colaboren. En lugar de esa competición despiadada que es hoy en día el sistema educativo, haz que aúnen conocimientos; son gente inteligente, y cuanto más trabajen juntos más recursos aportarán. ¿Por qué, por ejemplo casi todas las innovaciones de Internet son creadas por más de una persona? Están Serguey Brin y Larry Page, creadores de Google; los de YouTube, que eran tres… aunque es cierto que el del chat fue solo uno.

Ha dicho que los niños deberían aprender a leer sobre papel. ¿Cree entonces que los libros no desaparecerán?

Espero que no, porque sería un problema. Creo que son la conexión entre la lectura y el control sobre el lenguaje. Porque o controlas el lenguaje o él te controla a ti. Es la historia de las sociedades con tradición oral frente a las de tradición escrita. Y la de las sociedades con tradición escrita frente a las de tradición electrónica. En una sociedad oral el lenguaje controla el cuerpo, porque es dominante, y la persona está sujeta a él. En una sociedad escrita tú controlas el lenguaje; controlas el medio más importante de todos. Y si lo dominas logras desarrollar una identidad y una privacidad, una cierta profundidad. En una sociedad electrónica no se trata solo de oral o escrito, sino que es un híbrido, por lo que pierdes mucho control. Pero ganas cierto poder, ya que el lenguaje a través de la electricidad es algo muy poderoso, aunque sea un poder que también te controla.

Usted afirma que si nos rodeamos de gente inteligente nos volveremos más inteligentes. ¿Funciona también al revés?

Sí, es lo mismo que pasa con las emociones, si te mezclas con gente feliz, probablemente serás feliz. Si estás en la escuela y tus compañeros de aula son mucho más tontos que tú, te volverás un solitario, por lo que optarás por «atontarte» para integrarte en el grupo y no quedar marginado, que es algo básico en la adolescencia. Y lo contrario, si todos los que te rodean son mucho más brillantes que tú estarás obligado a espabilar para mantener tu trabajo y tu dignidad personal, por lo que te exigirás más y, en consecuencia, probablemente conseguirás más.

¿Cree entonces que es algo positivo el tener en las escuelas unas clases para alumnos más brillantes y otras para más rezagados?

No me gusta el elitismo que implica, pero entiendo que, aunque quizá no sea el método más adecuado, es lo correcto, ya que motiva el desarrollo de la mente.

Usted menciona, en algunas ocasiones, el término «inteligencia colectiva». ¿Sería Wikipedia un ejemplo de ello?

Es un ejemplo fantástico. De hecho, la inteligencia colectiva existe en muchas maneras, pero la parte más importante creo que es la inteligencia conectada. Tomemos cualquiera de estas webs 2.0: redes sociales, Twitter, blogs… lo que han conseguido estas webs es hacer que la gente mejore sus capacidades. Wikipedia es algo donde cada uno, anónimamente, contribuye para conseguir una enciclopedia común. El anonimato es muy interesante, porque permite a la gente contribuir sin tener que competir. Otro ejemplo sería Innocentive. Se trata de más de cien mil personas (médicos, químicos, investigadores…) que tienen un diario de preguntas y, cuando quieren, los integrantes de Innocentive van mirando las preguntas y, cuando conocen la respuesta a alguna, la responden.

Sería una Wikipedia de alto nivel.

Sí, pero además es una Wikipedia orientada a la ayuda. O Twitter, por ejemplo, es otro extraordinario sistema de expansión del conocimiento. Hay un montón de innovaciones para aumentar la inteligencia colectiva, y cada día se inventa una nueva.

En España tenemos, con la ley Sinde, el debate de las descargas ilegales. Algunos argumentan que limitar las descargas gratuitas y luchar contra la piratería es una forma de censura.

Nunca se me había ocurrido enfocarlo desde ese punto de vista, pero es muy interesante. Realmente nunca se va a poder evitar que la gente se descargue cosas, así que, en lugar de luchar contra ello, deberían intentar integrar ese fenómeno en un nuevo tipo de negocio que ayude en la creación de música, por ejemplo. Aparte, no olvidemos algo muy importante. ¿Por qué la gente lo piratea? Primero, porque los precios son exorbitantes; y segundo, porque el dinero raramente va al artista. Has de ser una banda realmente muy famosa para poder pagar tu propia promoción. Así que muchas bandas jóvenes están empezando a optar por poner su trabajo online, creando cosas como el crowdfunding para conseguir involucrar a mucha gente que les ayude en su proyecto. Estuve en la Biblioteca del Congreso, en Washington, en 2004, que fue el año en que aceptaron prorrogar los derechos de Disney sobre sus obras durante noventa y cuatro años más. El copyright fue, si no inventado, codificado y ordenado por Benjamin Franklin, y cuando habló sobre el tema, lo que dijo fue que se debía proteger la creación de la propiedad intelectual para motivar esa misma creación, pero al mismo tiempo dejó claro que, después de unos años, esa propiedad intelectual debía pasar a ser pública. Y ese plazo lo fijó en catorce años. ¡Y hoy en día Disney ya hace más de cien años que mantiene esa propiedad! Es algo escandaloso. Estamos de acuerdo en que es una empresa y, por lo tanto, ha de pagar a sus trabajadores, pero gana mucho más dinero del necesario para ese fin, y lo hace dando un muy mal ejemplo. Por eso me encanta el copyleft y Creative Commons.

