Miguel C. Botella: «Tenemos la mayor colección de esqueletos de niños del mundo» - Jot Down Cultural Magazine

Miguel C. Botella: «Tenemos la mayor colección de esqueletos de niños del mundo»

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Fotografía: Lourdes Peguero

Miguel Cecilio Botella López (Granada, 1949) es el director del Laboratorio de Antropología Física de la Universidad de Granada. Este antropólogo forense ha recorrido el mundo estudiando los casos policiales más complejos, como los descuartizamientos de Medellín o los asesinatos de Ciudad Juárez, y ha participado en la identificación de grandes personajes de la historia como Cristóbal Colón o el Príncipe de Viana. Nos recibe en la nueva Facultad de Medicina de la Universidad de Granada, en un recoleto despacho atiborrado de reliquias y recuerdos de sus viajes por todo el mundo. Relata vívidamente los trabajos que ha realizado a lo largo de su carrera, vigilado por una pared llena de títulos y condecoraciones, entre las que destaca la Orden del Mérito de la Guardia Civil y de la Policía Nacional. Sus ojos se iluminan al recordar las excavaciones en el yacimiento egipcio de Qubbet el-Hawa, donde descubrió el caso de cáncer de mama más antiguo documentado. Confiesa que su trabajo le conmueve, pero que es capaz de separarse lo suficiente de los casos que estudia para que no le afecten en su día a día.

Siempre dices que los huesos hablan…

Puede que no hablen lo mismo que un vivo, pero cuando hablan dicen la verdad, y esa es la ventaja. Es incontrovertible. Los relatos, las historias, lo que nos cuentan siempre está mediatizado, porque es lógico, siempre tiene el subjetivismo de quien lo interpreta. Los huesos, en cambio, lo que dicen es incuestionable. Por eso buscamos esa evidencia. Cuando hablamos de temas forenses, por ejemplo, nuestra labor es darle al juez los elementos para que él juzgue, y es ahí donde está el subjetivismo. El nuestro es ofrecerle la evidencia. Nosotros no discutiremos nunca lo que ha pasado ni cómo ha pasado, pero veremos qué es lo que hay ahí. Nosotros estudiamos la ciencia del qué y el cómo, el por qué y para qué es interpretativo y esto, obviamente, en tarea forense, lo hace el juez.

Hay veces que las interpretaciones de lo que dicen los huesos no son coincidentes entre dos informes forenses. Eso indica que sí hay una interpretación de lo que ha ocurrido.

Sí, porque los informes forenses tratan de mostrar la evidencia interpretándola para que el juez la comprenda. El papel del médico forense es el papel del médico al servicio de la justicia, de ponerle al juez las cosas para que pueda entenderlas, que muchas veces por su formación no puede hacerlo. Pero el caso del antropólogo forense no es ese, el caso del antropólogo forense es mostrar la evidencia pura y dura. Y es menos lucido porque a todos nos encanta tener una historieta, pero también tiene la cosa gratificante de que lo que decimos es y no se puede discutir.

Tú eres antropólogo forense, que es una figura diferente a la de médico forense, aunque también has realizado trabajos de arqueología.

Sí, empecé con la arqueología y después hice Medicina, porque estaba claro que la arqueología, entiendo yo, se quedaba corta. Y es que la arqueología habla de contextos culturales, de casas, de muros, de cerámicas, pero no habla de personas. Y entonces hay que ver la realidad de cómo era aquella gente. Y uní esas dos cosas, da vergüenza decirlo, hace más de cuarenta años cuando leí mi tesis doctoral, donde estudié una población de la Edad del Bronce, tratando de unir la cultura y la gente, y me gustó aquello. Creo que ahora mismo la arqueología está por esos caminos, lo que ahora llaman Bioarqueología, que al fin y al cabo es antropología. Después de esto estuve dando clase de antropología, estuve en Francia, y a partir de aquí hay una deriva lógica. Estando en la Facultad de Medicina rodeado de médicos forenses siempre se dan casos un poco complicados, o que vengan con alguna dificultad, y poco a poco nos hemos ido metiendo en eso. Ahora formamos un equipo magnífico con médicos forenses. Pero la antropología forense no es medicina forense, porque un médico forense tampoco es un antropólogo forense. Son campos complementarios, sin duda, pero diferentes.

Has trabajado, por ejemplo, en Kenia estudiando homínidos.

Sí, tuve la oportunidad de ir a Kenia porque ahí había un conflicto de una cronología de unos restos, de los que se decía que rompían todo el esquema de la evolución y formé parte de un equipo. Y qué va, era todo lo contrario, iba perfectamente con el esquema de evolución de esos periodos. Y estuve trabajando en el desierto del Turkana, y fue una experiencia realmente maravillosa. Luego conocí la zona del norte, la zona más deprimida que también me impactó muchísimo, porque no solo es la labor de estudiar huesos, sino que te involucras en lo humano y personal de aquella gente. Creo que uno de los pilares de la antropología y de la antropología forense es el que reviste el estudio de los restos óseos de humanidad.

Está siendo muy mediático el trabajo que estáis haciendo con la Universidad de Jaén en Egipto en la misión Qubbet el-Hawa.

