Así será (o podría terminar siendo) el sexo con androides

Publicado por

Rachel
Lo hemos visto en novelas y película de ciencia ficción: usted, por un módico precio, adquiere una flamante reproducción de Scarlett Johanson o de Brad Pitt para que se convierta en su pareja perfecta. Para que le haga el desayuno después de una satisfactoria sesión de sexo a la precisa medida de sus gustos particulares. La posibilidad está ahí, o eso se intuye por cómo pensamos que podría evolucionar la tecnología. Pero siendo realistas, ¿sucederá esto alguna vez?

Imaginemos que efectivamente terminan creándose androides lo suficientemente parecidos a seres humanos como para que puedan ejercer como compañeros sexuales convincentes. Las posibilidades que genera esta situación, normalmente de tipo emocional, las habrá visto usted reflejadas en esas películas, novelas y series de televisión de las que hablamos. Pero existe una posibilidad que no suele plantearse: ¿acaso no preferirán los androides del futuro mantener relaciones sexuales entre ellos antes que rebajarse a tener contacto sexual con seres humanos? La verdad es que es bastante posible que así sea, al menos cuando los androides sexuales alcancen un alto grado de sofisticación. Así, podríamos encontrarnos con supuestos esclavos sexuales artificiales que, de uno u otro modo, terminen rebelándose contra sus creadores… porque no quieren acostarse con ellos.

Uno de los objetivos básicos de la robótica es el de conseguir construir máquinas que reproduzcan el comportamiento humano de la manera más fiel posible. A día de hoy, podríamos decir que ese proceso de imitación se encuentra todavía en mantillas, pero el constante progreso de la tecnología nos permite imaginar que puedan estar aguardándonos grandes logros más o menos a la vuelta de la esquina, quizá incluso en el transcurso de unas pocas generaciones. El problema de la robótica del futuro, claro, es que las cosas no terminen saliendo como los científicos y técnicos esperan que salga.

No se preocupe si le disgusta la idea de tener relaciones sexuales con un androide, por visualmente atractivo que este pudiera resultar. Hay gente que sí lo haría. Aunque las encuestas tienen un valor muy relativo —por no decir que en buena parte de los casos no pueden ser tomadas en serio—, si hacemos caso de una célebre encuesta realizada por YouGov, un 9% de los individuos interrogados afirma que tendría contacto sexual con un androide si surgiera la oportunidad. Los robots sexuales tendrían su mercado, eso está claro. Ahora bien, no crea usted que el mayor problema sería conseguir un varón o hembra robóticos cuyo tacto, movimiento y demás características físicas puedan resultar convincentes y atractivos. Esto es una tarea difícil, desde luego, pero tarde o temprano se acabará consiguiendo. Lo realmente difícil sería crear buenos compañeros sexuales desde el punto de vista psicológico, que fuesen más allá de meros autómatas que no pasaran de ser juguetes singularmente realistas.

El quid de las relaciones sexuales entre humanos es que a ambas partes (o más partes, si hablamos de sexo en grupo) les gusta la idea de practicarlo. La implicación de la pareja sexual es mucho mayor si ella también disfruta con lo que hacemos, así que la pareja sexual artificial ideal sería aquella que llegase a disfrutar con el acto sexual tanto como nosotros. Porque, entre otras cosas, cuando un androide posea una mente lo suficientemente compleja como para resultar un buen amante, será difícil programarlo de manera sencilla para que finja y la planificación de su conducta se convertirá en una tarea verdaderamente laberíntica.

¿Por qué? Pensemos en una computadora actual: discos rígidos que contienen información almacenada en un entorno de almacenaje. Una memoria rígida y por lo tanto una conducta también rígida (aunque no siempre previsible, desde luego). Esto no se parece demasiado a la manera en que funciona un cerebro humano ni es la manera en que lograremos mentes artificiales lo bastante complejas. Nuestro cerebro no solamente es una red de circuitos electrónicos, sino que está modulado por multitud de mecanismos. Por ejemplo, está la liberación de determinadas sustancias —como los neurotransmisores— que tienen un efecto enorme sobre nuestro comportamiento y nuestras emociones. La máquina bioquímica del cerebro interactúa constantemente con el resto del organismo y con el entorno, e interactúa de varias maneras simultáneamente. Así, la manera en que pensamos y sentimos en un momento dado puede estar marcada por algo tan simple con el exceso o defecto de un neurotransmisor, o con algo tan complejo como el conjunto de estímulos internos y externos al que nos vemos sometidos. Por lo tanto, nuestra conducta no es el resultado de un programa, de un software, sino más bien de una especie de red de influencias en la que nuestro «software» determina solamente una parte.

