Entrevistas Eros Ocio y Vicio

Amarna Miller: «Me parece hipócrita que se omita el sexo en todas las obras supuestamente artísticas»

Amarna Miller para Jot Down 0

Amarna Miller (Madrid, 1990) es una licenciada en Bellas Artes que empezó a los 19 años en el mundo del porno. Tiene 24 años y mide 1,63 (el resto de medidas pueden encontrarlas fácilmente en internet). Es una actriz inusual, en el sentido de que suele hablar de literatura o manga o ciencia ficción en sus entrevistas (se bautizó Miller por Henry Miller, sin ir más lejos), y además es famosa en su medio y trabaja para decenas de compañías internacionales. Incluso llegó a fundar su propia productora, Omnia-X (hoy desaparecida).

Esta es la primera vez que entrevisto a alguien como ella, así que no sé muy bien qué esperar. A lo largo de mi vasto y azaroso currículo he entrevistado a muchísima gente, pero casi siempre se trataba de rocanroleros o literatos, con el ocasional cineasta de vez en cuando y algún freak para alegrar el cotarro. Pero, ¿pornstars? He ahí una disciplina a la que nunca me he asomado (más allá de como usuario irregular). Tras unos días documentándome sobre el tema (estaba de verdad documentándome sobre el tema), decidí charlar con Amarna Miller. Más allá de sus atributos físico-artísticos en el campo que domina, me parecía una persona articulada, con la cabeza amueblada dignamente e intereses variados más allá del fornicio en todas sus variantes.

Cuando Amarna Miller me proporciona su teléfono personal (no se lo da a cualquiera, sépanlo) paso un día entero orbitando alrededor de su programa fílmico. Hoy graba en unos estudios de La Pau, a las afueras de Barcelona. Un rápido vistazo a Google Maps me arroja a la cara el clásico conjunto de depósitos de alquiler donde los psychokillers de las series descuartizan a sus víctimas. En La Pau nadie escuchará tus gritos. Tras perderme un par de veces, al fin la veo, bajo la farola de una calle desértica. Es mucho más bajita de lo que imaginaba, lleva una mochila nerdy gigantesca colgada a la espalda, botas reforzadas de caña alta estilo Martens, parka y un gorro de lana del que emerge su célebre cabellera cobriza. Parece de todo (una fan de Limp Bizkit, por ejemplo) menos una actriz X. Cuando nos presentamos, ella me responde con una voz muy aguda (ella misma dice que tiene «voz de pito») y la llevo (en metro, nada de excentricidades) al respetable y muy civilizado café del Ateneu Barcelonès. Me figuro que es el sitio más incongruente posible para alguien con su historial. Destrozando mi primer cliché porno de la tarde, Amarna no pide cocaína y champán, sino un Cacaolat bien caliente. Las cosas se ponen más y más interesantes desde ese punto.

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116 comentarios

  1. «Me parece hipócrita que se omita el sexo en todas las obras supuestamente artísticas».

    Que se lo digan al señor Houellebecq.

  2. Sin que venga mucho al caso con el global de la entrevista, me hizo gracia lo de imaginar a Robert Smith en pijama. Hará cosa de 10 u 11 años estaba currando en un festival en el que tocaban The Cure, y así sobre media tarde apareció por el recinto el señor Smith y me comentó un colega «mira tío, acaba de entrar el de los Cure». Me acerqué esperando ver a un personaje rodeado de un halo de misterio y venía con su peinado y su maquillaje típicos… pero con un chandal adidas bastante ajado (y probablemente comprado cuando pesaba 15 kilos menos, porque se notaba que le iba apretado). En fin, una mera anécdota que se me viene a la cabeza leyendo esta entrevista.

  3. IWrestledABearTwice

    Una entrevista muy interesante, pero me chirría eso de ‘deberías hacer porno porque te gusta’
    Si ves que puedes empalmar frente los focos, no te molesta que se te corran 20 fulanos gordos en la cara o no te importa que te escupan en la boca mientras te abofetean porque al final te pagan X cantidad de pasta que tu consideras necesaria, adelante; ve a un casting y a ganarse las pelas. Lo de trabajar porno porque te gusta suena muy bonito pero es una quimera.Y respecto a lo de los actores, recomiendo leer una entrevista en Orgasmatrix a un ex-actor bastante interesante llamado Danny Wilde (creo que era así) sobre el uso de productos ‘pa empalmar’, por parte, en sus palabras, de casi todos los actores de la industria yanqui y que al propio Danny casi le cuesta literalmente la pol**. El tío también está muy leído y creo que además tiene una banda de metal industrial y no sé si ha escrito algún libro, además de ser un actor ‘mainstream’ que ha actuado tanto en escenas gays como hetero.
    +10 puntos por la fase de Iwrestledabearonce.

  4. Leído, cielo :) muy interesantes la entrevista y tus opiniones.

  5. Muy buena entrevista, pero ABSOLUTAMENTE FANTÁSTICO el discurso de Amarna. Me encanta el planteamiento feminista y el enfoque (crítica) de género. Me ha absorbido de principio a fin.

    (Y además, también soy fan de Harry Potter y aborrezco Cincuenta Sombras de Grey, jaja).

  6. Antonio Alcántara

    Pero si Robert Smith siempre va en pijama! Muy fan de la obra de esta ARTISTA con mayúsculas.

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  9. Esa chica te supera notablemente. He notado en toda tu entrevista tus intentos por inferiorizarla indirectamente continuamente de forma absurda, y sin embargo, en vez de dejarla mal, has quedado tú peor. Te ha dado un buen discurso y lección, mostrando su alta autoestima, y ha sido respetuosa, al contrario que tú.

  10. El entrevistador me pareció que abusaba del «name-dropping», un poco desubicado y con una actitud ensimismada en muchas preguntas. ¿Qué me importan tus observaciones sobre ser novelista o periodista si estamos intentando conocer a Amarna?

    Un buen personaje que no fue explorado a su máximo potencial por culpa del ego del entrevistador.

    • De acuerdo contigo. Muy interesante la entrevistada, pero el entrevistador demasiado ‘yo, mi, me, conmigo’, no aprovecha para nada a una persona bastante interesante, además de que se marca un egotrip de primera división en sus preguntas/divagaciones innecesarias.

      • Tal cual! pensé eso mismo: muy malo el entrevistador, empañó la charla, puro ego, es un estilo para entrevistar, esos que quieren pavonearse.

  11. toni bolognio

    Lo del ego de este entrevistador es de traca y un caso clínico. Cuando ya al principio leí «A lo largo de mi vasto y azaroso currículo […]» estuve a punto de dejar ahí la entrevista. O también cuando suelta que le aburren las escenas de sexo en el cine o literatura porque es «algo que le es familiar en exceso». Como dice alguien en un post anterior, cuando leemos una entrevista queremos conocer al personaje y, si esa es tu forma de conectar con el entrevistado (¿?), deberías de buscarte otra porque al final pasa lo que pasa, y terminas «retratado».