Vamos tres personas de este departamento, y somos los antropólogos de ese equipo, un equipo magnífico, muy bien formado. Para nosotros esta va a ser la novena campaña de excavaciones. Para mí es un privilegio absoluto, un premio para toda la vida. Yo no me lo merecía. Y tiene tres vertientes magníficas; una es el estudio científico del material que es a lo que vamos, a estudiar las condiciones de vida reales de aquella gente. Es lo que te decía, los huesos nos pueden hablar de la cultura egipcia fenomenalmente bien. Como sabemos, la civilización fue espléndida, pero hemos visto que la gente vivía muy mal, que vivían en el límite de la muerte. Otra vertiente es trabajar con un equipo humano excelente y la otra es conocer a la gente del entorno, porque son pueblos nubios que los trasplantaron, los expulsaron por la construcción del gran pantano y los realojaron en otros lugares y no están en su sitio. Pero conocer a estas gentes, conocer sus costumbres y vivir con ellos el día a día es otra experiencia bonita.

Y en esta zona lo que hay es una necrópolis donde están enterrados altos cargos egipcios.

La zona de Asuán era la zona próxima a la primera catarata, es decir, era la frontera entre el Egipto de Luxor y la zona del resto de África, la de los países de los negros: Sudán, Etiopía, etc. Era un punto caliente e importante por los conflictos de la frontera y porque desde ahí hacían expediciones y traían marfil, esclavos, oro, etc. Por lo tanto era una zona rica y muy apetecida. Ahí vivían los gobernadores y sus enterramientos están en la colina, enfrente, en Qubbet el-Hawa, que es donde estamos trabajando. Ellos vivían en Elefantina.

Y ahí estudias la tumba del gobernador Saremput II.

Sí, allí no hay reyes, son gobernadores. Llevamos ya varias tumbas, y todo lo que te cuente es poco. Son tumbas enormes, excavadas en la roca, el pozo es de doce metros de profundidad, con una diferencia de un centímetro de arriba a abajo, con una precisión extraordinaria. Hay tumbas de doscientos metros cuadrados, con frescos, con pinturas. Obviamente todas estas tumbas han sido saqueadas a lo largo de muchísimos años. Pero en estas tumbas hay enterrados más de ciento veinte individuos, y sorprendentemente hemos encontrado nichos y pozos intactos todavía, y hemos encontrado momias, incluso la momia de dos de los gobernadores, Saremput II y Heqaib, y la madre de uno de ellos. Algo sorprendente porque no te lo podías imaginar, que haya tanto saqueo y a la vez tantos elementos de primerísimo orden que aparecen allí. Aparecen ataúdes espectaculares, momias… Como te digo, es un premio que no esperaba.

Y tú has sido el primero en entrar en esas tumbas. Esa sensación tiene que ser extraordinaria.

Sí, bueno, sí lo es. He entrado en alguna, o en casi todas, por primera vez yo, y lo que te encuentras es siempre inesperado. Ir arrastrándote por la arena, porque es estrecho aquello, y encontrarte unos huesos con un cáncer de mama, por ejemplo. Y después ver entero el esqueleto. Sí, cada día es una sorpresa y un motivo de satisfacción.

¿Es ese el cáncer de mama más antiguo documentado hasta el momento?

Sí, es el más antiguo hasta el momento documentado en el mundo, pero también tenemos un mieloma múltiple que es el más antiguo. Digamos que puede ser algo espectacular, porque retrotrae seiscientos o setecientos años el primer caso que había. Pero para mí lo más importante de este yacimiento ha sido ver el conjunto de la población, cuáles eran sus enfermedades, su manera de vivir, de morir y cuál era ese límite de bienestar en el que estaba la población, que era mínimo. Eso sí que me ha sorprendido, porque se podía pensar que esa población vivía fenomenalmente bien para tener esos excedentes tan extraordinarios, para producir esas joyas, esos monumentos, esa cantidad de gente trabajando. Pero no, la gente vivía en condiciones sorprendentemente pésimas. No solo la gente pobre, sino también los ricos.

Uno de los gobernadores, Heqaib, tenía una escoliosis, una deformación de la columna, brutal, y tenía veinticinco años, pero es que otro de los gobernadores, Saremput II, que era famoso y conocido, tenía diecisiete años cuando se murió. ¿Y de qué se murió? Pues evidentemente una persona tan joven si no tenía un traumatismo o un tumor ni nada de eso, que no lo tenía, se tuvo que morir de una infección, de un proceso infeccioso agudo. Claro, y allí la mortalidad infantil es enorme, enorme, porque las condiciones de Egipto no han cambiado mucho. Egipto es el Nilo, el noventa por ciento de las poblaciones están en torno al Nilo. Desde la antigüedad hasta hoy todas las aguas residuales van allí, y pensemos en la temperatura que hace en Egipto, que llegan hasta casi los cincuenta grados, por lo que el agua contaminada y las enfermedades gastrointestinales están a la orden del día. Nosotros los del equipo bien lo sabemos [ríe].

Hoy en día no debe ser sencillo trabajar en Egipto. ¿Se han endurecido las condiciones para trabajar como científico allí después de la Primavera Árabe?

