
Algunas de las personas más cultas que me he cruzado en mi vida son científicos. Supongo que las ganas de investigar en cualquier campo de la ciencia están muy ligadas a una curiosidad general que también se comparte por otros aspectos relacionados con la historia, la literatura, el arte o las costumbres. Algunas de las personas más frikis que me he encontrado en mi vida son científicos. Friki [Del ingl. freaky] en cualquiera de sus tres acepciones de la RAE. Pero si buscamos el paradigma que reúna ambas «cualidades» en su extremo, obtendremos el retrato robot del «drosophilólogo», el investigador que usa la mosca de la fruta como animal modelo. Y lo voy a demostrar.
Todo empezó hace más de cien años cuando Thomas H. Morgan descubrió, entre un montón de moscas con los ojos rojos, una mutante con los ojos blancos. Esto, que para cualquier otra persona menos brillante pudiera haber sido una anécdota que contar entre cervezas, supuso un grandísimo avance científico:
Opción A:
—Persona no tan brillante: ¡Y estoy mirando las moscas y va y aparece una con los ojos blancos!
—Interlocutor cerveza en mano: ¿Y qué hiciste?
—Persona no tan brillante: ¡La maté inmediatamente! ¡Era diferente! ¡A saber qué me podía haber contagiado!
Opción B:
—Thomas H. Morgan: ¡Y estoy mirando las moscas y va y aparece una con los ojos blancos!
—Interlocutor cerveza en mano: ¿Y qué hiciste?
—Thomas H. Morgan: Nada… He establecido una asociación entre los caracteres que podemos ver en la mosca adulta y la herencia genética que está «escrita» en los cromosomas.
Morgan obtuvo el Premio Nobel por este importantísimo descubrimiento. Aunque fue aún más importante el hecho de que estableció el uso de la mosca de la fruta como un organismo modelo. Desde entonces Drosophila ha ayudado a resolver millares de problemas de tipo biológico y biomédico. Sin embargo, hizo una tercera cosa más relevante para la historia que quiero contar: puso el nombre de white [Del ingl. blanco] al gen mutado en las mosca de ojos blancos. Así inició la tradición de ponerle nombres a los genes de Drosophila, llamándolos de forma que se describa el efecto de su mutación.
En los sucesivos años surgieron centenares de nuevos nombres de genes; entre ellos otros colores de ojos como: brown, purple, rosy, orange, pale [marrón, morado, rosado, naranja, pálido], todos afectando los genes que producen los pigmentos del ojo de la mosca. También los colores de la cutícula que recubre todo su cuerpo como ebony o yellow [ébano, amarillo], que oscurecen o aclaran el tono marrón claro natural de Drosophila. Pronto se descubrieron genes que eran responsables de la formación de los órganos esenciales de la mosca y surgieron nombres como eyeless, wingless o buttonhead [sin ojo, sin ala y con la cabeza como un botón respectivamente]. Muchos de estos genes han resultado ser muy importantes ya que los procesos en los que participan son muy parecidos en los seres humanos, y se ha aprendido muchísimo investigándolos en la mosca.
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Fantástico artículo! En la vida me hubiera imaginado que iba a leer com tanto interés sobre moscas y menos aún sobre sus genes. Felicitaciones a Luis María.
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¡Gracias!