  12. Sin afán destructivo sostengo el comentario de Andrés ya que lo pensé varias veces a lo largo de la entrevista.

    Los entrevistadores muchas veces nos ensimismamos en tratar de hacernos resaltar en la entrevista junto con el entrevistado y hacemos que el ritmo se pierda y se nos vea el plumero intentando fardar de ocurrentes eruditos. Tenemos que controlarnos más, parafrasear menos y centrarnos en conducir al entrevistado para que se sienta cómodo a hablar más.

    Simplemente una opinión más sobre una buena entrevista que quizás podría haber dado más de si.

  13. Lo que más gracia me hizo fue lo de repetir una y otra vez eso de que ella se considera feminista y no se dedica al porno profesionalmente ni para ganar dinero sino como un hobby, pero bien que alimenta el porno heteropatriarcal con el que quiere acabar cuando cuenta la anécdota sobre un rodaje en Budapest. Según ella no vive de esto, ni es su trabajo, sólo su hobby, además de tener una productora productora. Yo creo que sí tienes la necesidad de vivir del porno, sino no, según tus principios, no lharías estas escenas.

    • Lo que más me ha molestado a mí ha sido precisamente su uso de términos neolingüísticos como «heteropatriarcal» y «heteronormativo», que lo hetero va camino de convertirse en el muñeco de pimpampun de las minorías otrora oprimidas y, al parecer, con vocación de opresoras (ya decía aquel que el esclavo no aspira a ser libre, sino a convertirse en amo)

  14. La Escuela Podenca

    A los que le seguimos hace tiempo no nos sorprende, pero la acuciante nece(si)dad del señor Amat por ser él y solamente él el protagonista de todas las entrevistas que hace es ciertamente preocupante.

  15. «La visión que se vende siempre de la industria está muy estandarizada (…) «chica con problemas familiares de una familia desestructurada»»

    Lo de familia desestructurada, por más que se utilice, no significa nada concreto. Además, todas las familias tienen estructura :)

    Vivir hasta los seis años con padres mayores sin relacionarse con otros niños y dentro de una casa de la que apenas salía y luego ser el patito feo del colegio es de manual de psicología.

  16. Esta claro que una persona que se dedica al porno va a estar «encasillada»… prejucios? ufff no se, a lo mejor habra que ver esto con perspectiva dentro de unos años, a día de hoy está claro que su «atrayente» no es ser «culta» de por sí, sino ser «culta» dentro del porno (como dice la entrevista otras antes ya han tomado ese camino).

  17. rayvictory

    La entrevista muy buena.
    La chica es interesante, a mi me gusta lo que escribe y sus opiniones.
    La chica es guapa, estilo chica publicidad Tampax o agua Evián, pero guapa.
    En definitiva, casi todo lo que conozco de ella me gusta.
    Digo «casi», porque lo único que no me gusta de ella es como actriz porno: cuando actúa tengo la impresión que o bien tiene una semisonrisa que viene y va, o a veces directamente parece que está descojonada.

  18. Muy interesante tu punto de vista. Buscaré alguna de tus pelis :)

  19. «Es una actriz inusual, en el sentido de que suele hablar de literatura o manga o ciencia ficción en sus entrevistas (se bautizó Miller por Henry Miller, sin ir más lejos)».

    Bendito sea el mundo éste en que vivimos, en el cual citar el nombre de un autor es ya un símbolo de cultura; y de estatus cultural y racional inapelable. Y si encima habla de que lee manga, o hasta libros, apaga y vámonos. ¡Si piensa y todo!

    No me meto con la actriz («sólo me desnudo si lo exige el guión», dijo la actriz porno: que reza el chiste), sino con el superficial modo de presentarla.

    • James Rodriquez

      Total de acuerdo con Javier C.

      Seguro que Kiko Amat es un gran periodista eso nunca lo pondría en duda. En realidad soy asiduo en sus artículos en Rockdelux. Pero me parece que en este artículo ha tirado de tópicos y ha usado el tradicional «profesional del balompié/baloncesto/… cultivado que todo el mundo pensaba que era un zoquete».

      El personaje seguramente tenia mas jugo y nos podría haber mostrado mas cosas sobre el género (Al final me he quedado con que el 90% del porno es propiedad de una sola empresa).

      De todos modos hay que reconocer que es un tema aun controvertido y poco explorado en el periodismo convencional.

  20. Pingback: Porn, porn, porn: Kiko Amat entrevista a Amarna Miller | Bendito Atraso

  21. Extraña reacción incriminatoria contra Kiko Amat. ¿Alguno de vosotros es lector de Rockdelux? Hace años, muchos, que sigo la trayectoria del Amat y el ínclito Kiko puede ser acusado de varias cosas, pero siempre ha sido claro como el agua. Es visceral, entregado a sus causas, equivocadas o no, poco racional en ocasiones, entusiasta, ligeramente ególatra (primera piedra y todo eso), autodidacta, y apasionado. Pasión, extraña palabra que ha sido desterrada con furia de la crítica, de la literaria, de la musical, de la personal. Y si, chica interesante ésta y con cosas que decir (y que hacer, que duda cabe). Pero, una pregunta: releo una vez más la entrevista. ¿Quién suena más pretencioso entre parte contratante primera y segunda? Y pretencioso alude en esta ocasión a pretender, a parecer ser lo que no se es. O a parecer «más de lo que se es». Un mal de muchos, un mal de todos. Y esta chica resulta impostada, pero interesante pese a todo. Y con el pelo rojizo, a lo que parece, el señor Amat me perdonará el atrevimiento, pero la veo más «Come on Eileen» que visionaria del hardcore milenario y troglodita. Gracias.

  22. Cruz Alarcia

    Una entrevista de lo más interesante, en cuanto a mostrar la persona detrás del porno (por decirlo de alguna manera).

    A propósito del titular, no he podido evitar acordarme de Luis Quiles y su controvertida obra… Si os interesa:

    http://codigonuevo.com/si-te-censuran-algo-estas-haciendo-bien/

  23. pues ya sabes, chica, CREA…

  24. No acabo de entender la obsesión que tienen algunos por dignificar o dotar de trascendencia a un género que jamás pasará de ser mera asistencia a la masturbación.

    Me sorprende no leer artículos similares reivindicando las posibilidades artísticas de su medio a, qué sé yo, actores/directores de videos de autoayuda, escritores de instrucciones de electrodomésticos, o fotógrafos de fichas policiales.