Podemos pensar que nos gusta el sexo, pero lo cierto es que este pensamiento por sí mismo no bastaría para que el sexo nos gustase. Se precisa de toda una red de receptores sensoriales, transmisión bioquímica de información y respuestas cerebrales para que, efectivamente, nos guste el sexo. Todo nuestro organismo ha evolucionado de manera en que nos guste el sexo, pero en su complejidad necesita también de determinados condicionantes. A cualquier ser humano no le resulta posible el sexo en cualquier circunstancia. Por este motivo no siempre nos apetece, y depende mucho de nuestro estado físico y emocional el que tengamos ganas de practicarlo o incluso el que disfrutemos más o menos con ello, o incluso el que seamos fisiológicamente capaces. Naturalmente, dado que del sexo ha dependido siempre la reproducción biológica y la supervivencia de nuestra especie, la selección natural se ha preocupado de que el acto sexual recompense ampliamente a casi todos los individuos normales que lo practican. Mediante el placer sexual, sobre todo, pero también existen otras recompensas relacionadas con el ego, por ejemplo, y desde luego con necesidades de contacto emocional con los demás. Pero bueno, biológicamente hablando, las respuestas fisiológicas sí son las más importantes y las más determinantes.

Si quisiéramos fabricar el androide sexual perfecto, tendríamos que conseguir que el sexo le gustase. Así, se entregaría en el acto sexual como hace cualquier pareja sexual humana. A día de hoy, esto está fuera del alcance de nuestra tecnología, pero no parece improbable que en un futuro pueda conseguirse. La clave estaría en crear cerebros artificiales que funcionasen de manera análoga a un cerebro humano. Pretender conseguirlo únicamente mediante software y hardware al estilo de los que manejamos hoy sería una tarea de gigantes, o más bien una quimera. Pero podría lograrse si tuviésemos un tejido cerebral artificial capaz de funcionar según patrones similares a los biológicos. Así, nuestro androide sexual podría experimentar placer mediante la liberación de determinadas sustancias en su cerebro: herramientas que consigan algo más que sencillamente producir cambios de los enunciados de información que almacena en su software. Los seres humanos no solamente pensamos que algo nos gusta, sino que sentimos que nos gusta. Si pudiéramos conseguir algo así en un robot, o en un androide, tendríamos una pareja sexual psicológicamente convincente. Un robot que sienta que le gusta el sexo.

sexual lif of robots - Michael Sullivan

Desde luego, un androide tan complejo empezaría a estar ya muy alejado de nuestro concepto de lo que es una máquina, incluso de lo que es una computadora avanzada. Y bastante más cercano morfológicamente hablando a un ser humano que a cualquier máquina. Quizá estos hipotéticos androides no se comportasen exactamente igual que nosotros, pese a estar modelados a nuestra imagen y semejanza, pero sí presentarían patrones de conducta cuya complejidad sería muy similar. Así, un robot al que le gustase el sexo sería un robot capaz de albergar emociones, porque el gusto por el sexo implica cierto grado de capacidad emocional. Y un robot emocional sería tan difícil de programar como lo es un ser humano. Es decir: a un ser humano lo podemos obligar a realizar tareas que no le gustan, incluso lo podemos doblegar y quebrar psicológicamente para que sea nuestro esclavo. Pero esto no entra dentro de los patrones normales de relación entre personas y por ejemplo si se produce en el ámbito sexual hablamos de abuso, violación, y términos parecidos que describen una interacción aberrante e impropia entre dos individuos. Esta manera de proceder tampoco entraría dentro de los patrones normales de relación entre personas y androides. Y no hablamos solamente del aspecto moral o ético del asunto, sino desde una perspectiva meramente funcional. Un androide que practique sexo porque le gusta difícilmente será tan buen amante si lo hace por obligación.