No. Normalmente las condiciones de trabajo son difíciles siempre desde el principio. Hay una burocracia extraordinaria, absurda. Es cierto que les robaron una gran parte de su patrimonio y tienen que cuidar esto como es lógico, claro, pero ya llegan a niveles excesivos a mi juicio. Por ejemplo, no se permite tomar ni una muestra de material, ni un gramo de un hueso para analizarlo aquí. Está prohibido hasta traer arena del desierto, cuando, en fin, hay trillones de toneladas, pero, bueno, en los zapatos traemos toda la del mundo [ríe]. En cuanto a condiciones de seguridad, no existe ningún sistema que garantice nuestra seguridad, pero bueno, uno se hace cargo y ya está. Donde vivimos no hay problema, es un sitio tranquilo, no hay problemas con los poblados nubios. Y además hay otra circunstancia: ellos supieron que yo era médico y hay verdaderas riadas de gente por la tarde que va a ver al doctor. Supongo que nos tratarán también bien por eso. Hemos llegado a tener días con noventa y dos pacientes. Imagina un sitio a oscuras, porque ya es de noche, con las mujeres de piel negra y vestidas de negro, y encima no las puedes tocar. Cuando miran al marido, él da consentimiento y se levanta la falda hasta la rodilla. Y ves lesiones realmente espectaculares. Tienen unas artrosis, unos problemas articulares brutales, mucha obesidad, es una población que está realmente mal.

O sea que por la mañana eres arqueólogo y por la tarde médico de familia.

Sí, sí. Son muy amables, una gente excelente, de verdad. Eso no quita que puedan llegar a ser bastante agresivos entre ellos mismos, pero con nosotros, hasta ahora, no hay problema. Hubo un atentado, allí en Asuán, cuando había gente de los nuestros próxima. Una bomba mató a dos personas, pero vamos, nada más. Para nosotros, hasta el momento, la tranquilidad es absoluta.

No solamente has estudiado el antiguo Egipto sino que has hecho un verdadero recorrido por personajes históricos universales. Uno de los casos más sonados es el de Cristóbal Colón.

Esa es otra de las guindas que tiene esta profesión. La profesión te obliga a estar viendo huesos todos los días, y eso nunca es monótono, cada día encuentras cosas nuevas. Encontrarte cara a cara con Colón es un premio también. Tenerlo seis días aquí en esta mesa, pues tiene su gracia. También he estudiado los huesos de Pedro Antonio de Alarcón o de San Juan de Dios. Bueno, pues te encuentras cosas muy curiosas, aparte del placer de poder estudiar estos huesos, que son las mitificaciones de la historia.

Es muy curioso cómo a lo largo de los años la leyenda va superando la realidad y va haciendo una cosa nueva que es totalmente distinta. Por ejemplo, es el caso de cuando estudiamos la momia del Príncipe de Viana, que es un personaje icónico de la catalanidad. Fernando el Católico para algunos fue el traidor porque se casó con Isabel, y al Príncipe de Viana lo envenenó al parecer el padre porque era bastante díscolo… Hay cierto cariño por parte de algunos que lo veneran como símbolo de lo que pudo ser y no fue. Se organizan expediciones a Poblet donde van semanalmente autobuses para ver la momia del Príncipe de Viana. Y cuando nosotros estudiamos al Príncipe de Viana, ni era momia ni era nada, le quitamos la cogulla que tiene del Císter y resultó ser un collage de tres trozos de momias diferentes, que estaban pegados para parecer una persona. Entonces, ¿quién de todos esos pedazos era el príncipe de Viana?

Una cosa está clara: o uno de los tres o ninguno. Probablemente no sea ninguno porque en el siglo XIX, cuando se creó todo el movimiento catalanista y la Renaixença, había un catalán que fue embajador en Egipto, y yo creo que este catalán, reconocido egiptólogo, construyó el mito a partir de unos restos que había, porque en una revuelta catalana se destruyeron las tumbas de los reyes de la Corona Aragón, y los tiraron por el suelo. Y estuvieron siete años tirados por ahí. Y un cura, el cura de L’Espluga, los recogió en un saco y se los llevó a Tarragona. A partir de ahí tuvieron que reestructurar todo. Rehicieron las tumbas y rehicieron la momia del Príncipe de Viana a partir de trozos momificados. Y resulta que tiene ocho vértebras lumbares. Y marcas del serrucho de cuando lo arreglaron. Es muy curioso. Y los reyes de la Corona de Aragón tampoco están in situ. Se va allí, se ven las tumbas, pero allí no están, porque como tiraron todo aquello no saben quién es quién. El rey más importante de la Corona de Aragón fue Jaime I el Conquistador, y en los años cincuenta, en la época de Franco, dijeron de rehacer las tumbas y meterlos de nuevo. Y como Jaime I era el rey más grande, pues cogieron los huesos más grandes y los colocaron. Él murió, al parecer, de un saetazo en la cabeza, así que encontraron un cráneo con una marca y lo colocaron. Pero es que luego se encontraron otro cráneo con un flechazo y también lo pusieron allí.

