Editar en tiempos revueltos: Cabaret Voltaire

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Estamos con Miguel Lázaro García, uno de los dos editores —el otro es José Miguel Pomares Valdivia— de Cabaret Voltaire, en una suerte de tabernilla con algo como música ritmosa de fondo, hablando principalmente de literatura francesa del siglo pasado, ajenos a la gente que nos estará mirando, conformándonos con podernos entender, charlar. Les confieso —estoy desando hacerlo— que en algún momento tuve miedo: parecía posible e incluso muy probable que alguien empezara  a bailar salsa, de pronto. O algo peor. Háganse cargo, qué sitios hay en Madrid. Y nosotros departiendo sobre Jean Baptiste Del Amo. Empezaré por ahí (lo que va en cursiva es mío):

Jean BAptiste
Retrato de Jean Baptiste Del Amo

Escribe con 26 años una novela de unas 500 páginas sobre el siglo XVIII, Una educación libertina, y llega a la final del Goncourt. Entonces, se dan cuenta de que es su primera novela. Y, claro, el primer premio, lo que es el Goncourt el Goncourt solo lo puede ganar un autor consagrado. Por eso el que le dan finalmente es el Goncourt a la primera novela. Y ha sido un éxito este libro.

[Vendrá a presentar su segundo libro en castellano en Octubre, en La buena vidaPor lo visto, según hemos oído, Jesús Trueba, el librero, es un incondicional de la primera novela de Del Amo]. 

Es de ascendencia española, por cierto. Su familia es de un pueblo de la Mancha. Del Amo es el apellido de su abuelo y de su padre. Son emigrantes de la Guerra Civil que acabaron en Montpellier. Somos nosotros quienes publicamos también en castellano la nueva novela, La Sal.

¿Cuáles son los comienzos de Cabaret Voltaire?

Empezamos hace seis años y medio. Yo vivía en Madrid y el otro socio editor en París; él es arquitecto, yo economista; ninguno de los dos teníamos relación con el mundo editorial, pero sí inquietudes. La idea de crear una editorial siempre nos había rondado; a los dos nos apasiona la literatura. Cuando tomo la decisión de llevar a la práctica el proyecto estaba trabajando en Madrid y hacía el doctorado en literatura comparada y crítica literaria. Pepe, mi socio, trabajaba en París para Jean Nouvel hasta que lo trasladaron a Barcelona. Fue allí donde finalmente nos juntamos y donde surgió nuestro Cabaret Voltaire literario.

Fue un poco arriesgado, ¿no? Lo dejas todo y te vas un poco a la aventura. 

Sí, bueno, pero había que hacerlo, necesitábamos hacerlo. Al principio fue un reto; ahora, visto desde la distancia todo ese esfuerzo, que fue enorme, veo que ha merecido la pena. Porque cuando comenzamos no sabíamos nada de nada del funcionamiento del negocio, solo sabíamos de literatura; lo aprendimos todo sobre la marcha. Hicimos una maqueta del diseño del libro y un catálogo con diez títulos, y así comenzó la búsqueda de distribuidor.

Me imagino a los dos por los stands de una feria preguntando a los editores quién distribuía sus libros, cómo funcionaba. Les pongo también muchísimas ganas y una determinación inquebrantable. De otra manera no hubieran podido llegar a construir su editorial, entiendo, una editorial que en poco más de seis años suena a clásico, un sello perfectamente definido al que se acude y en el que se confía.

Nos entrevistamos con Miguel García de Machado Libros, le gustó el proyecto, el diseño… Y a los 20 días ya teníamos distribuidor. Al principio compartimos la distribución con UDL. Luego ya no fue posible compatibilizarlas y pasamos a Les punxes. Como ves fue todo muy naïf… La verdad es que sacábamos nuestros libros y no sabíamos muy bien qué hacer [risas]. Con el tiempo hemos ido conociendo a gente y, poco a poco, abriéndonos un hueco en el mundo editorial.

Cabaret Voltaire… 

Lo de Cabaret Voltaire es un homenaje al dadaísmo, de siempre nos ha gustado esa etapa de trasgresión tan fantástica de los comienzos de las vanguardias. La editorial tiene una línea principalmente formada por literatura francesa. Y también marcada por ese cierto malditismo que acompaña a nuestros autores. Empezamos publicando Thomas el impostor de Jean Cocteau, un autor que nos gusta mucho y del que estamos editando toda su obra narrativa.