Ahora bien, ¿será un androide complacido por las mismas cosas que nos complacen a nosotros? La respuesta es que no. En el ámbito sexual, ni siquiera a todos los seres humanos nos complacen las mismas cosas. La química cerebral de la que hablábamos se entremezcla con años de experiencias, aprendizajes, estímulos… cada persona es un mundo, literalmente, y al final el modo en que dos seres humanos obtienen placer sexual puede ser completamente opuesto pese a que biológicamente hablando estén «programados» para que les gusten más o menos las mismas cosas. Si existe esta divergencia de preferencias entre humanos, imaginen lo que sucederá entre humanos y androides.

Así, resulta muy posible que los androides lleguen a preferir practicar el sexo entre ellos. A fin de cuentas, ¿quién podrá conocer mejor las necesidades sexuales de un androide que otro androide? Es incluso posible que los androides, o algunos de ellos, lleguen a sentir repulsión ante la idea de hacerlo con humanos… aunque en principio hayan sido fabricados para que precisamente esa sea su función. Los vericuetos de su compleja psicología son algo que no podemos prever. Al final, pues, yacer con un juguete sexual artificial no sería muy distinto de recurrir a la prostitución: para el androide el sexo con humanos podría convertirse en un mero trabajo escasamente placentero, mientras que buscaría relaciones sexuales satisfactorias con otros miembros de su propia especie. Si tal cosa sucediese, la creación de androides destinados al placer sexual sería un logro técnicamente admirable, pero socialmente inútil… ya que vendrían a ejercer una función que ya existe y no por nada calificamos como «el oficio más antiguo del mundo». Es muy posible que la idea de fabricar amantes eternamente complacientes choque con la realidad psicológica y física de esos androides. Incluso aunque pudiésemos fabricar androides capaces de amar —posibilidad que no se antoja completamente imposible ni mucho menos—, lo más seguro es que terminasen eligiendo a quién amar, exactamente igual que hacemos nosotros una vez trascendemos el ámbito de la familia. Así pues, los humanos solitarios del futuro que tuviesen puestas sus esperanzas en comprar una novia o novio robóticos, bien podrían obtener un resultado no muy distinto del que tendrían usando ese dinero para tener una pareja que esté con ellos por pura conveniencia monetaria. Es más, la pareja humana —aun por conveniencia— podría dar muchos mejores resultados que la pareja robótica.

Por supuesto, cabe la posibilidad de que los androides encontrasen tan deseable el sexo con humanos como el sexo entre ellos mismos. Quién sabe, quizá podríamos convertirnos en un fetiche para algunos de ellos, aunque en tal caso comprobaríamos que se ha dado vuelta la tortilla y que de repente somos nosotros los juguetes sexuales. Esto, en principio, podría alentar a quien sueñe con acostarse con un complaciente androide… solo que ese androide ya estaría pensando en su propio placer más que en el nuestro y podría resultar no tan complaciente. Es más, ¿quién asegura que no podrían surgir entre los androides conductas sexuales aberrantes, hasta el punto de hallarnos ante verdaderos psicópatas sexuales artificiales? No tenemos forma de saber con seguridad cómo funcionarán sus mentes y sus emociones. Ni siquiera podemos prever cómo funcionarán las de nuestros congéneres humanos, así que imaginen la papeleta.

Todo esto, por descontado, sin mencionar el aspecto ético del asunto. Un androide lo suficientemente complejo como para tener la posibilidad de convertirse en un amante convincente podría ser también lo bastante complejo como para que nos planteemos hasta dónde llegan sus derechos y sus prerrogativas. O al menos para que ese mismo androide termine planteándoselo y exigiendo esos derechos por su cuenta. Y quizá entre esos derechos, piense él o ella (o ello, si lo prefieren) podría estar el derecho de practicar sexo con quien le apetezca y cuando le apetezca. Ya hemos dicho que programarlo para que ejerza como sumiso esclavo sexual no sería nada fácil, por no decir que podría resultar imposible. En todo caso, se los podría educar para que fuesen esclavos sexuales, pero esto plantearía dilemas morales considerables y no muy distintos a los que nos plantea la posibilidad de que alguien críe a seres humanos con la única intención de convertirlos en juguetes sexuales.

