Si aparte de trozos del mundo, en un restaurante puedes comerte versos, películas, canciones o hacer viajes en el tiempo, no hace falta que nadie le diga a ese gourmet privilegiado que cada uno de esos bocados son más que comida. La comida es emoción, alma, sensación, eso es lo que Carme Ruscalleda (Sant Pol de Mar, 1952) transmite apasionadamente durante la conversación en su restaurante Sant Pau. Oyéndola hablar, nos queda claro que la iniciativa, creatividad y perseverancia, son los ingredientes que no deben faltar en la despensa de cualquier chef que quiera, como ella, alcanzar cinco estrellas Michelin.
En primer lugar, felicidades por sus 25 años en la profesión.
Sí, ya son 25 años en la cocina, aunque ya llevaba 15 trabajando en la tienda de mis padres, una charcutería que nació de una familia agrícola, productora y comerciante.
¿En aquella charcutería se formó la chef que hoy triunfa en el mundo?
Aquella charcutería fue el embrión de esta casa. Allí no me conformé solo con las técnicas de charcutería tradicional, que en Cataluña son muchas, sino que además hacía butifarras creativas, por ejemplo una butifarra un poco más larga de lo habitual y de dos colores, blanco y negro.
Pero más allá de las técnicas chacineras, ¿hacía allí sus primeros pinitos como cocinera?
Aquel negocio fue evolucionando y empezamos a ofrecer cada día un plato para acabar de cocinar en casa. Un día croquetas, otro día pasta fresca, los fines de semana había más platillos, fricandó, canelones… La persona que está comprando comida para llevar está comprando tiempo, no quiere que le des algo para sofreír o una bandeja para meter al horno. Quiere algo inmediato, calentar y a la mesa. Íbamos creciendo en matices y detalles que no podíamos trasladar a nuestro público en lo que esperaba, por esta razón empezamos a diseñar una tienda donde hubiera además comedor, pero para ofrecer restauración a horarios de tienda. Nosotros éramos tenderos, nunca teníamos horario de restauración. Pretendíamos montar un negocio que albergara una industria chacinera al fondo y arriba un comedor.
Finalmente el rumbo cambió, ¿qué pasó?
Al final no llegamos a ejecutarlo. Necesitábamos escaleras de incendios, paneles cortafuegos… Por suerte teníamos 35 años, estábamos llenos de ilusión y es cuando surgió el azar del destino. Vendían esta torre que ya estaba habilitada como hostal y costaba lo mismo comprarla que hacer toda la reforma que necesitaba nuestro antiguo negocio. La misma familia nos dijo que no era lo mismo hacer obras de aquel tipo en casa que comprar un inmueble, porque si fracasa la idea, este inmueble responde. En cambio las obras en casa no hubiesen servido para nada.
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Qué entrevista más deliciosa!!!!!
Me he enamorado aún más de esa mujer.
Y puestos a reconocer méritos, qué fotografías tan espléndidas. Excelente luz, detalle, ángulos, encuadres y rango dinámico.
Enhorabuena al entrevistador y al fotógrafo. Bravo!
Off.
Si me regala un libro de recetas, yo le doy a cambio uno de Historia (por lo de «Cataluña es un país constituido en las Cortes»).
Probablemente, las Cortes de las que habla Ruscalleda no son las Cortes españolas, en las que tu debes de estar pensando, sino de las Corts Generals de Catalunya. http://es.wikipedia.org/wiki/Cortes_Catalanas
Ahórrate el libro de regalo, no lo necesita.
Pues no: Estaba pensando en las mismas cortes que probablemente piensa Ruscalleda, las catalanas. Tan constitutivas de un país como pudieran serlo las cortes valencianas o aragonesas, todas ellas supeditadas a la Corona de Aragón.
Fantástico. Entonces estamos de acuerdo. Te puedes ahorrar el regalo.
Es curioso pensar en que dos restaurantes absolutamente idénticos, servidos igual, que presentan exactamente la misma cocina (dicho por la propia autora de la misma, o sea que fuente fiable), uno en Tokyo y otro en Sant Pol de Mar, pues a uno le otorga Michelín 1 estrella y al otro en cambio 3
Buena entrevista, un gran ejemplo para la juventud ver como desde una charcutería ha sido capaz de montar 3 restaurantes de tanta reputación
A esta sociedad la lideran los futbolistas, los diseñadores y los cocineros… ¿dónde quedaron los académicos, los estudiosos, los filósofos, los poetas?,, ¿de verdad es tan importante la gastronomía?. ¿De verdad todas estas sutilezas de cocineros nos hacen felices?
Eso mismo pienso yo.
Como le decía a Paco más abajo, la felicidad no es igual para todos. Por supuesto, alguien que ha dedicado toda su vida a la gastronomía ve la felicidad en la experiencia del buen comer.
No es tan importante la gastronomía, claro, puedes alimentarte de patata hervida y sardinas a la plancha todos los días, pero cuando de repente pruebas un nuevo sabor, una nueva textura, puedes darte cuenta de que despierta en ti una emoción concreta. Y puedes interpretarlo como un momento de felicidad.
me hace feliz leer sobre ese firmamento (g)astronómico constelado de estrellas Chiquilín, en la cima del souflé mediatico… no se si me haría tan feliz rascarme doscientos cincuenta euros de mis constreñidos bolsillos para constatar que todo ello, además es como nos lo cuentan… así que seguiremos contemplando Picassos en las paredes de los museos y disfrutando de la megacomida en su esferificación literaria
– Es maravillosa, carmen es espectacular, su restaurante el mejor donde e comido.
Querida Carme: La concepto felicidad es demasiado importante para usarla para vender comida.
Paco, el concepto de felicidad es diferente para cada persona.
Además, ella no lo usa para vender comida. Ella vende una experiencia sensorial. Y eso, si tienes el dinero para pagarlo, puede convertirse en un momento de felicidad muy intenso. ;)
Entrevista fantástica! Carme es un ejemplo de trabajo y dedicación a su trabajo y país. Por cierto, veo que hay gente amargadilla comentando por aquí. Sed felices y disfrutad de la vida!
Quien no piensa como tú o como Carme está amargado?
No me canso en leerla o escucharla transmitiendo su amor por la cocina.
Chapó Carmen. No hay quién de mas.
Saludos