Cuando apareció la radio se convirtió en el principal medio de comunicación, al cabo de unos cuarenta años apareció la TV y le robó el protagonismo; al cabo de aproximadamente cuarenta años apareció Internet, y hoy es el principal medio de comunicación. ¿Qué podemos esperar para el 2030?

No puedo contestar a esa pregunta, pero te puedo dar un ejemplo de lo más interesante que he visto últimamente en el campo del arte y tecnología. Uno de mis compatriotas, David Rokeby, montó una instalación llamada Very nervous system (Sistema muy nervioso) que funcionaba entre Róterdam y Toronto. En cada una de esas ciudades había una sala cuadrada con un altavoz en cada esquina. Y el montaje era tan impresionante que estabas en Róterdam y podías oír la respiración de la persona que estaba en el área habilitada en Toronto. Cerrabas los ojos, te dejabas guiar por la respiración, y daba la sensación de que, realmente, tenías a pocos centímetros a esa persona de la que te separaba el océano Atlántico. Era un momento increíblemente íntimo. Es una experiencia fantástica. Tienes que probarla, porque te la pueden explicar, pero realmente, cuando la vives, sientes a esa otra persona. No es un teléfono, ni Skype, casi tocas a esa persona. Me has preguntado por el próximo gran medio de comunicación: podría ser eso. Por cierto, hace poco también experimenté otra instalación, que no deja de ser una gran broma, pero es una broma. Y es una broma que funciona. Me fascinó. Es de Cristophe Bruno, que se define como ingeniero, pero que yo lo considero un gran artista. Te colocan en el cuello un pequeño esparadrapo y has de introducir, en una web determinada, diez palabras desagradables: tortura, persecución, guerra… Y como sabemos, los buscadores funcionan con palabras clave. Pues bien, cada vez que el buscador encuentra un determinado número de veces esa palabra entre los servidores de noticias recibes, a través del esparadrapo, una pequeña descarga eléctrica. Es la nueva versión de la autoflagelación, compartes con Cristo la salvación del mundo. No es más que una broma, pero una broma profunda. Y también es táctil. Es otra conexión táctil con el mundo.

Seguro que si en lugar de «tortura» o «guerra» introduces palabras como «literatura» o «arte» recibes muchas menos descargas.

Es lo que yo llamo «arte homeopático»: una pequeña dosis de veneno afecta a todo el cuerpo, pero sin llegar a matarte. Es solo una señal de aviso.

Angie Varona es una chica cuyas fotos en bikini adquirieron tal fama en Internet que, según afirmaba entre lágrimas en una entrevista, han arruinado su vida.

La gente realmente famosa no disfruta con la popularidad, igual que hay gente que no puede vivir sin ella. Supongo que esta chica no sabía cómo funciona Internet, pero me pregunto por qué colgó sus fotos, en primer lugar.

Según algunos, al circular tal cantidad de información sobre nosotros mismos, con el paso del tiempo nos hará más benevolentes con los errores o intimidades ajenas, ya que si se pusieran a escarbar, probablemente encontrarían también nuestros trapos sucios.

Eso nos lleva a hablar de tolerancia cultural y social. Creo que ese planteamiento no es muy desacertado, y tiene que ver con el hecho de que todo es más globalizado. No podemos considerar nuestro entorno más cercano como el fin del mundo, porque no lo es. Hay mucho mundo más allá y está lleno de gente. Nos encontramos en un tiempo de ética incierta: no sabemos quién tiene razón y quién no, y todos estamos esperando algo. Los indignados son un ejemplo de gente cuya dimensión ética se ha vuelto algo más real, igual que fue Wikileaks.

Ahora Wikileaks tiene muchos problemas.

Evidentemente, pero espero que algo parecido aparezca en otra forma, porque es muy importante. Desgraciadamente, han conseguido amordazarlo, dar una muy mala reputación a Julian Assange… Y, si nos fijamos, no reveló nada especialmente significativo, pero es que tampoco fue necesario. Antes de Wikileaks pensábamos que pasaba algo, pero no estábamos seguros; ahora no necesitamos estar seguros porque sabemos a ciencia cierta que hay algo que ocultar.

Hablemos un poco de Marshall McLuhan. Usted le considera su «maestro».

Sin él yo no estaría aquí.

