
Cuántas veces he alzado la vista de la novela que estaba leyendo para divagar y crear al mismo tiempo una historia paralela; una historia que podría protagonizar yo mismo. Es más, a la que podría hacer que podría cobrar vida a través de ese juego de rol que me mira con renovada esperanza desde la estantería en la que reposa junto a una decena más de manuales.
«Puede ser una epopeya grandiosa», elucubra mi cabeza.
En esos momentos esbozo algunos personajes, algunos giros e incluso alguna línea de diálogo. Me levanto del sofá y corro al escritorio para apuntar todas esas ideas en una libreta, pero pronto mi entusiasmo empieza a flaquear. Me doy cuenta de que quizá me lleve días o incluso semanas preparar esa partida que acaba de nacer en mi mente. Su destino no es otro que quedar en el olvido encuadernada al lado del manual que adorna mi estantería junto a tantos otros.
Abro los ojos y al mirar alrededor me doy cuenta de que me he trasformado en un Tsundoku1. En uno rolero. Una persona que acumula libros y más libros, la mayoría de ellos sin llegar a leerlos —o jugarlos, en este caso—. He recordado que no tengo una mesa estable para jugar a rol y que me es difícil poder encontrar alguna que otra de forma ocasional y esporádica. La ilusión se repliega y regreso a la novela. Retomo la lectura justo en esa frase donde mi imaginación voló y vislumbró, una vez más, las maravillas de jugar a rol.
Entonces, ¿qué me lleva a seguir acumulando juegos de rol si no puedo sacarlos en ninguna mesa? Quizá sea lo mismo que mueve a quienes acumulan libros, comics, revistas, películas, música, videojuegos, complementos para el gimnasio… Hay una parte de coleccionismo —formar parte de una comunidad con un interés de nicho concreto—; también un componente nostálgico —intentar regresar a aquellos momentos de la adolescencia cuando empezábamos a jugar a rol, escuchar grunge o a leer Watchmen; o lo que es lo mismo: la necesidad de atrapar el tiempo, de vencerlo o de que este no nos venza a nosotros—. También, claro, está el virus del consumismo, del fear of missing out —¿para qué demonios podemos querer todos esos dichosos muñecos cabezones atrapapolvo en nuestras estanterías?—. Aún con todas las similitudes que pueda haber con otros hobbies, en el caso de los juegos de rol existe un motivo más importante aún, por lo menos en mi caso:
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Para los que deseen jugar sus juegos de rol, existe la posibilidad de jugar en solitario. Hay juegos ya preparados para jugarlos uno mismo y hay herramientas para poder jugar en solitario juegos que se crearon pensando en ser jugados en grupo.
No os quedéis con las ganas de sacar uno de vuestros libros de rol de la estantería.
Visitad https://www.jugandosolorpg.com/como-empezar-a-jugar-en-solitario/ y su grupo de Telegram para más información sobre cómo jugar juegos de rol en solitario.
Si preferís ver algún vídeo para saber cómo jugar en solitario, aquí os dejo una buena explicación: https://www.youtube.com/watch?v=inheoa-kpEg&list=PLXt7rFdzM7TZ_bPw1d-8TyZC4sqoxjICr
El rol es de lo mejor que me ha pasado en la vida. No es solo un juego, es tambien una afición.
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