De Cocteau han publicado ya cuatro de sus novelas: además de la ya mencionada, La gran separación, El libro blanco y El Potomak.

Un sábado por la tarde cuando todos los alumnos habían salido, o bien a ver a su familia o bien al teatro, Jacques, a quien le dolía la garganta, se quedó solo en el piso. Madame Berlin le subió una tisana, le puso la mano en la frente y le tomó el pulso. Jacques se percató enseguida de que la dueña llevaba a cabo la misma maniobra que Stopwell. Pero en esta ocasión, la frialdad con que se mostraba ante ella no bastó para apagar el fuego, sino que lo avivaba, y Madame Berlin, poco a poco, abandonaba su papel de madre suplente.

Jacques fingía no comprender nada y, tosiendo, extremando los lamentos de un enfermo que no desea sino descansar, advertía entre las pestañas de Madame Berlin una mente perturbada por el deseo, como, su sombra agitada por la vela, a diestro y siniestro, sobre las paredes de la habitación. 

Al fin, con una fuerza sorprendente, le cogió la mano y se la acercó hacia su cuerpo. 

—¡Jacques!¡Jacques! —murmuró entonces—, ¿qué hace?

El ruido del portalón le salvó. Soltó la presa, se recompuso, salió volando.

(De La gran separación)

Este año se cumplen 50 años de su muerte. En Madrid se conmemorarán con un ciclo de conferencias a principios de octubre en La Casa Encendida. No fue un autor fácil de conseguir, sobre todo para una editorial que empezaba.

Otra vez esa determinación.

Nuestro catálogo se ha ido enriqueciendo con los años, en un principio nos centramos más en las vanguardias y en la literatura de fin de siècle (Robert Desnos, René Crevel, René Daumel, Lorrain, Henri de Régnier…), pero hemos ido enriqueciendo el catálogo incorporando autores fundamentales del s. XX (André Gide, Marguerite Duras, Klaus Mann…), autores actuales como Patrick Modiano y jóvenes escritores que han sido una revelación en Francia (Jean-Baptiste Del Amo, Abdelá Taia…).

Ahora uno de los proyectos que más nos entusiasma y que ya empieza a ser una realidad es la publicación de la obra completa de Mohamed Chukri, en su gran parte inédita en España. Hasta el momento hemos editado El pan a secas, Paul Bowles, el recluso de Tánger, y Jean Genet en Tánger.

dada_expo_berlin_1920
La fotografía ha sido tomada de aquí.

El pan a secas. Muy potente ese libro.

Claro, El pan a secas es un libro mítico de la literatura árabe. El pan desnudo es como se le llamó en la primera edición en castellano. Juan Goytisolo nos propuso el cambio para que se ajustara al original árabe y no a la traducción del título que se le dio en Francia. La fama mundial de Mohamed Chukri se debe en gran parte a Paul Bowles, que fue quien dio a conocer este libro por primera vez publicándolo en ingles en 1973. Él lo transcribe (por su desconocimiento del árabe) al inglés a través del dictado oral en castellano de Chukri. Esta era la lengua que ambos dominaban y en la que se comunicaban.

En un principio a Chukri El pan a secas solo le traería problemas. Por él es condenado a muerte en la fatwa del Ayatollah Jomeini donde se condenaba a su vez a Salman Rushdie. El libro fue prohibido en los países árabes. Es en 1982 cuando Marruecos levanta la prohibición y Chukri puede ver por fin su novela publicada. Los 20.000 ejemplares de la tirada se agotan rápidamente. Un año después la obra vuelve a ser prohibida. No será ya hasta el año 2000 que se levante definitivamente la prohibición. El pan a secas ha sido durante muchos años en Marruecos un libro que se ha leído a escondidas. La edición que hemos publicado en Cabaret Voltaire corresponde a la revisada por el autor en el año 2000. La nueva traducción nos ofrece un libro más fiel al original, un texto con toda su crudeza, libre de las matizaciones de la primera traducción al castellano.

Si a alguien le deseo la muerte, es a mi padre. Lo odio, a él y a los que se le parecen, y no recuerdo cuántas veces lo habré matado en mi imaginación. Tan solo me queda matarlo de verdad.