Así que ahora mismo Jaime I es bicéfalo, con unos huesos que no se sabe si son suyos o no. Te encuentras muy frecuentemente estos mitos. Con Colón lo mismo. Hay una polémica tremenda sobre si Colón estaba en Santo Domingo, en Sevilla, o en los dos sitios. Pero como no nos dejan trabajar en Santo Domingo… En Sevilla está seguro, pero solo ciento cincuenta gramillos de Colón. Otra cosa graciosísima es que estudiamos al hermano, a Diego Colón, que fue con él los tres primeros viajes. Pero Diego Colón es propiedad de la Fábrica de Cerámica de la Cartuja Pickman, así que no es del Patrimonio. Compraron la Cartuja para la fábrica y encontraron una cripta donde estaba, así que es suyo. Ahora parece ser que la fábrica ha cambiado de dueño y se han perdido los huesos, y no aparecen. Yo los tuve aquí seis meses. Estudié los de Diego, los de Hernando Colón, el hijo, y los de Cristóbal Colón.

Supongo que cuando te traen los huesos de los Colón los sistemas de seguridad tienen que ser como en las películas.

Esto tuvo mucha gracia. Naturalmente para abrir la urna de Colón hizo falta un permiso del Cabildo de Sevilla y un notario dando fe de lo que allí había. Y después, cuando se iba a trasladar a Granada, lo selló el notario, hizo un acta, y vino custodiado hasta aquí y otro notario comprobó que era auténtico. Y una vez que se acabó aquello, lo dejaron en mi departamento, lo dejaron seis días y ahí estuvo, y nadie controló nada. Nadie vino a comprobar nada. Luego cuando hicimos la entrega, otra vez los notarios volvieron a actuar, pero vamos, fue muy gracioso.

¿Qué estudios les hicisteis a los huesos de Cristóbal Colón?

Buf, eran muy complejos. Estaban mal conservados. Los del hijo sí estaban bastante bien conservados, no los habían sacado antes de su tumba. Y los del hermano más o menos estaban bien y nos sirvió para ver que era cierto que no fue a América en el último viaje de Colón porque tenía una mano anquilosada, tenía una artrosis muy avanzada, estaba muy mal. Pero lo de Cristóbal Colón eran ciento cincuenta gramillos de huesos, ¿qué podía hacer yo? Pues sudar, y decir ¿qué digo yo? Porque la gente se esperaba que hubiera un cráneo, un diente, algo. Pero no, no había siquiera un diente… Menos mal que los trozos que había eran de una sola persona. Ya es algo. Eran de un varón, yo dije entre cincuenta y setenta años. Me inclino a pensar que más para los sesenta. Y se pudo aportar una cosa curiosa, que en un fragmento muy pequeñito de mandíbula había una marca de corte. Y eso muestra que a Colón lo descarnaron para llevárselo a Sevilla. Eran costumbres de la época.

Isabel la Católica, que murió en 1504 —y Colón en 1506—, dice en su testamento «Quiero que lleven mi cuerpo a Granada entero como estuviere y lo sepulten allí», porque ella no quiere que la descarnen. Colón murió en Valladolid y tres años después lo trasladaron a Sevilla, a una cripta que hicieron, la de Santa María de las Cuevas. Y seguro que tendría putrílago, estaría en descomposición y lo tuvieron que limpiar. Algo parecido hicieron con Felipe el Hermoso. El esquema mental que tenemos es el de los cuadros románticos donde se ve a Juana la Loca en medio de una llanura con los velones y los hachones encendidos y el ataúd allí puesto, pero no pudo ser así. Cuando muere Isabel la Católica tarda veintiún días en llegar a Granada y todos los cronistas dicen que el olor era insoportable, lógico. Sin embargo cuando los cronistas hablan del paseo que le dieron a Felipe el Hermoso por Castilla ninguno habla nada del olor. Hablan de la locura de ella por andar paseando el cuerpo de un sitio a otro, pero no hablan de eso, porque ella no lo llevó con su ataúd paseándolo, no es verdad. Ella lo que hizo fue descarnarlo y fueron los huesos los que se pasearon. Era la costumbre de la época.

Esto lo vimos y nos costó saber que era Colón, porque el ADN también tuvo problemas. Del hijo se obtuvo ADN, del hermano también, y lo que se pretendía hacer era un cruce del ADN mitocondrial con el hermano para ver si era el hermano, y de ADN del cromosoma Y con el hijo, y si triangulaba aquello se cerraba el círculo. Pero salieron los dos, sí, pero Colón, fastidioso como siempre, siempre ocultando las cosas, pues no salió bien. Salieron cadenas muy pobres que no eran suficientes. El profesor José Antonio Lorente lo mandó a cinco laboratorios en el mundo, pero no hubo nada concluyente. Pero dentro de ese material había polvillo, y el polvo eran trocitos pequeñitos de ladrillo, así que comparándolo con el de Santa María de las Cuevas era el mismo, porque se hizo un análisis químico y se vio. También tenía fragmentos pequeñitos de plomo de otro ataúd que correspondían a Santo Domingo. Luego, sí, se pudo comprobar que era Colón.

Ya que hablas del ADN, ¿cómo ha cambiado la tecnología del ADN en el campo forense?

