Futuro Imperfecto #4: 2022, ¿distopía, utopía o guarrería?

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Leonardo DiCaprio Dont Look Up futuro imperfecto 2022
Leonardo DiCaprio en Don’t Look Up. Imagen: Netflix.

Predecir el futuro no sirve de mucho por una sencilla razón: incluso aunque estemos acertados no nos creerán. Ocurriría en 2022 como así ocurrió en 2019, cuando las conclusiones de una simulación sobre lo que ocurriría si un virus respiratorio de origen chino llegaba a Estados Unidos anticiparon la pandemia. Estimaron medio millón de muertos por el Contagio Carmesí, y hoy ya superan allí los ochocientos mil, pero un año antes de que apareciera el coronavirus nadie dio importancia a la predicción, ni se tomaron medidas.

Quizá porque el cambio es imposible y solo merecemos la extinción, como acaba de recordarnos la película No mires arriba. Sátira del momento en que vivimos, y fiel espejo de lo que somos hoy, personas capaces de apaciguar nuestra conciencia con solo sentirnos identificados con los buenos. O con likes y etiquetas en nuestras publicaciones sociales a favor de las grandes causas. Acciones sin fuerza de transformación alguna.

Nada de esto es nuevo. En 1937 se publicaba en español La peste blanca, obra de teatro de Karel Čapek, creador del concepto literario de robot y de la palabra en sí. Su argumento, la llegada de una enfermedad de origen chino que solo afecta a mayores de cincuenta, incurable, y cuyo desenlace es la muerte. En una conversación con sus padres, un par de jóvenes les dicen que no es tan mala, ya que así ellos podrán tener por fin un trabajo, una vivienda, y una familia propia. Un médico encuentra la cura, pero se niega a entregarla si los gobiernos del mundo no acuerdan acabar con las guerras. Su linchamiento social no es diferente al que se hace a diario en internet.

Llevamos mucho asistiendo a cambios tecnológicos y científicos increíbles que sin duda nos han dado una vida mejor, pero que también nos conducen al desastre. El desenlace feliz o trágico del presente puede depender de nosotros o de quienes nos dirigen, pero no podemos cerrar los ojos ante las grandes tendencias. Tenemos que mirar arriba, y a todas partes, porque los cambios que están produciéndose ya van a llegarnos desde todos los frentes. Y si somos Leonardo DiCaprio con unos kilos de más y ahora sí que no cabríamos en la tabla, hubiera estado bien saber, al menos, que el Titanic también podía hundirse.

Computación cuántica, una nueva guerra fría

La forma más fácil de entender la carrera que afrontan la mayoría de naciones desarrolladas por conseguir un ordenador cuántico es considerar que tanto agencias de inteligencia como organizaciones criminales están robando datos encriptados. Con la esperanza de descifrarlos en un año o dos, cuando los ordenadores cuánticos estén disponibles y los actuales algoritmos de encriptación puedan ser rotos sin mucho esfuerzo.

En realidad ya están funcionando, la misma IBM inaugura este 2022 uno aún más potente que dobla la capacidad ofrecida hasta el momento. El problema es que sus cálculos aún contienen demasiados errores, y la compañía estima que hasta 2023 no los habrán reducido lo suficiente como para que tengan valor científico y comercial. Podría suceder incluso antes. Otra empresa acaba de anunciar un nuevo hito en la reducción de estos errores mediante el uso experimental de cutrits, una elevación de la potencia de procesamiento, hasta ahora medida en cubits.

Cualquier país necesitará llegar a la computación cuántica a la par que todos los demás si no quiere pasar a ser una región subdesarrollada. Su uso marcará la diferencia en investigación científica, economía y criptografía. El robo actual de datos encriptados no descifrables se atribuye sobre todo a organizaciones gubernamentales, especialmente a las de China y Estados Unidos, que se juegan el liderazgo en esta nueva guerra fría. Donde las batallas ganadas o perdidas no son en la carrera por llegar al espacio o a la Luna, sino a la computación cuántica. El gobierno estadounidense acaba de añadir nuevas compañías chinas a la lista de excluidas, aquellas con las que sus empresas no pueden comerciar, realizar inversiones, ni pueden exportarles tecnología, en parte para retrasar los avances cuánticos del «enemigo». Incluso España tiene ahora su propio proyecto, Quantum Spain, proyectado para estar operativo en 2025 y modesto en capacidad —20 cubits—, pero con una función estratégica: no partir con desventaja en esta carrera.  