    Por otro lado uno, que ya tiene unos años, no puede evitar sentir que está escuchando desvariar a una chiquilla con un par de lecturas mal asimiladas mientras comete un error del que, cuando tenga más edad, experiencia, y otras prioridades en la vida, se arrepentirá…

  25. Alguien debería explicarle al Sr. Amat que si entrevista a alguien la opinión que nos interesa es la del entrevistado y no la del entrevistador. Por lo demás, genial.

  26. Duca Lamberti

    Hablar de «heteropatriarcalidad» en el género pornográfico es un puro «purparlé». La corriente principal es no ya machista sino degradante, tanto para hombres como para mujeres. Entiendo que hay gente para todo pero esos horrores perpetrados por productoras como las que la chica nombra (Reality Kings, Brazzers…) son caricaturas de cópulas entre caricaturas de hombres y caricaturas de mujeres. No entiendo las tetas operadas ni soporto los músculos de los brutos sementales; no me gustan las artificiosas acrobacias ni los coitos convertidos en puro ritual que sigue un esquema prefijado fácil de seguir a lo largo de una y mil películas similares.

    Sigo ahora con una «separata». El discurso feminista de hoy en día me parece pura mierda. Yo soy, para qué negarlo, de los que han incorporado el «gender» anglosajón no como «género» sino como «jenaro». No creo que una actriz porno gane mucho incorporando a su lenguaje los tópicos de los prohibionistas/»abolicionistas»/redentores. Creo en la lucha de clases mucho antes que en la lucha de sexos y pienso que el postmodernismo ha dañado acaso irreversiblemente a la izquierda.

    Continúo con el tema principal: yo no tendría problema en ser amigo (en mis circunstancias no podría ser otra cosa) de una puta o de una actriz porno pero creo que jamás podría excitarme viendo una de sus películas. Con esta chica me sucede algo así: creo que, tras leer esta entrevista, nunca podré ver una de sus películas o, al menos, disfrutar con ellas. Pese a lo que he dicho en el primer párrafo, soy consumidor del género pero me gusta no sólo la naturalidad sino, sobre todo, la distancia. Me gusta que me hagan creer que la pornografía está hecha por personas reales retratando situaciones que pueda aceptar como reales porque necesito que me resulte verosímil: y por eso rehúyo las vertientes más grotescas. Eso no quiere decir que no busque a veces exageraciones o distorsiones, pero en esos casos ya sé que lo que estoy viendo es tan falso como las relaciones sexuales que nos pueden presentar en los telefilmes de sobremesa. Busco en la pornografía una especie de elefante blanco, no muy distinto del que suelo buscar en el cine normal: personas que representen su papel y lo hagan bien, llevándome a creer que lo que estoy viendo es -y ya sé que suena a broma o a exceso de inocencia o a saber qué- aceptablemente real (a no ser que quiera cine fantástico, que es cuando sé qué es lo que espero que me den y, desde luego, de realismo el justo). Dentro de los estrechísimos márgenes del género es acaso pedir demasiado pero, como dice Dolmancé, «¡Ah, joder! ¿Puede ser uno delicado cuando la tiene tiesa?».

    En cualquier caso, deseo a esta chica que tenga suerte en sus carreras.

  27. A mi me ha encantado lo de «nací en una familia de clase media-baja» para luego aclarar que vivía en un chalet de tres plantas y sus padres no tenían que trabajar porque vivían de rentas…

  28. Cuanta mentira en los primeros parrafos. Los que te conocemos desde hace tiempo sabemos que es cierto y que no. Los que te hemos acompañado un gran tiempo hasta que has decidido que ya no mereciamos la pena. Cuanto has cambiado marina, marinaca.

  29. Lo de que esta mujer sea feminista me parece de traca… Realmente la personalidad de «cool girl» que se ha fabricado o en que se ha convertido es principalmente una fantasía masculina… Ni más ni menos que podría ser un personaje de una novela de Kiko Amat… Culta, misteriosa, liberal, postmoderna, artista… y además ¡actriz porno! ¿Es así porque quiere? o es producto del -voy a inventar una palabra- «neomachismo», que realmente es el machismo de toda la vida.

    Lean a Gillian Flynn acerca del síndrome de «Cool Girl», no es que sea mi escritora favorita pero me parece una reflexión muy interesante para los tiempos que corren

  30. carmine basilio

    Antaño vi bastante porno; por mi edad, ochentero y de los noventa; he leído también algunos libros sobre el tema, que siempre me interesó, entre ellos algunas biografías de actrices y alguno de Paco Gisbert, autoridad en la materia; también he visto el impagable documental que hicieron en el plus a la donostiarra Rebeca Linares, una referencia de verdad en este mundillo, o el de La piel vendida, y leyendo la entrevista no me creo nada de lo que dice esta chica. Todo suena como a música celestial, pinta un mundo de color de rosa que nada tiene que ver, al menos hasta donde conozco, con la industria X. Es más, con la deriva que ha tomado el porno, no le auguro un gran provenir yendo de la chica lista y cachonda que ha leído un montón. Ya veremos lo que dura en el ramo… Pero, en fin, ¡siempre nos quedará Salieri!

  31. Me sorprende que diga «Ahora mismo están apareciendo otros modelos de representación, como Erika Lust, algunas chicas en América, otras en Europa… » Precisamente, Lust ha sido la primera en hablar del género pornográfico desde otra perspectiva que la habitual. Y desde hace más de 2-3 años. Y que esta, que no sé en qué entornos es conocida, diga que AHORA sale gente como Erika Lust, como cualquier cosa… pues es un poco sobrada.

    Que se metiera a actriz para decidir lo que quería hacer, me parece muy bien pero en lo audiovisual el mejor puesto para decidir sobre tu obra es ser el director o el guionista.

  32. carmine basilio

    Hace más de una década escribí un relato sobre todo esto. En él, mi visión no era tan dulce como la de esta mujer.

    JUSTINE RELAY
    (1994 – 2001)

    El cuerpo sin vida de la actriz porno española Justine Relay (su verdadero nombre era María Lares Gómez), de 33 años de edad, apareció el pasado lunes en su casa de Barcelona. Fue su compañero sentimental, el director Samuel Magnífico, quien la encontró en la cama del dormitorio cuando llegó a primera hora de la mañana, después de un viaje de trabajo, al domicilio que compartían en la capital catalana. Al parecer, y según los primeros indicios, el fallecimiento de la actriz lo habría causado una sobredosis de somníferos, aunque se está a la espera de conocer el resultado definitivo de la autopsia. Consternados por el suceso, sus amigos y compañeros de profesión han manifestado que no había nada que hiciese presagiar tan trágico final. Precisamente, sólo dos semanas antes Justine había terminado de rodar en Budapest con Samuel el filme “La entrenadora IV”, última parte de una saga con la que, junto a otros títulos, la actriz española logró fama internacional.

