Arte y Letras

Excavando en el pasado de Indiana Jones: los referentes literarios que crearon el género de aventuras

Excavando en el pasado de Indiana Jones
Harrison Ford durante el rodaje de Indiana Jones and the Temple of Doom, 1994. Fotografía: Paramount Pictures / Lucasfilm.

Si la aventura tiene un nombre, debe ser Indiana Jones. El intrépido arqueólogo interpretado por Harrison Ford se ha convertido en un referente cultural, pero su creación no surgió en el vacío. Si se desean comprender las raíces de este personaje y el género de aventuras, conviene explorar los contextos históricos y textos literarios que lo precedieron y dieron forma a sus características. Porque ellos son los que contribuyeron al nacimiento de Indiana Jones.

Las raíces históricas del género de aventuras: un recorrido histórico

El género de aventuras no nació ayer. Tiene una rica historia, muchísimo más larga de lo que la gente cabría esperar. Tanto que se remonta a los propios tiempos que estudia la arqueología, la de las gestas antiguas. Los primeros textos literarios, como La epopeya de Gilgamesh y La Odisea de Homero, ya nacen como textos que presentan a héroes en pos de grandes y casi imposibles hazañas, enfrentando peligros y explorando tierras desconocidas. Estos relatos establecieron los cimientos de lo que más tarde se convertiría en el género de aventuras, caracterizado por la acción, el peligro y la exploración de lo desconocido, rozando casi lo mítico.

En la Edad Media, los romances caballerescos, como las historias del rey Arturo y sus Caballeros de la Tabla Redonda, continuaron esta tradición. Estas narrativas heroicas se prodigaban en la continuación de sus búsquedas de objetos mágicos (como el Santo Grial, algo que luego buscaría y encontraría Indiana Jones) y batallas épicas. Aunque estos textos no se centran en la arqueología, o sus protagonistas no son arqueólogos —por la sencilla razón de que la disciplina científica aún no había nacido— sí comparten con el género de aventuras el espíritu abnegado de búsqueda y descubrimiento.

El auge de la era de la exploración en los siglos XV y XVI trajo consigo un renovado interés por los relatos de viajes y descubrimientos. Exploradores como Marco Polo y Cristóbal Colón escribieron sobre sus viajes a tierras desconocidas. Y sus obras, que hoy en día pueden parecer tediosos mamotretos cargados de tecnicismos obsoletos, en su momento se convirtieron en auténticos best sellers. Y sus legados inspiraron a generaciones posteriores con sus relatos de aventuras. Por no mencionar que sus escritos sobre los descubrimientos y exploraciones de nuevos mundos establecieron el escenario para los futuros relatos de aventuras, aunque solamente fuera despertando la imaginación de muchos que jamás los pisaron. Aquí siempre se suele poner de ejemplo a Julio Verne, de quien se dice que jamás salió fuera de Francia. Nada más lejos de la realidad, pues el francés viajó en varias ocasiones a Inglaterra y Escocia, recorrió varios países europeos, tanto nórdicos como mediterráneos, e incluso llegó a pisar el norte de África.

Uno de los referentes más influyentes de este periodo, el de la era de la exploración y los relatos de viajes, es Los viajes de Gulliver (1726), de Jonathan Swift. Aunque satírico en su esencia, el libro sigue las aventuras de Lemuel Gulliver en tierras fantásticas y desconocidas, sin duda inspiradas por las ya mencionadas epopeyas de descubrimiento. Esta obra marcó un precedente para la que será una de las características principales del género de aventuras: la perfecta —y divertida— combinación de aventuras y elementos fantásticos. Díganme si ese no es uno de los recursos principales que encontramos en las historias de Indiana Jones, donde lo sobrenatural y lo histórico se entrelazan, con mayor o, a veces, menor fortuna, según los gustos del espectador.

Pero este tipo de novela comenzó a tomar su forma moderna en el siglo XIX con autores como Henry Rider Haggard y Robert Louis Stevenson. Haggard, con su novela Las minas del rey Salomón (1885), introdujo al público el que puede y debe ser, sin género de dudas, el padre literario de Indiana Jones: el mismísimo Allan Quatermain, un cazador de tesoros británico, afincado en África con su soledad y sus ideales contrarios al dominio colonial de la metrópoli (salvando las distancias de la época). La búsqueda de artefactos antiguos y la exploración de civilizaciones perdidas son temas recurrentes en las obras de Quatermain (cómo olvidar las míticas minas del rey Salomón o el mundo de Zu-Vendis), elementos fundamentales en la construcción del personaje de Lucas y Spielberg.

