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El suicidio, una aproximación

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Otelo (1952). Imagen: Mercury Productions / Les Films Marceau

Querida Betty, te odio.
Con amor, George.

Lives and Deaths: Selections from the Works of Edwin S. Shneidman

Cuando ya pensaba que lo había escuchado todo sobre los cursos de escritura, me entero de que en 2013 se impartió una especie de taller literario para escribir cartas de suicidio en una universidad de Nueva York. La clase en cuestión la daba Simon Critchley, filósofo conocido por sus enganchadas con Slavoj Zizek, coordinador de «The Stone», columna de pensamiento contemporáneo en The New York Times, y autor de Apuntes sobre el suicidio, libro que acaba de ser publicado en España por Alpha Decay. En la clase de Critchley, además de analizar las notas de suicidio y los epitafios de algunas personas ilustres, los alumnos se enfrentaban a la ingrata tarea de escribir su propia carta de suicidio. Una vez pasado el mal trago, hacían algo tan americano como «compartirla» con sus compañeros en voz alta. Al parecer, con este seminario Critchley pretendía parodiar los programas de escritura creativa que proliferan en Estados Unidos como los níscalos en otoño. También, como dijo en una entrevista, le preocupaba el interés «casi pornográfico» que estas cartas suscitan. Aunque puedo estar de acuerdo con algunas de las ideas que defiende Critchley, tengo serias dudas sobre si analizar la carta de suicidio de Hitler, Cobain o el tal George no contribuye a aumentar ese interés pornográfico del que se lamenta. Me pregunto, además, si el hecho de compartir algo tan íntimo como una carta de suicidio con el grupo, como quien muestra los retales a sus compañeros en un taller de patchwork, no es también un tanto obsceno.

Curiosamente, la clase formaba parte de un ciclo de conferencias llamado «The School of Death», una idea que surgió en contraposición a The School of Life, una organización de filósofos y psicólogos clínicos que acababa de abrir sede en Londres y que, a juzgar de Critchley, representa «una filosofía de autoayuda particularmente nauseabunda». Como él, desconfío de los «especialistas» que se arrogan una sabiduría tal que son capaces de dar lecciones de vida, o de muerte, a los demás (a estas alturas, «saber vivir» y «saber morir» son lugares comunes). Y como psicóloga clínica que soy, me molesta tanto como a él esta «filosofía del buenrollismo» que se practica en The School of Life, como también recelo de la mayor parte de terapias psicológicas al uso basadas en conceptos como «crecimiento personal», «aceptación» o «intolerancia a la frustración» (concepto este tan en boga como la intolerancia a la lactosa y que, a mi juicio, equipara el malestar humano a una mala digestión de sentimientos). Igual que ocurre con la psiquiatría biologicista, la visión que ofrecen la mayoría de estas terapias es reduccionista, a todas luces insuficiente cuando hablamos de un fenómeno tan complejo como el suicidio. Así que no, no creo que ninguna facultad ni ningún psicólogo pueda enseñar a vivir a nadie. Más bien creo que vivir es un oficio que ejercemos como buenamente sabemos y podemos (en la medida que las circunstancias nos dejan). En ese sentido, yo soy más de Pavese.

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22 comentarios

  1. Excelente y necesario artículo. Gracias.

  2. Pingback: El suicidio, una aproximación

  3. Me ha gustado el artículo, y me gustaría recomendar también este documental, que a mi me pareció muy interesante: http://www.rtve.es/alacarta/videos/documentos-tv/documentos-tv-muerte-silenciada-suicidio-ultimo-tabu/1692885/

  4. Yo gané un concurso de literatura con una carta de suicidio, :-). A los ganadores les hacían leer el poema/escrito y no recuerdo que hubiera mucho revuelo, tampoco tenía mucho qué…

  5. Semper dolens
    Con un poco de empatia uno puede llegar a entender el grado de desesperación y dolor de alguien k se plantea esa alternativa.
    En los campos de concentración supongo k surgía el instinto de supervivencia y al salir y terminar todo venía el sufrimiento de lo vivido a devorarte.