Rechacé la cena. «Ya disfrutaré mentalmente del pollo con gisantes». Prefería ir al cine. Allí al menos me olvidaba de mis problemas. Las manos me temblaban al cortar frente a mi padre un trozo de carne. ¿Por qué me miraba de esa manera, como si estuviera furioso? Conseguía meterme el miedo en el cuerpo, y acababa comiendo sin bajar la guardia, como los gatos. Su egoísmo nos dominaba incluso cuando él no estaba. Yo prefería comer aparte. «No debes comer solo. Es una mala costrumbre», solía decirme mi madre. «Peor es comer con mi padre delante», contestaba para mis adentros.

Un día, me dijo mi madre:

—Tu padre no come hoy con nostros. Siéntate a la mesa.

—No quiero.

—Siéntate y come, te he dicho.

—¡Que no! ¿Es que no lo entiendes? —grité.

(De El pan a secas)

Mohamed Chukri
Fotografía de la exposición La vida perra de Mohamed Chukri, de Luis de Vega.

Al año editamos entre ocho y diez títulos. Ha habido años que hemos sacado 12, otros menos. Seguramente podríamos llegar a 14, pero creo que, tal y como está la situación en el sector, es más sensato pensar más en las posibilidades de cada título, dedicar más tiempo a su promoción y lograr que alcance una difusión mayor. Lo ideal sería que todos hiciésemos lo mismo; como bien sabes, el mercado está bastante saturado de novedades.

Creo que las pequeñas editoriales estamos aguantando mejor la crisis que las grandes o medianas. Ellas lo tienen más difícil a la hora de afrontarla; tienen una infraestructura que hay que mantener, unos costes fijos altos. Las pequeñas tenemos mayor flexibilidad y podemos adaptarnos mejor a esta situación. Creo que replantearse por parte de todos el volumen de novedades sería una medida inteligente. Adaptar la oferta a la demanda. Ni el lector ni el librero ni vosotros los periodistas podéis abarcar un número semejante de novedades, no da tiempo. Así, pasan desapercibidos injustamente muchos títulos que además llevan muchísimo trabajo detrás.

Nosotros, en Cabaret Voltaire, hacemos prácticamente todo el trabajo editorial: elección de títulos, diseño, maquetación, corrección. Lo que nos permite controlar y ajustar mucho los costes. Es un proyecto de sello editorial muy personal.

Los libros hechos así son especiales. 

Claro, están muy cuidados. No se deja nada al azar. Para cada libro tratamos de encontrar el traductor que mejor se ajuste al texto, normalmente colaboramos con profesores universitarios expertos en el autor, que puedan ofrecernos una traducción llena de matices. Somos muy maniáticos con las correcciones. A todo se le da muchas vueltas hasta que alcanzamos una versión definitiva, lista para mandar a imprenta. Este trabajo también nos limita la producción. A los pequeños editores que nos involucramos tanto en la edición nos cuesta mucho delegar en otras personas.

¿Y por qué cuesta tanto?

Porque nos gusta hacerlo todo, controlarlo todo (risas). Para delegar tendríamos que encontrar un alma gemela que tenga nuestros mismos gustos y se obsesione tanto como nosotros, alguien en quien seamos capaces de depositar toda nuestra confianza. Y esto, claro, no es fácil. Habría que hacerlo, pero no es fácil.

El público os conoce. Cabaret Voltaire es un sello perfectamente reconocible.

Bueno, detrás hay mucho esfuerzo. Hemos tratado de mantener una coherencia en la línea editorial, no defraudar a los lectores que te siguen, cuidar mucho el libro en las traducciones y en la presentación (el diseño). Tener una buena distribución también nos ha ayudado a ello. Y, por supuesto, el trato que hemos recibido por parte de los libreros ha sido importantísimo. Cuando comenzamos hace seis años y nadie nos conocía Marta Ramoneda de La Central apostó por nosotros, y esa apuesta nos ayudó mucho a afianzar nuestro proyecto. Librerías como, por ejemplo, Cálamo de Zaragoza, Tipos Infames de Madrid (incluso antes de que abrieran la librería), y otras muchas que podría citar, siempre han creído en Cabaret Voltaire y han sido un gran apoyo para nosotros.