Así pues, el único amante robótico que aseguraría una complacencia y obediencia totales sería una imitación física pero sin personalidad propia de un amante humano. Algo no muy distinto de las inquietantes muñecas sexuales interactivas que ya se han empezado a fabricar y cuyo uso no va mucho más allá de proporcionar una forma elaborada de masturbación. Y claro, ahí no estaríamos hablando de una pareja sexual convincente.

En resumen, el sexo con androides es como un lanzamiento de dados: sabemos lo que pretendemos obtener, pero solamente una conjunción de afortunadas casualidades podría conseguir que efectivamente lo obtengamos. A priori, y dada la extensa capacidad emocional del ser humano, no resulta completamente imposible concebir una historia de amor —o siquiera una satisfactoria relación sexual— entre un humano y un androide lo suficientemente complejo como para despertar afecto y sentir afecto a su vez. En la práctica, sin embargo, ese ideal podría no alcanzarse nunca. Poniéndonos en plan película de ciencia ficción, los androides podrían terminar creando clubes donde acuden para relacionarse entre ellos y accediendo al sexo con humanos con no mucho mayor interés que el que ofreciera alguien que se prostituye. Podríamos ver a una perfecta reproducción de Scarlett Johansson ligando con una perfecta reproducción de Brad Pitt, pero sin la posibilidad de que un vulgar humano —incluso un humano de físico particularmente agraciado— despertase interés sexual en ninguno de ellos dos.

Solo el tiempo dirá qué sucede, pero por si las moscas vaya usted haciéndose a la idea: intente seguir perfeccionando el arte de gustarle a los humanos, porque su reluciente Scarlett Johansson recién venida de fábrica podría decidir que no resulta usted lo bastante interesante. Así de insatisfactorio será, muy probablemente, el sexo con robots. Cosas que pasan.

Jude Law gigolo Joe

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34 comentarios

  1. Pingback: Así será (o podría terminar siendo) el sexo con androides

  2. C.Albers

    ¿Un androide al que le guste el sexo? ¿No sería más fácil enseñarle a fingir y a mentir? Así sería mucho más real.

    Y si se le implementase un dolor de cabeza aleatorio sería perfecto.

  3. McBein

    «Así, podríamos encontrarnos con supuestos esclavos sexuales artificiales que, de uno u otro modo, terminen rebelándose contra sus creadores… porque no quieren acostarse con ellos».

    Fascinante premisa para Terminator 5…

  4. » (…) así que la pareja sexual artificial ideal sería aquella que llegase a disfrutar con el acto sexual tanto como nosotros».

    ¿Damos por hecho que nuestra pareja sexual «natural» disfruta con el acto sexual tanto como nosotros?

    Eso me parece mucho suponer, la verdad. Y más vista la triste guerra de sexos que tenemos montada en España actualmente.

    De todas formas, centrándonos en el fondo de la cuestión, digo yo que habiendo multitud de prostitutas de carne y hueso, ¿para qué queremos un único androide sexual? ¿verdaderamente saldría rentable?

  5. Michona

    Es que yo creo que si hablamos estrictamente de obtener gratificación sexual para todo el mundo que lo desee -cosa nada fácil, ni antes ni ahora- habría que ir pasando ya de robots que, al fín y al cabo, se está viendo aquí que comportarían una dependencia de [email protected] como sucede entre humanos, ni más ni menos. Se debería acceder directamente a esos sueños o realidades virtuales que se veían en «Desafío Total». Tendríamos la opción de copular salvajemente después de una excitante historia-guión con Jessica Biel o Hugh Jackman, y la prueba serían las secreciones que dejaríamos entre sábanas. O sea que lo viviríamos exactamente como si fuera real pero sin los inconvenientes que supone toda relación real. Si alguien no se siente motivado por la propuesta de más arriba, piensen en lo que sería eyacular entre sueños mientras nos follamos a esa cajera de esos almacenes que está tan rebuena o al maromo que nos trae los encargos del super. O a nuestra jefa o al marido de nuestra jefa… dejo abierta la puerta de la fantasía para que cada cual sueñe la suya.
    Las posibilidades son infinitas, y todo ello sin tener que rebajarse a esas grotescas e incluso miserables pantomimas que muchas veces exige el mendigar algo de sexo. Sin compromisos no deseados, sin mala conciencia, con la cara tersa, tersa, por los abundantes orgasmos, mucho mejores que los conseguidos con la solitaria masturbación. Cada día o noche, repetir la aventura que tanto nos gusta ahora, hasta que nos cansemos de ella -como así será- pero entonces podremos pasar a la siguiente y así hasta el infinito…
    ¡Esto es lo que se tiene que inventar y no un robot que se subleve cuando le salga del circuito!