Muchísimo. Como todo. Es tremendo lo del ADN, han proliferado los laboratorios policiales, de fuerzas de seguridad del Estado, privados, han proliferado los laboratorios de ADN por todas partes. Y ahora la tendencia en el mundo es a reducirlos, porque los costes de los laboratorios son muy elevados, y se necesita una tecnología muy puntera y una renovación continua, y eso es muy difícil para todo. Lo que están haciendo en otros lugares del mundo es concentrarlos. Que haya un laboratorio con los requisitos de calidad y los controles para encargarse de todo el trabajo. Esto es como cuando nosotros mismos revelábamos nuestras fotos. Era muy bonito, pero salía más caro que hacerlo en un laboratorio que ya tenía todo el material. Esto es algo parecido. Ahora cuando se hacen pruebas genéticas y se genotipan personas consigues tener el genoma completo, y nos mandan el genoma en un chip. Es uno de los caminos. Y cada vez se profundiza más, los sistemas son más sencillos, más rápidos y más eficientes. Es un progreso astronómico en los últimos veinte años. Pero también tiene otro problema, que es el confiar en que el ADN es la mamá de todo, que el ADN es el oráculo de Delfos, que te dice todo, y eso no es verdad. El ADN en temas forenses, sin un estudio antropológico previo, no se puede aplicar. Si tenemos unos restos humanos, el ADN puede decir que son humanos, que son de un hombre o una mujer. Pero hasta ahí llega, no puede decirte quién es.

Por parentesco sí, si tienes una referencia.

Por comparación. El ADN puede decirte quién es esta persona comparando con otra, pero por sí mismo no puede decirlo. Con el estudio antropológico previo, que no siempre se hace, se puede saber si es hombre o mujer, la edad, las características físicas… Es decir, el perfil biológico de esa persona. Y con ese perfil la policía va descartando y tiene como posibles candidatos uno o dos nada más, y el ADN te confirma o descarta si es este o no es este.

Es decir, que el ADN tiene demasiado glamour.

Sí, se ha vendido muy bien. Es una herramienta básica e imprescindible, por supuesto, pero hemos llegado a un exceso y la prueba de ello la tenemos con el punto de inflexión en este aspecto que fue el 11S. Fue una catástrofe para los americanos y para el mundo, nunca habían tenido un atentado, nunca habían sentido eso, así que se abrumaron. Las autoridades lo que hicieron fue solucionar ese problema diciendo que contarían con lo mejor, con lo último, con los medios que hicieran falta. No hubo el menor obstáculo para tener dinero. Implementaron, creo, cinco laboratorios de primerísimo nivel, procesaron más de quinientas mil muestras y resulta que de dos mil setecientos ochenta y cuatro desaparecidos a día de hoy quedan por identificar, y ya no se van a identificar, mil. Ha sido un fracaso. Esto demuestra que hay que usar todos los métodos posibles que confluyan en eso. Porque por huellas dactilares se podía haber sacado mucho. Por antropología, que te dice si son hombres, mujeres, niños, la edad, las características, las enfermedades que tuvieron… vas teniendo más datos. Hacerlo solo con eso fue un error. Fíjate en el 11M español, que hubo ciento noventa y ocho muertos, y en setenta y dos horas se identificó a todos. A todos. Eso es algo que no se dice pero es un ejemplo de buen hacer.

¿Porque se combinaron muchas técnicas?

Todas las que había. Yo no estuve en eso, pero es admirable el trabajo de médicos forenses, antropólogos, policía… Y solo veinte o veinticinco casos tuvieron que confirmarse con ADN. Por eso los trabajos en equipo son básicos e imprescindibles.

Tú en esta línea has implementado la tecnología, porque estás utilizando TAC para reconstrucción facial.

Nuestra investigación ahora se basa en tres cosas. En primer lugar, métodos para poder evaluar el sexo de una persona en fragmentos de huesos muy pequeños. Tenemos ya varias publicaciones de esto donde con un fragmento de pocos gramos de hueso podemos saber si es hombre o mujer. Por otro lado los estudios de niños. Tenemos la mayor colección de esqueletos de niños del mundo con sexo y edad conocidos, con lo cual podemos establecer los parámetros de crecimiento. Los niños siempre han tenido un problema, y es que crecen muy rápido y es muy difícil establecer su edad y su sexo en una etapa muy joven, y con esta colección estamos estableciendo parámetros que ya se están utilizando en todo el mundo, y viene mucha gente a estudiar esto. Y por último tenemos los sistemas en 3D para identificación. La superposición facial o craneofacial se puede hacer con Photoshop, pero lo que nosotros hacemos es mucho más rápido, mucho más preciso y mucho más barato. Es decir que si las técnicas son lentas, tediosas, complicadas, una reconstrucción facial puede tardar tres meses, pues ahora se puede hacer en cuatro segundos y a un coste baratísimo. Es una herramienta más con la que el investigador puede trabajar.

Decías que tenéis una muy buena colección aquí, ¿de cuántos individuos hablamos?

Ahora tenemos cinco mil, incluyendo niños. Y tenemos desde el Neolítico hasta la época actual.

Entonces, entiendo que seréis un referente en la técnica forense de niños.

Sí. Y de adultos

Entonces eres una voz autorizada para hablar sobre el caso de José Bretón. Primero se dijo que eran huesos de animales y al cabo de un año que eran de niños, ¿qué opinas de todo esto?