McLuhan afirmaba que «el medio es el mensaje». Entonces, ¿es inútil esperar a que se haga algo nuevo en el campo del arte o la cultura porque ya está todo inventado?

No, de ninguna manera. Lo que está pasando ahora es tan grande como lo que pasaba durante el Renacimiento, y podría llegar a ser aún mayor. Se trata de un cambio de la manera de ser. No simplemente un cambio de la política o del humor, sino un cambio integral. No estoy seguro de hacia dónde vamos, pero creo que estamos explorando posibles maneras del ser. Y en el cine queda muy claro. Lo llamo «Pinocho 2.0»: Blade Runner es un ejemplo de ser un replicante, en Tron se trata de entrar en la máquina, en Avatar, con el 3D, se trata de entrar en la pantalla e ir más allá, El show de Truman es sobre ser el centro de atención de todo el mundo sin saberlo… hace unos años no le prestaba mucha atención al cine de Hollywood, pero ahora están demostrando ser muy inteligentes. Siempre me ha fascinado el hecho de cómo proyectamos nuestra propia imagen. Y por eso me encanta Stelarc. De hecho, la primera vez que lo vi fue en Barcelona. Dio una conferencia aquí y yo conduje desde Niza solo para escucharle. Dejé el coche en medio de la autopista o no sé dónde, fui a la charla y, cuando volví, evidentemente, mi coche ya no estaba. Me costó bastante dinero recuperarlo.

¿Valió la pena?

Desde luego, fue una charla magnífica. Y Stelarc es un ejemplo de lo que te estaba diciendo, es un hombre que intenta diversas maneras de ser humano. Sobre todo físicamente, pero también psicológicamente. Es tan conocido como Marcel·lí Antúnez, en todo el mundo. Tuvo cierta repercusión cuando se hizo crecer una oreja en el brazo. Al respecto le dije que era la persona más desagradable que conocía, y se extrañó. Pero entonces le aclaré que se lo decía como un cumplido.

McLuhan habló también del concepto de «aldea global», y eso fue en los años sesenta, cuando nadie podía ni tan siquiera imaginarse algo como Internet. ¿Era un Jules Verne del siglo XX?

No, fue algo distinto. Llegó a esa conclusión tras darse cuenta de que intentar enseñar literatura a los estudiantes norteamericanos era absolutamente inútil. No lo pillaban. Por eso, intentando buscar una solución, se preguntó cuál era el entorno cultural de esos estudiantes y, mirando a su alrededor, vio un anuncio. Entonces escribió un libro, The Mechanical Bride, donde se dedicaba a analizar imágenes. Preguntaba a sus estudiantes qué les transmitían esas imágenes, y estos lo encontraban interesante. Las imágenes les transmitían algo, mientras que los textos no lo habían conseguido. Y por eso empezó a estudiar la cultura como un objeto de análisis.

Usted, en su libro The Alphabet and the Brain, explica por qué escribimos de izquierda a derecha.

Sí, la razón de que lo hagamos de izquierda a derecha y no al revés, como los árabes o los hebreos, es que nuestro alfabeto es una serie continua de signos: consonante-vocal-consonante-vocal, por lo que es una representación de sílabas unidireccional que obliga a la mente a analizar lo que leemos. Mientras que si tienes que adivinar, tener una visión iterativa antes de acabar la palabra, es más importante ver la palabra como imagen, no tanto analizar lo leído. Y ese gran cambio en la escritura se produjo porque las lenguas semíticas separan mucho las consonantes de las vocales. Las consonantes son la sustancia de la palabra, el lexikon, mientras que las vocales son la conexión gramatical entre las palabras. En el griego, como lengua indoeuropea, el lexicón no se basa solo en las consonantes, sino en las consonantes y las vocales. Y eso fue lo que hicieron los griegos, adaptaron el sistema fenicio, que era una lengua semítica. De hecho, los griegos no separaban las palabras ni las frases, por lo que aún se tenía que «adivinar» un poco lo que estábamos leyendo.

Para terminar, volvamos al inicio de la entrevista y a sus propios orígenes con la literatura francesa. ¿Quién es su preferido? ¿Balzac? ¿Stendhal? ¿Apollinaire? ¿Baudelaire? ¿Victor Hugo?

Blaise Pascal. Es la conexión entre nuestro tiempo y la Edad Media. Era muy religioso y tenía una sensibilidad muy diferente a la común de su tiempo. Me encantaría que un Pascal me hablara de la sensibilidad del quantum. Es un cambio de punto de vista.

No sería el más famoso de los escritores franceses.

No, pero me encanta. Amo la inteligencia, y era un hombre enormemente inteligente, pero al mismo tiempo muy apasionado.

Ya que no es tan conocido, ¿qué obra suya nos recomendaría para empezar?

Pensées. Consíguelo, léelo y déjale cierto tiempo para que se asiente en tu mente. Es fantástico.

Fotografía: Eric Pàmies

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