Se ha hablado muchas veces en esta casa sobre las librerías y sus libreros, sobre la importancia de sus maneras a la hora de recomendar y cuidar los libros, o a la hora de transmitir y acercar las bondades de la literatura bien hecha al que gusta de la lectura. Un librero como está mandado lo conoce todo, lo disfruta, lo comparte. Te lo sabe contar. Me alegra mucho, entonces, este comentario de Miguel, escuchar a un editor al que se le llena la boca hablando de las librerías que sabe que le apoyan es magnífico, pone de buen humor, no me digan que no. Porque es lo cierto que cada vez que un editor enlaza a uno de estos portales que venden libros y tributan en Sebastopol a un ángel del cielo se le caen tres alas tres, lo cual es mucho y aquí paro; no me hagan hablar.  

DSC_0230
Librería La buena vida, fotografía de Jorque Quiñoa para Jot Down

Agustín Gómez Arcos. Cuéntame. 

Es uno de nuestros grandes proyectos: la edición de la obra completa de este escritor almeriense, un gran trasgresor. Decidió exiliarse a París en 1968, donde acabaría escribiendo en francés y publicando un total de 14 novelas. Gómez Arcos fue uno de esos casos que se dan, por desgracia, tanto en España. La razón de que uno de nuestros escritores más galardonados en Francia, con gran parte de su obra traducida a numerosos idiomas, siempre haya sido mal recibido en España, fue política. Gómez Arcos murió en París en 1998, sin haber renunciado nunca a su nacionalidad española y muy dolido por ver cómo su país no supo con la Transición —tardó mucho en intentar hacerlo— cerrar muchas de las heridas que aún permanecían abiertas. Quizá la causa de muchos de los problemas que hoy estamos sufriendo en política se deba a los errores que se cometieron entonces.

Hasta el momento hemos traducido cinco de sus novelas y su poesía completa. Gómez Arcos es sin duda una de las principales figuras de la literatura española (su literatura siempre fue española, aunque tuviera que escribir en francés) de la segunda mitad del siglo XX. En una de sus novelas, Ana no, de la que acabamos de sacar la segunda edición, encontramos para mí uno de los personajes femeninos más bellos de la literatura universal.

La ceguera de su compañero obliga a Ana Paucha a llevarlo por la vereda que bordea la vía. Nunca le gustó esa vereda, invadida por las zarzas. Pero piensa que es mejor evitar a su amigo las duras traviesas y las piedras puntiagudas. Siente especial ternura hacia ese ciego-vidente que le va enseñando, día tras día, los misterios de la lectura, el arte de la escritura, como él lo llama. Tiene la paciencia de un maestro de escuela y si a veces se enfada es porque ella, Ana no, es tonta perdida. Y, sin embargo, de pequeña lo que más deseaba era aprender a leer y a escribir. Pero entonces no había escuela en su pueblo. La más cercana estaba a diecisiete kilómetros y no había manera de llegar hasta allí. Después, siempre se buscó excusas heroicas para justificar su ignorancia. Eso sí: nunca culpabilizó de ello a sus padres, ni a nadie. Cuando llegó la primera carta de su hijo, el pequeño, le hubiera gustado no tener que pedir al cartero (un muchacho muy atento, por cierto) que se la leyera. Hubiera sido mejor decírselo al quiosquero del pueblo de al lado, y haberle pagado lo que fuera.

(De  Ana no)

Y qué toca ahora. 

Autores vivos. Al principio, cuando empiezas con la editorial, creas un catálogo con autores y títulos de referencia. Tratas de darte a conocer y afianzar el sello y la línea editorial. Pasado este rodaje inicial, la labor del editor no debe limitarse a los autores ya reconocidos, sino que tiene la responsabilidad de dar a conocer a nuevos escritores, descubrir nuevos textos, como hacemos en nuestro caso con la literatura francesa actual. Y entonces las labores de promoción son muy diferentes, puedes contar con el autor. Todo es mucho más dinámico. Y el resultado más enriquecedor.