Por otro lado, Robert Louis Stevenson, con La isla del tesoro (1883), ofreció una narrativa repleta de acción, peligros y búsquedas de tesoros. El protagonista, Jim Hawkins, y su viaje en busca de un tesoro pirata establecieron muchos de los tropos que definirían el género de aventuras: mapas del tesoro, islas remotas y villanos carismáticos. Aunque, siendo realmente sinceros, hay que reconocer que Stevenson dio comienzo a otro género de aventureras paralelo con su obra, el de la piratería que acabaría en otra lucrativa saga cinematográfica tras pasar por el filtro que todo lo engulle y monetiza de la compañía del ratón Mickey.

A principios del siglo XX, el género de aventuras encontró un nuevo hogar en las revistas pulp y los seriales cinematográficos. Estas publicaciones baratas y de amplia distribución presentaban historias emocionantes y llenas de acción, accesibles a un público masivo. A ella deben su éxito y fama autores como Edgar Rice Burroughs y su personaje Tarzán, y sir Arthur Conan Doyle con sus historias detectivescas de Sherlock Holmes, que continuaron alimentando la imaginación de un cada vez más amplio público ávido de aventuras. Los seriales cinematográficos, como los de El Zorro (1932), de Johnston McCulley, y las aventuras del Capitán Marvel (1941), presentaban a héroes valientes en situaciones peligrosas, a menudo enfrentándose a villanos megalómanos. Estos seriales influenciaron directamente la estructura y el tono de las películas de Indiana Jones, con sus cliffhangers y escenas de acción trepidante. Sin olvidar que es al Zorro a quien Indiana Jones debe el uso y manejo de su arma más emblemática.

Pero volvamos por un momento a ese aspecto distintivo de Indiana Jones que es su conexión continua entre la arqueología y el misticismo. Autores como sir Henry Rider Haggard no solo exploraron tierras desconocidas, sino que ya se adentraron antes de que lo hiciera el arqueólogo del látigo en mitos y leyendas. Haggard, en particular, fue un pionero en mezclar aventuras con elementos de lo sobrenatural, como se ve en su segunda novela Ella (1887), donde un explorador busca a una reina inmortal en África. Por cierto, en 1921 Haggard también se convertirá en pionero de aquello del crossover, cruzando en el camino a su mítica reina inmortal Ayesha y a su carismático cazador Quatermain, en su obra Ella y Allan.

Otro referente clave es El hombre que pudo reinar (1888), de Rudyard Kipling, que explora temas de poder, colonialismo y el choque de culturas, elementos presentes en las aventuras de Indiana Jones antes de que los nazis hicieran su aparición sobre la faz de la tierra a paso de ganso. 

Las influencias directas del personaje

Pero George Lucas y Steven Spielberg, los padres de la criatura, han mencionado en varias ocasiones sus influencias literarias y cinematográficas para disipar cualquier género de dudas. Lucas, en particular, afirma que se inspiró en los seriales de aventuras que veía en su juventud, mientras que Spielberg trajo su amor por las historias épicas y la cinematografía dinámica (y un resquemor por no haber podido dirigir a James Bond en la gran pantalla). Sin embargo, bajo cuerda, las fuentes más perspicaces han sabido dilucidar que una influencia directa encubierta fue Tintín, la serie de cómics creada por Georges Remi (Hergé). Las aventuras del joven reportero Tintín —de quien nunca hemos conocido su nombre, ya que Tintín necesariamente tiene que ser su apellido (de otro modo no recibiría correo a nombre de Sr. Tintín)—, con su curiosidad insaciable y valentía, son paralelas a las de Indiana Jones. La búsqueda de artefactos y la lucha contra villanos internacionales son común denominador en ambos universos. Y el propio Spielberg terminaría cediendo a sus anhelos de juventud, dirigiendo la injustamente denostada Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio (2011).

Además, las novelas de pulp de Doc Savage, un héroe de los años 30 conocido como «el Hombre de Bronce», con sus hazañas increíbles y aventuras en lugares exóticos, también dejaron su huella en la creación de Indiana Jones. Fue creado por el ejecutivo Henry W. Ralston y el editor John L. Nanovic de Street & Smith Publications. Y, como el tipo del látigo, Doc Savage era un hombre que combinaba a la perfección ciencia y acción.

 El legado de Indiana Jones y el género de aventuras

Desde su primera aparición en 1981 —yo estaba a puntito de cumplir dos caramelos—, Indiana Jones no solo ha revitalizado el género de aventuras, sino que también ha inspirado una nueva generación de obras en cine, literatura y otros medios. Su mezcla de acción, historia y elementos sobrenaturales ha creado un subgénero propio dentro de las antiguas aventuras de los libros. Por más que les duela en el alma a los milenial, películas como La momia (1999) y Tomb Raider (2001), y videojuegos como Uncharted y Assassin’s Creed, deben mucho, si no todo, a la fórmula establecida por Indiana Jones. Estos productos culturales continúan la tradición de exploración, descubrimiento y peligro que han sido la piedra angular del género de aventuras desde sus inicios.