    Había leído la escueta noticia escondida en una página de cultura, sección cine, de un periódico madrileño, mientras hacía tiempo en la biblioteca municipal antes de acudir a la reunión de Alcohólicos Anónimos (en realidad se trataba de una simple charla entre personas que teníamos problemas con la bebida; dos tardes a la semana, la parroquia del barrio nos facilitaba el local y una chica, psicóloga voluntaria, dirigía las sesiones). Era el miércoles 12 de septiembre de 2001, y en el mundo no se escuchaba ni se leía ni se veía casi nada que no tuviese que ver con el atentado terrorista contra las torres del World Trade Center de Nueva York del día anterior. Leí la noticia por segunda vez y al acabar noté que necesitaba una copa imperiosamente.
    La muerte de una persona joven siempre me ha provocado un desasosiego momentáneo, una especie de melancólica sensación de desamparo vital. En este caso se daba la circunstancia de que dicha persona era mi prima, la única prima que tuve en una familia donde habían predominado los varones. La noticia de su suicidio, además de sacudir mis recuerdos, como si una piedra hubiera sido lanzada sobre la superficie tranquila de un estanque, me llegaba en un momento personal delicado. Me habían despedido del trabajo a comienzos de año, y poco después mi pareja y yo rompimos tras media década juntos. Una mañana me soltó a bocajarro que estaba enamorada de otro, que se había liado con un compañero de trabajo, que sobraba en su vida, en suma. Funcionaria en el ministerio de Educación, el piso en el que vivíamos era de su propiedad, pero ella me concedió unos días para que lo abandonara llevándome mis pertenencias. De repente, engullido por una realidad despiadada, me encontré tan solo, desubicado y deprimido que en primavera regresé a casa de mis padres con el rabo entre las piernas. En mi ciudad natal, recién cumplidos los treinta y cinco, deambulando con mis pensamientos de fracaso absoluto y con una insoportable sensación de haber desperdiciado los mejores años de mi vida, caí en picado sin darme cuenta, toqué fondo con el alcohol como colchón para no lastimarme demasiado.

    Al llegar a casa no estaban mis padres y, dada la hora, supuse que aún tardarían en llegar. Más tranquilo, aliviado tras los dos pacharanes que me había metido al cuerpo, entré en el salón, bajé la persiana y me senté en el sofá, a oscuras. Estuve pensando en mi prima un rato hasta que fui a mi habitación y busqué en la estantería donde aún guardaba una docena de cintas de vídeo con películas porno grabadas y algunas originales. Volví al salón, encendí el televisor e introduje en el vídeo la cinta de una de mis películas favoritas, Babylon Ultrasex, que databa de 1996. Tras los nombres de Rocco Siffredi, Angélica Bella, Francesco Malcom y Zara White, apareció, en letras doradas, el de Justine Relay.
    La nitidez de mis recuerdos acerca de María, una nitidez completa y continuada, se situaba a partir de los trece o catorce años. Hasta entonces, aunque de niños pasábamos juntos siete u ocho semanas en verano con nuestros abuelos paternos, las huellas de algunas de sus pisadas se habían borrado en mi memoria o estaban difuminadas en exceso, con lo que habían perdido su significado. En la nitidez de mis primeros recuerdos acerca de María, “fútbol” era la palabra que emergía con más fuerza; y es que a pesar de contar con su propia cuadrilla de amigas, cuando la nuestra quedaba para jugar un partido en alguna de las eras del pueblo María se apuntaba la primera. En lo tocante al fútbol, y para regocijo nuestro, se comportaba como un chico más. Pero aquella relación puramente lúdica duró poco porque con el cambio al instituto su cuerpo y sus costumbres también variaron. ¡Y de qué manera! Ese verano María estaba desconocida. Se había convertido en una mujer plena y extraordinaria, casi tan alta como yo. Ese verano me habló con entusiasmo de sus nuevos compañeros de clase, entre los que había conocido a gente muy interesante con inquietudes afines: jóvenes vinculados a la actuación, la música, a talleres de escritura y pintura. Ingresó en un grupo de teatro que hacía, por lo que me contaba, unas representaciones un tanto alternativas y underground para la época. Incluso había llegado a salir unos meses con uno de los chicos del grupo. En el instituto se acrecentó también su afición por la lectura; le gustó mucho El guardián entre el centeno, que me incitó a leer y del que terminó regalándome un ejemplar, que yo aún conservaba, por mi dieciséis cumpleaños. Ya por aquel entonces, llegada la noche, en la oscuridad de mi cuarto revivía su cuerpo sudoroso, de piel morena y tersa, zambulléndose en la piscina del pueblo, y se me pasaban las horas fantaseando con ella, masturbándome repetidamente con el frenesí de un atormentado. A la prima se le arrima, reza, o rezaba, el dicho popular. No fue ése mi caso, y no por mi falta de ganas, pero, timorato, inocentón y sin desarrollar, en todos los sentidos, era poca cosa, yo, para que una mujer como ella, parentescos aparte, se hubiera fijado en mí. Y aún se me hizo más duro cuando, en años sucesivos, me eligió como confidente de sus cuitas sentimentales agosteñas.
    A diferencia de mí, y en contra de la apetencia de su padre, ella no quiso ir a la universidad. No sé si tuvo algo que ver el que poco antes hubiese muerto su madre por culpa de un cáncer, pero finalizado COU entró a trabajar como dependienta en una tienda de ropa femenina de su ciudad, al tiempo que siguió participando en un grupo de teatro aficionado. Dos años después, con el dinero que había podido ahorrar, se marchó a Madrid, para disgusto de mi tío, con la idea de estudiar interpretación.
    Resulta curiosa, sin embargo, la cruel independencia con la que nos tiraniza la memoria, su caprichosa selección de recuerdos. En mi caso, graba con más facilidad y precisión las emociones de un periodo o acontecimiento concretos, o los sentimientos que me provocó una determinada persona, que una descripción física. Mi memoria, en ese aspecto, no es fotográfica, ni siquiera pictórica. El poso que me deja una sensación siempre es mucho más duradero y fiable. Me resultaba más fácil evocar el carácter siempre dulce y cordial de María que evocarla físicamente, con una descripción fidedigna. Porque, además, yo conocí a varias María en el transcurso del tiempo: la María de quince años de melena color chocolate, ojos grises y boca sensual, mi amor juvenil no correspondido, muy poco tenía que ver con esa otra María de veintipocos años, cuando llegaba al pueblo por vacaciones convertida en una atractiva mujer de pelo corto y teñido de caoba, con un cuerpazo esculpido en el gimnasio, carente de inhibiciones y haciendo gala de un desparpajo desconocido, lo mismo que esa María poco o nada tuvo en común con la María, ya metamorfoseada en Justine, de caderas prominentes, pecho exuberante y natural, sexo depilado y culo rotundo.
    En enero de 1993 yo me fui a trabajar a Madrid y nos distanciamos definitivamente, nunca más volví a coincidir con ella en los veranos (la saludé por última vez en el entierro de nuestra abuela, pero no llegamos a hablar, fue un visto y no visto). En ese lapso de tiempo, un día mi tío me dijo por teléfono al preguntarle por María que creía que se encontraba en Barcelona, trabajando en un espectáculo teatral o algo parecido, y que lo creía porque cada vez se veían menos y hablaba menos con ella, que parecía haberse vuelto una desagradecida y una descastada. En aquel entonces tampoco me sorprendió el laconismo y la aspereza de mi tío acerca de su hija; lo achaqué, simplemente, a rarezas de persona que está envejeciendo.