El caso de José Bretón lo llevó mi amigo Paco Etxeberría, del País Vasco. El caso de Bretón es uno de esos tristes, que pone de manifiesto que el principio de autoridad no sirve para nada. Y menos en antropología. Tú dices blanco y a lo mejor esto no es blanco. Esto fue motivado, tal vez, no por el desconocimiento, sino por la falta de formación de una persona. Había una persona que era de la policía, bastante conocida, que cometió un error de principiante. Estos errores no se pueden cometer. Te puedes equivocar en un hueso si no tienes una buena formación, pero en dientes no. Eran dientes de leche, dientes que todos hemos visto en nuestros niños. El error es imperdonable. Y se debió exclusivamente, a mi juicio, a que ni siquiera se dignó a mirarlo. Su autoridad dijo «esto no es humano» y habló con Bretón y seguramente lo convenció, y dijo que no era humano y seguramente no se apeó del burro. Acuérdate de que aun sabiendo ya que eran humanos dijo que no, e incluso afirmó que se los llegaron a cambiar.

Tienes que firmar un informe forense cuando haces un análisis de este tipo.

Pues claro, los huesos estaban bajo custodia policial en Madrid. Que se los cambiaran es una fabulación para escaparse del tema. Tan absurdo es esto que un alumno de la primera semana que esté con nosotros y se equivoque en eso está suspenso. No es posible. No es concebible. A mí me sirve para insistirle al alumno en que hay que ver las cosas, algo por lo demás obvio.

Y debido a tu experiencia y a tu trayectoria sé que te llaman de todo el mundo para hacer informes forenses. Por ejemplo, has revisado las identificaciones de los muertos en la dictadura de Pinochet en Chile.

Sí, me llamaron para evaluar como perito único la calidad de las identificaciones. Desastrosas. Esas identificaciones no valen para nada y eso conlleva un coste importante. Si alguna identificación está bien hecha es pura casualidad, todo está mal. Ahora se presenta un reto para las autoridades de Chile. Si ellos han entregado restos a la familias de personas que no son, entonces solo caben dos posibilidades, dejarlo pasar o afrontar el problema, y esto va a tener un coste político muy serio, porque en el momento en que yo estuve, y ahora me consta que también, hay un grupo importante de personas que piensa que Pinochet lo hizo bien. Pero tarde o temprano se va a tener que reabrir este caso, y se va a tener que volver a identificar a los cadáveres. Si se hace ahora se corre un riesgo político, pero también se soluciona el caso .Y esa es la decisión de las autoridades de allí, que deben estar interesados en la solución de este asunto. Pero que ahí lo tienen y mi informe está ahí, y está perfectamente claro y validado.

También has trabajado en Medellín en el tema de los descuartizamientos.

Sí, y en muchos otros sitios, en Brasil, en Perú, en Venezuela, en México, como en Ciudad Juárez.

Cuéntanos tu experiencia en Ciudad Juárez.

Allí es un mundo aparte. Es una ciudad que está en la frontera con El Paso y llegó a ser la ciudad más peligrosa del mundo. A diez metros, El Paso, en Texas, es la segunda ciudad más segura de Estados Unidos. Es incomprensible. Cruzas la frontera y tienen supermercados grandes, como nuestros hiper, que son de armas. Y la gente va con sus carritos cargando cajas de munición. Es un mundo totalmente diferente. Hubo un año con dos mil ochocientos muertos en la ciudad… una barbaridad. Aquí tenemos el conocimiento de los feminicidios, pero en diez años han muerto quinientas mujeres asesinadas. ¿Cómo han aparecido? ¿Violadas? ¿Es un tema de trata de blancas? Pues no solo eso. Hay casos de violaciones, pero no, no aparecen así todas, ni mucho menos. En esos mismos diez años ha habido veintiocho mil homicidios de hombres. Las cifras son brutales. No se trata, entiendo yo, de un tema exclusivo para las mujeres, sino de un tema de contexto de violencia. No te puedes imaginar cómo actúa la gente allí. La gente se acostumbra a vivir con la violencia. La gente va por la calle en coche, porque no te puedes bajar, y dicen allí hay una «balacera», y oyes los tiros a veinte metros de ti. Yo estaba allí con policía y me decían «vamos a ver que hay hoy en las mantas». Entonces en los viaductos cuelgan unas sábanas en las que está escrito: «Puercos, vamos a matar a…» y una lista de nombres. Y enfrente los otros ponen otra que dice: «Marranos, nosotros vamos a matar a…» y otra lista. Y eso lo hacen para que la gente se prepare a morir, y para que la gente no vaya con ellos, porque si no te matan a ti también.

¿Y qué medidas de seguridad tienes tú allí?

Yo voy con medidas de seguridad y gente armada de escolta, igual que en Colombia a veces. En Colombia ahora hay menos violencia, a pesar de que es mucha más que aquí.

Y allí estudias los descuartizamientos.