Lo que la arqueología le ha dado a Indiana Jones

Pero Indiana Jones no solo ha capturado la imaginación de millones de personas alrededor del mundo, sino que también ha inspirado un interés renovado en la arqueología. Aunque sus aventuras cinematográficas están llenas de acción y elementos fantásticos, los creadores de la saga, George Lucas y Steven Spielberg, se aseguraron de que el personaje tuviera una base sólida en la realidad histórica y académica de la arqueología. No es broma, a pesar de que muchos se rasgan las vestiduras alegando que Indiana Jones no es un verdadero arqueólogo, sus instrucciones bibliográficas a sus alumnos en las películas nos demuestran lo contrario. En la saga de Indiana Jones se mencionan varias obras y figuras clave de la arqueología real, destacando las contribuciones de renombrados personajes como Matthew Flinders Petrie, Vere Gordon Childe, Lewis Binford y otros que debemos repasar.

La primera aparición que el doctor Henry Walton Jones Jr. hace en pantalla al frente de un hormonado grupo de estudiantes es en En busca del arca perdida, con alumnas que se escriben en sus párpados «I love you» y cosas así. En el momento en que arranca la escena, Indy está explicando el concepto «neolítico», diciendo que «neo» significa nuevo y «lítico» piedra. Algo más propio de segundo de EGB de los salesianos que de una universidad americana. El caso es que rápidamente abandona esa tontería, como si estuviera respondiendo a un alumno especialmente rezagado, y pide volver al tema que se estaba tratando.

En la versión doblada al castellano, el tema al que han de volver en la lección es un «túmulo etrusco hallado cerca de Tarquinia». Un descalabro brutal del doblaje, porque lo que aparece pintado a tiza sobre el encerado no es un túmulo etrusco y difícilmente puede haber aparecido en Tarquinia, la capital de Etruria, muy cerca de Roma. Aunque allí se localizó una necrópolis, sus túmulos no tienen nada que ver con el que Indy está analizando. 

Si vamos, en cambio, a la versión original, el profesor habla de un túmulo neolítico de corredor, propios de Inglaterra e Irlanda. Y esa idea viene reforzada por un libro que puede verse en la escena sobre la mesa del profesor cuando este está explicando. Es un tomo grande de color rojo, real, que existe. Se trata del volumen 86 de la revista Archaeologia, del año 1936, año en que se desarrolla la película. Si abrimos ese tomo y vamos al índice, encontramos un artículo llamado «Notgrove Long Barrow, Gloucestershire», publicado por Elsie Margaret Clifford en la página 119. Notgrove es un yacimiento neolítico cerca de Gloucestershire donde se hallaron estos enterramientos de corredor, cámaras y varias cistas. Y en ese artículo aparece publicado el mapa de ese enterramiento, que es exactamente el que Indy ha dibujado en la pizarra.

En La última cruzada, Indiana hace una referencia egiptológica. Aparece impartiendo una clase en la que habla sobre los valores materiales de la arqueología: «La arqueología busca el hecho y no la verdad. Si es la verdad lo que les interesa, el profesor Tilly da filosofía en la clase del fondo». Ese profesor Tilly fue, en realidad, el profesor de filosofía de Harrison Ford cuando era joven. 

Cuando suena la campana del final de la clase, Indy anuncia que para la próxima lección deberán leerse las memorias de la excavación que llevó a cabo William Matthew Flinders Petrie en Naukratis. Petrie, conocido como el padre de la arqueología científica, fue una figura fundamental en el desarrollo de la arqueología moderna. Su enfoque meticuloso y sistemático revolucionó el estudio de las antiguas civilizaciones, especialmente en el campo de la egiptología. Petrie introdujo métodos científicos rigurosos, como la estratigrafía y la tipología cerámica, que permitieron una datación más precisa de los artefactos y una mejor comprensión de las cronologías históricas. Antes que él, los arqueólogos eran meros buscadores de tesoros, como se acusa a Indiana Jones. Sus excavaciones en Egipto, incluyendo sitios emblemáticos como Amarna y las pirámides de Gizeh, amén de Naukratis, proporcionaron una gran cantidad de información sobre la cultura y la historia del antiguo Egipto. Además, Petrie fue un defensor de la conservación de los artefactos y de la documentación detallada de los hallazgos, estableciendo estándares que aún se utilizan en la arqueología moderna. Su legado perdura en la forma en que se llevan a cabo las investigaciones arqueológicas. De ahí el valor que cobra la mención en la película.

Pues esa memoria existe. Naukratis era una colonia comercial griega en el norte de Egipto, excavada por el padre de la Egiptología entre 1884 y 1885. La publicación fue realizada por la Egypt Exploration Fund. que creó el propio Petrie, en dos volúmenes que los alumnos de Indy se tienen que mamar si quieren aprobar sus exámenes. 

