Tecnología Humanismo

Artgonuts

Varias capturas de pantalla de la app de Artgonuts. Fotografías cortesía de Artgonuts.
Varias capturas de pantalla de la app de Artgonuts. Fotografías cortesía de Artgonuts.

Este artículo es un adelanto de nuestra nueva revista Humanismo Digital, ya disponible en nuestra tienda online.

Contaba David Foster Wallace en Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer que el turismo de masas ha convertido cualquier gran ciudad en un destino artificial en el que todo está preconfigurado y empaquetado para lograr experiencias únicas que (véase la ironía) son perfectamente replicables por cualquier visitante de cualquier lugar del mundo. No hay más que ver esas hordas de «sostenedores» de la torre de Pisa como si de una convención de mimos se tratara, o el behind the scenes con colas kilométricas para tomar una instantánea en la que se te observa de espaldas, reflexionando en soledad sobre esa piedra en ese acantilado dentro de ese paraje aparentemente remoto e inhabitado. Todo eso por no hablar de quienes disfrutan de viajar a lugares ignotos para seguir comiendo su Big Mac, bebiendo su café del Starbucks o comprando ropa de la marca de moda cuya tienda también tienen debajo de casa. Como sucede con el escenario de escala 1:1 de la ciudad de Nueva York en Synecdoche, New York, cualquier punto del globo es susceptible de representar para sus visitantes la misma función cada día, tarde y noche con el único fin de que se sientan, durante un instante, partícipes de la experiencia de ese lugar sin ser conscientes, o siéndolo plenamente, de que se encuentran en el centro de una farsa de cartón piedra y papel maché.

Pero nosotros insistimos. Queremos experiencias puras sin cortar. Viajamos miles de kilómetros con el deseo de «explorar una ciudad desconocida como si fuéramos locales». ¿Es acaso eso posible? No es cuestión de caer en paradojas del observador ni principios de indeterminación de Heisenberg, pero quien más o quien menos entenderá la complejidad de cumplir esa aspiración. Antes no nos andábamos con estas tonterías. Visitábamos Asia para que nos lustraran los zapatos al estilo colonialista, nos condujeran en rickshaw de una punta a la otra de Calcuta o, más cerca, pedíamos que nos llevaran a un tablao flamenco de la Rambla de Barcelona a comer paella y disfrutar de la «auténtica experiencia local y olé». Sin embargo, desde hace unos años el interés se ha redirigido a conocer el local de tapas al que solo van los vecinos, el pequeño teatro que apenas hace propaganda o la ruta por donde pasean las familias para estar alejados de los núcleos masificados. Algo así como turismo para no turistas, o no turismo para turistas. ¿Saben lo que es Airbnb, no? Un plan sin fisuras. Pues eso. 

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5€mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*