Sí, iba a ver heridas por arma de fuego, pero ahora he hecho más descuartizamientos, decapitados y cosas de ese tipo. Yo no voy a ver un descuartizado, sino a ver si hay un patrón común. Por ejemplo, en Juárez hay patrones. Decapitan de una manera tremenda. Hay dos momentos de la decapitación. He visto que lo que hacen primero es que cortan la tráquea y el tipo ya no puede hablar. Lo tienen atado. Luego cortan la cabeza. Entonces dices «ha utilizado un cuchillo de tales dimensiones», hice un informe de ese tema y me dijeron «pues tiene usted razón». Y me enseñaron el vídeo de cómo mataron a ese hombre. Porque lo matan y mandan el vídeo a la familia para que sufra más, lógicamente. Yo iba a ver si ese tipo de corte obedecía a un patrón, si tienen un matador, un tipo profesional que hace esto. Y efectivamente sí lo tienen.

¿Y cómo se duerme esa noche, Miguel?
Bien, consigues separarte muy bien. Es que si no, te supera. Date cuenta que si eso lo ves todos los días, si trabajas en eso… te conmueves forzosamente, y te toca el alma. Pero te separas mucho del asunto, si no, no puedes hacerlo.

Incluso se sabe dónde se descuartiza a la gente, en las llamadas «casas de pique».

En Ciudad Juárez un noventa y ocho por cien de los homicidios quedan impunes. En los países de América del Sur, por ejemplo en Colombia, los patrones son diferentes. No decapitan así, sino que asesinan con machete o arma de fuego. Y los cortan en trozos. Mi papel ahí es ver qué tipo de machete usan, si ha habido más de una persona macheteando… Y eso se ve por las marcas en los huesos cuando cortan con el machete. Los machetes se afilan con una lima, probablemente para que tengan como dientecillos, no sé. Y viendo las estrías que tiene aquello puedes saber si ha habido más de una persona, y en muchos sitios sí hay más de uno que machetea. También hemos visto el tamaño que tiene que tener el machete, y por lo que yo he visto tiene que tener entre veinte y veintidós pulgadas para cortar la cabeza de un tajo, que es lo que hacen, cortarla de un tajo, porque cuando son de menor tamaño cuesta mucho, y tienen que volver a cortar una vez y otra y ves la energía. No es tan complicado.

Menuda escena.

Sí, pero te abstraes del tema. Lo ves como una película, de verdad.

Comparado con la vida que tenemos aquí suena muy distante.

Afortunadamente. Porque no es una violencia coyuntural, esa es una violencia cultural, establecida. Hablamos de Ciudad Juárez, pero recuerda toda la frontera: Tijuana, Matamoros… esa es la frontera donde estaban los apaches, donde Pancho Villa invadió el territorio estadounidense, donde las películas del Oeste nos presentan todo esto de El Paso y tal… Hay una violencia cultural, entiendo yo. Y ahora con la incorporación tremenda del narcotráfico hay una explosión y se ha desarrollado de una manera extrema.

Ese es el motor, ¿no?

Sin duda.

Vayamos a un tema más amable. Se ha cerrado este año una exposición sobre momias en el Parque de las Ciencias de Granada de la que has sido comisario y que ha sido un rotundo éxito.

Sí, éramos tres comisarios: Inmaculada Alemán, Javier Medina y yo. Y ha sido un éxito por el acierto que ha supuesto presentar a las momias como joyas que nos hablan de la vida en el pasado. Hemos presentado a las momias como elementos que sirven a la ciencia y no al miedo, aunque son feas, porque todas las momias son feas. Las momias nos pueden aportar información y por eso han despertado mucho interés. Me interesaba mucho que la momia no diera miedo. Ya estamos hartos de Halloween, ya estamos hartos de ver una momia por ahí haciendo maldades, y el resultado fue muy bueno. Solo un niño salió llorando y fue porque el padre lo asustó. Si un niño ve aquello y tú le explicas para lo que sirve, lo que es: «este niño que está aquí muerto se murió de esta cosa»… entonces llama la atención y gusta. Ha sido la exposición más exitosa del Parque de las Ciencias.

Más de medio millón de visitantes.

Sí, y una parte pequeñita de la exposición se ha trasladado a Burdeos. Yo creo que es de las últimas veces que se va a poder hacer una exposición de momias, porque están saliendo una serie de leyes y normas que impide exponer los cadáveres. A mi juicio es absurdo, porque todo depende de lo que se exponga y cómo se haga, pero eso de la privacidad ha hecho ya que en el Museo Británico hayan guardado las momias, y en el Louvre también las han quitado… Se van a quedar solo para que algún especialista vea algún tema, pero yo creo que sería interesante que el público vea lo que puede aportar una momia a la ciencia. Una momia ofrece una gran cantidad de datos preciosos. Si hablamos de la antigüedad y vemos una momia, todo lo que significa, la preparación del cadáver, el esfuerzo por un ideal, pues vale la pena.

En esta exposición habéis tenido dos momias estrella: el hombre de Galera y el hombre del Tirol.

El hombre de Galera es de la Edad del Bronce, y apareció en el norte de Granada, en Galera, en Castellón Alto. Este hombre ha dado más datos útiles a la ciencia que todas las tumbas de la época que se habían encontrado hasta ahora. Hay más de dos mil sepulturas de la Edad del Bronce. Y estamos hablando de que murió entre el 1500 y 1200 a. C. Esa momia nos ha hablado de las enfermedades, de la manera de enterrarse, de su peinado, de cuánto tiempo pasaba antes de enterrarlos… Los ponían en posición fetal, los envolvían en una manta y luego los ponían en la tumba. Los rituales por lo menos tardaban tres días, y en ese momento ya tenía que estar el cuerpo laxo, porque tenía que perder la rigidez cadavérica para poderlo doblar. Hay pupas de mosca, sabemos la época en que murió, sabemos que murió entre julio y agosto, de una neumonía… Eso es lo bueno que tienen las momias, que dan mucha más información que los puros huesos.