En la tercera mención, la de El reino de la calavera de cristal, la mención bibliográfica es doble. Primero habla de las excavaciones de Skara Brae, un extenso asentamiento neolítico situado en la bahía de Skaill, en Mainland,​ la más grande de las islas Orcadas. Entonces interrumpen su clase y nos quedamos sin saber a dónde quería Indy ir a parar. Pero más tarde, donde va a parar es a la biblioteca, a bordo de la moto de Mutt Williams, huyendo del KGB. Y en ese momento un alumno aprovecha la extraña coyuntura para preguntarle sobre las clases de modelos de cultura. Así se ahorra un paseo hasta el siempre abarrotado despacho del profesor. En ese momento Indy le dice que debe leer a Vere Gordon Childe. 

Gordon Childe fue un arqueólogo y prehistoriador australiano cuyas teorías y trabajos revolucionaron la comprensión de la prehistoria europea y el desarrollo de las sociedades humanas. Conocido por su enfoque marxista, Childe introdujo conceptos como la «revolución neolítica» y la «revolución urbana», que explican las transformaciones económicas y sociales que llevaron al surgimiento de la agricultura y las primeras ciudades. Curioso que Indiana Jones recomiende la lectura de un autor marxista mientras huye del KGB y del FBI que lo acusa de comunista. Childe también enfatizó la importancia del intercambio cultural y tecnológico entre diferentes sociedades, proponiendo que la evolución cultural no se daba en aislamiento sino a través de la interacción continua. Sus investigaciones en yacimientos arqueológicos de toda Europa y su enfoque teórico riguroso establecieron nuevas bases para la arqueología prehistórica, haciendo de Childe una figura clave de su tiempo (la película se ambienta en 1954). Su legado se refleja en la manera en que los arqueólogos contemporáneos entienden y estudian el desarrollo de las civilizaciones humanas.

Por último, llegamos a la reciente El dial del destino, donde un Indy en las antípodas del seductor de la primera película aburre a sus alumnos de Nueva York. Allí les menciona la lectura de unas páginas de una obra de un tal Lewis Binford. Lewis Binford fue un influyente arqueólogo estadounidense cuya contribución principal fue la introducción y desarrollo de la arqueología procesual, un enfoque que transformó la metodología y la teoría arqueológica en la segunda mitad del siglo XX. Binford abogó por el uso de métodos científicos rigurosos y el desarrollo de modelos teóricos para explicar los comportamientos humanos del pasado. Su obra New Perspectives in Archaeology, coeditada con Sally Binford en 1968 (un año antes de la historia de la película), marcó el comienzo de esta nueva era en la arqueología, destacando la importancia de la hipótesis y la prueba empírica. Normal que Indiana lo mencione como lectura obligatoria en sus clases.

Un viaje de ida y vuelta a través de la historia literaria y la literatura histórica

Indiana Jones es el resultado (y un eslabón más de la cadena) de siglos de evolución del género de aventuras, un género que ha capturado la imaginación de los lectores y espectadores a lo largo del tiempo. Desde los hombres de las cavernas hasta la guerra de las galaxias, cada etapa en la historia de la literatura ha aportado elementos que, combinados, dieron lugar al icónico héroe que representa nuestro arqueólogo. La riqueza de estos referentes literarios no solo destaca la creatividad de sus autores, sino también la capacidad del género para evolucionar y adaptarse a nuevas generaciones. Excavando en el pasado de Indiana Jones, descubrimos un vasto tesoro de historias que han construido un legado perdurable, invitándonos siempre a embarcarnos en una nueva y emocionante aventura. Es lo que tiene la historia y la arqueología: volver la vista atrás nos redescubre auténticos tesoros.

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2 comentarios

  1. Las peliculas de Indiana Jones, a mi entender una bazofia (los americanos vendiendo la moto), tienen como protagonista a un garrulo que podría perfectamente pasar por traficante o por un antagonista trumpiano del teniente Blueberry. Le importa lo arqueológico y el mundo de los otros una mierda. Es un expoliador.
    La serie de Indiana Jones es otra cosa distinta, un producto cultural interesado en la historia más allá de yankilandia. Nada que ver. Esa serie sí que se acerca más, por ejemplo, a la Odisea o a Ulises XXXI, por ejemplo. Si alguno tiene interés en la serie, que sepa que aún en exvagos sigue activo un viejo post con los 22 episodios de «las aventuras del joven Indiana Jones».

  2. Gabriel Duque

    Muy en lo personal, creo que esta Trilogia de peliculas son un Prodigio Cinematográfico, de la cual creo que Raiders of the Lost Ark es una aventura visual y sonora que desde su estreno no ha perdido ni un apice de su esencia, con el respeto que se merecen las dos siguientes… Un personaje iconico que merece estar entre lo mejor que se ha hecho en el cine…

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