Ciencias

Balas mágicas, misiles inteligentes y drones kamikaze

balas mágicas

Este texto ha sido el finalista del concurso DIPC–LSC-Laboratorium en la modalidad de ensayo de divulgación científica de Ciencia Jot Down 2021. Puedes leer aquí el ensayo ganador y aquí el relato de la modalidad de narrativa.

Hace más de un siglo el médico Paul Ehrlich acuñó el término de «bala mágica» para referirse a un compuesto capaz de actuar contra un microorganismo dañino (en la jerga médica, «patógeno») sin ocasionar daños en las células de las personas a las que estaba infectando. En ese momento las «balas mágicas» vivían en el mismo universo que los unicornios alados, puesto que no existía ninguna sustancia que —ni siquiera lejanamente— cumpliera estos requisitos. Sería el propio Ehrlich el que en 1907 descubriera un compuesto antimicrobiano selectivo que, con algunas modificaciones posteriores, logró convertir en razonablemente inocuo para los pacientes a los que se administraba (teniendo en cuenta que el principal componente activo era el arsénico, obviamente tuvo que ajustar mucho la dosis para no matar al paciente a la vez que a la bacteria a la que pretendía combatir).

Desgraciadamente, su logro no tuvo continuidad y hubo que esperar veinte años a que Fleming se topara, de forma casi accidental, con la penicilina. Aunque la producción a escala industrial de la penicilina tendría que esperar casi otras dos décadas, al fin la humanidad disponía de un arma eficaz para combatir las enfermedades bacterianas que desde tiempos remotos padecía y que, en los casos más graves, llegaban a diezmarla (por poner el más dramático de los ejemplos, se calcula que cerca de la mitad de la población europea falleció a consecuencia de la epidemia de peste del siglo XIV).

Lo que es aún más importante, los trabajos de Fleming iluminaron el camino para obtener sustancias capaces de combatir al escaso centenar de especies bacterianas que causan enfermedades en el ser humano: estudiar las inmensas y pobremente conocidas comunidades microbianas de gérmenes inofensivos que, después de todo, llevan compitiendo entre sí (y con el citado puñado de «chicos malos») desde tiempos inmemoriales. No era una tarea despreciable, puesto que actualmente se estima que existen alrededor de un millón de procariotas (es decir, bacterias y arqueas) y entre dos y cuatro millones de hongos (como el famoso Penicillium del que Fleming obtuvo la penicilina).

Pese a la magnitud del reto, en las siguientes décadas los investigadores obtuvieron exitosamente un buen número de antibióticos que comenzaron a conformar un nutrido arsenal para combatir las infecciones bacterianas (nótese que actualmente la expresión «bala mágica» ha caído completamente en desuso, pero que aún tiene gran aceptación la utilización de terminología bélica o armamentística).

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2 comentarios

  1. Estupendo artículo, me ha encantado. Muchas gracias!

  2. Llevamos mucho tiempo oyendo hablar de la resistencia de las bacterias a las a antibióticos, pero con este símil bélico cualquiera puede entender los procesos detrás de esa resistencia y las medidas que utilizan los científicos para evitarla. Muy buen artículo.

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