¿Y el hombre del Tirol?

Y la momia del Tirol también ha estado en la exposición. Es la momia mejor estudiada del mundo. Y ha dado una serie muy interesante de datos. Uno de ellos curioso, y es que en ese momento estaban en un periodo de cambio climático, como ahora, pero hacía frío.

Incluso se ha extraído ADN, se ha trazado y puede que haya descendientes vivos.

Sí, es de ciencia ficción. Precioso.

Empezaste tus primeros trabajos de campo allá por el 68, por lo que llevas casi cincuenta años investigando. Y has vivido el desarrollo de la ciencia en este país en el franquismo tardío y luego ya en la democracia. No se me ocurre una voz más autorizada que la tuya para que nos expliques cómo ha cambiado la ciencia en estos años.

En el terreno de la arqueología te diría que el tiempo pasado fue mejor por una razón, se hacían excavaciones sistemáticas, se invertía bastante más dinero que ahora, se investigaban más yacimientos sistemáticamente. Ahora prácticamente la totalidad son excavaciones de salvamento, y en muchos casos falta una formación adecuada por parte de la gente que lo hace. En la ciencia en general es obvio, la ciencia ha progresado de una manera espectacular en prácticamente todos los aspectos. Pero en la arqueología estamos en un retroceso. A mí lo que me llama la atención del progreso este de la ciencia es que muchas veces ha progresado tecnificándose, pero poco pensando las cosas. Es decir, las publicaciones científicas de ahora son en gran parte de nuevas técnicas, nuevos métodos, los progresos son de eso, pero no son de pararse a pensar y elaborar unas teorías o elaborar algo diferente. Bueno, esta fase técnica, esta carrera por la tecnología en la que estamos tendrá que acabar en un momento sentándose y elaborando todo el pensamiento, porque sin el pensamiento tenemos pura técnica, pero sin ciencia.

Y haznos una valoración de la situación política de la ciencia en la actualidad en comparación con épocas anteriores.

Sigue dependiendo de la política exactamente igual. Los avatares políticos de la ciencia hacen que siempre estemos dando un paso para adelante, otro para atrás. Lo que es penoso es que en este país, que tiene formados a los mejores especialistas de la historia de España, y que nuestros estudiantes son los que mejor formados están, se tengan que ir fuera. Y todavía peor que tener que irse fuera, para mí, es la desilusión del muchacho. Es poco ilusionante porque la gente no ve salida, no ve un futuro, no ve que aunque se vaya al extranjero pueda hacer algo. Y formar a estos cuadros de personas para luego decepcionarlos me parece hasta cruel, tal vez sería mejor no hacer nada, porque estamos malgastando un capital brutal que nos podía hacer una potencia mucho mejor de los que somos, pero hay una falta de interés político que decepciona a la gente. Y si pensamos en lo que decía Fígaro en su tiempo, es que estamos igual. Es que nuestra ciencia adolece de eso, gente que se va con becas del máximo nivel como la Marie Curie, y luego vuelve a Granada y le dicen que no tiene sitio en la universidad, porque a tal departamento no le viene bien admitirlo porque tiene a la otra persona preparada. Hombre, por favor, es escandaloso.

¿Es cierto que coleccionas plumas?

Sí, y no solo plumas, colecciono, o mejor, junto casi de todo. Como cajas de compases, eso es una maravilla. Yo de chico veía las cajas de compases y era algo mágico. Eran preciosas, brillaban y tenían formas bonitas. Y por fin mi madre me compró un compás que se espatarraba y que era más malo que todo, y nunca podía tener uno bueno. Y ahora colecciono cajas de compases porque ya no se usan, la gente las vende baratas y siguen siendo preciosas, tengo un montón de ellas. Reglas de cálculo también tengo, es que soy un acumulador. Tengo un síndrome de Diógenes, tal vez un poco más distinguido. También colecciono primeras ediciones de Darwin, aunque no tengo El origen de las especies porque es carísimo. Y libros antiguos en general.

7 comentarios

  1. Cualquier entrevista interesante a un personaje interesante dobre un tema interesante es una magnífica oportunidad para darles un zasca gratuito y reirse un rato de los catalanes, aprovechando que el Pisuerga pasa por donde me conviene.
    Por cierto ya podrían haber analizado los huesos de Colón para ver donde creció y hacer callar al pesado de Bilbeny, aprovechando, digo…

  2. Pingback: Miguel C. Botella: «Tenemos la mayor colección de esqueletos de niños del mundo» – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  3. Pues parece una reencarnación de Darwin_Muy interesante.

  4. un placer leer la entrevista, gracias!!!!!

  5. Que grande eres Miguel !!!

  6. Pingback: Miguel C. Botella - Laboratory of Forensic Anthropology | Laboratório de Antropologia Forense

  7. Pingback: Entrevista a Miguel Botella - Laboratory of Forensic Anthropology | Laboratório de Antropologia Forense

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