    Un sábado del mes de julio de 1995 descubrí cuál era el verdadero oficio de mi prima. Un compañero de trabajo me había invitado a cenar en su casa en compañía de varios de sus amigos y mientras nos bebíamos unas copas con la cena, el anfitrión aprovechó para poner en el vídeo la película porno que había grabado de canal plus la noche anterior. Se titulaba Las exploradoras. En un principio no la reconocí, lo hice en cuanto un primer plano de su rostro surgió en la pantalla mamando vorazmente el miembro de su partenaire. ¡Aquella era la cara de mi prima María! ¡La María de mi infancia, de mi juventud! Miraba absorto las imágenes de la televisión y no podía creerlo… ¿Un sosia?… No, era ella. Era ella, seguro. Un inequívoco lunar a unos diez centímetros por debajo de su ombligo fue la prueba definitiva, irrefutable. Se lo había visto y nos lo había enseñado, ese precioso y céntrico lunar, multitud de veces; ahora, a su derecha, llevaba tatuada una pequeña mariposa. Era María, sí, sin ninguna duda. Anonadado por el insólito descubrimiento, enseguida lo anuncié a los allí reunidos, pero, como es natural, no me creyeron. ¿Yo, primo carnal, conocido siquiera, de semejante portento?… Vamos, hombre, ni de coña. Tan turbado estaba que ya no presté excesiva atención a la película, aunque unos días después se la pedí a mi compañero; al punto inicié un morboso peregrinaje por videoclubes y sexshops buscando películas en las que interviniese María, la actriz porno Justine Relay. Con el tiempo, y a pesar de que ya tenía pareja (nunca le dije que una prima mía se dedicaba a tal menester), me resultó muy fácil convertirme en uno de sus más fervientes seguidores.
    Sólo a partir de esa noche comprendí muchas cosas. Comprendí por qué su padre, persona de misa dominical, conservadora, de carácter seco y severo, al enterarse un día (se lo confesó mi prima, me contaría mi padre después) de que su única hija follaba por dinero con hombres blancos y con hombres negros y con mujeres también, haciendo y dejándose hacer todo tipo de cochinadas, la había repudiado. Comprendí por qué jamás la mencionaba cuando hablabas con él, o echaba balones fuera cuando le preguntabas por su hija. Porque para la mentalidad de mi tío, el trabajo de mi prima era similar al de una puta. Sí, enterarse de qué forma se ganaba la vida su hija debió de ser demasiado para él. Y decidió cortar por lo sano. Tanto es así que llegó a prohibir que se mencionase el nombre de su hija en su presencia. Tanto es así que le hizo jurar a mi padre que nunca diría nada de eso al resto de la familia, incluidos nosotros, mi hermano y yo (mi madre sí que estaba al tanto). Puede que María follara por dinero con otros hombres y mujeres, pero mi tío no alcanzaba a distinguir la diferencia fundamental de una actriz porno con quien ejerce la prostitución. Las prostitutas, lo sean voluntariamente o no, lo sean de lujo o no, buscan el anonimato a toda costa, mientras que una actriz porno ansía la publicidad, los focos, el reconocimiento y hasta el estrellato. Mi tío le había confesado a mi padre con lágrimas en los ojos que por culpa de su asquerosa e indigna profesión le daba vergüenza salir a la calle en su ciudad, que hasta había notado cómo las miradas de sus compañeros en la fábrica eran diferentes, y que en el pueblo, cómo no, había sido objeto de todas las habladurías posibles y más. Mi tío no le perdonaba a mi prima que le hubiera arruinado la vida justo cuando más la había necesitado. El pobre hombre no comprendía nada. Tal vez por ello, para no herir aún más a su padre, para evitarle el oprobio o simplemente porque el suyo no tenía la sonoridad adecuada, mi prima se había (o le habían) cambiado el nombre. En cualquier caso, esa consideración creo que al final sirvió para alargar la vida de mi tío.

