Sociedad

Pasarse Tinder

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Pocas aplicaciones debe haber más populares que Tinder, referencia indiscutible en el ámbito de las relaciones por internet, por lo que resulta tediosa cualquier introducción de más de un par de líneas. Pocas también tan polémicas o que susciten tantas posturas encontradas entre usuarios y opinión pública en general; a los prejuicios tradicionales sobre usar una aplicación para citas — aún hay quien siente vergüenza al decir que conoció a su pareja en Tinder— se le han añadido otros debates sobre los desconocidos algoritmos de la aplicación, acusados de promover el sexismo o de clasificar los perfiles según su deseabilidad, la fama de aplicación de sexo casual que ha adquirido y, lo que es quizá la queja más corriente, la frustración, el cansancio y la sensación de desesperanza que generan entre muchos usuarios. A pesar de ello, Tinder sigue batiendo récords incluso durante la pandemia, cuando experimentó un notable aumento de actividad debido al confinamiento. ¿Es una aplicación demoníaca que solo sirve para perder el tiempo y estafarnos o realmente funciona? Para responder esta cuestión, la mayoría de artículos en la red se centran en la app y su funcionamiento, y bastante menos en el uso que le damos los humanos, un campo donde la psicología tiene mucho que decir.

La máquina de jugar

La principal característica de Tinder es su enorme facilidad de uso; en pocos minutos después del registro estamos ya moviendo el dedo a izquierda y derecha, seleccionando quién nos gusta y quién no. Es una aplicación perfectamente gamificada, que se basa en mecanismos de gratificación inmediata; la activación continuada del sistema de recompensa, unida a una respuesta variable —no siempre haremos match, pero sabemos que hay esa posibilidad—, nos puede llegar a enganchar sin remedio. Sí, es el mismo principio que rige en las adicciones y el Candy Crush, el sistema de recompensa variable.

La experiencia de usuario entre conseguir un match o cazar un Pokémon no es muy diferente, pero en el primer caso tiene implicaciones más profundas: muchas personas llegan a convencerse de que ya han encontrado a alguien, cuando lo que tienen no es más que un contacto. No le gustas tú, le gusta tu perfil; lo demás necesita aún confirmación, dedicación y habilidades sociales. Esta distinción básica, que ahorraría cientos de fotopollas, puede pasar desapercibida en el océano inabarcable de opciones que nos ofrece Tinder. Tantas, que un uso poco selectivo podría llevarnos a la situación de tener que manejar decenas de matches. Y ya sabemos lo que pasa cuando manejamos demasiados bloques de información: que nos saturamos. Cuando se empieza a coleccionar contactos, pocos piensan en que después les va a tocar mantener conversaciones. Con el bombardeo de estímulos, es fácil olvidar la vieja regla de no morder más de lo que se puede tragar. En el otro extremo del espectro se encuentran quienes a duras penas consiguen un par de contactos cada varios meses; en este caso lo más probable es que tanto el perfil como la estrategia sea bastante mejorable. 

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12 comentarios

  1. «en El algoritmo del amor, Judith Duportail acaba accediendo a su índice de deseabilidad al tiempo que se encuentra un muro de desmentidos y silencios por parte de la compañía. Al parecer, el algoritmo clasificaba en función de atractivo percibido —medido en likes recibidos—, pero además también incluía información deducida del perfil sobre estatus social, formación e intereses. La patente del algoritmo descubierto tendía a presentar mujeres más jóvenes y con mejor formación a los hombres etiquetados como más deseables, mientras que al revés no ocurría lo mismo, con lo que contribuía a sostener desigualdades de género y estereotipos sexistas.»

    No, es una herramienta. Es gratis, el pago es opcional. No, el producto eres tú. No, el programador es sexista, luego su algoritmo será sexista. Mira: Fulanita conoció a Menganito en Tinder y están felizmente casados, a veces funciona de cine. No, genera frustración, fotos de vergas y «ghosting». Un 10% acapara todo el éxito. Más del 70% de los usuarios de nacionalidad estadounidense eran varones, según las estadísticas. No, la explicación más sencilla a juzgar por estos datos estadísticos es que es una consecuencia de la ley de la oferta y la demanda.

    Tú eliges si quieres descargarla o no. Nadie te obliga.

    MIEDO.

  2. Bueno, nada muy distinto a las plataformas en línea para buscar trabajo, por ejemplo… Sale un anuncio hace 10 minutos en plan «se busca extraterrestre de Próxima centauri, que tenga 8 brazos y 5 piernas y hable en galáctico estándar; y de pronto hay 25.892.700 postulantes. Sí, súper realista. Los que buscan trabajo son los hombres, y el trabajo las mujeres en idioma Tinder. Me pregunto si también habrá tanto estudio acerca de ello…

  3. 22 referencias de bibliografía, es una broma no?

  4. Escarlet Suárez

    Hay una enorme cantidad de bibliografía usada.
    Le voy a dar un like al guapérrimo de Alejandro.
    Fuera de bromas, ¿no se os desata la líbido pensando en el autor detrás de este artículo?. Me ha paresido un artículo instructivo y un toque picarón.

  5. Imperialista

    Me encanta cómo escribe Alejandro pero en este caso… qué tema más aburrido. Me ha vencido en 3 párrafos.

  6. Buenas, solo vengo a decir que conocí a mi novia en Tinder con una foto mía con una bolsa en la cabeza y la descripción: «Tengo una bolsa en la cabeza o una cabeza en mi bolsa. Las dos son válidas». Llevo un año y tres meses con ella. No perdáis la esperanza.

  7. Wow… excelente artículo

  8. Pingback: Filosofía o barbarie - #PUENTEAEREO

  9. Pingback: Alejandro García Alamán: «Es imposible ir por la vida siendo neutral a tiempo completo, acabas no gustándole a la gente» - Revista Mercurio

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