    • Sí, Michona, da usted en el clavo yo tengo un conocido al que siempre le pirró Margaret Tatcher y con eso de lo virtual, podría vivir el ensueño de ponerla a cuatro patas y darla pol saco aunque no en el sentido que muchos hubieran deseado desde luego.
      Por ejemplo a mí me gusta mucho Alicia Sánchez Camacho sobre todo ahora que se le ha puesto ese culo como una paella para 20 esos prietos muslos y esos modelitos ajustados que un día se va a sentar y va a rajar la falda por el ojete. Uy y ya paro porque me estoy poniendo de un cachondo que pa qué! Ohalá estuviera ya eso inventao!

      • Maestro Ciruela

        ¡Ja, ja, ja, ja! Precisamente ayer pensé algo parecido sobre Sánchez Camacho viéndola en un informativo, aunque no comparto su entusiasmo acerca de la dama. Ahora que lo pienso, no recuerdo a ninguna fémina dedicada a la política en este país que suscite en mí, picores de entrepierna. Estoy más en la línea de Monica Bellucci…

      • PorComentar

        Eso ya no es una perversion…lo suyo es de otro nivel

  6. » (…) porque el gusto por el sexo implica cierto grado de capacidad emocional».

    Madre mía, qué empanada mental tienen algunos.

    ¿Qué grado de capacidad emocional implica la masturbación, la pornografía o la cópula entre dos mantis religiosas?

    Esto es lo que pasa cuando se emponzoña el sexo con prejuicios morales o ideológicos.

  7. «Un androide lo suficientemente complejo como para tener la posibilidad de convertirse en un amante convincente podría ser también lo bastante complejo como para que nos planteemos hasta dónde llegan sus derechos y sus prerrogativas».

    Los objetos no tienen conciencia de sí mismos. Por lo tanto, no tienen personalidad.

    Y si no tienen personalidad ni conciencia de sí mismos no pueden ser sujetos de derechos ni de obligaciones. Ni por asomo, vamos.

    ¿O es que le hemos preguntado a la tostadora del pan si no preferiría estar en el Caribe tomando el sol en lugar de chamuscando pan de molde en la cocina?

  8. Eduardo

    Creo que el artículo, y la reflexión que hace, se sustenta en la práctica de un determindo tipo de sexo (el que tiene una componente emocional). Es curioso porque ese planteamiento del sexo deja fuera a la prostitución…¿por qué el modelo de androide para el sexo, o al menos un tipo, podría tomar como referencia el de las prostitutas?. En el artículo se desestima esta forma de prácticar sexo sin componentes afectivos. Obviamente me estoy refiriendo en todo momento a la práctica de la prostitución libre y voluntaria…cosa que creo que, sinceramente, está prácticamente extinguida.

    No me acaba de convecer este trabajo, lo siento.

    • Me temo que no está usted bien informado con respecto a la práctica de la prostitución libre y voluntaria. No es de extrañar, dada la intoxicación informativa a la que nos someten últimamente desde todos los estamentos.

      • Eduardo

        Buenas Saulo, ¿realmente crees que hay mucha prostitu´ción ejercida desde la libertad?.

        • Un saludo, Eduardo.

          En España, la prostitución se ejerce mayoritariamente desde la libertad, en chalets y pisos particulares. Y lo digo con conocimiento de causa, no simplemente porque lo crea.

          Otra cosa es que interese dar otra imagen por motivos ideológicos.