Regiones innovadoras
Índice de innovación en Europa por regiones. Fuente: Eurostat.

Promover los graduados STEM para conquistar el mundo

El futuro bienestar de las naciones dependerá en gran parte de su capacidad para fabricar chips y baterías. Estamos viendo cómo la escasez de los primeros ha generado enormes pérdidas a la industria automovilística por depender de terceros países. Las segundas van a ser fundamentales para abastecer la movilidad eléctrica y la energía doméstica con fuentes renovables en edificios y hogares. Europa tendrá seis de estas gigafactorías, una de ellas en España, y todas las grandes potencias están tomando posiciones para que estos componentes se fabriquen en sus propios territorios.

Para conseguirlo, además de las fábricas son fundamentales los titulados en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. China, que quiere colocarse a la cabeza del mundo, ya genera 4,7 millones de estos graduados anualmente, frente al medio millón de Estados Unidos. Además su inversión en I+D alcanza ya los 378 000 millones de dólares, y muchos interpretan que la propuesta de Joe Biden de hacer lo mismo en Estados Unidos por valor de 325 000 es un modo de no quedarse rezagado frente a su rival.

El Plan Next Generation de la Unión Europea también está parcialmente orientado a estos objetivos. Aunque regionalmente aún somos muy desiguales en innovación, con España en franca desventaja, a excepción de Euskadi y Madrid. En todo caso, la importancia de que Europa tenga claro que no debe depender de compañías tecnológicas chinas o estadounidenses es un primer paso para la reconquista de nuestra soberanía digital. De tenerla o de carecer de ella dependerá nuestro bienestar en las próximas décadas.

Vacunas para trabajar hasta los ochenta años

A medida que la ciencia nos permite vivir más y con mayor calidad de vida, crea también la necesidad de una vida laboral más larga. Se calcula que los niños de países desarrollados que hoy tienen cinco años podrán vivir hasta los cien. Pero a cambio tendrán que jubilarse a los ochenta. Uno de los avances más prometedores para conseguirlo es la vacuna japonesa que elimina las células senescentes —las que dejan de dividirse pero permanecen en nuestro cuerpo creando inflamación y enfermedades propias de la vejez como la arteorosclerosis, la diabetes e incluso el cáncer—. Si funciona, nuestra vida laboral tendrá que ser al menos de sesenta años. Y el concepto del trabajo tendrá que redefinirse completamente. Largos períodos de excedencia para formarse, semanas y jornadas laborales más cortas. Al menos, en teoría.

Nuevas vacunas contra algunos tipos de cáncer

El ARN mensajero, base de la vacuna de Pfizer contra el coronavirus, tiene muchas potenciales aplicaciones. La más espectacular es la que puede tratar el cáncer evitando que las células tumorales del paciente se desarrollen. Y la desarrollada por BioNtech ha entrado en su fase II, lo que significa que pasa a evaluarse su eficacia, una vez comprobada que es segura para uso humano. Aunque nunca se puede asegurar que llegue al final y exista un medicamento general contra el cáncer, estamos ante uno de los avances acelerados por la pandemia que más se recordarán en el futuro.

