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Todos somos ‘La peor persona del mundo’

La peor persona del mundo. Imagen: Elastica Films.
La peor persona del mundo. Imagen: Elastica Films.

Tenemos que dejar de decir que ciertas películas son «comedias románticas». Cuando Harry encontró a Sally es una comedia romántica. Historias de Filadelfia es una comedia romántica. Annie Hall es una comedia romántica. El noruego Joachim Trier ha declarado que la screwball comedy americana le ha servido de inspiración para su nueva película, La peor persona del mundo, y probablemente sus personajes o sus arcos remitan a recuerdos vagos de las tramas de esas historias. Pero si no te hace reír, o incluso romper a carcajadas, no es screwball, no es comedia. Solo es romántica. Y no pasa nada. Se puede reivindicar el género desde fuera —es más, se debe reivindicar el género desde donde sea, porque está el pobre de capa caída— sin asumir que tu historia forma parte de él.

La peor persona del mundo, nominada al Óscar a mejor película extranjera y a mejor guion original, presenta la historia de Julie, una veinteañera que, a lo largo de varios años, se enamora, se desenamora y descubre que muchas veces encontrarse a uno mismo, averiguar cómo quererse, viene ligado a saber cómo querer. Pero también aprende que enamorarse no depende de saber querer, es decir, lo primero no llega como consecuencia de lo segundo. Uno puede enamorarse cuando sus sentimientos están todavía deslavazados, cuando su madurez emocional está por hornear, cuando su autoestima se arrastra por los suelos y su rutina parece una bola de pelo de gato. Precisamente de eso habla este filme, de qué hacemos con todas las cosas que bullen dentro de nosotros cuando no sabemos controlarlas.

Tal vez eso explique también por qué tantos espectadores, piropeando la intención, han hecho hincapié en el hecho de que, como reza el título, el filme no nos obliga a querer a Julie, a que nos caiga bien. Se destaca que no busque nuestra simpatía ni nuestro cariño. El caso es que, en realidad, más allá de dicho título, no hay ninguna razón por la que Julie nos tenga que caer mal. No es una persona maligna, no actúa de forma deshonesta —aunque su forma de definir los cuernos sea cuestionable— y sí, es imperfecta, pero no es inhumana. Julie no quiere herir. Ninguno queremos hacerlo. La mayor parte de los seres humanos provocan dramas, dolores y tragedias muy a su pesar. Las pequeñeces del día a día, las cosas que pasan, la gente a la que, sin querer, le rompemos el corazón, no siempre indican una vil actitud por parte del perpetrador, sino todo lo contrario. Todos, aunque intentemos evitarlo, hacemos daño

La película plantea una historia de amor, ajeno y propio, que intenta responder, en parte, a esta cuestión: ¿por qué nos enamoramos —o para qué— si hay altas probabilidades de salir escaldados? ¿Qué tiene de repente esa persona con la que coincidimos, esa persona a la que no conocíamos hace unas horas y no pasaba nada, porque disfrutábamos de una vida funcional, para que pongamos patas arriba todo lo que tenemos?

La peor persona del mundo. Imagen: Elastica Films.
La peor persona del mundo. Imagen: Elastica Films.

En una escena de la película juvenil Bajo la misma estrella, la protagonista, enferma de cáncer, se lamenta por haber nacido y hacer que su familia pase por el calvario de verla encadenar tratamiento tras tratamiento esquivando a la muerte. En ese instante, su padre la coge por banda y le aclara que «pase lo que pase, merecerá la pena haber pasado el tiempo que hayamos tenido contigo».

Aferrarse a esa creencia, ante la muerte o ante cualquiera de los finales que nos plantea la vida, es lo que mueve el amor, y no solo el romántico. Los enamoramientos nunca tienen garantías permanentes, pero nos lanzamos cual kamikazes porque la alternativa, no sentir nada, no vivir nada, es mucho más triste.