    La primera vez que leí acerca de ella fue ese mismo año 95, en otoño, con motivo del Festival de Cine Erótico de Barcelona. Estuve a punto de ir a verla. En el reportaje dedicado al evento que encontré en una revista ya escribían de Justine como de una estrella emergente en el aún embrionario panorama del porno patrio, pero a la que ya se empezaban a rifar los directores y productores de medio continente para que actuase en sus películas. Justine destacaba no sólo por sus prestaciones sexuales en las escenas en las que participaba, sino por sus estimables dotes interpretativas, aspecto este del que carecían muchas de sus colegas, convertidas en eficientes y voluntariosas máquinas de follar, pero sólo eso.
    Así la estaba viendo yo ahora: cómodamente sentada a horcajadas sobre Rocco, en un infatigable movimiento pélvico, con el descomunal pene del actor dentro de su vagina y un brillo de sudor en su lujurioso rostro, entre los pechos oscilantes… Estaba follando con Rocco, pero estaba follando conmigo, estaba follando para mí… Y a pesar de mi creciente excitación, no podía por menos que añorarla, no podía dejar de sentir una pena inmensa por ella, por mí también…
    Dos años antes del cambio de milenio, ya instalada en EEUU (vivía en Los Ángeles), donde trabajaba para una de las mayores productoras de la industria, fue portada de la revista Primera Línea, en cuyas páginas interiores le realizaron una exclusiva y extensa entrevista en donde se la denominaba la “Antonio Banderas femenina” por ser otra pionera en cruzar el charco y trabajar en el poderoso porno norteamericano. Junto a la revista se ofrecía, opcionalmente, el vídeo de una de sus películas más famosas, Viciosas en la playa, rodada aquí con el director José María Ponce. Mi prima declaraba al periodista que la suya era una actividad muy exigente, en lo físico y en lo emocional, dentro de un mundo competitivo, muy machista y cargado de estereotipos, por lo que costaba mantener una pareja fuera del gremio y a veces acarreaba también pagar un alto precio familiar por la falta de aceptación (¿era una referencia velada a su propio padre?). Para ser actriz de un género como el porno, explicaba, se necesitaban además extraordinarias dosis de perseverancia, algo de talento y de osadía también. En ocasiones resultaba frustrante e ingrato, pero a ver qué en qué empleo no sucedía lo mismo. Desvelaba para los más profanos que detrás de una película, detrás de las escenas que veíamos en pantalla había mucho trabajo y que no era todo tan fácil ni tan real como podía parecer. Al fin y al cabo, era cine. Gracias a esa entrevista me puse al corriente de su azarosa vida desde su llegada a Madrid siendo una veinteañera. Según manifestaba, se matriculó en una escuela de interpretación al tiempo que trabajaba de camarera en un discopub; después hizo de gogó en una discoteca durante varios meses; fue entonces cuando le presentaron al copropietario de un local de streaptease a las afueras de la capital y pasó a trabajar para él dejando a un lado la interpretación; de streapper conoció a Dani Grande, actor porno y boy ocasional. Empezaron a salir y al cabo de medio año se marcharon a Barcelona, de donde él era originario. En la ciudad condal, acompañando a Dani a algunos rodajes, María contribuyó en media docena de películas como una simple figurante primero y después más activamente, aunque sólo entre bastidores. El siguiente peldaño fue animarse a participar en una escena con Dani y otra actriz para un filme que él estaba rodando en Praga. Casi al mismo tiempo, entre rodaje y rodaje, la contrataron junto a su chico para follar en directo en el prestigioso Bagdag, templo barcelonés del sexo. Contaba veinticinco años. Su carrera ya estaba lanzada. Además, descubrió que le gustaba el porno, lo encontraba excitante y a veces bien remunerado.
    Su romance con Dani lo rompió para unirse sentimentalmente a otro actor al que conoció en uno de sus rodajes, el italoespañol Samuel Magnífico, quien luego acabaría pasándose también a la faceta de director y con el que mantenía una fructífera relación personal y profesional. Comentaba que su nombre cinematográfico lo había tomado de la protagonista del conocido libro del Marqués de Sade, porque la lectura seguía siendo una de sus aficiones favoritas, desde que era una niña, y, pensando en el retiro, entre sus proyectos futuros se encontraba escribir un libro donde plasmar sus vivencias en el cine X. Dijo que dependía mucho de las escenas y de los actores con los trabajaba a la hora de disfrutar del sexo en los rodajes (aunque reconocía que nunca había llegado a tener un orgasmo), y que como actriz no rechazaba casi nada, de ahí que no le importara rodar sexo anal, escenas lésbicas (a pesar de ser heterosexual) o de dobles penetraciones. Sumamente profesional y responsable en su trabajo, se lo tomaba siempre muy en serio, entregándose con fogosidad y derrochando auténtico erotismo en cada toma con independencia del tipo y la calidad de la producción y de cuál fuese su compañero o compañera de turno, algo que le había valido ser candidata dos años seguidos a los premios AVN (los oscars del ramo) así como a los Hot d’or, los galardones de la industria europea del porno. Era muy consciente del efecto que provocaba, sobre todo entre el público masculino, y en ocasiones eso le había acarreado algún que otro disgusto, pues había quien pensaba que por dedicarse a esa profesión era poco menos que una prostituta (¿otro recado para su padre?) y la podía tratar de cualquier manera, sin ningún respeto. Ella declaraba estar muy orgullosa de sus logros como actriz de cine, de cine para adultos. De hecho, había escrito en una ocasión en su página web (www.justinerelay.com) que le encantaba saber que numerosos hombres la tenían como fantasía sexual, como referencia onanista, porque eso alimentaba su morbo y le servía de estímulo para continuar trabajando.
    Miraba fascinado un primerísimo plano de sus maravillosas nalgas, observaba cómo el falo de Rocco se introducía por su ano previamente lubricado, la penetraba hasta el fondo y sin apenas dificultad en una postura inverosímil, y me fijaba en cada gesto de placer simulado que el rostro de Justine componía al tiempo que se acariciaba el clítoris con sonoros jadeos…
    A lo largo de su vertiginosa carrera compartió protagonismo y fluidos con lo más granado del viejo continente y del otro lado del Atlántico. Asimismo, estuvo a las órdenes de los mejores directores: en Europa Mario Salieri, Luca Damiano y Marc Dorcel, entre otros, contaron con ella en varias de sus producciones; también en los Estados Unidos trabajó con realizadores tan prestigiosos como Paul Thomas, James Avalon o Michael Ninn. En nuestro país lo hizo con el citado José María Ponce, y con su pareja, con quien, además de la película reseñada en la noticia, rodó Obsexión militar y La tutora cachonda.
    Viéndola en la pantalla del televisor, mostrándose intensamente vital y generosa, conmovido por su belleza tan cercana y a la vez tan distante, me parecía mentira que estuviese muerta mientras me la cascaba una vez más y sabía que no sería la última; me masturbaba con desagradable tristeza mientras Justine-María, con el cabello desordenado, chupaba y chupaba el pene de Rocco ayudándose de la mano para que se corriera, para que me corriera yo, para que, como si se tratase de la culminación de un ritual inexorable, pudiese recibir en sus pechos, en su rostro o en su boca, el chorro de esperma del actor italiano.
    Seis segundos después, en una sincronía casual, inútil y embarazosa, yo también eyaculaba y mis padres entraban por la puerta de la calle.

  33. No haces honor a tu nombre, Clemente, y estás como para que te encierren y tiren la llave.

  34. javito martinez

    Dice que disfruta haciendo lo que hace. Hace un par de semanas conocí en Budapest, que es la capital europea del porno, a un actor porno español que había venido a grabar. Me dijo que él NO disfrutaba con lo que hacía, que era simplemente su trabajo.

    También he de decir que mantuve una conversación con dicho actor e incluso fuimos a tomar una cerveza y me pareció una persona como otra cualquiera. Sinceramente, antes de conocerlo siempre pensé que los actor@s pornos eran todos de la chusma.