          • PorComentar

            «práctica de la prostitución libre y voluntaria…cosa que creo que, sinceramente, está prácticamente extinguida»
            «la prostitución se ejerce mayoritariamente desde la libertad, en chalets y pisos particulares»
            ¿no son un poquito contradictorias?
            Que conste que estoy de acuerdo con usted en que gran parte (lo siento, no sabria precisar porcentajes) de la prostitucion en españa se ejerce de forma libre

            • Son contradictorias porque una la ha escrito Eduardo y la otra, en respuesta precisamente contradictoria, Saulo.

  9. viruela

    para que los androides si ya existen las ovejas?

  10. Love Trooper

    Vaya, este artículo ha conectado directamente con lo que en más de una ocasión se ha perfilado en mi mente. Ante las posibilidades aplicadas al tema vistas en pelis como Blade Runner o A.I., lo cierto es que tener un androide que reproduzca sintéticamente el físico de un ser humano de modo convincente puede ser como mínimo interesante, y más aún si está programado para servir en términos sexuales a su propietario. Lo de darle una inteligencia equiparable a la humana descartaría esa posibilidad porque entonces podría elegir y seguramente ya no desempeñaría tales funciones. Siempre he pensado que la mejor pareja para mi debería venir de un laboratorio, pero al mismo tiempo he pensado que incluso así me encontraría con lo que a menudo sucede en la vida real: esa compañera artificial también me rechaza cual novia de Frankenstein! Bromas a parte, la idea creo que la hemos tenido muchos en mente, otra cosa es que la tecnología lo permita y la i.a. no le otorgue libre albedrío…al menos para según qué funciones.

  11. Fulgencio Barrado

    El artículo es una buena paja mental, jeje
    Esto está tratado infinidad de veces en el cine y la literatura. El problema no es el sexo en sí, el problema son las connotaciones morales. Y es que el término «ser vivo» es tan sumamente ambigüo… Un robot que aparente ser un hombre, que se comporta como un hombre, que siente como un hombre….., es un hombre para los demás hombres. Es la diferencia entre la verdad y la apariencia, y lo queramos o no, nuestra vida se rige siempre por la apariencia (apoyada en la razón, que es otro sentido).
    El ser humano vive en un constructo propio, con sus libros de derecho, su moral, su ética, sus afectos…. Todo esto es simple apariencia creada, pero es real para nosotros ¿porqué un robot-humano iba a ser algo diferente?
    En nuestro mundo las cosas no son lo que son, son lo que aparentan ser, lo que sentimos que son…, y nos comportamos en función de ello.
    Frankenstein, pinocchio, el hombre de lata…., todos ellos son seres vivos a nuestros ojos, simplemente porque tienen eso que llamamos «ánima».

    • carlos

      Discrepo amigo, en nuestro mundo y en cualquier parte las cosas son lo que son, distinto es si somos capaces de percibirlas tal cual son, pero la idea aceptada de personalidad, entiendo que es a lo que usted se refiere como “anima” radica en la conciencia y esta a su vez es un conjunto de valores morales que se contraponen al instinto cuando este impulsa un deseo no aceptado, o por otra parte justifica al deseo para eludir catarsis.

  12. Soledad

    Robots sexuales? por supuesto que tendrían éxito. Muchos humanos desearían parejas sexuales siempre receptivas y en completa disposición de servir los deseos de sus amos, sin mediar nada más, por supuesto. Todo eso de otorgarles sensibilidad y sentimientos parece un romanticismo absolutamente fuera de lugar.

  13. O podríamos simplemente hacer robots biomecánicos que segreguen testosterona, o cualquier otra hormona que les aumente el deseo sexual, a nuestra voluntad.

    Si al robot biomecánico de Scarlett Johansson de capacidad mental limitada se le dan hormonas para que se ponga cachonda como si llevara un año entero sin mojar y se le pusiera Hugh Jackman a tiro, entonces no le importará ni se fijará en que su pareja sea un hombre cincuentón con calvicie, sobrepeso y un exceso de vello corporal.

    Eso hablando de un androide que sea capaz de darte sexo en su componente más instintiva. Si de lo que se habla es de una pareja sexual que te haga sentir igual que cuando mantienes relaciones con el amor de tu vida, y que cogerle de la mano sea igual de intenso en ese momento como cuando en otros le das un azote en el trasero, entonces sí que estamos hablando de sentimientos bastante complejos que requerirían de algo más. Pero bueno, estamos hablando de androides-prostituta, no de androides-pareja, no hay por qué complicar la cosa.