Con el tiempo, me gustaría abrir una línea para autores españoles. Ya veremos. Sería abrir una línea diferente con nuevo diseño. Nos apetece mucho hacerlo. Creo que el éxito de un catálogo consiste en que la mayoría de tus títulos funcione a largo plazo. En Cabaret Voltaire estamos contentos con el nuestro, creo que lo hemos construido con coherencia y el lector ha respondido. Es un catálogo que funciona, que se mantiene vivo y del que vendemos títulos todos los meses. 

¿Y la Feria? ¿Qué tal ha ido?

La Feria de Madrid es como un oasis en medio del año. Nosotros nos lo tomamos como unas vacaciones. Es un punto de encuentro entre editores, libreros, distribuidores; y, lo más importante, el contacto directo con el lector. Presencias por primera vez la reacción que provocan tus libros. Es algo muy especial, y de lo que se aprende. Es una feria única, de donde se sacan nuevas ideas para mejorar.

Por cierto, una pregunta, ¿por qué los editores de fuera tenemos que pagar el doble que los de Madrid por asistir a una feria que no deja de ser algo tan singular y que trata de tener una proyección nacional? No lo entiendo muy bien.

Es que no se entiende, coincidirá todo el mundo. Se trata de atraer, no de poner obstáculos. No sé, se me ocurre. Con quién hay que hablar para que lo cambien (esto no es en serio; es esto que yo llamo humor, no me lo tengan en cuenta)

Dicen que este año ha ido mejor que el anterior, que fue desastroso. 

Sí, pero yo lo achaco un poco al buen tiempo que hemos tenido. Ese 10% de mayores ventas bien pueden deberse a ello, más que a una recuperación.

Pues volvamos a hablarlo el año que viene. Para entonces ya nos habremos leído todos Una educación libertinaLa Sal. Me ocupo yo de pasar lista.

Me pregunté si no iba a desaparecer para siempre. El día anterior tenía un punto de referencia: la había visto entrar en un edificio; pero en esta ocasión ni siquiera me permitió acompañarla hasta el final. Con ella, nunca se sabía.

Preferí caminar a esperarla, solo, en el café, y deambulé por todas las calles cercanas y por las escaleras con balaustras y farolas. Años más tarde, volví varias veces a aquel lugar y las escaleras de la rue de l’Alboni me evocaron siempre ese sábado en que caminé por allí, haciendo tiempo. Era noviembre pero, debido al día soleado, recuerdo el barrio bañado en luz estival. Manchas de sol en las aceras y sombra bajo el viaducto del metro. Un paso estrecho y oscuro, antiguo sendero campestre, serpentea entre los edificions hasta la rue Raynouard. De noche, al salir del metro Passy, las farolas iluminan el follaje con luz pálida. 

 (De Un circo pasa

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5 comentarios

  1. Interesante iniciativa editora la de Cabaret Voltaire. También el artículo en general, me apunto ‘Una educación libertina’ de la que no había oído hablar, pinta bien, por cierto Houellebecq también fue finalista del Goncourt con ‘Las partículas elementales’ (su 2ª novela) y lo acabó ganando con ‘El mapa y el territorio’. Nunca he entendido el por qué una primera novela, un autor debutante, no puede ganar un premio de prestigio si de verdad lo merece…

  2. Pepe Ramírez

    Interesante.

  3. Galahat

    «Por cierto, una pregunta, ¿por qué los editores de fuera tenemos que pagar el doble que los de Madrid por asistir a una feria que no deja de ser algo tan singular y que trata de tener una proyección nacional?».

    Yo tampoco lo entiendo muy bien, pero supongo que tiene una explicación tan lógica como la de por qué el consumidor español paga el doble en los productos culturales que países con mayor coste de la vida. Tengo en mis manos el mismo texto publicado por una editorial francesa y otra española. La edición francesa cuesta 2.5€, la española 14€. La calidad de la española es mejor, pero la francesa tiene una edición muy decente (la compré porque, de hecho, incluye más ilustraciones) teniendo en cuenta que, por el precio de la española, podría comprar cinco veces el libro de la francesa. Pero en el mercado editorial español, si devoras libros, más vale que tengas un alto poder adquisitivo porque no está orientado a salarios mínimos interprofesionales.

  4. Pingback: 25/06/13 – Editar en tiempos revueltos : Cabaret Voltaire | La revista digital de las Bibliotecas de Vila-real

  5. O bien te los descargas de algún sitio, como hace todo quisqui.

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