  35. Muy buenas las fotografías, Alberto.

  36. También se suele omitir a la gente cagando, y no por ello deja de ser un acto placentero.

  37. Paso Doble

    Esta chica, Stoya, Sasha…las pocas, poquísimas actrices porno a quien les puedo poner nombre o «identidad», me dan mucha lástima, porque el porno es el género kleenex, de usar y tirar, y a otra cosa. El porno que ellas hacen (aún y quejarse en tooodas las entrevistas de que no hay revisionismo) es un producto que (after paja) te produce vergüenza ajena la cara de la susodicha lefada y congelada con el pause. No, Marina, pienso muy sinceramente que te estás equivocando y que los años te darán la perspectiva de la experiencia vital (no de la leída) y te lo digo que ya calzo unos añitos que el revisionismo de uno mismo con su propia vida y actos se convierte en algo cruel. Pienso que hacer porno en la era de internet es un error de proporciones incalculables, perder la intimidad por dinero de esta manera… (tu porno perdurará por los siglos de los siglos, será de utilidad a pajilleros que after verte dirán: «a otra cosa», y lo que te pagaron por ello será equivalente a haber follado gratis –follar en la era de internet, moco de pavo no es–). Pienso que no eres inteligente, eres viva, pilla, lista, moderna y una chica al día, de tu tiempo…pero para nada inteligente, te has convertido en la carnaza que avorreces, y no has entendido las reglas del juego y es que los que de verdad mueven los hilos ni se ven ni se manifiestan nunca. No es el follar, es el perder tu intimidad ad eternum. Me ha sorprendido (mucho) que dijeras en la entrevista que te sabe mal que te paren por la calle gente que no conoces y que parzca que te conozcan ellos más a ti, dices que se pierde un poco el derecho a ser un persona con derecho a ser conocida de cero (o algo así has dicho). Me has resultado incluso naïf en esta reflexión, me has mostrado la edad que tienes y los pocos años que has vivido. Marina, en la era de internet lo más cotizado es la privacidad (y lo más transgresor). Hacer lo que tu haces (insisto, en el porno del s.XXI, no el de los 70), es de que encajas muy bien en este sistema del que te intentas desapegar.

  38. ampliando la penúltima pregunta desde el punto de vista de «los músicos de Barcelona» que se topan con Amarna Miller en Kyoto :)
    http://hermanossegundos.com/2014/09/25/el-viaje-de-chiquito/

  39. Muchos critican que el porno no pasará nunca de ser «asistencia a la masturbación», pero luego defienden, pongamos por caso, el valor cultural de la gastronomía o la música punk (que me encanta). Los medios para cubrir cualquier necesidad primaria/primitiva (alimentarse, reproducirse, cobijarse…) son susceptibles de alcanzar un alto grado de sofisticación. En este sentido, el porno también puede ser una forma de expresión artística.

  40. Seré el tonto que cuando alguien señala hacia el cielo mira al dedo pero…

    ¿no os parece MARABIYHOSO como el entrevistador es incapaz de seguir la charla sobre literaTura de fantasía y scifi?

    «Pratchett es muy famoso» (dice como saliendo al paso)

    HAMOR!

  41. Muy fan de cómo el entrevistador es incapaz de seguir a la chica en su charla sobre libros y tiene que cambiar de tema.

    • Sombrerooo...¡ay, mi sombreeerooo...!

      Yo creo que lo que pasa es que el entrevistador le ve el cartón desde una hora lejos y pasa directamente a otro tema para no vomitar. Vamos, me parece a mi, ¿eh?

  42. Aquiles Canto

    Familia de clase media baja con un chalet de tres plantas cuyos padres no trabajan porque viven de las rentas antiguas.

    Me da que esta chica no ha leído ni la mitad de lo que dice. Lo único que ha hecho es leer qué libros le pueden dar una imagen de chica intelectual cultivada, el resto, como los sujetadores, relleno.

    • semianonimo

      Yo he bajado a los comentarios para decir lo que este señor. No hay que avergonzarse de nacer en una familia de clase acomodada pero soltar un comentario asi es vivir en una burbuja… o creer que se va a ganar la camaraderia del lector.

      Y sobre sus gustos, tengo la sensación de que habla de ellos como los adolescentes de Nirvana o el plasta de turno de Ulises o Ciudadano Kane.

  43. Esta chica en blanco y negro parece otra persona, le habéis quitado los colores

  44. Pingback: Anónimo

  45. La doble moral de algunos comentarios dan asco, «eres muy joven e ingenua, ya te arrepentirás de lo que haces» eso sí, seguro que te la pelas con sus videos….

    A mí lo único que no me gusta de Amarna Miller es su necesidad de reafirmarse constantemente como una chica que:

    1. NO es prostituta.

    Eres trabajadora sexual, y estás en el mismo barco. Probaste con la webcam pero no te gustó… No es por nada, pero ser webcamer es ser «prostituta» virtual. El trabajo sexual es muy amplio, tiene múltiples maneras de manifestarse y múltiples realidades, pero también similitudes.

    2. Tiene estudios, lee libros y nos cuenta su vida.

    No hay una línea clara entre la persona y el personaje, algo que puede afectar a tu vida privada e íntima, aunque digas lo contrario. La gran mayoría de las mujeres que trabajan en la industria del porno prefieren dejar al margen y no mostrar a su público cómo es su vida, de dónde vienen o qué hacen o dejan de hacer cuando no están trabajando. Es decir, no es que Amarna sea diferente, porque lea libros y publique fotos de sus viajes, sino que no sabemos casi nada de la vida privada de las demás mujeres porque ellas no quieren revelarla. Cada cual que haga lo que crea conveniente, pero ese alarde de distinción que se va gastando la Amarna a mí me chirría.

    3. Ama su trabajo y puede elegir lo que quiere y no quiere rodar.

    Bueno, quizás otras chicas que empiezan con esto no tienen tanta suerte como para poder elegir. El trabajo sexual es TRABAJO, así que elegir con quién, cómo y cuándo rodar no depende para la mayoría de lo que le gusta o no, le apetece o no, si no del dinero que necesite. La industria del sexo a fin de cuentas ofrece trabajos PRECARIOS, (a no ser que ya se tenga mucho caché y te llamen para muchas escenas ya si que haces dinero) y si tú cuando empezaste no dependías de ello económicamente porque tenías otra fuente de ingresos pues muy bien por tí, pero no generalices intentando aconsejar a otras mujeres cuando lo que necesitan es pagar su alquiler, llenar su nevera, criar a sus hijos… O, ir haciéndose hueco y ganar popularidad bien por que a muchas les gusta ser eso de pornstar y que les hagan fotos donde salen muy guapas y con lencería bonita y tener miles de seguidores pajeros en el twitter y/o asegurarse más escenas, trabajar con más productoras, subir el caché….y así ir haciendo más ingresos.

    Yo lo que echo en falta es más chicas autoorganizadas exigiendo derechos laborales en una industria donde éstos mismos son inexistentes.

    • Una actriz porno no es una prostituta. Si lo es, entonces todo espectador de porno es un putero. Asumid eso cada vez que decir que una actriz porno es una prostituta.

      Yo no sé que quereis ganar los que reproducís constantemente esa idea. Luego vamos de que si no soportamos las dobles morales ajenas. Es que ni siquiera a efectos legales practicar la prostitución y rodar cine porno son lo mismo.

      Por favor, dejad de insistir con semejante chorrada por llamarlo de alguna forma.