  6. Muy interesante artículo, muy buenas preguntas, pero flojo desenlace.

  7. Me gusta el artículo. Contenido de calidad como siempre. He abordado el adunto en un podcast bit.ly/YCLN5 Hay mucho silencio sobre la muerte voluntaria. Los afectados (familias y amigos) dicen desde las asociaciones que hay que informar más del fenómeno y menos de los casos concretos. Aún menos con amarillismo o dando detalles. Luego está todo el asunto del efecto wherter de imitación y teorías del estilo que hacen que profesionales del periodismo me hayan respondido para el episodio de mi programa exactamente con la misma expresión: «hay una lei escrita en la redacción, los suicidios no se publican» Un saludo

  8. Si alguien quiere vivir como un vegetal o en la indigencia económica que se le ayude , pero si quiere morir que se le ayude a a hacerlo sin dolor , no olvidemos que a nadie nos piden permiso para venir a este mundo.

  9. VIVIR CON LA IDEA DEL SUICIDIO ES ESTIMULANTE

  10. Mi padre se sucidió va a hacer 4 años, le diagnosticaron un cáncer y decidió pegarse un tiro, fue horrible, durante 1 año hice terapia de grupo con gente en mi misma situación que me ayudo muchísimo, pero a pesar de ello el suicidio de mi padre al que adoraba lo llevo pegado a mí como si fuera otra piel, vivo con él. Me dejó una carta, soy hija única y aunque la tengo guardada y para mí es un tesoro no creo que vuelva nunca abrirla porque su letra que en algunos momentos me costaba leer dejaba ver el momento tan terrible por el que pasaba.

    • Un abrazo, María José. Creo que has de pensar que en esos momentos que vivió tu padre, lo que más le preocupaba eras tú. Tu reacción, tu sufrimiento prolongado, tus posibles secuelas… Él encontró su alivio y liberación. Llegado ese punto, la muerte no era lo más duro, sino precisamente lo contrario.

  11. Buen artículo, en efecto. Tambien me gustaría añadir que la tendencia a considerar el suicidio asociado a la enfermedad mental (si es que existe tal cosa) puede ser una reacción a la presión culpabilizadora de los elementos culturales de origen judeocristiano. Si el suicidio es un pecado, y la sociedad condena a los familiares desterrándolos del duelo, arrinconándo al suicida en un cementerio diferente y considerándolo pecador ¿cómo evitar ese trato? Sencillamente, si se introduce un elemento que justifica la duda sobre si el suicida se mató en plenas facultades, ya no hay lugar para tanto castigo. Es un escape argumental consentido y tácito para evitar más castigo del necesario. En ese sentido, es hasta positivo que así sea.

  12. La psiquiatría esta sustituyendo a la religión como censuradora de comportamientos y decisiones individuales ,2 grandes farsas religión y psiquiatría .

  13. Muchas gracias por el articulo, y muchas gracias por el documental al que haces referencia J.
    Un abrazo

  14. Hace poco leí en algun sitio que la vida no está hecha para todo el mundo, y es verdad..

  15. Mª Jesús Martínez

    Magnífico…

  16. Magistral

  17. Muy interesante el artículo, provengo de una familia numerosa y dos de sus integrantes (varones) se suicidaron, hermanos de mi madre, jóvenes, talentosos… el primero lo hizo por cuestiones económicas y el segundo por cuestiones de índole éticas. El peso de llevar sobre nuestros hombros la muerte esta repartido en cada uno de los integrantes que estamos vivos. Para algunos la muerte es la vida y para otros, vivir la vida conlleva a la muerte… Al final cualquiera de las dos formas tiene el mismo destino… Nacer es morir o morir es nacer.

  18. Pingback: Todas las veces que pensé tirarme a las vías del tren. Y no lo hice (1) - Jot Down Cultural Magazine

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