
Vándalos, verdugos, asesinos en serie, ladrones de cadáveres. Revolucionarios anarquistas, grupos paramilitares de la Iglesia, pseudociencia nazi, punk extremo y un millón más de cosas bonitas. Si ninguna de ellas activa el resorte cerebral que conecta estos asuntos con la editorial La Felguera es que lleva usted dos décadas transitando por los senderos más plácidos de la cultura. En 1996, mientras moría el felipismo, se fundó el Colectivo de Trabajadores Culturales que le robó el nombre a la fantasía de comunismo libertario de la cuenca minera asturiana, y que más tarde acabaría convertida en una editorial. O haciéndonos creer que lo es.
Nos reunimos en las sombras con Servando Rocha y Beatriz Egea, que comandan la sociedad secreta bajo disfraz editorial. Nos acompaña en la inofensiva charla Javier Lucini, disfrazado a su vez de beatnik. Una de esas charlas luminosas que alternaron los brindis con tacitas de Mr. Wonderful y las citas de Paulo Coelho.
¿Exponente de contracultura, subcultura? ¿Cómo lleváis lo de las etiquetas?
Servando Rocha: Bueno, hay una parte de teoría en todo ello, porque está claro que venimos de la subcultura y la contracultura, aunque sean cosas distintas. Pero es algo que no meditamos, porque aunque suene forzado nuestra línea la marca lo que sale solo, sin meditarlo. En esto, como en tantas otras cosas de la vida, hay que tener una cierta inconsciencia, ese mirar y no mirar. Hay un poema muy guay de Walt Whitman en Hojas de hierba, en el que dice eso de que le preocupa el amor, el dinero, la enfermedad… Pero cuando termina de enumerar esas penalidades que todos tenemos, dice: «Pero yo no soy eso». Afirma que ante ese tipo de situaciones mira de soslayo, mira y no mira.
Por eso creo que si somos cultura o si somos contracultura es importante pero no tiene ningún tipo de importancia. Nos gustan cosas que para gente más militante pueden parecer atroces o muy heterodoxas, y a la gente más heterodoxa le podemos parecer un hatajo de radicales. En el fondo no hay ningún plan: a nosotros nos gustaría comprarles nuestros libros a otros. Seríamos superfans de esa gente que publicase lo que publicamos, por eso no tiene ningún tipo de importancia el tema de las etiquetas. Y además, ¿qué es contracultura hoy en día? Hay una frase que es buenísima: «No se puede ser rebelde cuando la rebelión es la norma». Es necesario rebelarse, obviamente, porque aunque sepamos que todo va a acabar mal, como posiblemente suceda, nuestra naturaleza es continuar. Aunque nos digan que este barco va a acabar fatal, te tiras. Creo que no hay que darle demasiada importancia a todo eso. Pero al mismo tiempo, hay que ser honestos y sabemos el territorio que pisamos.
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Abrazos fuertes
Octavio/Ariane
Antona y yo, os seguimos. David desde el fin del mundo y yo dónde sabéis. Un abrazo.
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