      Y, Afrodita, que te chirríe de Amarna lo que expones en el punto tres, es contradictorio con la conclusión de tu post. «No me gusta de Amarna Miller su necesidad de reafirmarse constantemente como una chica que (3) ama su trabajo y pueda elegir lo que quiere rodar y lo que no, pero mira es lo que hay, el porno es un curro de mierda y hay que hacer lo que hay que hacer, que hay gente que tiene que comer y que es lo que tiene, pero echo en falta más chicas autoorganizadas exigiendo derechos laborales en una industria donde estos mismos son inexistentes»

      Un precioso doble carpado con tirabuzón.

      Algunos tendrías que leer lo que escribís antes de pulsar «enviar»

      • No es putero, es voyeur. Y sí, es prostituta porque tiene relaciones sexuales por dinero. ¿Cuál es el problema de que lo sea? A ver si la doble moral es esa.

        • No, la doble moral es lo que acabas de escribir : reafirmar que una actriz porno es «prostituta» pero, eso si, distinguir al «cliente» como voyeur.

          Esa es EXACTAMENTE la doble moral, te agradezco mucho el retratarte en solo tres líneas.

          Para el resto que quiera insistir con la reducción de que prostitución = cine porno a pesar de las múltiples diferencias, les dejo una bonita metáfora que hasta el más tonto podrá entender :

          Si te metes un calabacín por el ojete y luego pretendes meterte un Ford Fiesta, por mucho que le insistas a la gente de que son la misma cosa porque tú los vas a usar con el mismo objetivo, NO lo son.

          Ya le puedes poner esfuerzo: el Ford Fiesta no te va a entrar.

          Venga.

          • A ver, yo, como me gustan mucho las tías y el sexo con ellas, soy un putero, calentorro perdido y todo lo que tú quieras. Y ella, que por dinero y porque es una calentorra hace todo lo que hace, pues es una puta (en las dos acepciones del término: sexo a cambio de dinero y disfrutar sexualmente como un loca mientras lo hace) como una catedral. ¿Mejor así? ¡Que no se puede tener todo, joder! ¡Ahora resulta que las meretrices quieren el mismo respeto que el que inventó la penicilina!

      • digo q actriz porno y prostituta ambas son trabajadoras sexuales.

        a efectos legales es lo mismo en el sentido de que ni la una ni la otra tienen derechos laborales. en el porno tienes un contrato de arrendamiento en el que se especifica q los derechos de imagen pertenecen a la productora. eso sí, sin cotizar,sin derecho a pensión ni paro,sin convenio colectivo. ..

        la prostitución en España tampoco ofrece ningún tipo de cobertura. legal a las trabajadoras,aunque luego muchos puti clubs esten reconozidos como tal a nivel legal,con sus licencias y demas

  46. Pingback: Verbos modales de habilidad y capacidad - Yentelman

  47. NIANO, responder pretenciosamente no le da la razón. Como veo que le gustan los ejemplos, le pongo otro: un futbolista no es igual que el espectador de un partido de fútbol, de la misma forma que un voyeur no es igual que el actor porno. Por otro lado, estoy esperando que me diga la diferencia entre actriz porno y prostituta, más allá del número de personas que mira y del tipo de contrato (escrito o verbal). Gracias.

    • Ten, otro ejemplo : Más allá de que tiene dos ruedas menos y que el conductor no va cubierto, una moto es un turismo.

      Está muy bien lo de -para argumentar la similitud- empezar excluyendo algunas de las diferencias que ya conoces porque no te conviene para llegar adonde quieres llegar. Hombre, muy bien, te retratas perfectamente de nuevo. Yo creo que las diferencias las tienes más que claras.

      Yoyo, con cariño, yo no te quiero convencer de nada que ya no sepas. Si tu quieres seguir creyendo o afirmando que una actriz porno es una prostituta, pues nada, te plantas con un fajo de billetes y MUCHA FE en el FICEB y eliges actor/actriz a dedo.

      P.D: No pretendo que la pretenciosidad me dé la razón. La pretenciosidad es un extra para desmontar argumentos ajenos vacíos. Y para pasar el rato.

      • Vaya al diccionario, busque prostituta y turismo. No cambie los conceptos para adaptarlos a su moral.

      • Holmes, John Holmes

        Niano, creo que te equivocas. Una actriz porno es una prostituta. El diccionario de la RAE define prostituta como «Persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero» La definición no puede ser más clara. Busquemos la de pornografía, en su tercera acepción «Tratado acerca de la prostitución» Yo creo que queda claro, y tampoco hay que llevarse las manos a la cabeza, a mi me parece bien que existan ambas profesiones. El quid de la cuestión es la accesibilidad. Debe haber putas que te hagan un servicio, por yo qué sé, 20 euros, y otras que el mismo servicio lo ofrezcan por 1.000 euros, estaríamos hablando de accesibilidad económica, pues bien, una actriz porno, para practicar sexo además de dinero, requiere que se grabe el encuentro, con la intención de comercializarlo. O sea, en principio, no follará con el primero que le ofrezca dinero en el FICEB. Llámalo prostitución «privada» si quieres, pero no deja de serlo. Yo creo que la doble moral es pensar que mantener relaciones sexuales a cambio de dinero está mal (añadiendo por supuesto «y por propia voluntad») sea con cualquier cliente, o sólo con clientes «cualificados». Otro tema, que yo creo que es la razón por la que a ella le mosquea que la confundan con una prostituta, es que hay actrices porno que sí que se dedican a la prostitución «pública» y ella no quiere verse en ese saco. En la red hay páginas web dedicadas a ello, incluso hacen tours, en plan «Pepita X dos días en Villabajo». Yo creo que lo que le molesta es eso y no el cobrar por follar.

  48. Pretenciosidad y condescendencia. Busque en el diccionario prostituta y turismo, no pretenda cambiar definiciones para adecuarlas a su moral.

  49. Esto de intelectualizar el porno me corta el rollo. Si en el fondo todo esto, lo del porno, es una cuestión de 10 minutos. Y eso, tirando largo.

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  51. Aconseja dedicarse al porno sólo a quien le guste, no por dinero. Se queja de que los estereotipos de dominación machista son los que alimentan el porno concvencional y nos cuenta que se va a Budapest a rodar una escena en que es una vagabunda que acepta sexo por dinero. Coherencia, poca

  52. La chica es mona y en la antepenúltima foto está fantástica con esa boca abierta, dispuesta a engullir cipote…

  53. Pepe, te espero a las 7 en Neptuno.

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  58. La pasión es lo más importante para conseguir el resultado deseado….

  59. Pingback: El porno com a fenomen cultural (I) | l'Endavant

  60. Roberto Arias

    «Double Fakie Ollie» Santo Dios el entrevistador, es de traca.

  61. Si es así..me encanta, es una forma de arte

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  73. el sexo genera mucha polemica, en todas las areas de la vida..hasta en el arte. Hay que dejar de demonizar algo que necesitamos todas las personas

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