  14. Maestro Ciruela

    Sí, lo de [email protected] no suena mal. Al menos no me produciría el rechazo instintivo que siempre he tenido por la prostitución de siempre. Quiero decir que el hecho de acostarse con una desconocida pagando por ello, me parece una de las situaciones más grotescas y patéticas que se puedan dar en la vida. Entendámonos, no hago un juicio moral sobre ello, la vida es muy dura y cada uno hace lo que puede para sobrevivir, pero a mí no me va; pienso que la gente ha de follar por un único motivo y es el de que ambas partes, libremente y sin coacciones de ningún tipo, lo deseen por igual y no traten de conseguir nada más que el mutuo placer. Ambicioso, ¿verdad? Claro que algunos dirán que si fuera así, habría gente que no disfrutaría nunca del fornicio. Justamente para ellos, sobre todo, aunque también para los demás – me apunto- estaría de perlas esta innovación.
    De todos modos, la opción que apuntaba más arriba Michona , tampoco es moco de pavo, no crean…

  15. Pingback: Así será (o podría terminar siendo) el sexo con androides | borrador cero

  16. Epicureo

    No creo que nunca se construyan androides con mente y sensibilidad humanas. Para eso están los seres humanos, de los que nunca hay escasez.

    Si uno para disfrutar del sexo necesita una persona que no sólo consienta sino que también lo desee, lo que tiene que hacer es resignarse a tener más bien poco sexo. Qué se le va a hacer. Yo soy de esos y no es tan horrible.

    Los que no son tan exquisitos y se conforman con las sensaciones visuales, táctiles y sonoras adecuadas constituyen un mercado lo suficientemente grande para que en unas pocas décadas haya sex-androides (no conscientes) suficientemente convincentes.

    Supongo que esto tendrá consecuencias. Muchas formas de prostitución quedarán obsoletas, y quien quiera mantenerse en el negocio tendrá que echarle imaginación.

    Quizá tambien muchas formas de romanticismo queden obsoletas, ya que el romanticismo parte de una visión totalmente irreal del ser humano. Dentro de lo malo, es más fácil que un androide simule ser un príncipe azul/princesa rosa que encontrar un ser humano que se ajuste al prototipo.

  17. Benvolio

    Sr. Rodríguez, parecería que hace usted un remix entre Julio Verne e Isaac Asimov. Si no fuera así, y si lo que pretende es un ejercicio de prospectiva, quizá le conviniera hacer un estudio en profundidad de los materiales necesarios para producir esos «androides» y su disponibilidad a medio o largo plazo(noa corto, claro). Por otra parte, no vendría mal un estudio de situación de los logros, por decirlo de alguna manera, de la «inteligencia artificial».
    En resumen, no lo verán mis ojos, ni lo tocarán mis dedos.
    Pero tampoco los de unas cuantas generaciones…

  18. Benvolio

    Revisando el texto me he fijado en la foto de los robots en plena coyunda. Buena estética «steampunk». Y buen símbolo del alcance del artículo…

  19. Rober_B

    El planteamiento del artículo peca de ingenuo. ¿Robots que aparte de proporcionar placer además lo sientan? ¿Qué necesidad existe de ello? El androide sexual perfecto sería una imitación más o menos creíble de un compañero sexual humano. Recalco lo de «imitación». Aquí, en cambio, se plantea el concepto del androide «pareja» y se plantean los límites de la inteligencia artificial y las capacidades «afectivas» al respecto. El androide sexual cumpliría las funciones para las que fuera programado, al fin y al cabo, como se desprende de la lógica comercial que dominaría el asunto en un futuro hipotético.

  20. Jose martinez

    Creo que algún día la inteligencia artificial sera incluso superior a la humana solo espero que sean mas listos y la usen para el bien. comparto video sobre Robot WildCat de Boston Dynamics http://goo.gl/Um9joW

  21. Pingback: Viviendo entre simios (I): Biruté M. F. Galdikas

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