Humanos editados a la carta con CRISPR

Las dos bioquímicas que ganaron el Nobel por descubrir la tecnología de edición genética, Jennifer Doudna y Emmanuele Charpentier, advierten que eliminar de nuestro ADN aquellos genes responsables de enfermedades puede ser mala idea. Ambas nacieron con enfermedades genéticas, fibrosis quística y sindactilia. Ambas defienden que el progreso social alcanzado en el siglo XX y del que hoy disfrutamos hizo posible que se ellas educaran y fueran atendidas médicamente como no se hubieran hecho nunca antes con personas con su discapacidad. Crear una «eugenesia de terciopelo» con edición CRISPR supone admitir que unos seres humanos tienen más derecho a vivir que otros. Incluso ir más allá, y crear una nueva estratificación en clases sociales dependiendo de tu capacidad para pagar modificaciones en los embriones de tus hijos.

Aunque estamos muy lejos de que tal acción sea admitida legalmente, hoy se habla más que nunca de ello, porque 2022 será un año clave para desarrollar esta tecnología en el tratamiento de múltiples enfermedades, como ya lo ha hecho con el cáncer, con alguna enfermedad rara, y con afecciones cardiacas.

El debate acerca de para qué es ético se une a las primeras recomendaciones de la OMS, muy recientes, y al caso histórico de He Jiankui, científico chino que usó ilegalmente la edición CRISPR para modificar embriones. Las niñas nacidas con esta edición en su genoma ya han cumplido tres años.

Animales que evolucionan para comerse nuestro plástico

Puede sonar bien que algunos microorganismos y pequeños insectos se estén adaptando para comerse el PEX con el que hemos contaminado el medio ambiente y el interior de nuestros cuerpos. Pero junto a la posibilidad de que la naturaleza nos solucione el problema de nuestros residuos está la de que acabe siendo una plaga para nuestras conducciones de agua corriente o para el revestimiento de nuestros cables eléctricos… todos hechos de plástico. Este es el estudio.

La inteligencia artificial que ha escrito una novela

Ya leemos a diario sin advertirlo artículos redactados por robots, especialmente cuando se trata de resultados deportivos, bursátiles o de predicciones meteorológicas. Las redacciones están automatizando estos contenidos para que sus periodistas se centren en las piezas de más entidad. El neurocientífico y escritor de ficción Erik Hoel ha querido dar un paso más, usando GPT-3, la IA con más capacidad para crear «lenguaje humano natural», y la que más usan los periódicos. Le ha proporcionado su idea base de una novela, que la IA ha convertido en un libro completo. Sus conclusiones son que no escribe mucho mejor que él, aunque lo que le preocupa es que no lo ha hecho mucho peor.

Nuestra MarIA ya crea textos en español

Creada con GPT-2, y entrenada con los archivos web de la Biblioteca Nacional de España, esta inteligencia artificial convierte el español en la tercera lengua que dispone de modelos de acceso abierto, junto al inglés y el chino. Es capaz de crear textos a partir de un titular —buscando información y estructurándola— y de resumir un texto ya existente. Lo que puede significar que muy pronto haya una mayor cantidad de textos en español generados por robots.

Habrá insectos en tu comida

La UE avanza en la aprobación de insectos como fuente de alimentación. No solo gusanos de seda para piensos destinados a aves de corral y cerdos, este año han sido autorizados para alimentación humana la langosta —la de la plaga bíblica— y los gusanos de la harina, tenebrios. Investigando las tiendas de venta online en nuestro país, he encontrado grillos cubiertos de chocolate en forma de bombón, así como espirales de pasta y barritas de proteína hechas con harina de insectos. Como especies gurmet sin procesar, los escorpiones negros —saben a pescado—, las tarántulas —a cangrejo— y el chinche de agua, belotomastidae, cuyo sabor, dicen, recuerda al queso gorgonzola.

No se fíen de los gurús

Y mucho menos del que elabora este boletín. De entre las tendencias que identifiqué para 2021 ahora hace un año solo se han cumplido estas: la gente contraria a vacunarse ha amenazado la inmunidad de grupo; ha habido grandes episodios de  cibercrimen; y los trabajadores exigieron más desconexión de su trabajo —la Gran Renuncia—. Bastaba mirar alrededor. El futuro no está escrito, al menos hasta que llega mensualmente a tu buzón de correo, o a la página del sábado de Jot Down, este Futuro Imperfecto.


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