A lo largo de doce capítulos, un prólogo y un epílogo, el filme nos explica que Julie vive en Oslo, que su identidad se define por su profesión, que, paradójicamente, esa profesión no está nada definida, y que es una monógama en serie apasionada. Un día conoce a Aksel. Se enamoran, se van a vivir juntos y planean una vida en común. Se llevan una década, y el concepto de futuro parece ser diferente para cada uno de ellos, pero se quieren, se cuidan, se protegen y tienen una conexión mental e intelectual poco frecuente. Otro día, Julie, intranquila, confusa, sin saber precisar lo que la inquieta, se cuela en una boda y conoce a Eivind. La instantánea intimidad que se genera entre ambos es terrorífica y deseable. ¿Plantea respuestas a las preguntas de Julie? Ella no lo sabe, pero quiere averiguarlo.

La peor persona del mundo duele profundamente. Es un relato crudo, triste, verosímil, de lo bonito y lo feo de las relaciones. Sin embargo, justo antes del momento más áspero, Trier construye una realidad alternativa que permite que la luz entre a raudales en la vida de su protagonista —y del espectador—. En una escena tan rotunda como los sentimientos de Julie, Oslo, un actor más de la historia, se pone al servicio del personaje y se detiene, metafórica y realmente, para que ella pueda llevar a cabo su sueño.

Aunque no es una comedia, sí que es una historia romántica contada, en ocasiones, con la ligereza que dan las alas de la ilusión y las expectativas todavía por cumplir. Julie es Renate Reinsve, premio a la mejor actriz en el Festival de Cine de Cannes. Larga, bella, luminosa, expresiva, introspectiva y profundamente sincera, Reinsve se acompañada de Ander Danielsen Lie, que construye un Aksel tierno y omnipresente, y Herbert Nordrum, un sorprendente e ingenuo Eivind. La química entre las parejas, la complicidad, la diferencia en la forma de relacionarse que tienen unos y otros, desemboca en una narración de personajes a los que ni la historia ni el espectador juzgan. Todos hemos sido, en diferentes momentos, cada uno de ellos.

Pero al final, la trama, y el desenlace, pertenecen a Julie. Porque la búsqueda que se desarrolla es personal y, también, porque, en el fondo, ella lucha, como casi todos, por evitar ser la peor persona del mundo.

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La peor persona del mundo. Imagen: Elastica Films.

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4 Comentarios

  1. Excelente película de un director que me impactó con «Oslo, 31 de agosto». También vi «Thelma» que me gustó a pesar de la frialdad con la que se la acogió, y notable su ópera prima «Reprise». Es una pena que el incomprensiblemente auspiciado por la crítica tostonazo de «Drive my car» vaya a llevarse el Óscar en detrimento de esta.

  2. Me gustó mucho esta película.

    Respecto a la pregunta de para qué enamorarse y la referencia a «Bajo la misma estrella», para mí la película que mejor refleja esto es La llegada (Arrival), de ciencia ficción; la protagonista, al entender el lenguaje extraterrestre, es capaz de ver el futuro y a pesar de todo (de saber que se divorciará, que su hija tendrá cáncer) sigue adelante. La vida merece la pena ser vivida a pesar de todo; y es que hay instantes o momentos o personas que compensan todos los sufrimientos pasados y futuros.

    Hagan como Julie y vivan, con todo lo que conlleva: enamórense aún sabiendo que pueden desenamorarse, lloren, rían, enamórense de nuevo si pueden, quieran y háganse querer, pero sobretodo disfruten por que la vida es corta y en cualquier momento te pasa un autobús por encima (o un cáncer de páncreas)

  3. E.Roberto

    Me gustó, mucho. En su personaje (a propósito, creo que es toda al femenino. Sus dos amores los veo como de rebote, o reflejo de sus fantasias y deseos volubles, encantadores por cierto) veo tantas personas que he conocido incluyendo a quien escribe. Y me parece que solo encuentra la tranquilidad cuando se enfrenta a la muerte de dos seres que también llegaron sin quererlo. Una maduración obvia, pero bien contada. Una delicia.

  4. Pues hasta ahora no conocía esta película, pero la verdad es que tras esta breve presentación me han dado ganas de verla, me la voy a apuntar a la lista. Además, por lo que he visto, tiene ciertas referencias a la película de «Bajo la misma estrella» así que sólo hay razones para verla. ¡Gracias por la recomendación!

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